Capitulo 71

4820 Words
Era muy entretenido ver a los niños intentar interpretar una obra como esta. La verdad es que William Shakespeare cuando estaba escribiendo esta obra probablemente lo último que imaginaba es que la fueran a interpreta una clase de niños cambiando prácticamente la mitad de personajes, pero bueno. El pobre hombre se debe de estar retorciendo en la tumba, desde luego. Era emocionante ver la cara de todos los espectadores no perderse ni un detalle. Observaban a los niños intentar decir frases (muy adaptadas) bastante complejas para la comprensión de sus pequeñas mentes. Se reían cuando alguno no entonaba bien las palabras porque no sabían ni qué significaban. La verdad es que era un mérito que las pudieran decir. Se reían con ellos, y hacían sonidos tal que “ooohh…” en escenas de amor o incluso en los momentos donde algún niño se quedaba sin palabras. Hubo incluso un momento donde uno de los niños se quedó petrificado y se quedó mirando al público con los ojos bien abiertos, sin saber qué decir. Yo, que estaba en primera fila del público, tenía órdenes estrictas de que si algún niño se quedaba en blanco le hiciera señas con las manos, y al reconocerme le diría la frase. Me puse nervioso y por un instante no recordaba ni qué es lo que tenía que decir. El flash me vino de golpe, y el niño me miró, habiéndome reconocido antes de que yo pudiera hacerle una seña. Este me leyó los labios y cuando le recité las primeras palabras yo pudo continuar él solo. - ¿Qué luz alumbra esa ventana? Es el oriente, y Julieta, el sol. Se volvió a oír un murmullo de fondo enternecedor, donde todo el mundo había suspirado por esa frase, incluso yo, que me había puesto histérico en un instante, me sentí orgulloso de la pequeña actuación del chaval. Miré automáticamente a Tom, y este me estaba mirando, sonriendo. Me guiñó un ojo y pude sentir como me atravesaba el pecho como si fuera una flecha en llamas. Casi podría decir que había dolido. Después me levantó el dedo pulgar en señal de “ok”, y asintió. Volvimos a mirar la obra que poco a poco estaba llegando a su fin. La escena del beso fue la más esperada, y no noté ningún tipo de decepción entre el público cuando vieron que esa parte se realizaba sin ningún tipo de beso especial. Era en la mejilla, y la verdad es que habíamos decidido que era la mejor manera. Una vez acabada la obra, no pude evitar girarme a ver las caras de la gente mientras todos los pequeños actores salían al escenario y empezaban a hacer pequeñas reverencias entre muchísimos aplausos. Pude ver más de una chica con los ojos llorosos, y a Mario, también que parecía que en cualquier momento se iba a deshidratar. ¡Qué buena respuesta del público, madre mía! Nos levantamos todos y después ya nos fuimos cada uno por nuestra parte. Yo, estaba encadenado a los de mi grupo, y desgraciadamente no pude disfrutar de un rato de tranquilidad. No sólo llevaba toda la semana preparando la obra en cada tiempo libre, si no que ahora que ya estaba todo hecho, tenía que ser recluido de nuevo por tres chicos, para ensayar con el grupo. Intenté huir con Ashley, pero la mano de Tom me agarró la camiseta por la parte de la espalda y pegó un tirón de mi, que me colocó a dos pasos de él mismo, Gustav y Georg. Por el otro lado, la pelirroja se despedía de mi mientras que con una sonrisa en la cara, se iba con Andy y Mario a disfrutar del sol que quedaba, bañándose en el lago. ¿Y ya tienen tema de conversación estos tres? Igual Ashley va sólo para no bañarse sola… El ensayo duró hasta las 11 de la noche, y ni nos presentamos en el comedor. De nuevo nos volvimos a colar más tarde, intentando robar las sobras que había. Desde