Capitulo 72

4872 Words
30/07/09 Bill -Bill- mi giré al oír mi nombre pero no vi a nadie que me mirara en toda la mesa. Me sorprendí porque juraría haber oído que me llamaban pero después simplemente volví a sumergirme en mi café. Era la primera vez en semanas prácticamente que asistía a la hora del desayuno en el comedor. Hoy nos teníamos que despertar temprano para poder ensayar ya que por la tarde era el concierto. La cara de sueño que había en nuestras caras era para pintarla en un cuadro. Los únicos que estaban como una rosa eran Andy, Mario y Ashley, que ya estaban hasta los cojones de ir a vernos ensayar, y se dedicaban dormir lo que no dormíamos nosotros. – Pss, Bill. – otra vez volví a oír mi nombre y miré hacia la derecha, de donde provenía. ¿Mario? Lo miré interrogante y me hizo señas para que mirara por debajo de la mesa. Con un bostezo muy fingido, tiré el cuerpo para atrás y pude ver cómo colocaba una servilleta encima de mis piernas. Había algo escrito: No te vas a escapar, quiero que me lo cuentes TODO. Abrí los ojos muchísimo y arrugué la servilleta enseguida, con un ataque de pánico por miedo a que alguien la leyera. Probablemente me había puesto hasta rojo de la vergüenza. Intenté pensar rápido una excusa que fuera medianamente creíble. -¡Oh, Mario! Me falta hacer un retrato para los deberes impuestos para el verano, te importa venir media hora a mi cabaña y te uso de modelo? – se giraron todos ante mi comentario y maldecí al mundo por ello. Joder, había una conversación entre ellos, porqué de pronto todos se giraban ante este comentario tan inútil. -¡Los cojones! Tienes veinte mil dibujos Bill, usa uno de esos porque tenemos que ir a ensayar! – fue precisamente mi rubio el que no me dejó llevar a cabo mi cometido. -Oh vamos, déjale. Seguro que puede hacer tan rápido que ni notáis nuestra ausencia. – me ayudó el moreno. -Que no, que no. ¡Hoy es el concierto, Mario! – de pronto el susodicho se levantó de golpe de la mesa y me agarró del brazo, tirando fuerte hacia arriba. -Mira, entre que acabáis de desayunar y eso nosotros ya acabamos. ¡Ale, hasta ahora! – no me dejó ni hablar que ya estaba tirando de mí hacia fuera del comedor. -¡Pero qué fuerte! ¿Nadie vais a decir nada? – oí a mi rubio quejarse de fondo. En cuanto salimos fuera el moreno me llevó casi arrastras hasta la parte de atrás del edificio. La verdad es que ese lugar estaba albergando ya demasiados secretos. Nos sentamos en una especie de roca que había apenas un par de metros de la pared, ya prácticamente en la entrada de la espesura del bosque. Me quedé en silencio hasta que me pegó un codazo en las costillas. -¡AAUU!- me quejé. -¡Pero será posible! Ellos quejándose de que no tenemos tiempo y tú aquí sentado sin decir nada. ¡Vamos, al grano! – me puse rojo de oírle. -Bueno pues a ver… Supongo que quieres saber si al final hubo o no hubo… - me puse rojo. -¡Pues claro que hubo! No soy gilipollas, lo que quiero que me cuentes es cómo fue. Oh, y se me cuentas que tal folla Tom, también querré oírlo… -dijo riéndose por lo bajo. Alcé una ceja, como mostrando un poco de desconformidad con su comentario, pero divertido al mismo tiempo. -Joder pues… Fue en su casa, en Düsseldorf, se puso en plan romántico y hicimos “una escapada”. Después se nos hizo tan tarde que en vez de volvernos al campamento, nos pusimos a dormir en su casa. -Ui, qué poco típico de Tom. ¿Estás seguro de que era él? – casi achinó los ojos diciendo esto. – Oh vamos, entiende mi confusión, ¡es el tío más vago del planeta tierra! Y Düsseldorf está bastante lejos… Debía estar realmente desesperado por el polvo. -¡Qué va, qué va! Como a mí me daba vergüenza admitir que no me importaba ser yo el primero en intentarlo, pues simplemente empecé