Capitulo 73

4361 Words
-Ya me esta dando un desmayo, Tom. No me he enfrentado a esto en mi vida, me va a dar un ataque al corazón. – dijo casi hiperventilando. -Bill Bill, mírame. – dije cogiéndole de los hombros y abriendo mucho los ojos. Este repitió mi gesto y me miró profundamente. – Oye, no es para tanto, ¿vale? No vas a perder absolutamente nada, no hay un concurso de talentos ni nada así, no vas a salir a demostrar nada. Sales a divertirte e intentar divertir a la gente. – intentaba consolarlo exprimiendo todos y cada uno de los miedos que se me pudieran ocurrir, e intentaba rebatirlos lo mejor posible. No podía dejar hueco sin cubrir. – Probablemente pensarán que tienes unos huevos bien puestos para salir ahí fuera y ponerte a cantar, así que ya tienes el respeto del público sin haber abierto la boca. Y por el amor de dios Bill, nadie es perfecto, si por algún motivo te equivocaras, nadie lo tendría en cuenta porque nadie en todo el público podría hacerlo mejor que tú. Ni Erika. – no sé si hablar de “equivocaciones” y cosas así servía para calmar al chaval, pero bueno, yo lo intento a mi manera tío, si no lo consigo… Al menos lo he intentado. Bill se rió al acordarse de Erika, y yo me reí con él. -Ya no es miedo a equivocarme… El problema es no saber ni decir la primera nota. Me da pánico que la música suene y yo me quede en blanco o que aun cantándolo mentalmente, no sea capaz de exteriorizarlo del todo, y simplemente me quede con la boca abierta sin pronunciar palabra. -Bill, yo estaré contigo ahí arriba. Si tienes cualquier duda, yo me pondré a tu lado y me miras a mí. Haces un poco de teatro, los cantantes interaccionan muchísimo con el resto del grupo. ¡La de veces que está el típico imbécil que pilla las baquetas y empieza a hacer el estúpido tocando un poco! A eso me refiero Bill, te me acercas cuando entres en pánico y me miras, y si te olvidas de la letra fíjate en mí, porque yo la estaré cantando en voz baja, sólo tienes que leerme los labios. O puedes ir con Georg, él también te dará su apoyo. – mis palabras cada vez eran más cursis, pero lo último que quería es que Bill se pusiera de los nervios. Noté como el temblor de sus manos empezaba disminuir y cogía aire más lentamente. De pronto lo vi asentir lentamente hasta empezar a ser mas constante y efusivo. -Tienes razón… No estoy solo, no estoy solo… - empezaba a repetirse constantemente, y cuando creí que iba a decirme algo a mí, aprovechó para robarme el cigarro y darle la última calada que le quedaba. Robó todo el humo posible, y después de lanzar al colilla, expulsó el humo fuertemente, como si sintiera que toda la mierda estaba saliendo de ahí. Las inseguridades, los nervios, las nauseas… -Estás increíble, cabe añadir. – dije de golpe, dándole un codazo suave, riéndome un poco. – Si tuviéramos un poco de tiempo, te prometo que nos íbamos de aquí y te lo hacía salvajemente. – esto último se lo dije muy cerca del oído, y pude notar como sus mejillas habían empezado a irradiar calor, poniéndose rojas como un tomate. Se le escapó una risilla tonta, y después me miró con la lengua entre los dientes y una sonrisa traviesa que me estaba empezando a cuestionar si realmente deberíamos gastar el poco tiempo que teníamos hasta separarnos haciendo un concierto, en vez de estar follando como conejos. -¿Sí…? ¿Por qué no vamos igualmente…? Ni que sea algo rapidísimo… - dijo fijándose en mi piercing, que no paraba de mover de un lado al otro, enloqueciendo poco a poco. -Pues… -Chicos, todo listo. En cinco minutos se abre el telón. – dijo Gustav, pasando al lado nuestro. -¡¡AAAAAAHHH!! – el chillido de Bill me dejó tan sordo que tuve que taparme el oído al instante. -¿¡Pero qué coño!? – dije, mirándole con incredulidad. -¡¡Perdón, perdón!! Me ha salido solo… No quería, de verdad. – dijo casi poniendo pucheros. - ¡Me ha nacido de dentro! – dijo poniéndose de pie empezando a dar saltitos. ¿Se supone que eso lo tranquiliza? -Vale