luego, vivíamos al límite. Nos despedimos ahí mismo porque Gustav dormía en el edificio de profesores. Georg, Tom y yo continuamos el camino hasta que el moreno también encontró el pequeño nido que compartía con la del baño en el lago, y nosotros continuamos. Yo sabía que la cabaña de Tom no estaba en esta dirección, pero ya hacía bastante tiempo que parecía haber renunciado a dormir ahí, y siempre se pasaba las noches conmigo. Era extraño porque era como una convivencia para la que probablemente, si yo estuviera en la ciudad, no estaría preparado, pero que sin embargo, aquí me parecía imprescindible. ¿Cómo iba a vivir yo sabiendo que puedo despertarme todos los días a su lado y que no fuera así? Nada, era una idea increíble. Y eso lo sabía el de las rastas. Era como un pacto no hablado. Llegamos a la cabaña y antes de nada, nos sentamos en las escaleras de subida a la puerta. Nos pusimos uno al lado del otro, y de pronto empecé a tener frío. Tom ni dijo ni una palabra pero se metió dentro de la cabaña, no sin antes darme un golpe prolongado en la espalda, como indicándome que no me moviera, que me esperara. Pude notar como se iluminaba el bosque en un tono amarillento, y es que él había abierto la luz. Sacó de dentro tres cosas, una manta para taparme, un paquete de tabaco, y un mechero. Le sonreí mientras se sentaba a mi lado, sin apagar la luz y sin cerrar la puerta. Era una imagen muy acogedora porque los tonos naranjas me daban calidez. Era como si estuviéramos en nuestra propia casa y hubiéramos decidido salir al balcón a fumar un rato mientras oímos el sonido de una olla mientras se prepara la comida o algo así. Yo que sé. Estoy empezando a desvariar. Encendimos los cigarros y prácticamente les dimos una calada muy fuerte al mismo tiempo. Una vez la solté me recosté en un su hombro y sin mirarme, Tom me rodeó con el brazo. Había tanta tranquilidad que podía escuchar su corazón acelerarse un poco. La tranquilidad que me transmitía no era capaz de entenderla. Es como si sus latidos fueran los míos, como si la pequeña batería que se desprendía de su cuerpo, tuviera una melodía que me sabía de memoria, o que ya había escuchado. Casi como cuando abrazo a mi madre, que me aporta esa tranquilidad que nadie más en el mundo puede hacer. Pues prometo, que esta vez, también sentía eso. Y provenía de Tom. ¿Qué tendría Tom que le hacía tan especial? Sentía su protección en mí, y eso me hizo respirar sintiendo que no había ningún tipo de problema al que afrontarme, como si todo en el mundo estuviera bien, como si con él a mi lado nada fuera a ir mal. Después de unos instantes, me besó el pelo con lentitud, sintiendo perfectamente lo que me intentaba decir, pero sin palabras. Era algo así como “gracias por estar a mi lado”. -No quiero que llegue mañana. – dije, de pronto, antes de volver a meter todo el humo posible en mi cuerpo. -¿Estás nervioso?- dijo, mirándome sonriente. Está claro que se burla de mis pesadillas. -No es sólo eso… Es que… No quiero separarme de ti. – Eso último lo dije prácticamente en un susurro porque me daba mucha vergüenza. El silencio que se hizo después hizo replantearme si realmente debí o no debí decir eso. La primera respuesta que obtuve fue un beso casto y limpio en los labios, pero que duró más que tres misisipis. ¿Eso era una buena respuesta o sólo intentaba hacerme callar? Después me volvió a besar en el pelo y noté como la mano que me rodeaba, acariciaba mi brazo con dulzura. -No nos vamos a separar. – dijo muy serio. – O como mínimo, no más de lo imprescindible. – se encogió de hombros y luego añadió: - tampoco soy mago. Ojalá pudiera hacer que todo esto durara lo que