Te tengo

1744 Words
Desde que llegamos a Nueva York no he tenido tiempo de hablar siquiera con Niza, mucho menos verle y todos mis planes para reconquistarle está en manos de su hija de catorce años, peligrosamente gastona. Así que me armo de valor y con un ramo de rosas y una caja llena de los mejores hot dogs de la ciudad me acerco a la puerta de Niza, pero justo cuando estoy por tocarla se abre y sale Alfonso. —Emilio —me saluda. —Todo bien. —¿Qué tal la sesión? —Mejor de lo que esperábamos, en la tarde ha venido Mily y es una modelo fantástica. —Esa mujer pequeña es peligrosa —dijo en un español forzado. Niza reconoció que su hija sería una mujer fantástica cuando tuviese la edad, pero por el momento, por su propio bien, es necesario tratarle como lo que es. —Niza, estoy tan emocionada—dijo una mujer mientras se acercaba a ellos. —En serio que dios te bendijo las manos. —Muchas gracias, Florencia y espero no decepcionarte. —Nunca—replicó y le abrazó. Florencia, la segunda esposa de Alfonso, se acerca y me saluda con gran alegría, es una modelo y actriz argentina, de lo más divina en cuerpo y alma. Le doy un beso en la mejilla y los cuatro nos quedamos en silencio viéndonos. —¿Están saliendo?— preguntó Florencia. —No—respondió Niza. —Sí. —Ahh, pelea de enamorados —respondió Alfonso. —Niza se recupera con flores, porque alguien si no es una joya no quiere ni empezar a hablar. —Vámonos, ocupan espacio y tu Español pulirse. —Bye, Niza —dijeron los dos y ella agitó su mano. Ella esperó a que subieran el elevador antes de intentar cerrar la puerta. Puse el pie y Niza cerró con más fuerza, solté las flores y me tiré al piso, esta vez puse la mano contra el marco y ella me recordó como me quedaría, miedo sentí, pero apliqué la valentía de la que todos hablaran. —Solo escúchame. —Emilio, no quiero escucharte. —Niza, soy celoso y odio perder y lo que es peor, perder contra mis primos o hermanos. Y pensé que Arturo tenía todas las de ganar. —¿Qué haces en el suelo?—preguntó Olivia. —Niza, le pateaste. —No, solo le majé el pie y metió la mano. —Quiero hablar con Niza. —Dije y mantuve mi mano en el marco. —Olivia, le puedes decir que es difícil tener una relación con una persona que no se abre al amor. Niza sabe todo de mi vida, personal y laboral, pero lo que soy yo. Yo me voy enterando de golpe, por ejemplo: no sabía que diseñabas hasta que Mily lo dijo o que te gusta hacer collares y pulseras y tampoco supe dónde vivías hasta que fue necesario. No todo lo malo lo he hecho yo.—Dirigí la mirada hacia Niza. — Eres la persona que quiere quererme, pero no sé si no estás lista o simplemente no sabes querer. Olivia vio a su hermana y después a mí. —Esto suena privado y no voy a tener opiniones nunca más sobre su relación, y menos si no me lo piden. A mí me costó mucho querer completamente a otra persona, y la verdad sabía que quería a Sebastian, pero, no entendí cuánto le amaba hasta que fui mamá de Sergio. No lo quiero más que a Milena, pero, ella es mi inigualable compañera, puedo decirle desde los dos años: “vamos a robar un banco” y ella va a decir: “¿cuántos millones robaremos tía O?”—su hermana sonrió. —Vas a tener que demostrárselo y si crees que hay una vida en la que puedas pasar todos tus días con Emilio vas a tener que intentar recibir su amor. Me puse en pie y le entregué las flores a Niza, Olivia me las quitó de la mano y dijo que estaban demasiado bonitas para tirarlas y finalmente entró en la habitación. Le di la caja de Hot dogs a Niza. —Me dejaste, a la primera, cuando todo para mí parecía malo me dejaste. —reprochó. —Arturo es mi contacto de emergencia desde que me encontró en Seinvillage y no tiene una copia de las llaves de mi casa. Me asaltaron y fui al hospital a que me suturaran unas heridas. La enfermera vio quien era mi contacto de emergencias y le llamó de inmediato, sin consultar. Él me suturó y me llevó a casa, dijo que iba por unas cosas a la farmacia para mantener la herida limpia y cuando regresó con mi llave, tú estabas muy molesto para escuchar y horrorizado por el desastre. —Sé que hice mal. —No tengo quince ni veinte años, tengo treinta cuatro años, no quiero un novio, ni un amigo con derechos. Ya tuve sexo, fiestas, una hija adolescente a la cual darle un ejemplo y no va a ser como lloro o rompo mil veces con un hombre que no está listo. —Niza... —Tengo que trabajar—Dijo y tomó la caja con los hot dogs. —Voy a comer dentro