Bill, tranquilo. Respira profundamente y subamos la escenario. Tengo que colocarme bien la guitarra y asegurarme de que tengo las púas necesarias, y asegurarme que el pedal funciona… - empezaba a estresarme para los cinco minutos que quedaban y mi atención en Bill empezaba a disminuir. Empecé a subir las escaleras metiéndome en mi propio mundo, repasando la lista mental de cosas que debía comprobar antes de empezar el concierto pero de pronto me quedé estático. Noté como alguien me agarraba de la mano mientras subía las escaleras, y cuando me giré a ver quién era, Bill me devolvió a realidad con una cara de espanto. Intentaba aguantar el llanto y me cogía la mano con fuerza, buscando un apoyo en mí. Le sonreí y tiré de él con fuerza, metiéndonos en el escenario, que estaba totalmente cubierto por las cortinas. No había nadie así que le besé instintivamente. -Eh, eh… Tranquilo. Estoy aquí. – y cuando Bill iba a devolverme el beso, alguien se había metido dentro del escenario también. -Oh em… siento interrumpir, pero ya casi estamos. – la voz de Georg nos tranquilizó a los dos, y Bill se tiró encima suyo enseguida. – ¡¡Eehh!! – dijo mientras lo rodeaba instintivamente. – Oh… ¿Bill? ¿Estás teniendo un ataque de pánico? – Este simplemente asintió encima de su hombro, y el castaño sonrió y le paseó la mano por la espalda. – Vale colega, tranquilo. Estamos aquí contigo. Se separaron y se miraron a la cara. Ambos asintieron y Bill soltó aire sonoramente. Después sólo empezó a repasar las letras y a colocarse bien delante del micro. Gustav no tardó en entrar. -Tres minutos, chicos. – dijo, golpeando las baquetas con emoción. – Oye, le ponemos nombre al grupo en un plis ¿o qué? -Si hombre, como si nos fuéramos a hacer famosos… - dijo Bill, riéndose, clamando los nervios, interactuando con normalidad. -¿Os imagináis? Viajaríamos por todo el mundo. – empezó a fantasear Georg. -¡Dios, y tendríamos millones de fans! – dije, uniéndome al castaño. Se me caía la baba de sólo pensarlo. -Y nos pasaríamos la vida en autocarabana, los cuatro juntos, y de hotel en hotel… - continuó a Gustav, con la mirada perdida. -Yo quisiera ir a Tokio. Si llegamos a ir a Tokio sería brutal, ¿no os parece? – Bill de nuevo, que parecía mucho más tranquilo. -Uh, ¡a mí me da miedo ir a Tokio! ¡Imagínate que estamos en un hotel y queremos cualquier cosa, pero no tenemos ni zorra de japonés! ¿Y si nos perdemos alguno? Ai ai, qué mal rollo. – Georg se pronunció enseguida. -¡Pero si llegamos a ir a Tokio, quiere decir que seríamos tan famosos, que tendríamos interpretes, y guardas de seguridad, y ¡personas que harían todo eso por nosotros! – Bill empezaba a sacar la diva que llevaba dentro, el mundo del espectáculo y del lujo empezaba a rescatar al Bill atrevido y con ganas de demostrar al mundo que él podía con todo. Empezaba incluso a mirar con cara de diva presumida, lamiéndose los labios y mirando desafiadoramente. -Yo voto por llamarnos Tokio Hotel. – dije, sin apartar la mirada de él. – Como si fuera una meta o algo así. ¿Qué os parece? Durante un instante se hizo el silencio y yo me sentí estúpido de proponer el nombre, pero no sé, me pareció muy adecuado para la conversación que estábamos teniendo, ¿no? De pronto se empezaron a mirar entre si, asintiendo con algo de felicidad en los rostros. -Hecho. Bill, ¿lo anuncias? – dijo Gustav, mirándole. Este simplemente respiró hondo y asintió. El telón se abrió, y dejó paso a una multitud que no esperábamos. Por lo menos yo, que estaba acostumbrado a tener un público muchísimo más joven, y más escaso. Este año los universitarios estaban en primera fila, aunque supongo sólo para ver qué es lo que iba a hacer Bill, ya que todos lo conocían en ese grupo. Vi como el susodicho se había quedado un poco estático y temí por si se había desmayado de pie o algo así. Intenté reaccionar por él, hablando yo desde mi propio micro, pero finalmente consiguió volver a la vida. -¡Em, hola a todos! – intentó parecer efusivo, pero simplemente sonó forzado. – Muchas gracias por estar aquí, aunque no tengáis otro remedio. – todos nos reímos, incluyendo el público, y eso hizo bajar mucho las tensiones. – Al final hemos escogido un nombre para el grupo, y se llama Tokio Hotel. Espero que os gusten las canciones, y a disfrutar. En el público se oyó un fuerte aplauso y algunas de las chicas de la primera fila empezaron a chillar el nombre de Bill escandalosamente. Está claro que la mentalidad de las de artes es muy abierta. O todas son muy progres, o son lesbianas, o yo que sé… ¿Cómo era posible que Bill acabara agradando a las chicas? A ver, siempre estaba el típico grupito que lo odiaban, junto con los tíos, pero había una mayoría de chicas que suspiraban al verlo. Justo donde estaban arremolinadas todas estas chicas, estaba Ashley en medio, chillando como loca mientras las notas de mi guitarra empezaban a entonar los acordes de Übers Ende der Welt. De tantas veces que había estado con nosotras ella se sabía la letra, y por su puesto entre los profesores también había cierto fanatismo de veterano. Bill empezó con la voz entre cortada y algo nervioso. No se movía del sitio y parecía estático. Pasaron unos instantes y tono de voz no variaba lo más mínimo, cosa que me puso muy nervioso porque pronto llegaba el estribillo, donde tendría que animarse un poco más si quería conquistar al público. Habíamos decidido empezar por esta porque era bastante cañera y queríamos enseguida empalizar, pero si seguía así, no íbamos a conseguir nada de nada. Me puse a su altura y me gire a mirarlo, tocando la guitarra cerca de él. Se giró enseguida, algo sobresaltado y yo le guiñé un ojo para que se tranquilizara. Empezó a sacudir a cabeza para desestresarse y justo cuando llegó el estribillo, las luces fueron disminuyendo, dejando casi a oscuras el escenario, apenas con la poca luz que daba el ocaso. Bill cogió aire y se puso a mirar al público, finalmente colocó un pié delante del otro y tiró su cuerpo hacia delante para poder darle toda la fuerza a su voz justo cuando llegaba el estribillo, llenando de luz todo el escenario, y haciendo que todos saltaran de la emoción. ¡¡Qué pasada!! Pedazo remontada de Bill. Chillaba como nunca lo había hecho en un ensayo, dejándonos a todos atónitos. Incluso en según qué partes, donde tenía que bajar la voz lo hacía totalmente diferente, como más sensual, más melódico, atrayendo al público, y a mi incluso, a la locura. Sin duda lo estaba haciendo de puta madre. Ashley cantaba con nosotros y me estaban dando ganas hasta de subirla al escenario. Georg y yo nos mirábamos atónitos, con las mandíbulas por el suelo, flipando del carácter que estaba transformando a Bill de golpe. La canción acabó y primero dejó al público en silencio, que finalmente acabaron remontando en un increíble y caluroso aplauso. -¡¡BILL TE QUEREMOS!! – se oyó de unas chicas que estaban justo debajo. Este les devolvió una increíble sonrisa que mostraba todos sus perfectos dientes. Después sacó la lengua y empezó a pasearse el piercing de la lengua. ¿Pero qué coño? A ver si a este se le va a subir los humos… -¡Muchísimas gracias por el recibimiento! – dije yo, intentando quitar un poco de atención en él. Oh vamos, yo siempre he sido el guaperas del grupo, incluso cuando había una chica de verdad cantando (espero que jamás se me escape esto en voz alta, porque Bill me mata), yo seguía siendo el centro de atención. En algunos bares de Düsseldorf cuando nos juntábamos de vez en cuando, yo era el más querido. Puto Bill, llega aquí, y lo revoluciona todo. Qué coño, a mí me tiene revolucionado. Seguimos por Wo sind eure Hände la única canción donde yo intervenía con la voz en algún momento. Bueno, Georg y yo. Esta vez, Bill empezó más animado y con más ritmo en el cuerpo, en vez de moverse según el aire que tenía que coger para darle o no más emoción, se movía por el escenario paseándose cerca