a toquetearle y eso… Y él no paraba de decir: “Pero Bill, porqué haces esto, que después ninguno quiere y nos enfadamos…” -¡Oh, qué fuerte! Me cago en la puta Bill, lo tienes cogido por los huevos. -Cuando se dio cuenta de por dónde iban los tiros, no paró de decir “si te hago daño, paramos eh!” “no te preocupes que yo estoy aquí, y no te voy a hacer daño”. Hubo un momento donde tuve que pedirle que se callara y todo porque me ponía más nervioso… -Oh dios, qué atento es… - de pronto se puso a mirar al infinito, con las manos en los mofletes, y con los ojos brillando. Éste se estaba montando la escena en su cabeza, seguro… -Eh Mario, vuelve. – le chasqueé en la cara con los dedos, y pareció que le acababa de despertar del mejor sueño de su vida. Y la verdad, no era para menos… Tom me estaba sorprendiendo de una manera inimaginable. -Vale vale, ahora dime, ¿qué tal fue? ¿Cómo lo viviste? -¡Mucho mejor de lo que me creía! Santo cielo, mira que soy gilipollas… Tendría que haber cedido antes. Lo hemos hecho bastantes veces desde entonces… - dije riéndome de lado. -¡JAJAJJAJAJA! Estaba clarísimo, chaval. -Ya, tendría que haber decidido esto mucho antes… -¿Y él? ¿Se dejó hacer algo? – preguntó de pronto. Si hubiera estado bebiendo algo, se lo habría tirado a la cara de sólo oír la pregunta. -¿Qué? ¡Imposible! Ni se lo planteé. -¿Enserio? ¿Ni siquiera la puntita? – me empecé a reír a carcajada limpia. - ¿Ni rozarle la entrada con la polla? – no podía parar de descojonarme, de hecho, empezaba a perder el aire. - ¿Ni un dedito? -¡Mario! ¿Pero es que no sabes de quién hablamos? – me puse la mano en la cara, y recé por no mancharla de maquillaje, apuesto a que podía pasar cualquier desgracia aunque fuera con un solo roce. -Y mejor no pregunto si te la chupó, ¿no? – dijo casi sin esperar una respuesta. -Pues claro que no lo hizo. Doy gracias que me hizo una paja antes de nada. -Pues sí… Mario iba a seguir preguntándome pero de pronto el sonido de algo estridente nos obligó a prestarle más que a nosotros mismos. El moreno miró dentro de su bolsillo y sacó de este su teléfono móvil, que llevaba la palabra “Putom” escrita en la llamada entrante que parecía estar teniendo lugar. -Anda, hablando del rey de Roma… Tu novio. – me puse un poco colorado de oírle decir eso. Enseguida le dio a descolgar. Noté que iba a hablar, pero un chillido estridente al otro lado de la línea lo imposibilitó. - ¡Joder, qué humos! ¡Que ya vamos! Pero si apenas nos habéis dado diez minutos, joder… - se calló un instante, con cara enfadado, escuchando lo que le estaba diciendo mi novio. – Que siiii, que ya vaaaaamooosss… - no tardó en colgar ni un instante. De hecho creo que no le dejó ni terminar de hablar. -Creo que estaba un poco enfadado, ¿no? -¿Un poco? ¿Estás seguro que folláis lo suficiente? – la pregunta era retórica, pero casi me dieron ganas de chillarle por la acusación. – Tengo una idea mejor, la próxima vez que lo estéis haciendo, le das un pequeño empujoncito, se la metes sin querer, y no pares hasta que se corra. Ya verás que le cambiará el mundo. -Estás como una puta cabra. – pero evidentemente, no pude más que reírme por ello. Tom Notaba que Bill estaba de los puñeteros nervios. No le culpaba por ello ya que yo mismo en persona había experimentado su fobia a cantar en público, pero el echo de que él estuviera así, me estaba empezando a poner nervioso a mí. Lo observé sentado en las escaleras que subían al escenario que habían montando para la obra de teatro de ayer y que aún seguía en pie para nuestro concierto. Se estaba fumando el cuarto cigarro en media hora y eso empezaba a no ser demasiado saludable. Podía ver desde donde estaba, que le temblaba el pulso tanto, que no le hacía falta sacudir el