con Olivia, gracias. Quedé sin comida, sin novia y con un buen consejo al menos. A la hora de la cena escuché múltiples golpes en mi puerta y sin abrir supe quien era. Milena traía consigo un carrito de servicio al cuarto lleno de hamburguesas y papas. Me sonrió y se acercó a mí con la bandeja. —¿Gusta usted comer como un loco y ver la TV gringa conmigo? Me encanta este país, los anuncios son muy elaborados. —Claro, puedes pasar. Solo, promete que al menos veremos algo. No voy a sentarme, a ver anuncios. Le pregunté a Mily sobre su estadía en la ciudad y el trabajo, reconoció que le gustaba mucho, pero, toda la atención estaba sobre los diseños que tiene Niza y la falta de un folio. Así que ella estaría trabajando en uno mientras nosotros continuábamos con la sesión fotográfica y Florencia quería cambios en el vestido de bodas de su madre para usarlo de vestido de cambio durante la fiesta y Niza le dio algunas sugerencias por lo que estaría haciendo eso. —Nosotras nos vamos mañana. —¡Tan pronto! ¿Pasó algo? —Mi mamá tiene un esposo, un hijo y una vida —Sonreí. —¿Tú? —Yo tengo unos papás y clases a las cuales asistir.—Respondió. Mily se comió un par de papas y bebió bastante agua. Se mostró nerviosa mientras veía las hamburguesas. Yo le di un mordisco enorme a una de las hamburguesas y ella me miró antes de ir por el control del televisor. Tomé un cuchillo y corté una de las hamburguesas de pollo en cuatro pedazos. Insistió a Mil y para que regresara a comer conmigo. —¿Es más pasable así?—pregunté y sonrió. —No... no se lo digas a Niza ni a Arturo ehh, no quiero que piensen mal de mi mamá o de mí. —Nadie tiene que creer nada, Milena. Muchas personas sufren estas enfermedades, algunos mueren y otros pelean. —A veces pienso que ya terminó y al día siguiente me peso o me veo en el espejo y... —se encogió de hombros. Le di un abrazo fuerte. —Siempre hay otras chicas y adultos con los que puedes hablar. Siempre que te sientas con respecto a la comida puedes llamar conozco gente. —Gracias, tío E. Ella comió la mitad de su hamburguesa, y comimos papas fritas mientras veíamos un partido de basquetbol. Mily es una mujer a la cual jamás hay que llevar al estadio porque tiene una boca sucia y se enciende la locura con nada. —¿Quieres un té, un calmante en pastillas, llamo a una ambulancia directo al manicomio? —Sabes lo que dice la tía Emma de “esa” palabra —me regañó—Hijo de puta, ¿te pusieron vaselina en las manos? Seguro que sí, de tanto cascártela ya no te queda nada para jugar. Me reí, pasé los últimos minutos del partido riendo en nombre de las insolencias de mi sobrina. Le di un beso y la acompañé a la puerta de su habitación. Niza estaba por salir de la habitación de su hermana cuando llegamos. —Nos vemos mañana, Niza —Dijo Mily y le dio un beso en la mejilla, Mily y Olivia cerrar la puerta, Niza iba con el pelo largo en un moño y ropa de dormir, me miró. —Niza, ¿quieres ir a una cita conmigo mañana? Casi no conoces Nueva York y yo sí, además... Soy guapo, soltero y divertido y quiero conocerte. Lo bueno y lo malo. ¿Qué dices? —Emilio...—empezó a decir y se fue hacia su puerta. La arrinconé contra la puerta y ella puso su mano sobre mi pecho. LE acomodé unos mechones de pelo y repetí mirándole a los ojos que había sido un cabrón por dejarla cuando me necesitaba y por no escucharle cuando necesitaba un brazo. —Niza. Ella se apoyó contra la puerta y negó con la cabeza, yo me incliné un poco más y rogué de nuevo que me perdonara porque la situación había sido sacada de contexto por los dos. —Te has puesto a pensar en lo que sentí al verte golpeada, desesperada y sola. No ibas a llamarme Niza. No quiero que me necesites, quiero ser la primera persona a la que llames cuando algo te fue, quiero ser la primera persona a la que le cuentes alegrías, problemas o temores, porque está bien tener miedo. —¿De qué tienes miedo Emilio?—Preguntó y me acarició el pecho. —Es una estupidez, así que prepárate—bromeé y ella me miró a los ojos y ligeramente movió la cabeza. —A morir solo por no haber sabido cuándo ver al amor. ¿Tú? —Decepcionar a quienes a Mily, Olivia, los papás de Arturo o Arturo, pero, creo que los dos nos hemos decepcionado lo suficiente como para no entrar en la lista del otro... Decepcionar a Emiliano o a ti. Sobre todo a ti. A mí en lo personal me gustó ese momento con Emilio y Mily ¿Ustedes?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD