Dos semanas antes del juicio y sigo viendo a mi hijo a escondidas como si el que hubiese hecho algo fuese yo, pero me habían dicho que con un juicio de emergencia nos dejan con la misma jueza que va a estar molesta porque para su criterio soy un hombre agresivo, abusivo que ante la menor oportunidad se ha llevado a su hijo.
Como si eso no fuese poco, hoy hemos tenido una reunión con recursos humanos, se suponía que Sasha iba a tener ocho meses de licencia, tres para dar a luz a su hijo y cuidarlo, un mes extra por los años de servicio y los siguientes para aprovechar el tiempo entre sus estudios y sus hijos, la señora decidió que era el equivalente a unas vacaciones pagadas por la empresa.
—¿Entonces no finalizó sus estudios?
—No—respondió Rebeca, la de recursos humanos, mi tía y yo asentimos.
—Dado que esto es muy fuera de la norma porque a nadie más que a ella se le dan vacaciones pagas por la empresa para trabajar luego de su licencia de maternidad, mi recomendación es que no le despidan todavía, hay que buscar sutilmente una excusa.
—Gracias —Dije y di por terminada la reunión—pero se queda conmigo y con Sofía para que le dé vergüenza cada vez que nos ve.
Mi tía asintió y reconoció que era una a pena el que no hubiese finalizado con sus estudios porque es una mujer brillante en todo lo que hace. Salimos de la reunión y ella me miró como si nada.
—¿Qué es este desorden? ¿Quién ocupó mi puesto?—preguntó.
—Eso no es un desorden, quiero todo tal cual —respondí y fui a mi oficina a continuar con el trabajo. Annie me llamó y me saludó como siempre, con todo el brillo que le caracteriza y me dijo que todo estaba bien con Emiliano. Su abuelo había conseguido que le llevaran de vuelta a clases de natación y eso le estaba volviendo loco de la emoción.
Le di las gracias y le recordé que es la mejor madrina que Maya o yo pudimos haber elegido para mi hijo. Milena entró como puntual a trabajar, la saludé desde mi oficina y ella forzó una sonrisa antes de ir a la sala de reuniones a prepararse un té y a su abuela. Fui hacia ella y en camino me encontré con Georgina, una vieja amiga del colegio, modelo y empresaria de cosméticos.
—Emilio, podrías no ignorarme.
—Nadie jamás en la vida va a poder ignorarte —Respondí y me dio un beso en los labios. Le abracé y le pregunté como iba todo en su vida.
—Mal, me estoy divorciando y eso de tener la cama fría y sola me sienta fatal.
—Tienes dos hijos, deberías tener la cama llena—Comenté y ella rió mientras me acariciaba los pectorales, le miré a los ojos y le tomé la mano, besé sus nudillos y ella sonrió mientras me apartaba el pelo de la frente.
—Adolescentes, querido, a esa edad ya ni existes. ¿Tú cómo estás disfrutando de la vida? De ser papá, vi hace tres años una entrevista que diste sobre el enamoramiento que generan los recién nacidos en los papás que se ven reflejados de la forma más tierna y sobrenatural en ellos.
Reí, de verdad Georgina puede hacer reír hasta a un santo y si algún día se ve en necesidad de hacerle un par de cosquillas a dios para poder regresar lo lograría con la sonrisa y los ojos rasgados, el pelo n***o y las curvas inusuales para una mujer de su e***a, es preciosa, perfecta y maravillosa.
—Sigo enamorado y empachoso, puedo mostrarte fotos hasta que se te quiten las ganas de tener sexo conmigo y pienses en otros hombres—Ella rio y miró mi fondo de pantalla. Los dos sonreímos y dijo lo que todos sabemos. Es mi gemelo. Para desgracias de su padrastro y su madre mi hijo tiene mis ojos azules y grandes como los de mi mamá, tiene el mismo pelo blanco que yo porque así le tocó, tiene los dientes con la misma forma que los míos, mi nariz recta y perfilada la tiene mi hijo, somos guapísimos muy guapos y muy divertidos.
Mi amiga rio cuando recalqué lo de guapos y divertidos.
—¿Tienes planes para cenar? —preguntó.
La verdad es que yo tengo una cama vacía, una casa solitaria. Niza no va a perdonarme. Me aparté un poco de Georgina
—No creas que voy a cocinar o hacerte un té de coño. Cenar en un restaurante. Con unas mesas, gente a nuestro al rededor y botellas de vino.
