Capitulo 70

4989 Words
-¿El qué? -Me refiero, que no sé, cuando estoy por el lago y los tíos van sin camiseta y todo eso, no tiene absolutamente nada que ver a antes de empezar a salir con Tom. Y a veces intento recordar si cuando veía a una chica en biquini, sentía la mitad de lo que siento cuando hay un chico demasiado musculoso a mi alrededor. – y fingí que me entraban calores, para poder abanicarme con la mano. -Vaya, estoy flipando. -Yo creo, con los temas de “cambio de acera” primero va el hecho de descubrir a ese alguien que no te puedes quitar de la cabeza y que es de tu sexo, y luego ya se experimenta. Ahora, háblame de Dawn. ¿Sientes algo cuando la ves? Bueno espera, empecemos por el principio ¿qué pensaste la primera vez que la viste? -Puess… que era una diosa del desierto. Como todos Bill, como todos. – aclaró enseguida. -Exacto, todos, no todas. -Oye, las tías también podemos opinar sobre otras tías. –dijo, algo indignada. -Sí sí, tienes toda la razón. Siguiente punto ¿Tú no la odiabas? -¡Eso mismo pienso yo! Te prometo que más allá de esa primera impresión, no he llegado a pensar nada más “bueno” hacia ella. Ya que en cuanto empezó a salir contigo, le cogí mucha manía. El caso es que claro, como ella había estado contigo, se me pasó la misma tontería por la cabeza por ella. -¿Pero porqué iba a querer estar con tías después de estar conmigo? Ella ha disfrutado con mi rabo, ¿vale? – solté algo indignado. -¡Y tú también! -JAJAJAJAAJJAJA – empezó a reír escandalosamente. - ¡Y yo que sé! ¡Son de esos pensamientos fugaces, tío! Joder, mira que eres bestia hablando. El caso es que estos días que la he visto por aquí, he sabido ver su dolor detrás de esa cara de simpática profesora, y me han entrado muchas ganas de hablar con ella y no sé, desahogarnos las dos. Y no sé porqué alguna vez esas imaginaciones han acabado en beso… - dijo, ruborizándose tanto que se empezó a tapar la cara de la vergüenza. – Y cuando Tom empezó a hablar de ella no pude evitar dejar que te preguntara qué te parecía… Respiré profundamente, sabiendo que el tema volvía a ir por un sitio un tanto peliagudo para mi gusto, pero al final acabé rindiéndome. -Ashley, si vas a estar bien, y a ella no le vas a hacer daño, te digo ahora mismo, que sí, me parece bien. – esta me dedicó una mirada cómplice, y simplemente se dedicó a asentir lentamente mientras volvíamos las cabezas hacia el partido, que esta liderando el grupo de Georg y Tom. – Pero si por las casualidades de la vida, ella acaba aceptando algo contigo, y la dejas a la primera de cambio, te prometo que te mataré. Y en realidad, todo lo que le había dicho sí era cierto, -bueno, menos lo de matarla, claro - pero como ya he dicho antes, esta profesora había sido muy importante para mí, y aún me salía ese sentimiento de novio celoso. Pero bueno Bill, ahora debes volver a la realidad, donde tienes una obra de teatro que acabar de fulminar para esta mismísima tarde. Esto empezaba a ponerme un poco nervioso, casi casi podía sentir los nervios de como si me tocara salir a actuar. Tuvimos que pasar al menos una hora más repasando esa escena y finalmente les pedimos a los niños que interpretaran la obra entera antes de irnos a comer, para ver qué tal todo junto. Tom y yo nos sentamos en el suelo con las piernas en forma de indio y nos tiramos un poco hacia atrás, apoyando las manos en el suelo. Los niños empezaron a actuar y me estaba llegando a emocionar de lo bien que hacían algunas partes. También es cierto que algunos niños lo hacían mejor que otros, pero al fin y al cavo, son críos, no se enteran ni de la mitad de cosas que están haciendo. De pronto mi atención se desvió completamente y mi subconsciente me traicionó al máximo. Mis ojos sin querer, y repito ¡sin querer!, se pusieron a mirar el paquete de mi novio. ¿Pero qué coño? Se me empezó a acelerar