Dicen que la indiferencia es la forma más dolorosa de terminar una relación. Lo había escuchado, pero, nunca lo había vivido. Niza me ayudó a empacar la maleta, se subió al auto conmigo y esperó en el aeropuerto una hora por mi vuelo. Se despidió con un abrazo, sin lágrimas, gritos o amenazas. Simplemente con un hasta luego y una sonrisa pequeña. Me disculpé de nuevo antes de acercarme a la puerta de embarque:
—Te quiero, pero mi hijo me necesita. Lamento de verdad terminar así las cosas, Niza, si tan solo...
—Se te hace tarde Emilio. Gracias por todo lo que me enseñaste y por todo lo que inconscientemente me has dado.
—Niza...—dije mientras intentaba tomarle la mano.
Ella negó con la cabeza y se fue.
No pude escribirle o hablarle cuando llegué a Mainvillage porque Maya había logrado hacerse de la custodia temporal de mi hijo. La jueza que la escuchó sin mí creyó en el dolor de ser víctima de violencia familiar, de estar en medio del amor y lo que mi hijo necesita. Considera seguramente que Niza sí tiene un problema activo con las drogas, así que, le dio la custodia temporal porque soy un papá negligente que estaba de viaje con mi amante, todo en palabras de Maya.
Pasé tres días con los abogados, de un consejo a otro y sin poder ver a mi hijo en absoluto porque mi exnovia, lo hizo parecer como que no es solo Ismael quien la agrede sino yo. Presenté las llamadas, testigos de como era nuestra relación y vi como poco a poco, todo se tornaba de nuevo oscuro.
Lo peor es no poder saber nada de mis hijos, tampoco nada de ella y sé que lo he arruinado, nadie tiene que decirme nada, por ejemplo, hoy en la comida familiar nadie querría decir nada con respecto a Niza o Emiliano, pero todos hacen ambas cosas incómodas.
Nadie dijo que la tía Sofía se quedó unos días más para acompañar a mi exnovia a una boda. Arturo sigue son hablarme como si yo le debiese una disculpa y lo que son mis hermanos me dan esa mirada llena de tristeza y compasión.
Me sirvo un plato con los elotes que mi papá no deja de venerar, los dos nos reímos después de que los pruebo, porque es una receta que probó en e unas vacaciones y estoy seguro de que no es así. Él se rehúsa a darse por vencido y en cada almuerzo en el jardín decide ponernos a prueba y a mamá la cual ya no puede aguantar y ríe como una niña pequeña cuando se da cuenta de que el sabor no es parecido siquiera.
—¡Papá!—grita mi hijo y me giro.
Le dejo el plato a mi papá y voy corriendo hacia Emiliano, le abrazo con fuerza en cuento le alcanzo y le reviso. Le busco algún golpe, alguna señal de que está pasándola mal de nuevo y mi hijo me abraza con fuerza y me pregunta por qué ya no vivimos juntos. No encuentro la respuesta a ello, pero veo que detrás de él está Annie, la prima de mi exnovia y Jack, mi cuñado.
Le abrazo y él llora molesto porque no puede verme y además tiene que pasar todo el rato con su mamá. Va a la escuela, pero, no a actividades extracurriculares para que yo no vaya a verle.
—Papá, yo quiero volver a casa, con Niza y contigo. Quiero que Niza me cuente historias y me dé abrazos mientras me hago el dormido.
Me siento en el césped y lloro con él porque los dos que vemos lo mismo. Annie nos recuerda que tiene que volver con su mamá y lo ideal es que no sospeche que se vieron. Mi mamá nos ofrece a ambos botellas de agua y Jack me pide que me tranquilice un poco para que pueda disfrutar con mi hijo.
Asiento y voy al interior de la casa con Emiliano. Él me enseña su carrito especial y desarma la rueda, me muestra unas páginas de un cuento que Niza escribió y retrató para él, los dibujos habían sido pintados con tiza y podía ver la diferencia entre los que pintó mi hijo y los de mi novia.
Lo leí con él.
Es una historia de un papá oso blanco que tiene un bebé oso y está empeñado en buscar el lugar perfecto para que vivan juntos por primera vez y empezar su familia. Al papá oso se le olvida que le gusta bailar, correr, cantar y jugar con el bebé oso a sus juegos favoritos que son el escondido, la anda, el basket y de verdad su favorito, favorito, ¡favorito! Nadar. Por eso, el bebé oso está muy feliz de que papá oso y él se hayan encontrado con un Panda porque ese nada cocina rico. Les recuerda a los dos como estar juntos y tienen una casa mucho más pequeña de lo que imaginaron, pero, les encantaba estar juntos a los tres.
—Hijo los osos polares y los pandas no viven en el mismo ambiente.
—No, pero dijimos oso blanco no polar papá.—se quejó y me tomó de la mano—Tú y yo tenemos el pelo blanco y estoy seguro de que a esos osos les pasó lo mismo.
—¿Entonces somos todos oso polar?
—Noooo. Somos osos y ya. No molestes —Los dos reímos y le di un beso en la frente.
—Papá está intentado con todas las fuerzas de su corazón y con todo el dinero, los abogados y mucho más hacer que regreses a casa, por ahora, nos toca ser fuertes y esperar un poco. La tía Annie nos va a hacer el favor de pasar algunos mensajes y ayudarnos por mientras, pero es un secreto entre los tres. Tenemos que ser discretos y si vuelven a pegar o cualquier cosa va mal me llamas y yo voy por ti.
Annie nos hizo una seña y nos recordó que había dicho que iban por un helado, además, tenía que ganarse la confianza de Maya, quien no estaba tan convencida de dejarle ir con ella a comer a solas, pero, tras muchos juegos lo había logrado. Si no hacíamos las cosas bien no les volverían a dejar salir juntos y con la obsesión de Maya por hacerme ver mal, no querría que lo viese bajo supervisión.
Emiliano comenzó a llorar y con el alma roto le llevé al auto de su tía., Annie intentó consolarle y le prometió que sí irían por el helado y sí volvería a verme.
—Yo solo quiero estar con mi papá—gritó y se agarró a mi camisa, temblaba mientras pedía que por favor no le llevaran y le cargué con más fuerza mientras intentaba tranquilizarle, pero, no hay palabras de consuelo para mi hijo.
No hay forma de consolarnos.