Marea alta

1185 Words
Niza Mi mamá siempre nos decía que los problemas de los demás sabían más pequeños porque no estamos en obligación de resolverlos. Florencia me cuenta mientras almorzamos como han intentado tener un bebé los últimos ocho meses, incluso antes de casarse los dos han sabido que quieren ser padres, pero nada que lo consiguen, se casaron para iniciar el proceso de adopción y en algunos países te piden más dedos o cinco años de casados y por la carrera le da miedo someterse al tratamiento hormonal. —No es que no quiera, es que el doctor habló de tres cirugías, de un tratamiento hormonal para que tal vez en siete u ocho años sea mamá. ¿Cuál es la diferencia en adoptar? —Eso suena personal Flor. —Somos amigas Niza. Yo me quedo en silencio y le tomo de la mano para intentar darle consuelo, ella me ve a los ojos y no puede ocultar la tristeza. Así que decido compartirle un poco de mi situación. —Yo tampoco soy muy feliz, siento que por una cosa buena laboral, vienen tres cosas malas personales, que la custodia de Emiliano se detuvo por el divorcio de Maya, que no me siento tan segura con mi embarazo o Emilio constantemente cagándola. —Bueno, Emilio duerme todas las noches en tu cama. Entiendo esa incertidumbre de si hay alguien más o si es ella mejor que uno así que decido compartir con Flor la realidad de mi situación, sin ninguna, —Emilio estuvo con alguien el mes que pasé llorando en tu casa porque me dejó. Ese alguien ahora está embarazada y nos casamos no es como tomar mis cosas e irme, tengo dos hijos que adoran esta familia, uno en camino y sé en el fondo que Emilio no está haciendo esto para hacerme daño, pero, quiero como agarrar y despedazarle. Florencia ríe ante la crudeza de mis palabras y las dos no podemos evitar reír como locas durante varios minutos. Después de la comida damos una vuelta por la ciudad en busca de ropa y ella me cuenta que su ansiedad se refleja en comprar o comer, la miro y le pregunto qué se le antoja. —Quiero comer como en mi país entonces he probado todos los choripanes en Nueva York y Miami, y Milanesas, es lo único que quiero comer y milanesas y luego gasto dinero en lencería que nadie me ve. —Emilio dice que la mejor lencería es la que no se pone. —Entonces que hacen se esperan desnudos. —Sí—Ella sonríe y me da un abrazo. —Gracias por ser mi amiga, incuso si él me deja quieres ser mi amiga. —Nunca había tenido una amiga —respondo y le doy un abrazo Florencia sigue eligiendo piezas de lencería y me advierte que Emilio es un hombre muy inteligente con esa idea de ir al grano y arrasar con todo, pero a ella definitivamente la ropa interior correcta le pone del humor maravilloso. Después de irnos a arreglar a un salón de belleza cada una toma dirección a casa para terminar de arreglarse. Yo me detengo por una farmacia y tomo la presión arterial, está un poco elevada y la farmaceuta decide volver a tomarla en unas horas, me vende uno de los aparatos y le doy las gracias. Veo unas rosas blancas y no puedo evitar comprarlas, quizá las rosas de la paz. Todas las parejas tenemos problemas, la diferencia entre las que se divorcian y las que se mantienen casadas por unos años más es la resiliencia y la verdad, ninguno de los dos están equivocados; los que pelean de más por mantenerse juntos ni los que pelean con fuerza por retomar su individualidad. Yo no quiero dejarle, no estoy lista para renunciar a nosotros, a nuestra historia, a nuestra familia. Llego a casa y Emilio está con Ellis el cual le pasa un trapo con quita esmaltes. —Cosas que una tiene que ver. —Ellos son raros —comenta Marcela y me acerco a saludarla. —¿Cómo va el embarazo? —Estás preciosa—dice mi esposo entre avergonzado y agotado. —Yo me he bañado en pintura, ya... Ya casi. En serio. Le entrego las rosas y él sonreí antes de tomarme de la cintura y llenarme de besos, su hermano le recuerda que sique teniendo pintura en el pelo y el cuello, yo sonrío y le doy un beso más antes de sentarme junto a Marcela. Ella me dice que también iban a cenar, pero, Emilio tuvo el accidente con la pintura, las dos reímos y me vuelve a preguntar por el embarazo. Yo le cuento que he estado con unas cuantas molestias, pero, el trabajo no me deja enfermarme. —Yo tuve ataques de pánico con Amanda, por eso seguro es tan estresada. —¿Cómo logramos echarnos la culpa de todo? —¿Cuál desperfecto tiene Mily?—pregunta Ellis mientras limpia a mi esposo. —Es muy insegura. —¿¡Tu hija!?—preguntan todos y yo doy un asentimiento. —¿Milymu, Milena, Mily?—pregunta Emilio y todos reímos. —Es muy insegura, de verdad, que hace cosas como: mírame estudiar, mamá viene una mala noticia ¿me tomas de la mano? Quiere la tienda en línea y cree que me necesita, pero, en realidad no lo hace y mira dos veces cada lado antes de cruzar una calle. La han visto dormir, cincuenta almohadas, casi queda envuelta con tal de estar protegida. Eso es básicamente mi culpa y mi defecto. Nadie había notado esos detalles, pese a ser muy pequeños puedo notarlos, le propongo a Marcela acompañarme a cambiarme para que me diga qué se me ve mejor, ella asiente y toma mi bolsa para alivianarme el trabajo. Cuando entramos en la habitación toma asiento en una banquilla y me pregunta qué tal me está yendo con la presión arterial. —Alta, ya le escribí a Logan a ver si me puede atender mañana. —Mucho. —135/95 —respondo. —La muchacha la tomó como cuatro veces. Estoy un poco preocupada. —Lo sé, quieres que te acompañe mañana. —¿Irías? —Sí, los hombres incrementan la presión —bromea y yo me río, me pruebo el vestido verde que Emilio y Mily han elegido para mí. Ella mueve la cabeza hacia los lados, luego me anima a probarme el que compré con Florencia, es en un tono azul precioso, largo, con un cuello en forma de uve que muestra un poco de más mi pecho, pero, le da cierta sensualidad mezclada con la delicadeza del vestido. Ella los prueba y va a darle a Emilio el traje, mientras me ayuda con el maquillaje. Marcela reconoce que no es profesional del maquillaje, tampoco se le da mal, no le toma demasiado y dice que el estilo natural es lo mío, pero, siempre puedo lucir mis ojos. Me veo en el espejo y me encanta el resultado, ella sonríe orgullosa. —Esta noche nada de inseguridades. Mañana temprano paso por ustedes.
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