el corazón y la respiración empezaba a serme más ruidosa. Mi vista bajaba a cada instante y no podía más que lamerme el labio y recrearme. Veía un bulto en el pantalón que evidente no era más que la forma de este, o algo de aire dentro, pero no podía dejar de imaginarme lo que sí sabía que había ciertamente debajo de la tela. Creo que era la primera vez que le miraba ahí y sentía tanta lujuria. Sí es cierto que durante la semana, cuando estábamos apunto de hacerlo, me deshacía en ansias de que la sacara ya, pero una vez ya habíamos iniciado el juego. Jamás en una situación tan normal y corriente como esta. De pronto algo me azotó mentalmente, sacándome de aquel trance momentáneo. Y aquello había sido la voz de Tom. -¿Qué coño…? – vi como este tiraba el cuerpo hacia delante, para mirarme bien la cara, con el ceño fruncido pero riéndose, divertido. - ¿Qué estabas mirando? – dijo, ensanchando una sonrisa. Me quedé estático durante un instante y no supe qué coño responder. Le pedí a mis neuronas que trabajaran lo más deprisa que pudieran, pero no parecía que estuvieran por la labor. -Nada. –dije simplemente, con el tono de voz menos convincente del mundo, lanzándome a un suicidio inminente. -A mi no me engañas, colega. ¿Me estabas mirando el paquete? – dijo incorporándose más acercándose hacia mí. -¿Qué haces? Nos van a ver todos los críos. Y claro que no te estaba mirando nada. – mi mirada rehuía la suya, y tenía el corazón a mil por hora. Pero qué marica eres, Bill. Tom aguantó la respiración y se tuvo que separar de mi en cuanto fue consciente de lo primero que le había dicho. -Lástima… - musitó, de una forma casi inaudible. Me quedé mirándolo un instante, mientras este se intentaba aguantar la risa. -¿Lástima el qué? – le pregunté, algo picado. -Ah no sé… Si no estás interesado en mi paquete, es una lástima porque pensaba hacer algo al respecto después de librarnos de los niños. – mientras decía eso, me miraba fijamente y levantaba una ceja, con total tranquilidad. Un cosquilleo me inundó el estómago después de siquiera imaginármelo. Cogí tanto aire que cuando lo solté me sentí minúsculo. Con el corazón a mil por hora no supe muy bien qué estaba haciendo, pero cuando me di cuenta, quise que la tierra me tragara. Cómo no sabía muy bien qué responderle y además habían mil ojos delante nuestro mi primer instinto fue juntar nuestras manos, que estaban apoyadas en el suelo, aguantándonos el peso. ¿Pero tú eres tonto, Bill? Te está hablando de sexo salvaje ¿y tú le das la mano? ¿Eres gilipollas o qué te pasa? Estuve apunto de apartarla de pura vergüenza, pero este entrelazó un par de dedos con los míos, y eso me hizo respirar con tranquilidad y algo de emoción. Vale, en realidad me tomo el gesto como cuando una madre abraza a un hijo porque ha hecho algo ridículo pero aún así lo apoya porque es un amor incondicional, pero… me servía. Todos los niños ya estaban sentados en el comedor y ahora estaban bajo la tutela de Gustav, que le tocaba hacer de vigilante del comedor. Tom fue a coger una bandeja pero lo agarré sutilmente de una de las trabillas del cinturón, justo de la parte de atrás, evitando así que se alejara demasiado. Éste se quedó tenso en ese momento y aproveché para decir algo muy bajito, que sólo pudiera oír él. -Creía que querías hacer algo al respecto… - mi voz sonaba tan sensual que me estaba poniendo a mi mismo. No lo llegué a ver porque él estaba de espaldas a mi, pero estaba seguro de que estaba paseando la lengua por el piercing, haciendo que este se moviera frenéticamente, sólo con la idea. Sigilosamente volvió a dejar la bandeja donde estaba. Tom Me giré hacia Bill para que intentara decirme qué plan tenía pero en cuanto me volteé éste había desaparecido de mi lado y ya estaba a unos cuantos metros de mi, dirigiéndose hasta el final del edificio. Lo miré con curiosidad