quisiéramos. -Ya… - observé con pena cómo el cigarro se iba consumiendo, pero es que no era el cigarro lo que nos estábamos fumando, sino el tiempo… El tiempo se estaba escapando con el humo, y eso me hicieron ganas de tirarlo y apagarlo, como si eso pudiera frenar el reloj del mundo. -¿Cómo hemos llegado a toda ésta mierda, Bill? – dijo, mirándome, intentando desviar la atención de lo que estaba pensando. Se rió. -¿Ésta mierda? ¿Te refieres a nuestra relación? – lo dije con un tono de mujer indignada, aunque evidentemente lo estuviera fingiendo. -¡Eh eh, no te lo tomes a mal! Ya sabes que esto me cuesta un poco… - ¿soy yo o estamos hablando de nosotros? Creo que es la primera vez desde que empezamos a salir, que realmente estamos hablando de lo que tenemos. Esa sensación me hizo sentir bien. Me hizo pensar que realmente lo que hay, es algo grande y fuerte. Que no se empieza a desmoronar aunque sea prácticamente tabú. -Jajajaja. Ya ya, lo sé. Tranquilo. – después miré un poco a la nada, para pensar en qué contestarle. - ¿Cómo hemos llegado hasta ésta mierda? – repetí. -Ni se te ocurra decir nada en plan “era el destino”, o “estaba escrito”… Esas ñoñerías me ponen de los nervios. – sentenció. La verdad es que no lo pensaba decir, pero si que lo había meditado un poco. ¿Es que no ha sido todo como muy directo? ¡Parecía que ya estuviera planeado con anterioridad! Como si algo en el mundo nos quisiera juntar. -Vaya por dios, para una vez que nos ponemos tiernos… - dije, pegándole un pequeño codazo. -¿Enserio ibas a decir que esto estaba escrito? – dijo mirándome con una ceja alzada. -Puede… Pero sobre todo porque yo que sé, ¿no te parece raro? Desde el primer día Tom. Esto lo vimos el primer día. -Ya lo creo. Te toqué el culo y todo. – dijo sonriéndole al pasado. -Sólo sé que no parece casualidad. -Bueh, dejemos el tema… Se me empieza a escamar la piel. Los niveles de cursilería están rozando un nivel muy alto. Meh Meh, alerta. – dijo mientras se levantaba y se reía de si mismo. Estaba claro que estaba más que avergonzado de hablar estas cosas. Tiró el cigarro y después me tendió la mano. La acepté y me ayudó a levantarme a su lado. Con la otra mano me apretó de la baja espalda hacia él y se inclinó hacia mí para besarme. El beso fue de los más bonitos que habíamos llegado a tener. Suave e incluso romántico. Mi parte más femenina quiso que sonara una canción de fondo, pero se me pasó enseguida, cuando nos separamos y volvimos a la realidad. Nos metimos dentro de la cabaña, rodeándonos, yo a él por los hombros y él a mi por la cintura, y no quise separarme de él por nada del mundo. No quería dejar de sentir su calor sobre mí, porque sabía que pronto iba a haber una separación inminente. Y aunque en el fondo sabía que no iba a ser por mucho tiempo, el miedo se estaba apoderando de mi a pasos agigantados. Es como si un aura negra se estuviera reproduciendo sobre nuestro futuro y no nos dejara ver más allá. ¿Por qué diablos parecía todo tan poco certero? ¿Es que no era evidente lo que iba a pasar? Me iría y a los dos días estaríamos quedando en algún punto de Alemania para volver a vernos. Y así siempre y siempre. Después Tom se vendría a buscar a su hermano y estaríamos juntos todo ese tiempo. No tenía porque pasar nada. Pero por mucho que lo pensara en la forma más positiva posible, se me creaba un vacío en el pecho inexplicable. Nos sentamos en la cama y Tom cogió la guitarra acústica, que ya descansaba en mi cabaña todos los días. Nos sentamos apoyados en la pared. Estábamos tan cerca que nuestros brazos se tocaban perfectamente, y el mástil de la guitarra pasaba justo entre mi pecho y mis piernas dobladas hacia