cigarro para que callera la ceniza. Incluso entorpecía el paso de la gente que estaba montando los instrumentos, pero él parecía no darse ni cuenta. El segundo problema es que Erika no paraba de pasearse por aquí y por allí dándome golpes “sin querer” con el hombro cada dos por tres, evidentemente por lo enfadada que estaba. Aún iba tosiendo un poco y eso era clara señal de que igualmente hoy no iba a poder cantar con nosotros, pero eso ella no lo admitiría en la vida. Además se podía notar cómo tenía una parte de la cara más blanca, justo por la nariz, ya que estaba tapada con un maquillaje demasiado claro para lo morena que se había puesto, intentando tapar el moratón que aún tenía del golpe que le había dado Ashley, que cada vez que se cruzaban, saltaban chispas de sus miradas. Estas dos podían saltar en cualquier momento. Mi única petición era que no intentase sabotear el concierto de ninguna de las maneras. Bill y yo habíamos pasado la noche ensayando con el grupo, y más tarde en su cabaña seguimos preparando la canción final y todo parecía que iba a salir de perlas. Habíamos trabajado muy duro y en principio no tenía porque ir mal la cosa. Claro que, no recordaba lo realmente malos que eran los nervios de Bill. Los había superado delante de mí, los había superado delante del grupo y de sus amigos, pero… Jamás se había enfrentado a hacerlo delante de tanto público. Iban a estar todas las clases, la de todos los pequeños, los grupos de instituto, los de su propia universidad… Vale mierda, ahora me estoy empezando a poner nervioso yo. Me acerqué a Bill y éste notó mi presencia acercándose ya que enseguida levantó la vista y la puso en mis ojos. Alcé las cejas y le sonreí de lado, y este simplemente soltó mucho aire mientras hundía su cara en sus manos. Vale, no lo estoy arreglando. -Eh oye, déjame que me acabe tu cigarro, que ya estas fumando demasiado. – me quejé, quitándole el quinto piti de las manos, recién encendido. -Y una mierda, devuélvemelo. – dijo intentando forcejear. Me lo metí enseguida en la boca y le pegué una calada tan larga que casi se lo dejé a la mitad. – Me cago en ti… Que sepas que me sacaré otro. Puse los ojos en blanco y suspiré, soltando todo el humo que había retenido en mis pulmones. -Bill, creo que te va dar un desmayo o algo, le estas dejando sin oxígeno a tu cerebro. A ver si te vas a desmayar o algo. – dije sentándome a su lado, dejando el máximo espacio a mi derecha para que pudieran trabajar los operarios con las cosas técnicas de las luces el sonido y todo eso. -Ya me esta dando un desmayo, Tom. No me he enfrentado a esto en mi vida, me va a dar un ataque al corazón. – dijo casi hiperventilando. -Bill Bill, mírame. – dije cogiéndole de los hombros y abriendo mucho los ojos. Este repitió mi gesto y me miró profundamente. – Oye, no es para tanto, ¿vale? No vas a perder absolutamente nada, no hay un concurso de talentos ni nada así, no vas a salir a demostrar nada. Sales a divertirte e intentar divertir a la gente. – intentaba consolarlo exprimiendo todos y cada uno de los miedos que se me pudieran ocurrir, e intentaba rebatirlos lo mejor posible. No podía dejar hueco sin cubrir. – Probablemente pensarán que tienes unos huevos bien puestos para salir ahí fuera y ponerte a cantar, así que ya tienes el respeto del público sin haber abierto la boca. Y por el amor de dios Bill, nadie es perfecto, si por algún motivo te equivocaras, nadie lo tendría en cuenta porque nadie en todo el público podría hacerlo mejor que tú. Ni Erika. – no sé si hablar de “equivocaciones” y cosas así servía para calmar al chaval, pero bueno, yo lo intento a mi manera tío, si no lo consigo… Al menos lo he intentado. Bill se rió al acordarse de Erika, y yo me reí con él. -Ya