y pude ver cómo hacia un gesto disimulado con la mano, diciéndome que me esperara mientras él seguía avanzando. Yo saqué el móvil para hacer ver que me estaba distrayendo con algo, y cuando volví a levantar la vista, el moreno estaba entrando en el baño. Oh dios mío, sí joder. Se paró un instante en la puerta, y sin girarse puso la mano en su baja espalda y con los dedos me hizo señas de que me acercara. Esto estaba siendo peligroso porque eran los únicos baños que había en todo el edificio, pero Bill quería que nos lo montáramos ahí, y yo no iba a echarme para atrás. Volví a dejar el móvil en el bolsillo y avancé poco a poco, con cautela, sin mirar a ningún sitio más que a la mesa donde estaban mis maricones. Recé porque no hubieran visto la escena y que por lo tanto no supieran quién estaba en el baño conmigo. Los vi sumergidos en una conversación entre ellos y envié un mensaje: Chicos, tengo a una tía esperándome en el baño. Parecieron no hacer ni puto caso al sonido del mensaje y les hice un pequeño chasquido que parecieron escuchar. Les señalé el móvil y Mario fue enseguida a comprobar qué decía. Creo que había mirado a la mesa en la que normalmente se sentaba Bill, y no supe identificar la cara que puso al descubrir que no estaba ahí. Mierda tío, éste se huele algo, seguro. Cuando estaba apunto de entrar en el baño, noté un mensaje. Vale tío, nosotros te cubrimos. Casi me dio un ataque al corazón porque pensé que ya nos habían pillado sin haber siquiera pasado nada y después simplemente suspiré, riéndome y guardando el móvil. En realidad el problema mayor no era que me pillaran follando en el baño porque aunque no fuera legal realmente, no era una falta demasiado grave. El problema era que estaba follando con un alumno, no directamente mío, pero alumno al fin y al cavo, y que además era un hombre, y eso sí dejaría a todo el mundo atónito. Me metí dentro del baño, que estaba completamente desierto gracias a dios y busqué a Bill, que ya se había metido dentro de uno de los cubículos. Carraspeé un poco para que supiera que ya estaba ahí y después oí un golpe que provenía de una de las puertas. Creo que jamás me había alegrado tanto de que fueran puertas enteras, y que no tuvieran ese resquicio pequeño entre el suelo y se pudieran ver los pies. Ni siquiera había ese espacio por arriba. Eran puertas completamente cerradas. Abrí con cuidado, y me encontré a un chico moreno mirándome de soslayo, mordiéndose el labio y dibujando una sonrisa traviesa que cada vez se ensanchaba más. Me entraron todos los calores del mundo y cerré tras de mí enseguida, con la respiración acelerándose y con un sentimiento de maldad y perversión, apoderándose de mí. Nos lanzamos a los labios del otro con rudeza, con fuerza, y con muchas ganas. No teníamos mucho tiempo así que enseguida le metí las manos dentro de la camiseta y empecé a sobarle por todas partes. Notaba como me gemía en la oreja de puñetero placer y yo no hacía más que empezar a hiperventilar del calor que hacía. Lo apoyé contra una de las paredes haciendo un ruido que debería haberme ahorrado, y noté como Bill enseñaba los dientes por causa de una mueca, y se aguantaba un jadeo. ¿Le habré hecho daño? No sabía la respuesta pero si era que sí, extrañamente me había puesto un montón. Le metí las manos por dentro del pantalón y vi como Bill tiraba la cabeza hacia arriba, con la boca abierta y empezando a jadear aún más fuerte. Saqué las manos y me dispuse a levantarlo, poniendo sus piernas alrededor de mi cintura. Éste no dudó en apretar fuerte. -Dios, te la estoy notando super dura… - me dijo, al oído, con una voz tan húmeda que me dio un escalofrío que me recorrió la espalda entera. -Pues es por ti… - dije mientras le empezaba a morder el cuello, ferozmente, sabiendo que muy probablemente, la marca de la casa Kaulitz se vería reflejado en él