de Georg. Este sonría al pasarse por su lado y Bill le puso un brazo en el hombro mientras continuaba cantando. Justo en el momento en que los dos íbamos a cantar, Bill nos señaló con los brazos. -Wo sind eure Hände… - cantamos al unísono. En ese momento los chillidos de las chicas se intensificaron, dejándonos casi sordos. ¡Oh dios mío, qué pasada! Bill se puso teatrero y se llevó una mano a la boca en plan: Huuummm qué chicos que tenemos eeh. Y finalmente guiñó el ojo. ¿Pero quién coño era este y dónde estaba Bill? Aunque cabe admitir, que me estaba poniendo un montón esa actitud que estaba teniendo de golpe. La nueva diva volvió a su sitio y colocó el micro de nuevo en su respectivo pie metálico, y acabó la canción para dar paso a otra más. Esta vez volvió a tensarse mucho, porque si las anteriores eran del antiguo grupo, en esta ocasión, Bill mostraba su verdadero yo al resto del mundo con una canción completamente suya. Empezaba a notar el nerviosismo en sus manos, que volvían a agarrar el micro que no hacía ni un segundo que había dejado ahí, con las manos temblorosas y el pulso taquicárdico. Esta vez tocaba Spring Nicht, una canción realmente triste y conmovedora que más de una vez me había puesto la piel de gallina. No sabía muy bien a quién iba dirigida o si era para él mismo, pero jamás se lo llegué a preguntar. Su voz sonaba muy leve y muy lejana. Sabía que él no estaba del todo conforme con mostrar algo tan profundo, pero supongo que en el fondo lo estaba deseando. Lo vi coger muchísimo aire en todas las veces que había un parón de la letra, y finalmente se acabó soltando en el estribillo. Pero no miraba al público, no miraba a ninguna parte. Tenía la mente fuera de este mundo, y de vez en cuando se aislaba tanto que cerraba los ojos para no ver a nadie más. De nuevo el bello se me erizaba de verlo sentir lo que estaba cantando, y de escuchar la letra de la canción. -…Dann spring ich für dich. En ese momento, aún habiendo ensayado esta canción mil veces, se me congeló el corazón y la respiración, y casi pude ver a más de una chica que se había emocionado, soltando alguna lágrima. Por lo pronto Bill se giró y me miró, algo preocupado. Asentí, intentando transmitirle mi aprobación, que lo había hecho muy bien, y este simplemente soltó aire, empezando a sonreírme. Esto estaba yendo de putísima madre. Esta vez le siguió una canción igual de triste, que me hacía plantearme qué le pasaba a Bill para haber escrito esas canciones, qué cosas le habían sucedido antes de que yo apareciera en su vida que le hubieran llevado a deslizar el lápiz por un folio blanco y que acabara sacando una canción titulada Rette Mich. Y lo peor de todo, es que era ahora cuando intentaba entrar en su cabeza y saber porqué diablos escribiría algo así, no antes, cuando había oído estas canciones cientos de veces. Esta vez, y no era de extrañar, las reacciones fueron igual que la anterior vez, haciendo incluso que alguno que otro se atreviera a alzar un mechero y encender la llama durante un rato, para que la escena fuera aún más memorable. “Ven y sálvame”… Hicimos un puente enseguida y no dio tiempo a que el público vitoreara la canción que el ritmo de Leb die Sekunde empezó a inundar el escenario. Bill se liberó de golpe de todas las tensiones de la anterior canción y volvió a sacar la diva que estaba empezando a florecer en él. Y lo de flor está bien escogido, porque está siendo bastante marica, la verdad… ¡Tom esto tampoco lo sueltes en voz alta! El ritmo se apoderaba del cuerpo de Bill y parecía incluso que estaba saltando y dando pequeños brincos al compás de la música. Con algunos movimientos de manos fingía que hacía él los solos de guitarra y fruncía el ceño mientras se reía de si mismo. Bill estaba disfrutando muchísimo de la experiencia por lo que veía, y no era para menos, estaba teniendo un recibimiento increíble. De nuevo una de las antiguas. De las primeras que estuvimos variando la letra