Capítulo 5

420 Words
Capítulo Cinco —¿Estás bien? —pregunta él, con sus ojos azul profundo clavándose hasta el fondo de mi alma. —Ajá. —Con la cara ardiendo, me quito el primer guante con los dientes y luego uso la mano libre para quitarme el otro guante. En piloto automático, me pongo con el resto del traje... hasta que recuerdo que estoy completamente desnuda debajo. —¿Necesitas un minuto? —pregunta él, con sus ojos deliberadamente fijos en mi rostro y no más abajo, como si estuviera evitando algo. Miro hacia abajo. Me cago en la puta. Tengo el pezón derecho al aire. Me había olvidado del todo de ese sonido de velcro abriéndose que escuché antes. —¡Por favor, date la vuelta! —chillo, girando sobre mis talones tan deprisa que es un milagro que no destruya lo poco que queda sano en esta oficina. —Hecho —dice él. Miro por encima del hombro. Está de espaldas a mí. El trasero apretado dentro de sus vaqueros me recuerda al que elegí para él en la realidad virtual. Espera. ¿Pero qué narices hago? Recuperando el orden de prioridades adecuado, me arranco el traje y rodeo de puntillas el monitor roto y las piezas del teclado mientras voy recogiendo mi ropa esparcida por el suelo. Me tiemblan las manos cuando me la pongo, y tengo la piel demasiado caliente y demasiado fría por momentos. Hostia puta. Esto es malo. Muy, muy malo. Solo cuando estoy vestida del todo soy capaz de procesar por completo lo que acaba de pasar... y cuando lo hago, deseo que me trague la tierra. Puede que todo el camino hasta el vestíbulo del edificio. Mis mejillas arden tanto como la superficie del sol cuando murmuro: —Ya puedes mirar. —Muy bien. —Él se vuelve y me examina intensamente de arriba abajo—. Así que, ¿quién eres? Mis palabras salen apresuradas. —Holly Hyman, a tu servicio. Maldita sea. ¿Por qué habré dicho eso? Él frunce el ceño y ese gesto hace, extrañamente, que su rostro se vea más sexy. —¿La Directora Técnica? —Culpable. —Uf. ¿Por qué habré dicho eso? A la desesperada, intento disimular mi tropiezo—. ¿Y tú eres? —Alex. —Extiende su mano grande y masculina—. Alex Chortsky. Abro tanto la boca que mi barbilla corre riesgo de acabar golpeando contra el suelo. Chortsky. O sea, el propietario del Grupo Morpheus. El mismísimo Diablo.
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