más tarde. Sin poderlo evitar empecé a restregarme en él para que empezara a suplicarme. – Nótala… - dije, después de pasear mi lengua por todo el cuello hasta llegarle a la oreja. -Tom, fóllame ya. – dijo separándonos un poco, y mordiéndose el labio. Se fue a desabrochar el cinturón y a mi se me ocurrió una idea para hacer el polvo más fácil. Me quité la camiseta, y la puse encima de la cisterna. Cuando me giré Bill estaba despaldas a mi y se estaba quitando el pantalón, dejando en primer plano una imagen brutal de su culo. Dios. Fui hasta allí y le agarré de las nalgas sin pensármelo. Bill pegó un bote y se incorporó, mirándome divertido, pero algo confundido. Después se fijó en mí y no pudo apartar la vista de mi abdomen. Podía sentir perfectamente como me estaba comiendo con la mirada. Sin decir palabra, lo agarré por la cintura, y lo senté encima de la cisterna con rudeza. -Pero qué asco, Tom… - dijo, entre risas. -Ya bueno, he puesto mi camiseta. – murmuré en sus propios labios mientras ponía cada pierna al lado del inodoro, acercándome al máximo a Bill. Le abrí las suyas y volví a restregarme. Esta vez pude notar toda su erección en la mía, cosa a la que aún no acaba de acostumbrarme, pero pude notar que estaba muy puesto, y eso me calentó aún más. – Mmm… veo que en el fondo te esta encantando. -Shht… Cállate – dijo divertido. – Y ahora métemela joder, que nos quedamos sin tiempo. – dijo mientras me pegaba un tirón de las rastas y me dejaba con la cabeza alzada, mirándole fijamente. Se relamió el labio con sensualidad y después apoyó la cabeza en la pared, cerrando los ojos. Lo habíamos hecho bastantes veces seguidas en lo que llevábamos de semana después del primer polvo del lunes por la noche y ya prácticamente no hacia falta ni preparar a Bill. Ahora simplemente me dedicaba a prepararlo con los dedos como mucho, sin usar lubricante, pero ahora no teníamos tiempo para tanta preocupación. Sin pensármelo mucho, escupí en mi mano y me dirigí al lugar en cuestión. Bill lo había oído, y enseguida salió del trance en que se estaba metiendo, y me miró con los ojos muy abiertos. -¿En serio? – dijo, entre alarmado y conformista. Tss… Si en el fondo le gustan las guarradas. -Deja que papi Tom haga el trabajo – dije guiñándole un ojo y empujándole el trasero hacia fuera lo máximo posible para que fuera más fácil. Éste simplemente gruñó de placer. Me puse el condón en un instante y me dispuse a hacer presión sobre la entrada, que estaba empapada en mi saliva. Pude sentir las uñas de Bill que volvían a perforarme la piel. Las piernas de Bill me apretaban hacia él y poco a poco fue entrando hasta que llegó al fondo. -Aahhh… - me gimió, en el oído. – Joder Tom, me encanta. – y me lamió los hombros y el cuello, dejando un rastro de saliva por todas partes. Sin decir nada más, salí y entré tantas veces hasta que los dos pudiéramos llegar a la locura. Podía sentir un tintineo justo debajo del trasero de Bill, causado por alguna de las tuberías que golpeaba en la pared en cada una de mis embestidas. Los dos jadeábamos en silencio, respirando muy fuerte de manera que así podíamos exteriorizar un poco nuestras ganas de ponernos a chillar. Esto estaba siendo la polla. Sabía que estaba tardando demasiado y que en cualquier momento podría entrar alguien en el baño y oírnos, pero no quería acelerar el momento más de lo que tenía que ser porque estaba siendo increíble. Pero a regañadientes empecé a ir más y más deprisa y usando más fuerza haciendo que Bill jadeara de una manera muy extraña, como con quejidos ahogados, agudos y de dolor, pero que al mismo tiempo parecía que lo estuvieran volviendo loco. Yo sí que me estaba volviendo loco, joder… Empecé a notar como Bill se estaba tocando a si mismo en el poco espacio que quedaba entre nuestros pechos, moviendo la mano frenéticamente, acelerando también