arriba. Estuvimos ensayando en acústico una vez más todas las canciones y finalmente repetimos un par de veces más la canción de In die Nacht, sin duda una obra de arte que expresaba todo lo que sentíamos. Aunque cabe admitir que a veces sentía hasta que se estaba quedando corta. Cuando el sueño empezaba a poder con nosotros nos dimos una ducha juntos en donde sorprendentemente no pasó nada de nada, más que un par de besos. Recordé aquella vez donde me emborraché tanto que Tom me tuvo que mojar la nuca para que se me fuera el calor y acabamos empapados hasta arriba. Si pudiera volver al pasado y escoger cómo iba a ser nuestro primer beso, no lo habría cambiado por nada del mundo. Nos metimos en la cama bien fresquitos, con apenas la ropa interior puesta y Tom se tumbó boca arriba. Yo me apoyé en su pecho y pude sentir su respiración subir y bajar. El chico de las rastas tomó la misma decisión de antes y me rodeó pero esta vez por la cintura, acariciándome el tattoo de estrella. -¿Sigues preocupado? – dijo de pronto. -Sip. – dije automáticamente, como si estuviera preparado de antes para contestar a esa pregunta. Este simplemente rió. -Vamos Bill, ¿de verdad sigues dándole vuelas? -Hombre, tú también estas pensando en esto si me lo has vuelto a preguntar… -Vale, pero porque te estoy viendo bastante apagado. -¿Tú no estás ni un poco preocupado? – me atreví a preguntar. -La verdad es que no, porque piensa una cosa, Bill… Si esto está escrito, como hemos hipotéticamente dicho antes, lo que venga después de ahora probablemente le haga honor a lo ya vivido, ¿no crees? – dijo, achinando los ojos, mirando a la nada. -¿A qué te refieres? – le pregunté algo confuso. -Pues que, si todo lo que va a pasar, así como lo que ya ha pasado, está previsto de antes, no podemos más que adaptarnos a lo que vendrá. ¿De momento me sigues? -Sí. -Pero lo que ha pasado hasta ahora ha sido demasiado bueno, como para que se tuerza, ¿no crees? -Claro. -Pues eso, que yo creo que no hay de qué preocuparse, porque si el mundo escribió esto previamente para nosotros, no se lo cargará de un plumazo. No pueden plantar algo que ha tardado tanto en crecer para después arrancarlo de cuajo. – me costaba creer que Tom estuviera hablando tan profundamente, pero eso me hizo sonreír. -Entonces… ¿Lo bueno que hemos vivido no se comparará a lo bueno que vamos a vivir? -Lo que pasará de aquí en adelante, será tan genial Bill, que ni te acordarás de estos días. – nos miramos profundamente y yo empecé a asentir, intentando convencerme de sus palabras. -Eso último es difícil de creer. ¿No te acordarás del campamento ni de todo esto? – dije, señalando a mi habitación pero hablando metafóricamente de todo lo vivido aquí dentro y entre estos árboles. -No, porque estaré demasiado preocupado almacenando recuerdos nuevos, Bill. Si de aquí en un par de meses me acuerdo demasiado del campamento, querrá decir algo muy malo. – se puso serio y se me encogió el corazón de golpe. - ¿Entiendes lo que te quiero decir? Asentí con cara de preocupado, esta conversación estaba tomando un tono esperanzador pero que cada mínima posibilidad que indicara lo contrario hacia que todo lo construido positivamente, de derrumbara hasta la más pobre sombra de lo que había sido. -Pues espero no acordarme ni de esta conversación, entonces. – Tom me sonrió y me besó tan cerca de un ojo que tuve que cerrarlo. – Admítelo, esto sólo lo estás diciendo para intentar hacerme sentir mejor, ¿a que sí? -Mmm… Puede. – y sacó la lengua entre los dientes en una sonrisa burlona. - ¿Funciona? No tuve que pensarme lo que iba a decir. Con la mirada algo lánguida después de saber cual había sido su contestación a