juntos, donde si hubiera tenido bragas, se me habrían caído al suelo enseguida. Bill se paseaba arriba y abajo del escenario interactuando tanto con Georg como con Gustav, y aunque apenas se me acercaba a mí, no lo veía mal porque así levantaba menos sospechas de cualquier cosa. Pero hubo una parte en esa canción, que me dejó atónito. -Vor der Tür Alarm… - y de pronto se puso a cantarme a mí, dejando de mirar al público, centrando toda su atención completamente en mi persona. ¿Qué coño…? - die ganze Welt ruft an – no me quitaba los ojos de encima, y yo empezaba a sonreír traviesamente de lado. - Alle zerren an mir, - no pude evitar girarme hacia él, poniéndonos uno delante del otro, de perfil al público, dónde él cantaba para mí y yo le tocaba la guitarra - Ich will mit keiner ausser Dir – ante esa frase, ambos sonreímos y como si hubiera estado pensado, nos giramos lentamente al público y yo alcé un poco el hombro, para que él pudiera colocar su brazo ahí mientras finalizaba la estrofa para darle paso al estribillo. - Reden, Reden… - supongo que ahora entendéis lo de que se me habrían caído las bragas. ¡BUAH, adrenalina al máximo! No sabía qué coño pensar sobre lo que acaba de pasar pero yo tenía una sonrisa de tonto que no podía borrarla de la cara. Tenía pánico de mirar al público porque estaba claro que lo que acababa de pasar no era normal. Lo único que hice fue dedicarme a mirar a mi guitarra y a Bill, que ya empezaba a menear hasta el culo. Seguimos con un par de canciones más como Letze Tag, y Schei, pero finalmente le tocó el turno a la joya de la corona. Sin duda, todos habíamos dicho que la mejor se tenía que dejar para al final. Bueno, la última antes de la sorpresa. Y habíamos estado completamente de acuerdo que la última tenía que ser Durch den Monsun. Esta era de él, de su propia cosecha y sin duda no sólo era lo mejor que tenía Bill en si mismo, si no que era lo mejor que tenía el nuevo grupo llamado Tokio Hotel. La verdad es que sonaba bien y todo. Tokio Hotel. Si con el resto de canciones habíamos tenido una acogida brutal, con esta podíamos flipar de lo que estaba llegando a gustar. La gente no se la sabía porque era la primera vez que la oía, pero se notaba como intentaban entonar las partes del estribillo que les empezaban a sonar de haberlas repetido antes. Y esta vez, aun siendo una canción escrita por él mismo, se sentía libre de cantarla, de mostrarse. No como en Spring Nicht o en Rette mich, que se lo notaba muchísimo que estaba bastante intranquilo de lo que estaba haciendo. Él se meneaba por todo el escenario, y como era pequeño tenía que evitarnos a nosotros, a los cables y a todo lo que hubiera por medio. Pero lo estaba haciendo de tal manera que parecía que había nacido para esto. Prácticamente bailaba y pedaleaba con los pies al ritmo de la música. Se le podía ver la expresión en la cara de que estaba sintiendo todas y cada una de las palabras que decía, y no sólo eso, hacía que las sintiera el resto del público. Finalmente la canción acabó y con ello un aplauso ensordecedor que nos llenó de emoción a todos. Bill iba a empezar a despedirse pero enseguida oímos como todo el puñetero público estaba pidiendo un bis. Incluso algunos decían directamente “Durch den Monsun” entre gritos. Nos miramos entre todos y no dudamos en volver a empezar de nuevo, donde esta vez, mucha más gente empezaba a tararear la música junto con Bill, incluso algunos ya podían cantar el estribillo a la perfección. Bill tenía los ojos vidriosos y la cara roja como un tomate. Sabía que estaba empezando a emocionarse y eso me emocionaba a mí aún más. ¡Qué puñetera pasada, joder! Cuando acabó la canción finalmente, me acerqué al moreno y le puse una mano en la espalda y le hice señas a Gustav para que bajara de la batería. Este se puso a mi lado y me cogió de la cintura. Georg repitió el gesto y se puso al lado de Bill. Los cuatro nos pusimos a hacer reverencias mientras el público