—Wow, botellas de vino—repetí y ella rio. —de acuerdo, hoy en la noche, paso por ti.
—No, y yo invito. Nos vemos a las siete. ¿Paso por ti? —Le pedí que escribiera la dirección, Milena pasó por nuestro lado y me vio de arriba a abajo y para alguien que no ha pasado la vida con su abuela y sus tías abuelas domina la mirada de desprecio y venganza Pieth Altazar a la perfección.
—¿Le pasó algo a la niña? ¿Estás hostigando a niñas?
—Es mi hijastra.
—¿¡Estás casado?!
—No, es complicado, es la hija de mi exnovia.
—Estás vulnerable y triste. ¿Quieres tener sexo de despecho en el baño conmigo?—Los dos reímos y le aparté antes de acompañarle al elevador. Me despedí de ella con un beso en la mejilla y esperamos que las puertas abrieran.
Mi tía se acercó corriendo a nosotros y le dio un beso en la mejilla a Georgina.
¿Tienes otra camisa?
—No, qué pasa —mi tía se lamió las manos y me aplastó el pelo como si fuese un niño pequeño. —Tía Sofía.
—Los de la SFP están subiendo —dijo emocionada. — Vienen a hablar directamente contigo —pregunté. —Será para un trabajo o quiere que concurses, dios mío, vas a ser juez.
Las puertas, el elevador se abrieron y salieron el director de la academia de premiación SFP, los cuatro nos miramos y Sofía sonrió y les invitó a acomodarse en la sala de juntas. Adriana Zomosa y Joaquín de la Rosa, los artistas más importantes de Mainvillage y fundadores de la SFP, así como dueños de las galerías más importantes en la ciudad y el extranjero. Les saludé con un fuerte estrechón de mano y fui con ellos a la sala de juntas. Mi tía ya les había ofrecido de beber, pero, estaban a gusto de esta manera.
—Queremos hablar sobre su carrera como pintor, señor Pieth—Adriana, la directora del programa.
—¿Pintor?—repetí sorprendido. —Es lo menos que sé hacer. No es por nada, pero, me encantaría que fuese debido a mi fotografía —el hombre rió y preguntó cuál de las fotografías me refería; ¿las de modelos o las de paisajes?
—La segunda, por supuesto —Todos reímos. —Bueno, qué es lo que quieren que pinten.
—Querremos que colabore en la exposición de artistas nacionales para el museo Piev.
—¿Con cuál tema les gustaría que participara?
—No, te estamos dando libertad de creación —Dijeron y pusieron el contrato en el escritorio. —Básicamente, le animamos a pintar cualquier cosa de calidad de museo.
Mi celular sonó y lo ignoré un par de segundos para seguir escuchando a las únicas dos personas que recuerdan que dejé una carrera exitosa en nada interesante por la pintura. Sonreí al pensar la cara de mi padre cuando se lo dijera porque si bien es algo que vino a mí de forma natural, es una locura que siquiera estén interesados en ver mi trabajo.
Sasha entra y se disculpa, me señala el teléfono.
—¿Es importante?—preguntó.
—Si no secuestraste a tu hijo o lo escondiste en las Bahamas, entonces, sí. —Me acerco a ella de inmediato y en un susurro dice: —Tu exmujer está dando gritos en el teléfono y aparentemente la policía está en camino.
Miré a la gente que estaba venerándome por mi trabajo y le pedí a mi tía que llamara a su hermano, de esa manera sabríamos cómo proceder y le pedí a Sasha que mintiera y le dijera a Maya que estaba en una reunión a puerta cerrada.
Desde mi celular llamé a Annie.
—Emiliano desapareció.—una mezcla de confusión, culpabilidad y tristeza hacían parte de su tono de voz. — No sabemos dónde está, mi tío le llevó a clases de natación y el entrenador llamó hace unos minutos. Dicen que nunca entró a las instalaciones. Sus amigos dicen que le vieron, pero, que estaba esperando a que alguien le llevara la gorra de baño. Si no está contigo, Emiliano de verdad está desaparecido.
Mi oficina se llenó de policías, mi tía dijo que mis abogados me verían en la estación, pero, tenía que ir con ellos porque poner resistencia sugería que yo había secuestrado a mi hijo. Vi con sorpresa a los visitantes y Adriana me vio apenada y Joaquín, su acompañante, cerró su maletín.