mi pregunta, le respondí. -Sí… - y le apreté bien fuerte casi arañándolo con los dedos en el pecho. -Así me gusta, baby. Ahora, vamos a dormir, que mañana por la mañana volvemos a ensayar… - dijo con cara de aburrido. Yo simplemente asentí e intenté dormirme encima de su pecho, notando la tranquilizadora sensación de su respiración. El mundo ha escrito esta maravillosa historia, ¿qué demonios podría pasar para que algo saliera mal? La teoría de que si todo lo que habíamos vivido hasta ahora era demasiado bueno como para torcerse empezaba a cobrar realmente un sentido. E incluso el hecho de pensar que lo que iba a venir iba a ser mejor de lo que ya teníamos, abría una luz esperanzadora en toda esa aura negra que cubría mi imagen personal de ese futuro no tan lejano. Era imposible que algo torciera ni uno de los renglones de nuestros recuerdos de este sitio, y no teníamos nada de lo que preocuparnos. Porque absolutamente nada, iba a salir mal. ¿Verdad? 30/07/09 Bill -Bill- mi giré al oír mi nombre pero no vi a nadie que me mirara en toda la mesa. Me sorprendí porque juraría haber oído que me llamaban pero después simplemente volví a sumergirme en mi café. Era la primera vez en semanas prácticamente que asistía a la hora del desayuno en el comedor. Hoy nos teníamos que despertar temprano para poder ensayar ya que por la tarde era el concierto. La cara de sueño que había en nuestras caras era para pintarla en un cuadro. Los únicos que estaban como una rosa eran Andy, Mario y Ashley, que ya estaban hasta los cojones de ir a vernos ensayar, y se dedicaban dormir lo que no dormíamos nosotros. – Pss, Bill. – otra vez volví a oír mi nombre y miré hacia la derecha, de donde provenía. ¿Mario? Lo miré interrogante y me hizo señas para que mirara por debajo de la mesa. Con un bostezo muy fingido, tiré el cuerpo para atrás y pude ver cómo colocaba una servilleta encima de mis piernas. Había algo escrito: No te vas a escapar, quiero que me lo cuentes TODO. Abrí los ojos muchísimo y arrugué la servilleta enseguida, con un ataque de pánico por miedo a que alguien la leyera. Probablemente me había puesto hasta rojo de la vergüenza. Intenté pensar rápido una excusa que fuera medianamente creíble. -¡Oh, Mario! Me falta hacer un retrato para los deberes impuestos para el verano, te importa venir media hora a mi cabaña y te uso de modelo? – se giraron todos ante mi comentario y maldecí al mundo por ello. Joder, había una conversación entre ellos, porqué de pronto todos se giraban ante este comentario tan inútil. -¡Los cojones! Tienes veinte mil dibujos Bill, usa uno de esos porque tenemos que ir a ensayar! – fue precisamente mi rubio el que no me dejó llevar a cabo mi cometido. -Oh vamos, déjale. Seguro que puede hacer tan rápido que ni notáis nuestra ausencia. – me ayudó el moreno. -Que no, que no. ¡Hoy es el concierto, Mario! – de pronto el susodicho se levantó de golpe de la mesa y me agarró del brazo, tirando fuerte hacia arriba. -Mira, entre que acabáis de desayunar y eso nosotros ya acabamos. ¡Ale, hasta ahora! – no me dejó ni hablar que ya estaba tirando de mí hacia fuera del comedor. -¡Pero qué fuerte! ¿Nadie vais a decir nada? – oí a mi rubio quejarse de fondo. En cuanto salimos fuera el moreno me llevó casi arrastras hasta la parte de atrás del edificio. La verdad es que ese lugar estaba albergando ya demasiados secretos. Nos sentamos en una especie de roca que había apenas un par de metros de la pared, ya prácticamente en la entrada de la espesura del bosque. Me quedé en silencio hasta que me pegó un codazo en las costillas. -¡AAUU!