La persona al otro lado de la línea se aclaró la voz y dijo:
—Emilio, no digas más. No quiero saber qué pasó entre ustedes. Soy Sofía, Perdón por la hora. Mañana viajamos los cuatro. Alfonso así lo ha pedido. Tengo algunas cosas que quiero trabajar contigo sobre la sesión y negocios que tengo pro nueva York y lo más importante es que Niza no va a regresar a trabajar para ti. En tres semanas se incorpora Sasha, espero que todo vaya bien con ella. Tendrás que buscar personal. Descansa nos vemos mañana.
Ella finalizó la llamada.
Y yo fui a tomar una ducha. Me vestí y preparé mi bolso de mano para el viaje y a las cinco de la mañana escuché la puerta de casa abrirse. Mi mamá vestía un pijama de seda de dos piezas, traía un abrigo muy largo con ella, y mi papá, su pijama de trabajo. Les ofrecí desayunos a los dos y mi papá sonrió antes de reconocer que los pancakes del hospital estaban mucho mejor que los míos, pero, se los comería por el esfuerzo. La cosa es que ya está en esa edad en la que se queja de la comida, pero, igual lo come.
—¿Estás bien?—preguntó mi papá.
—Claro, voy a dormir todo el vuelo.
—Tienes problemas amorosos.
—¿Cómo sabes?
—Niza no está aquí y Emilio tiene cara de funeral.
Mi mamá le dio más café a mi papá y se sirvió un poco más, acerqué mi taza y ella se dejó la cafetera. Papá sonrió y me miró divertido. Antes de acariciarme el brazo.
—¿La amas?
—No sé.
—Entonces... déjala ir con alguien que lo sepa—respondió mi madre.
—¿Tú no esperaste por años a mi papá?
Sé la respuesta y definitivamente sí, mi mamá esperó, rogó, y se revolcó con un hombre casado hasta que finalmente el cabronazo decidió divorciarse de su esposa y casarse con ella.
—No, así no fue. Me follé por años a tu papá y después de años de cofunción me di cuenta de que no era un capricho. Ya sabes cuándo tu amiga te dice ahí no, tu mamá, tu papá, el vecino, todo el maldito universo, pero, lo creas o no, Jack fue quién hizo darme cuenta.
—¿Mi papá biológico?—pregunté de broma.
—Sí, el amante de tu mamá—recalcó mi papá y ella rodó sus ojos antes de preguntarnos si queríamos una prueba de ADN. Mi papá rió e intentó besarle y yo negué con la cabeza porque no estoy interesado en ser un Foster ni siquiera porque el ADN lo diga, además, soy el hijo de mis padres, el más hijos.
—Qué pesados los dos, siempre con ese tema y saben lo que me incomoda. —mi mamá se bebió el café y se aclaró la voz.—En fin, había tantas ganas de encontrar el amor en el otro, de ser una buena persona, de entregarse por completo. En el proceso, me di cuenta de que quería las cenas con Alessandro en público y los paseos de la mano y que le quería a él, para toda la vida con o sin esposa, preferiblemente sin esposa.
—Qué lindas historias les cuentas a tus hijos.
—Verdades, solo verdades. —Respondió mi mamá.
—No... no les da vergüenza.
—Nunca te atrevas a sentir vergüenza por la forma en la que amaste a alguien, a menos que hayas sido abusivo, —aclaró mi papá. —Amar a una persona te enseña sobre el amor, la comprensión, el cariño, te aclara lo que quieres o no. Por eso todas las relaciones son importantes, menos las que fuerzas—Aclaró de nuevo.
—Te amo mucho—dijo mi mamá. —Espero que encuentres al amor de tu vida, la mamá de tus próximos hijos y la mejor compañera para tu vida.
Mi mamá se puso en pie y me abrazó, mi papá nos miró durante unos minutos y finalmente se unió, me dio un beso en la cabeza e intentó consolarme.
Porque lo que no podía decirle a nadie es que sin importar cuántos premios haya colgados en la pared, cuantos sueños he cumplido o cuántas veces me he sentido como “el mejor”, porque al final del día sigo durmiendo solo.
Mi mamá nos llenó de besos ambos y nos apuró hacia el auto por si había algún imprevisto, le recordé que debía despertar a los niños en cuarenta minutos y Logan iba a dejarles en la escuela.
Mi papá me dio un aventón al aeropuerto y me recordó la clave del éxito: perseverancia. Me sorprendió cuando decidió aparcar y bajar del auto y acompañarme porque él tiene una teoría sobre el café de la sala VIP en Mainvillage.
Me aseguré de que el jet estuviese listo para volar y le acompañé por su café.
—Hijo, necesitas hacer un gran gesto y aprovechar el viaje. Demuéstrale a Niza que puedes dejar de ser su jefe para ser el hombre que necesita.
—¿Estás leyendo las revistas de mamá o sus novelas?
—Sus novelas, esas las cortitas, me relajan demasiado para dormir. Además, me parece que es momento de que disfrutes del amor. Ya sabes de ese que te hace querer llenar las pantallas del Times Square con: “Te amo, Verónica.”
Mi mamá no para de hablar de ello, así que sea como sea, está muy romántico.
Me despedí de mi papá y fui hacia mi grupo de viaje el cual está compuesto por Olivia, Niza, Mily y Sofía, cuatro mujeres que me quieren matar, me odian o están planeando mi funeral en sus cabezas.
Viajé solo, pero escuchando la lista de actividades y cosas que Mily Caine Pieth Smith pretende hacer en Nueva York. Su abuela y su mamá rieron bastante durante el viaje y yo terminé siendo acosado en mi propio Jet privado por mi prima/sobrina adolescente, la cual se sentó a mi lado y me rodeó el brazo.
Le miré a los ojos y ella me acarició el pecho de firma demasiado maternal para la energía vibrante y alocada que siempre representa. Le di un beso en la frente y decidí abrazarla.
—Ella también lo está pasando mal y regularmente me gustaría pensar que ella va a estar sola y morir de hombre y frío, pero, tienes toda la razón, es mucho más de lo que pensé que sería.
—Ey... Eso es buenísimo, para las dos.
—¿Por qué lo crees?
—Yo me parezco en humor a mi mamá y en carácter a mi papá, todo lo que me saca de quicio de ambos, lo hago sin darme cuenta a veces... creo que todos merecemos saber de quién sacamos lo bueno y lo malo—Mily sonrió. —Tú eres despreocupada como Arturo y artística como tu madre.—ella sintió.
—Niza lloró muchísimo, estaba en casa de papá e intentó no llorar, sin embargo, Ada y yo te insultamos en tres idiomas —susurró.—Y sé que le gustas, incluso, usó la frase: “creo que le amo y me ha dejado”. Bueno, lo dijo y se durmió.
—¿Me puedes ayudar? —pregunté.