el proceso. Eso me puso tantísimo que de pronto noté todo tan intenso que acabé llegando enseguida, liberando absolutamente todo lo que tenía. Fui bajando el ritmo a causa de ello pero algo me frenó; la mano de Bill me apretaba el trasero hacia él con fuerza. -Ni se te ocurra parar ahora – dijo casi con voz amenazadora, entre dientes, supongo que intentando ahogar algún gemido. Sin dudarlo empecé a moverme muy deprisa aunque me estaba empezando a doler la polla, que sólo quería descanso ahora mismo. Le dejé un poco de espacio a Bill para que maniobrara bien a su gusto y de pronto empezó a salpicarme encima del ombligo. -¡Me cago…! Lksjkjdsgnkds – la mano de Bill en mi boca me había impedido que continuara chillando y yo sólo tenia ganas de mordérsela y arrancársela de cuajo. -Tranquilo, que no te he manchado el pantalón, ahora te lo quito con un poco de papel – dijo entre cortado, y costándole respirar. Poco a poco fui saliendo de él y enseguida puso una mueca – Más cuidado por dios… - dijo, quejándose. Estaba tan sudado y tan echo polvo que cuando me limpié un poco, me apoyé en la pared del baño y me dejé caer hasta sentarme en el suelo, a respirar profundamente. Bill se reía y me miraba y yo no podía evitar devolverle la sonrisa, con la respiración entrecortada. Se puso sus pantalones y se sentó a respirar conmigo. Me miró y me guiñó un ojo. -Ha molado mucho… - y esta vez apoyaba la cabeza en la pared mirando hacia arriba. Podía ver que le brillaba la frente de sudor y notaba cómo sacaba la lengua como si pidiera agua. Me estaban dando unas ganas de meter algo ahí dentro… ¡Tom, por dios, que lo acabamos de hacer! Bill Eran las siete de la tarde y yo estaba bajo una taquicardia severa. En cualquier momento se abrirían las cortinas de un escenario bastante apañado para el poco tiempo que habían tenido los profesores de montar, y aparecería el padre de Tom para presentar la obra de los pequeños. Yo, al contrario que mi rubio, tenía que permanecer en el público para poder ver la función, pero él se tenía que quedar a los lados del escenario, dando pequeñas instrucciones. La obra no duraba más de tres cuartos de hora así que en realidad no se iba a hacer demasiado larga, pero claro, yo ya estaba empezando a hiperventilar de los nervios. Y pensar que mañana me toca salir a mí a cantar… ¡¡Ah, nono, no pienses en eso ahora, Bill!! Podía ver al de las rastas pasearse de un lado a otro, como no, con Anna en sus brazos, y dando instrucciones a todo el mundo. Se preocupaba por todos, e incluso se había puesto a maquillar con cera de colores a algunos personajes. Era realmente adorable. Los de mi clase habían ayudado mucho con los decorados de la función y estaban poniéndolos por todo el escenario. Ashley y Georg estaban los dos a mi lado y como yo, esperaban impacientes que los niños empezaran a actuar. Ciertamente, yo ya me sabía la obra de memoria, y no sé porque no estaba ahí con ellos para ayudar, pero bueno, quizás mantenerme al margen me ayudaba a llevar mejor los nervios. Pasó un cuarto de hora y por fin empezó a sonar la música que indicaba el inicio del espectáculo. Sentía que la respiración me faltaba pero a medida que iba transcurriendo el tiempo todos mis nervios se iban disipando poco a poco. Era muy entretenido ver a los niños intentar interpretar una obra como esta. La verdad es que William Shakespeare cuando estaba escribiendo esta obra probablemente lo último que imaginaba es que la fueran a interpreta una clase de niños cambiando prácticamente la mitad de personajes, pero bueno. El pobre hombre se debe de estar retorciendo en la tumba, desde luego. Era emocionante ver la cara de todos los espectadores no perderse ni un detalle. Observaban a los niños intentar decir frases (muy adaptadas) bastante complejas para la comprensión de sus pequeñas mentes. Se reían cuando alguno no entonaba bien las palabras porque no sabían ni qué significaban. La verdad es que era un mérito que las pudieran decir. Se reían con ellos, y hacían sonidos tal que “ooohh…” en escenas de amor o incluso en los momentos donde algún niño se quedaba sin palabras. Hubo incluso un momento donde uno de los niños se quedó petrificado y se quedó mirando al público con los ojos bien abiertos, sin saber qué decir. Yo, que estaba en primera fila del público, tenía órdenes estrictas de que si algún niño se quedaba en blanco le hiciera señas con las manos, y al reconocerme le diría la frase. Me puse nervioso y por un instante no recordaba ni qué es lo que tenía que decir. El flash me vino de golpe, y el niño me miró, habiéndome reconocido antes de que yo pudiera hacerle una seña. Este me leyó los labios y cuando le recité las primeras palabras yo pudo continuar él solo. - ¿Qué luz alumbra esa ventana? Es el oriente, y Julieta, el sol. Se volvió a oír un murmullo de fondo enternecedor, donde todo el mundo había suspirado por esa frase, incluso yo, que me había puesto histérico en un instante, me sentí orgulloso de la pequeña actuación del chaval. Miré automáticamente a Tom, y este me estaba mirando, sonriendo. Me guiñó un ojo y pude sentir como me atravesaba el pecho como si fuera una flecha en llamas. Casi podría decir que había dolido. Después me levantó el dedo pulgar en señal de “ok”, y asintió. Volvimos a mirar la obra que poco a poco estaba llegando a su fin. La escena del beso fue la más esperada, y no noté ningún tipo de decepción entre el público cuando vieron que esa parte se realizaba sin ningún tipo de beso especial. Era en la mejilla, y la verdad es que habíamos decidido que era la mejor manera. Una vez acabada la obra, no pude evitar girarme a ver las caras de la gente mientras todos los pequeños actores salían al escenario y empezaban a hacer pequeñas reverencias entre muchísimos aplausos. Pude ver más de una chica con los ojos llorosos, y a Mario, también que parecía que en cualquier momento se iba a deshidratar. ¡Qué buena respuesta del público, madre mía! Nos levantamos todos y después ya nos fuimos cada uno por nuestra parte. Yo, estaba encadenado a los de mi grupo, y desgraciadamente no pude disfrutar de un rato de tranquilidad. No sólo llevaba toda la semana preparando la obra en cada tiempo libre, si no que ahora que ya estaba todo hecho, tenía que ser recluido de nuevo por tres chicos, para ensayar con el grupo. Intenté huir con Ashley, pero la mano de Tom me agarró la camiseta por la parte de la espalda y pegó un tirón de mi, que me colocó a dos pasos de él mismo, Gustav y Georg. Por el otro lado, la pelirroja se despedía de mi mientras que con una sonrisa en la cara, se iba con Andy y Mario a disfrutar del sol que quedaba, bañándose en el lago. ¿Y ya tienen tema de conversación estos tres? Igual Ashley va sólo para no bañarse sola… El ensayo duró hasta las 11 de la noche, y ni nos presentamos en el comedor. De nuevo nos volvimos a colar más tarde, intentando robar las sobras que había. Desde luego, vivíamos al límite. Nos despedimos ahí mismo porque Gustav dormía en el edificio de profesores. Georg, Tom y yo continuamos el camino hasta que el moreno también encontró el pequeño nido que compartía con la del baño en el lago, y nosotros continuamos. Yo sabía que la cabaña de Tom no estaba en esta dirección, pero ya hacía bastante tiempo que parecía haber renunciado a dormir ahí, y siempre se pasaba las noches conmigo. Era extraño porque era como una convivencia para la que probablemente, si yo estuviera en la ciudad, no estaría preparado, pero que sin embargo, aquí me parecía imprescindible. ¿Cómo iba a vivir yo sabiendo que puedo despertarme todos los días a su lado y que no fuera así? Nada, era una idea increíble. Y eso lo sabía el de las rastas. Era como un pacto no hablado. Llegamos a la cabaña y antes de nada, nos sentamos en las escaleras de subida a la puerta. Nos pusimos uno al lado del otro, y de pronto empecé a tener frío. Tom ni dijo ni una palabra pero se metió dentro de la cabaña, no sin antes darme un golpe prolongado en la espalda, como indicándome que no me moviera, que me esperara. Pude notar como se iluminaba el bosque en un tono amarillento, y es que él había abierto la luz. Sacó de dentro tres cosas, una manta para taparme, un paquete de tabaco, y un mechero. Le sonreí mientras se sentaba a mi lado, sin apagar la luz y sin cerrar la puerta. Era una imagen muy acogedora porque los tonos naranjas me daban calidez. Era como si estuviéramos en nuestra propia casa y hubiéramos decidido salir al balcón a fumar un rato mientras oímos el sonido de una olla mientras se prepara la comida o algo así. Yo que sé. Estoy empezando a desvariar. Encendimos los cigarros y prácticamente les dimos una calada muy fuerte al mismo tiempo. Una vez la solté me recosté en un su hombro y sin mirarme, Tom me rodeó con el brazo. Había tanta tranquilidad que podía escuchar su corazón acelerarse un poco. La tranquilidad que me transmitía no era capaz de entenderla. Es como si sus latidos fueran los míos, como si la pequeña batería que se desprendía de su cuerpo, tuviera una melodía que me sabía de memoria, o que ya había escuchado. Casi como cuando abrazo a mi madre, que me aporta esa tranquilidad que nadie más en el mundo puede hacer. Pues prometo, que esta vez, también sentía eso. Y provenía de Tom. ¿Qué tendría Tom que le hacía tan especial? Sentía su protección en mí, y eso me hizo respirar sintiendo que no había ningún tipo de problema al que afrontarme, como si todo en el mundo estuviera bien, como si con él a mi lado nada fuera a ir mal. Después de unos instantes, me besó el pelo con lentitud, sintiendo perfectamente lo que me intentaba decir, pero sin palabras. Era algo así como “gracias por estar a mi lado”. -No quiero que llegue mañana. – dije, de pronto, antes de volver a meter todo el humo posible en mi cuerpo. -¿Estás nervioso?- dijo, mirándome sonriente. Está claro que se burla de mis pesadillas. -No es sólo eso… Es que… No quiero separarme de ti. – Eso último lo dije prácticamente en un susurro porque me daba mucha vergüenza. El silencio que se hizo después hizo replantearme si realmente debí o no debí decir eso. La primera respuesta que obtuve fue un beso casto y limpio en los labios, pero que duró más que tres misisipis. ¿Eso era una buena respuesta o sólo intentaba hacerme callar? Después me volvió a besar en el pelo y noté como la mano que me rodeaba, acariciaba mi brazo con dulzura. -No nos vamos a separar. – dijo muy serio. – O como mínimo, no más de lo imprescindible. – se encogió de hombros y luego añadió: - tampoco soy mago. Ojalá pudiera hacer que todo esto durara lo que quisiéramos. -Ya… - observé con pena cómo el cigarro se iba consumiendo, pero es que no era el cigarro lo que nos estábamos fumando, sino el tiempo… El tiempo se estaba escapando con el humo, y eso me hicieron ganas de tirarlo y apagarlo, como si eso pudiera frenar el reloj del mundo. -¿Cómo hemos llegado a toda ésta mierda, Bill? – dijo, mirándome, intentando desviar la atención de lo que estaba pensando. Se rió. -¿Ésta mierda? ¿Te refieres a nuestra relación? – lo dije con un tono de mujer indignada, aunque evidentemente lo estuviera fingiendo. -¡Eh eh, no te lo tomes a mal! Ya sabes que esto me cuesta un poco… - ¿soy yo o estamos hablando de nosotros? Creo que es la primera vez desde que empezamos a salir, que realmente estamos hablando de lo que tenemos. Esa sensación me hizo sentir bien. Me hizo pensar que realmente lo que hay, es algo grande y fuerte. Que no se empieza a desmoronar aunque sea prácticamente tabú.
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