- me quejé. -¡Pero será posible! Ellos quejándose de que no tenemos tiempo y tú aquí sentado sin decir nada. ¡Vamos, al grano! – me puse rojo de oírle. -Bueno pues a ver… Supongo que quieres saber si al final hubo o no hubo… - me puse rojo. -¡Pues claro que hubo! No soy gilipollas, lo que quiero que me cuentes es cómo fue. Oh, y se me cuentas que tal folla Tom, también querré oírlo… -dijo riéndose por lo bajo. Alcé una ceja, como mostrando un poco de desconformidad con su comentario, pero divertido al mismo tiempo. -Joder pues… Fue en su casa, en Düsseldorf, se puso en plan romántico y hicimos “una escapada”. Después se nos hizo tan tarde que en vez de volvernos al campamento, nos pusimos a dormir en su casa. -Ui, qué poco típico de Tom. ¿Estás seguro de que era él? – casi achinó los ojos diciendo esto. – Oh vamos, entiende mi confusión, ¡es el tío más vago del planeta tierra! Y Düsseldorf está bastante lejos… Debía estar realmente desesperado por el polvo. -¡Qué va, qué va! Como a mí me daba vergüenza admitir que no me importaba ser yo el primero en intentarlo, pues simplemente empecé a toquetearle y eso… Y él no paraba de decir: “Pero Bill, porqué haces esto, que después ninguno quiere y nos enfadamos…” -¡Oh, qué fuerte! Me cago en la puta Bill, lo tienes cogido por los huevos. -Cuando se dio cuenta de por dónde iban los tiros, no paró de decir “si te hago daño, paramos eh!” “no te preocupes que yo estoy aquí, y no te voy a hacer daño”. Hubo un momento donde tuve que pedirle que se callara y todo porque me ponía más nervioso… -Oh dios, qué atento es… - de pronto se puso a mirar al infinito, con las manos en los mofletes, y con los ojos brillando. Éste se estaba montando la escena en su cabeza, seguro… -Eh Mario, vuelve. – le chasqueé en la cara con los dedos, y pareció que le acababa de despertar del mejor sueño de su vida. Y la verdad, no era para menos… Tom me estaba sorprendiendo de una manera inimaginable. -Vale vale, ahora dime, ¿qué tal fue? ¿Cómo lo viviste? -¡Mucho mejor de lo que me creía! Santo cielo, mira que soy gilipollas… Tendría que haber cedido antes. Lo hemos hecho bastantes veces desde entonces… - dije riéndome de lado. -¡JAJAJJAJAJA! Estaba clarísimo, chaval. -Ya, tendría que haber decidido esto mucho antes… -¿Y él? ¿Se dejó hacer algo? – preguntó de pronto. Si hubiera estado bebiendo algo, se lo habría tirado a la cara de sólo oír la pregunta. -¿Qué? ¡Imposible! Ni se lo planteé. -¿Enserio? ¿Ni siquiera la puntita? – me empecé a reír a carcajada limpia. - ¿Ni rozarle la entrada con la polla? – no podía parar de descojonarme, de hecho, empezaba a perder el aire. - ¿Ni un dedito? -¡Mario! ¿Pero es que no sabes de quién hablamos? – me puse la mano en la cara, y recé por no mancharla de maquillaje, apuesto a que podía pasar cualquier desgracia aunque fuera con un solo roce. -Y mejor no pregunto si te la chupó, ¿no? – dijo casi sin esperar una respuesta. -Pues claro que no lo hizo. Doy gracias que me hizo una paja antes de nada. -Pues sí… Mario iba a seguir preguntándome pero de pronto el sonido de algo estridente nos obligó a prestarle más que a nosotros mismos. El moreno miró dentro de su bolsillo y sacó de este su teléfono móvil, que llevaba la palabra “Putom” escrita en la llamada entrante que parecía estar teniendo lugar. -Anda, hablando del rey de Roma… Tu novio. – me puse un poco colorado de oírle decir eso. Enseguida le dio a descolgar. Noté que iba a hablar, pero un chillido estridente al otro lado de la línea lo imposibilitó. - ¡Joder, qué humos! ¡Que ya vamos! Pero si apenas nos habéis dado diez minutos, joder… - se calló un instante, con cara enfadado, escuchando lo que le estaba diciendo mi novio. – Que siiii, que ya vaaaaamooosss… - no tardó en colgar ni un instante. De