no es miedo a equivocarme… El problema es no saber ni decir la primera nota. Me da pánico que la música suene y yo me quede en blanco o que aun cantándolo mentalmente, no sea capaz de exteriorizarlo del todo, y simplemente me quede con la boca abierta sin pronunciar palabra. -Bill, yo estaré contigo ahí arriba. Si tienes cualquier duda, yo me pondré a tu lado y me miras a mí. Haces un poco de teatro, los cantantes interaccionan muchísimo con el resto del grupo. ¡La de veces que está el típico imbécil que pilla las baquetas y empieza a hacer el estúpido tocando un poco! A eso me refiero Bill, te me acercas cuando entres en pánico y me miras, y si te olvidas de la letra fíjate en mí, porque yo la estaré cantando en voz baja, sólo tienes que leerme los labios. O puedes ir con Georg, él también te dará su apoyo. – mis palabras cada vez eran más cursis, pero lo último que quería es que Bill se pusiera de los nervios. Noté como el temblor de sus manos empezaba disminuir y cogía aire más lentamente. De pronto lo vi asentir lentamente hasta empezar a ser mas constante y efusivo. -Tienes razón… No estoy solo, no estoy solo… - empezaba a repetirse constantemente, y cuando creí que iba a decirme algo a mí, aprovechó para robarme el cigarro y darle la última calada que le quedaba. Robó todo el humo posible, y después de lanzar al colilla, expulsó el humo fuertemente, como si sintiera que toda la mierda estaba saliendo de ahí. Las inseguridades, los nervios, las nauseas… -Estás increíble, cabe añadir. – dije de golpe, dándole un codazo suave, riéndome un poco. – Si tuviéramos un poco de tiempo, te prometo que nos íbamos de aquí y te lo hacía salvajemente. – esto último se lo dije muy cerca del oído, y pude notar como sus mejillas habían empezado a irradiar calor, poniéndose rojas como un tomate. Se le escapó una risilla tonta, y después me miró con la lengua entre los dientes y una sonrisa traviesa que me estaba empezando a cuestionar si realmente deberíamos gastar el poco tiempo que teníamos hasta separarnos haciendo un concierto, en vez de estar follando como conejos. -¿Sí…? ¿Por qué no vamos igualmente…? Ni que sea algo rapidísimo… - dijo fijándose en mi piercing, que no paraba de mover de un lado al otro, enloqueciendo poco a poco. -Pues… -Chicos, todo listo. En cinco minutos se abre el telón. – dijo Gustav, pasando al lado nuestro. -¡¡AAAAAAHHH!! – el chillido de Bill me dejó tan sordo que tuve que taparme el oído al instante. -¿¡Pero qué coño!? – dije, mirándole con incredulidad. -¡¡Perdón, perdón!! Me ha salido solo… No quería, de verdad. – dijo casi poniendo pucheros. - ¡Me ha nacido de dentro! – dijo poniéndose de pie empezando a dar saltitos. ¿Se supone que eso lo tranquiliza? -Vale Bill, tranquilo. Respira profundamente y subamos la escenario. Tengo que colocarme bien la guitarra y asegurarme de que tengo las púas necesarias, y asegurarme que el pedal funciona… - empezaba a estresarme para los cinco minutos que quedaban y mi atención en Bill empezaba a disminuir. Empecé a subir las escaleras metiéndome en mi propio mundo, repasando la lista mental de cosas que debía comprobar antes de empezar el concierto pero de pronto me quedé estático. Noté como alguien me agarraba de la mano mientras subía las escaleras, y cuando me giré a ver quién era, Bill me devolvió a realidad con una cara de espanto. Intentaba aguantar el llanto y me cogía la mano con fuerza, buscando un apoyo en mí. Le sonreí y tiré de él con fuerza, metiéndonos en el escenario, que estaba totalmente cubierto por las cortinas. No había nadie así que le besé instintivamente. -Eh, eh… Tranquilo. Estoy aquí. – y cuando Bill iba a devolverme el beso, alguien se había metido dentro del escenario también. -Oh em… siento interrumpir, pero ya casi estamos. – la voz de Georg nos tranquilizó a los dos, y Bill se tiró encima suyo enseguida. – ¡¡Eehh!! – dijo mientras lo rodeaba instintivamente. – Oh… ¿Bill? ¿Estás teniendo un ataque de pánico? – Este simplemente asintió encima de su hombro, y el castaño sonrió y le paseó la mano por la espalda. – Vale colega, tranquilo. Estamos aquí contigo. Se separaron y se miraron a la cara. Ambos asintieron y Bill soltó aire sonoramente. Después sólo empezó a repasar las letras y a colocarse bien delante del micro. Gustav no tardó en entrar. -Tres minutos, chicos. – dijo, golpeando las baquetas con emoción. – Oye, le ponemos nombre al grupo en un plis ¿o qué? -Si hombre, como si nos fuéramos a hacer famosos… - dijo Bill, riéndose, clamando los nervios, interactuando con normalidad. -¿Os imagináis? Viajaríamos por todo el mundo. – empezó a fantasear Georg. -¡Dios, y tendríamos millones de fans! – dije, uniéndome al castaño. Se me caía la baba de sólo pensarlo. -Y nos pasaríamos la vida en autocarabana, los cuatro juntos, y de hotel en hotel… - continuó a Gustav, con la mirada perdida. -Yo quisiera ir a Tokio. Si llegamos a ir a Tokio sería brutal, ¿no os parece? – Bill de nuevo, que parecía mucho más tranquilo. -Uh, ¡a mí me da miedo ir a Tokio! ¡Imagínate que estamos en un hotel y queremos cualquier cosa, pero no tenemos ni zorra de japonés! ¿Y si nos perdemos alguno? Ai ai, qué mal rollo. – Georg se pronunció enseguida. -¡Pero si llegamos a ir a Tokio, quiere decir que seríamos tan famosos, que tendríamos interpretes, y guardas de seguridad, y ¡personas que harían todo eso por nosotros! – Bill empezaba a sacar la diva que llevaba dentro, el mundo del espectáculo y del lujo empezaba a rescatar al Bill atrevido y con ganas de demostrar al mundo que él podía con todo. Empezaba incluso a mirar con cara de diva presumida, lamiéndose los labios y mirando desafiadoramente. -Yo voto por llamarnos Tokio Hotel. – dije, sin apartar la mirada de él. – Como si fuera una meta o algo así. ¿Qué os parece? Durante un instante se hizo el silencio y yo me sentí estúpido de proponer el nombre, pero no sé, me pareció muy adecuado para la conversación que estábamos teniendo, ¿no? De pronto se empezaron a mirar entre si, asintiendo con algo de felicidad en los rostros. -Hecho. Bill, ¿lo anuncias? – dijo Gustav, mirándole. Este simplemente respiró hondo y asintió. El telón se abrió, y dejó paso a una multitud que no esperábamos. Por lo menos yo, que estaba acostumbrado a tener un público muchísimo más joven, y más escaso. Este año los universitarios estaban en primera fila, aunque supongo sólo para ver qué es lo que iba a hacer Bill, ya que todos lo conocían en ese grupo. Vi como el susodicho se había quedado un poco estático y temí por si se había desmayado de pie o algo así. Intenté reaccionar por él, hablando yo desde mi propio micro, pero finalmente consiguió volver a la vida. -¡Em, hola a todos! – intentó parecer efusivo, pero simplemente sonó forzado. – Muchas gracias por estar aquí, aunque no tengáis otro remedio. – todos nos reímos, incluyendo el público, y eso hizo bajar mucho las tensiones. – Al final hemos escogido un nombre para el grupo, y se llama Tokio Hotel. Espero que os gusten las canciones, y a disfrutar. En el público se oyó un fuerte aplauso y algunas de las chicas de la primera fila empezaron a chillar el nombre de Bill escandalosamente. Está claro que la mentalidad de las de artes es muy abierta. O todas son muy progres, o son lesbianas, o yo que sé… ¿Cómo era posible que Bill acabara agradando a las chicas? A ver, siempre estaba el típico grupito que lo odiaban, junto con los tíos, pero había una mayoría de chicas que suspiraban al verlo. Justo donde estaban arremolinadas todas estas chicas, estaba Ashley en medio, chillando como loca mientras las notas de mi guitarra empezaban a entonar los acordes de Übers Ende der Welt. De tantas veces que había estado con nosotras ella se sabía la letra, y por su puesto entre los profesores también había cierto fanatismo de veterano. Bill empezó con la voz entre cortada y algo nervioso. No se movía del sitio y parecía estático. Pasaron unos instantes y tono de voz no variaba lo más mínimo, cosa que me puso muy nervioso porque pronto llegaba el estribillo, donde tendría que animarse un poco más si quería conquistar al público. Habíamos decidido empezar por esta porque era bastante cañera y queríamos enseguida empalizar, pero si seguía así, no íbamos a conseguir nada de nada. Me puse a su altura y me gire a mirarlo, tocando la guitarra cerca de él. Se giró enseguida, algo sobresaltado y yo le guiñé un ojo para que se tranquilizara. Empezó a sacudir a cabeza para desestresarse y justo cuando llegó el estribillo, las luces fueron disminuyendo, dejando casi a oscuras el escenario, apenas con la poca luz que daba el ocaso. Bill cogió aire y se puso a mirar al público, finalmente colocó un pié delante del otro y tiró su cuerpo hacia delante para poder darle toda la fuerza a su voz justo cuando llegaba el estribillo, llenando de luz todo el escenario, y haciendo que todos saltaran de la emoción. ¡¡Qué pasada!! Pedazo remontada de Bill. Chillaba como nunca lo había hecho en un ensayo, dejándonos a todos atónitos. Incluso en según qué partes, donde tenía que bajar la voz lo hacía totalmente diferente, como más sensual, más melódico, atrayendo al público, y a mi incluso, a la locura. Sin duda lo estaba haciendo de puta madre. Ashley cantaba con nosotros y me estaban dando ganas hasta de subirla al escenario. Georg y yo nos mirábamos atónitos, con las mandíbulas por el suelo, flipando del carácter que estaba transformando a Bill de golpe. La canción acabó y primero dejó al público en silencio, que finalmente acabaron remontando en un increíble y caluroso aplauso. -¡¡BILL TE QUEREMOS!! – se oyó de unas chicas que estaban justo debajo. Este les devolvió una increíble sonrisa que mostraba todos sus perfectos dientes. Después sacó la lengua y empezó a pasearse el piercing de la lengua. ¿Pero qué coño? A ver si a este se le va a subir los humos… -¡Muchísimas gracias por el recibimiento! – dije yo, intentando quitar un poco de atención en él. Oh vamos, yo siempre he sido el guaperas del grupo, incluso cuando había una chica de verdad cantando (espero que jamás se me escape esto en voz alta, porque Bill me mata), yo seguía siendo el centro de atención. En algunos bares de Düsseldorf cuando nos juntábamos de vez en cuando, yo era el más querido. Puto Bill, llega aquí, y lo revoluciona todo. Qué coño, a mí me tiene revolucionado. Seguimos por Wo sind eure Hände la única canción donde yo intervenía con la voz en algún momento. Bueno, Georg y yo. Esta vez, Bill empezó más animado y con más ritmo en el cuerpo, en vez de moverse según el aire que tenía que coger para darle o no más emoción, se movía por el escenario paseándose cerca de Georg. Este sonría al pasarse por su lado y Bill le puso un brazo en el hombro mientras continuaba cantando. Justo en el momento en que los dos íbamos a cantar, Bill nos señaló con los brazos. -Wo sind eure Hände… - cantamos al unísono. En ese momento los chillidos de las chicas se intensificaron, dejándonos casi sordos. ¡Oh dios mío, qué pasada! Bill se puso teatrero y se llevó una mano a la boca en plan: Huuummm qué chicos que tenemos eeh. Y finalmente guiñó el ojo. ¿Pero quién coño era este y dónde estaba Bill? Aunque cabe admitir, que me estaba poniendo un montón esa actitud que estaba teniendo de golpe. La nueva diva volvió a su sitio y colocó el micro de nuevo en su respectivo pie metálico, y acabó la canción para dar paso a otra más. Esta vez volvió a tensarse mucho, porque si las anteriores eran del antiguo grupo, en esta ocasión, Bill mostraba su verdadero yo al resto del mundo con una canción completamente suya. Empezaba a notar el nerviosismo en sus manos, que volvían a agarrar el micro que no hacía ni un segundo que había dejado ahí, con las manos temblorosas y el pulso taquicárdico. Esta vez tocaba Spring Nicht, una canción realmente triste y conmovedora que más de una vez me había puesto la piel de gallina. No sabía muy bien a quién iba dirigida o si era para él mismo, pero jamás se lo llegué a preguntar. Su voz sonaba muy leve y muy lejana. Sabía que él no estaba del todo conforme con mostrar algo tan profundo, pero supongo que en el fondo lo estaba deseando. Lo vi coger muchísimo aire en todas las veces que había un parón de la letra, y finalmente se acabó soltando en el estribillo. Pero no miraba al público, no miraba a ninguna parte. Tenía la mente fuera de este mundo, y de vez en cuando se aislaba tanto que cerraba los ojos para no ver a nadie más. De nuevo el bello se me erizaba de verlo sentir lo que estaba cantando, y de escuchar la letra de la canción. -…Dann spring ich für dich. En ese momento, aún habiendo ensayado esta canción mil veces, se me congeló el corazón y la respiración, y casi pude ver a más de una chica que se había emocionado, soltando alguna lágrima. Por lo pronto Bill se giró y me miró, algo preocupado. Asentí, intentando transmitirle mi aprobación, que lo había hecho muy bien, y este simplemente soltó aire, empezando a sonreírme. Esto estaba yendo de putísima madre. Esta vez le siguió una canción igual de triste, que me hacía plantearme qué le pasaba a Bill para haber escrito esas canciones, qué cosas le habían sucedido antes de que yo apareciera en su vida que le hubieran llevado a deslizar el lápiz por un folio blanco y que acabara sacando una canción titulada Rette Mich. Y lo peor de todo, es que era ahora cuando intentaba entrar en su cabeza y saber porqué diablos escribiría algo así, no antes, cuando había oído estas canciones cientos de veces. Esta vez, y no era de extrañar, las reacciones fueron igual que la anterior vez, haciendo incluso que alguno que otro se atreviera a alzar un mechero y encender la llama durante un rato, para que la escena fuera aún más memorable. “Ven y sálvame”… Hicimos un puente enseguida y no dio tiempo a que el público vitoreara la canción que el ritmo de Leb die Sekunde empezó a inundar el escenario. Bill se liberó de golpe de todas las tensiones de la anterior canción y volvió a sacar la diva que estaba empezando a florecer en él. Y lo de flor está bien escogido, porque está siendo bastante marica, la verdad… ¡Tom esto tampoco lo sueltes en voz alta! El ritmo se apoderaba del cuerpo de Bill y parecía incluso que estaba saltando y dando pequeños brincos al compás de la música. Con algunos movimientos de manos fingía que hacía él los solos de guitarra y fruncía el ceño mientras se reía de si mismo. Bill estaba disfrutando muchísimo de la experiencia por lo que veía, y no era para menos, estaba teniendo un recibimiento increíble. De nuevo una de las antiguas. De las primeras que estuvimos variando la letra juntos, donde si hubiera tenido bragas, se me habrían caído al suelo enseguida. Bill se paseaba arriba y abajo del escenario interactuando tanto con Georg como con Gustav, y aunque apenas se me acercaba a mí, no lo veía mal porque así levantaba menos sospechas de cualquier cosa. Pero hubo una parte en esa canción, que me dejó atónito.
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