nos aplaudía. Nos empezamos a separar y el bajista fue el primero en abandonar el escenario, seguido muy próximo de Gustav, dejándonos a solas en el escenario. Pero no tardaron en volver, esta vez con dos taburetes y mi guitarra acústica. Colocamos los taburetes en el centro del escenario y mientras Bill se acomodaba el micro yo me dedicaba a enchufar la guitarra a los amplificadores. -Bueno, esta es una última sorpresa, algo bastante más cursi y como podéis ver, en acústico. Es una canción que compusimos una tarde, y bueno, la queríamos compartir con todos. – dijo Bill, sin atreverse a mirar a nadie más que al suelo, o de refilón a Ashley, simplemente buscándola, porque hacía un buen rato que había desaparecido de la primera fila. Nos quedamos en silencio, y la luz de los focos pasó a ser tan tenue, que parecía que estaban apagados. Empecé con el punteo y lenta pero progresivamente volvimos estar iluminados, pero esta vez con un tono azul que era perfecto para la canción. La verdad es que no sabía qué opiniones esperar de esta canción, pero no era algo que me acabara de preocupar porque mañana mismo se acababa el campamento, y no volvería a ver a nadie más de los que estaban ahí, más allá de los profesores, que bueno, ya eran mayorcitos para saber qué deben o no juzgar en una persona. Mierda tío, me siento como un gay reprimido que piensa que tiene todo el derecho del mundo a salir del armario porque estamos en pleno siglo XXI y la gente debería dejar de ser tan retrógrada. A ver, que en cierta medida es así, pero no soy gay, a mí me gusta Bill, punto. Bueno Tom, suda de lo que estás pensando porque te harás la picha un lío con los acordes. Ashley ¡Vaya mierda, justo mi madre me tenía que llamar en Durch den Monsun! Menos mal que han hecho un bis… Pero joder, ahora era imposible avanzar hasta donde estaba antes. ¿Cómo coño es posible que se hayan revolucionado tanto las muchachas? ¡Pero si conocen a Bill desde hace un montón! Vale que ya tenía un pequeño séquito de zorras, pero ¿y el otro resto? ¿Dónde ha quedado lo de Diva maricona? En fin, la hipocresía de las niñas pijas de papá y su puta madre. El concierto se acababa y estaban tocando una canción en acústico que no había oído jamás. El punteo de la guitarra ya era increíble pero más lo fue cuando Bill empezó a cantar. Una oleada de sentimientos se apoderaron de mí, dejándome muda. La letra sin duda hablaba de una conexión enorme entre dos personas. Si la canción era nueva, probablemente la letra era de Bill, ¿pero hacia quién iba? Para Dawn fijo que no… Igual iba hacia Georg, en plan muy buenos amigos que jamás se separarán. ¿No era una letra muy profunda para ser dirigida a Tom? Pero claro, no sé que mierdas me estaba planteando, esa canción no podía ir para nadie más que para el de las rastas. Podías ver cada mirada que le dedicaba mientras sujetaba el micro gentilmente, dejando a la vista sus cuidadas uñas. Vaya cojones de hacerlo así, delante de todo el mundo. Estaba empezando a dejar de pensar, y a escuchar la melodía simplemente, y a detenerme en todas y cada una de las palabras. Era una canción increíblemente bonita, y se me estaba erizando el bello de todo el cuerpo. Una parte de mí estaba chillando por dentro por no ser la protagonista de esas letras, pero por otro lado veía a Bill tan absorto en Tom, que sentía hasta vergüenza de estar mirando algo tan íntimo. Me gustaba que Bill fuera tan feliz, y que por primera vez en su vida, sí sienta realmente algo por alguien. De pronto, algo me sacó de mis pensamientos. -Perdón. – una chica, con una voz un tanto temblorosa, había pasado por mi lado, apartando abruptamente a todo el mundo, incluyéndome a mí. Miré con mucho desconcierto a la chica que ya estaba de espaldas a mí, huyendo de ahí, y tuve un mal presentimiento. La empecé a seguir instintivamente y podía ver como paseaba sus manos por su rostro. ¿Estaría llorando…?
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