hecho creo que no le dejó ni terminar de hablar. -Creo que estaba un poco enfadado, ¿no? -¿Un poco? ¿Estás seguro que folláis lo suficiente? – la pregunta era retórica, pero casi me dieron ganas de chillarle por la acusación. – Tengo una idea mejor, la próxima vez que lo estéis haciendo, le das un pequeño empujoncito, se la metes sin querer, y no pares hasta que se corra. Ya verás que le cambiará el mundo. -Estás como una puta cabra. – pero evidentemente, no pude más que reírme por ello. Tom Notaba que Bill estaba de los puñeteros nervios. No le culpaba por ello ya que yo mismo en persona había experimentado su fobia a cantar en público, pero el echo de que él estuviera así, me estaba empezando a poner nervioso a mí. Lo observé sentado en las escaleras que subían al escenario que habían montando para la obra de teatro de ayer y que aún seguía en pie para nuestro concierto. Se estaba fumando el cuarto cigarro en media hora y eso empezaba a no ser demasiado saludable. Podía ver desde donde estaba, que le temblaba el pulso tanto, que no le hacía falta sacudir el cigarro para que callera la ceniza. Incluso entorpecía el paso de la gente que estaba montando los instrumentos, pero él parecía no darse ni cuenta. El segundo problema es que Erika no paraba de pasearse por aquí y por allí dándome golpes “sin querer” con el hombro cada dos por tres, evidentemente por lo enfadada que estaba. Aún iba tosiendo un poco y eso era clara señal de que igualmente hoy no iba a poder cantar con nosotros, pero eso ella no lo admitiría en la vida. Además se podía notar cómo tenía una parte de la cara más blanca, justo por la nariz, ya que estaba tapada con un maquillaje demasiado claro para lo morena que se había puesto, intentando tapar el moratón que aún tenía del golpe que le había dado Ashley, que cada vez que se cruzaban, saltaban chispas de sus miradas. Estas dos podían saltar en cualquier momento. Mi única petición era que no intentase sabotear el concierto de ninguna de las maneras. Bill y yo habíamos pasado la noche ensayando con el grupo, y más tarde en su cabaña seguimos preparando la canción final y todo parecía que iba a salir de perlas. Habíamos trabajado muy duro y en principio no tenía porque ir mal la cosa. Claro que, no recordaba lo realmente malos que eran los nervios de Bill. Los había superado delante de mí, los había superado delante del grupo y de sus amigos, pero… Jamás se había enfrentado a hacerlo delante de tanto público. Iban a estar todas las clases, la de todos los pequeños, los grupos de instituto, los de su propia universidad… Vale mierda, ahora me estoy empezando a poner nervioso yo. Me acerqué a Bill y éste notó mi presencia acercándose ya que enseguida levantó la vista y la puso en mis ojos. Alcé las cejas y le sonreí de lado, y este simplemente soltó mucho aire mientras hundía su cara en sus manos. Vale, no lo estoy arreglando. -Eh oye, déjame que me acabe tu cigarro, que ya estas fumando demasiado. – me quejé, quitándole el quinto piti de las manos, recién encendido. -Y una mierda, devuélvemelo. – dijo intentando forcejear. Me lo metí enseguida en la boca y le pegué una calada tan larga que casi se lo dejé a la mitad. – Me cago en ti… Que sepas que me sacaré otro. Puse los ojos en blanco y suspiré, soltando todo el humo que había retenido en mis pulmones. -Bill, creo que te va dar un desmayo o algo, le estas dejando sin oxígeno a tu cerebro. A ver si te vas a desmayar o algo. – dije sentándome a su lado, dejando el máximo espacio a mi derecha para que pudieran trabajar los operarios con las cosas técnicas de las luces el sonido y todo eso.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD