Niza
Emilio y yo nos quedamos en silencio mirándolos el uno al otro, él finalmente cortó la distancia entre nosotros y me besó. Con toda la pasión y el amor que nos sale tan mal en describir, así me besó, abrió la puerta de mi habitación, puesto que, yo había metido la tarjeta cuando llegó a hablar conmigo y cargada me llevó a la cama, le quité la camiseta y él me quitó la blusa de la pijama y los dos sonreímos antes de volver a ocuparnos del cuerpo del otro.
Yo tengo problemas para describir cualquier emoción que supere la tristeza, la felicidad y mi mejor sentimiento es la normalidad, pero conozco una o dos cosas sobre pasión y excitación. Me encanta el sexo con el hombre adecuado, ese que no tiene miedo de lamer o morder solo para darte placer porque no es egoísta y ve el placer de una forma compartida y poco egoísta. El sexo no siempre es perfecto, está lleno de risas, de errores, búsquedas y posiciones que nos hagan sentir cómodos y también hay tropiezos para encontrar un condón o simplemente abrirlo y tal vez caerse de la cama y reírse mientras compartimos besos locos.
Esta es la persona que quiero para toda la vida y no se necesita estar desnudos realmente para saberlo, es la forma en la que Emilios hace a todos reír en una sala, o la forma en la que besa la cabeza de los niños, se toma un café y se queda viendo por la ventana y
No sé que nos enloqueció más, Emilio como loco buscando un condón en la cartera con toda desesperación puede resultar enloquecedor. Salgo de la cama y me voy a duchar, Emilio no se ha despertado cuando termino, así que llamo a servicio al cuarto para pedir café y unas tostadas, me visto y me pongo a trabajar hasta que llega mi pedido, veo la hora y me sirvo un poco de café y continuo trabajando y después de conversar con Sofía le dejo una nota a Emilio.
Hola, feliz día.
Duermes como oso, apenas pude escapar. Sabes que tengo mucho trabajo, pero, acepto la cita si puede ser después de las seis mañana, porque hoy tengo un día Mom & Mily, así que... no me da tiempo de balancear las cosas.
Fui hacia el lado de la cama de Emilio y dejé la nota sobre la mesita de noche. Vi su celular vibrar en la mesa de noche, lo giré levemente y vi una cantidad exagerada de mensajes por parte de Maya y llamadas perdidas.
Pensé que algo pasaba con Emiliano, así que decidí ver por encima los mensajes.
Emilio, te estoy hablando.
¡¡Emilio!!
Contéstame Emilio o atente a las consecuencias.
La mayoría eran amenazas y unas dos de su madre, la cual envió fotos mal tomadas, de Emiliano jugando en su parque favorito con sus primos favoritos.
Dejé el celular en la mesa y le di un beso en la mejilla antes de salir de la habitación. Cuando lo hice Sofía sonrió hacia mí y me preguntó si me interesaba un desayuno maravilloso de esos de los que te arrepientes justo cuando les ves la grasa.
—Ya desayuné.
—¡¡Tostadas!!, Niza eres como una hija para mí, pero, tienes unas cosas que ni yo ehh, vamos a pasar por nuestro batido verde, unos bagel y un huevo fresco frito, delicioso —Las dos nos miramos y ella sonrió. —Mi amor, hoy tienes el día madre e hija. ¿Sabes qué van a hacer?
—No, pero le di un límite de dinero, tengo ahorros, pero, no voy a dejarla gastar como loca y tampoco voy a gastar tanto por cosas que podemos hacer por ahí.
—Sí, Milena necesita unas restricciones de dinero. Arturo le dio diez mil dólares para venir, ya le hemos hablado de eso. Sebastian le dio cinco mil para emergencias, pero a veces las emergencias de Mily son un bolso —reconoció su abuela. —Me preocupa muchísimo.
—Es una buena niña.
—Sí.
Las dos tuvimos el desayuno riquísimo y después fuimos a trabajar, adelanté todo lo que pude con diseños y antes de salir con mi hija para el almuerzo se los entregué a Alfonso, él me felicitó y me pidió que disfrutara de la tarde.
Cuando estaba por subir al elevador me encontré con Mily y Emilio. La primera saltó y me dio una de sus radiantes sonrisas, juntos con un abrazo y empezó a enlistar todas nuestras actividades.
—Uñas, diez dólares, o sea, baratísimo. Gasté un poco en el salón por el pelo, pero es como un ahorro que tengo y un cupón. Te juro que tengo un cupón y tú eres la encargada de todo lo que vamos a comer después y ya tengo una lista de comidas en la calle que vamos a probar, pretzel, pizza y helados. Vamos a comer pizza en la calle, Niza. ¿Sabes lo emocionada que estoy de enseñarte Nueva York?
—¿Estás extra feliz?—pregunté y le acaricié el pelo.
—Sí, extra feliz.
—Hola, Niza.
—Hola, Emilio —Mily me vio y a Emilio.
—Ustedes dos hicieron algo... —dijo movió las cejas de arriba para abajo. —Voy al baño, para no ser metiche. Me escriben un mensaje de texto.
La dejamos ir hacia los baños y nos apartamos un poco del elevador. Me saludó con un beso en la mejilla y me preguntó qué tal iba el trabajo y todo lo que interrumpió en la noche.—Entregué mi folio y en la noche tengo que coser unas cosas para Florencia, pero, lo logré—respondí.
—Te felicito.
—No, hace falta que realmente le guste—Emilio sonrió. —¿Qué tal está Emiliano?— pregunté.
—Está muy feliz, comiendo pasteles y me mandó besos en vídeos que dirigió y produjo la señorita Pieth Powell.
Me mostró el video, era un 60% órdenes de Amanda y un 40% Emiliano lanzándole besos a su papá o quejándose por la forma en la que su prima sostiene la cámara, sonreí y los dos vimos un nuevo mensaje de Maya.
Emilio es injusto que no nos des una segunda oportunidad.
Esa mujer será tu ruina...
—Estoy lista. El baño no es el lugar más cómodo cuando alguien no le importa CAGARSE en un baño público ¡Qué asco!—Los dos vimos a Milena y Emilio se aventuró a preguntar cuál es el uso adecuado del baño público.
—¿Emilio, puedes cagar en público?
—Bueno, me siento incómodo. Me gusta tu mamá, pero si me estoy cagando y ella está en la cabina de la ducha y solo nos separa una tela me cago y ya—Reí y las dos nos despedimos de Emilio.
Mi hija y yo pedimos un emparedado enorme en nuestro camino hacia el sitio que encontró para que nos hicieran las uñas. Yo elegí un color neutro y Mily un naranja muy suave.
Me contó varias historias suyas con Olivia. Cuando vivieron en la ciudad, igual con Sergio. Después de unos minutos y con las manos y los pies más limpios y pintados que nunca fuimos caminando por la ciudad y encontramos pretzels y café.
—¿Tú? ¿Qué hiciste? Ya sabes cuándo... no sé, si quieres contarme.