—Assim, tengo miedo volver a la fortaleza, ¿sabes que le hacen a las mujeres que hacen lo que yo hice?
—¡Las apedrean! —volvió para mirarlo haber si él decía o hacia algo por ella, pero Assim solo quedo pensando.
—Me lapidarían si se dan cuenta. Y ese hermano que tengo, Umm. —gimió algo irritada.
—¿Que con él? —a Samira le daba asco contar lo que pasaba con ella en manos de su hermano, así que solo se agachó.
—¿No me dirás nada? —volvió a preguntar Assim el bandido.
—Ha abusado de mi desde hace ya tres años. —dijo cohibida.
—¿Qué? ¿que dices? ¿eso no puede ser?
—Si lo ha hecho, y lo peor es que pensé que por que se iba a casar ya no me tocaría, y ayer lo volvió a hacer. —Samira se metió en debajo del brazo de su amante y lloró sin parar.
—No es verdad. Hace unos meses cuando lo hicimos, eras virgen todavía.
—¡Nunca me tocó por adelante! ¡es que no entiendes! ese zorro astuto ha estado abusando de mi por el ano.
—Lo ha hecho así por que sabía que yo no salía de casa, y al buscarme esposo, él quería que me fuera intacta ante los ojos de los demás, pero lo cierto es que, él es un desalmado que no respeta ni a su sangre. —desenbuchó la mujer.
Assim la miró, sus ojos estaban llenos de una furia contenida, él quién era un supuesto bandido, tenía más corazón que este tal Melec, supuestamente el hijo mayor de los Amir, pero era la perdición de su familia, Assim solo quería algo, aniquilar a Melec.
—Melec es el hijo mayor de mi padre, él jamás le dará la espalda a su hijo mayor, imagínate, hicieron lo posible para encontrarle una esposa a su altura, a como lo dijera él mismo.
—¿De quien se trata? cuestionó Assim. Samira respondió sin pensar.
—A la hija del actual Jeque mayor, a la princesa Zahara, no creo que ella merezca a un esposo como mi hermano Melec. —dijo Samira enojada y triste a la vez.
—Mi hermosa estrella luminosa, vé a casa. —exigió Assim, sin darle más explicaciones a su novia.
—¿Porque? ¿por qué quieres que me vaya? ¿Sabes que quizás esta sea la última vez que me veas? —sentenció Samira a su hombre.
—No te preocupes mi vida, yo soy como un río, siempre buscaré mi caudal hacia ti. —juró.
—Gracias por eso Assim, en mi día más oscuro, te encendiste como una estrella, así que tú eres mi estrella.
—Por que cuando yo ya no tenía fé en vivir, tu me diste una razón. —dijo la mujer abrazando a su bandido, este tenía un gran corazón, se dijo Samira.
...
En la fortaleza de los Amir.
Samira llegó y se escabulló en el tejado, le gustaba estar ahí, resguardada en su soledad.
Cómo Omán el padre de Zahara se había ido con sus hombres a buscar a su hija, solo había quedado unos cuantos hombres a vigilar a la familia, estos ya se habían distribuido en el resto de la casa, enseguida Melec se volcó buscándola.
Aunque Samira sabía que la buscaba su hermano, no dijo nada, hasta que viera que su hermano mal nacido hubo involucrado a su padre, ella apareció desde arriba de la segunda planta de aquella fortaleza.
—¿Donde estabas? —se adelantó primeramente Melec muy enojado.
—Padre, dile a mi hermano que me deje en paz, ya ni que yo fuera su esposa para estar pendiente de mi. —ni bien había acabado de decirlo cuando Samira recibió una bofetada por parte de su padre Rachid, ella llevó la mano a su rostro, sus lágrimas se salieron de control, no lloró a voces, pero si estaba muy molesta.
¿Podían no ver su malestar, podían tapar el sol con un dedo, que era lo que tenía por encima de ella el hijo varón de su Padre, ante alá no era pecado el pecado, sea quien lo llevara a cabo?
—¡No vuelvas a faltarle el respeto a tu hermano varón! —ordenó Rashid, su rabia estaba reflejado en toda su cara.
¿Podia perfectamente Melec fastidiarle, pero no habría regaños hacia él, pero si ella se quejaba de él, era muy malo, incluso como para recibir golpes? Que doble moral eran.
¿Pensaba los hombres que las mujeres no tenían el mísmo valor que la de un hombre en el mundo? ¿Entonces como sería un mundo sin mujeres?
¿No se extinguiría la r**a humana? ¿Acaso no pensaban que una mujer era tan importante como lo era un hombre en la sociedad del mundo? Al pensar en eso, se sintió indignada.
No sería que la ley debía ser pareja, que alguien rompía reglas, debía ser castigado, al contrario, debía ser premiado o felicitado, la vida que ella conocía era un fiasco, ella le volvió a responder a su Padre.
—Dile a Melec, que si es mi hermano y me considera su hermana, no me visite en mi habitación. —su padre pudo entender el significado de las palabras de su hija, volvió a ver a su hijo con unos ojos en llamas, pero sin llamarle la atención ahí mismo, solo tomó a Samira por los pelos y la arrastró a una habitación de castigo que él mantenía.
Ahí la encerró y se llevó la llave de la puerta consigo, esta noche, Samira se salvaría de ser poseída, sin embargo a ella no le dolía tanto los golpes, si no la actitud de quién debía protegerla por igual entre sus hermanos.
Ella se acurrucó entre sus rodillas y se puso a llorar ante Alá.
Mientras que afuera de ahí, Melec no podía ya soportar no poseerla a la mujer que se decía su hermana, él quería Incluso poner en mala reputación a la madre de Samira para que su padre negara a la joven como hija suya, y así él reclamarla como una de sus concubinas.
Rashid se sentía tan devastado, pues aunque aún no había llegado ni tocar el tema con su hijo Melec, ya este estaba más que descubierto de sus arbitrariedades.
Cuando más noche, Rashid se acostó a descansar, fue una mano la que se le subiera a su cuello para quitar la llave de la habitación que tenía Rashid, él se dió cuenta, atrapó esa mano que resultará ser de su hijo Melec, al verlo infraganti, este lo abofeteó una y otra vez hasta romperle la cara, estaba tan avergonzado de la actitud de su hijo, que no tenía ni donde meter la cabeza.
Melec solo alcanzó a decirle, "la deseo, la quiero." lloraba como un niño y lo peor era que tan solo defendía sus instintos más bajos.
—¡Tú! —dijo el hombre apuntando con el dedo a su hijo mayor.
—"Tú no mereces ser mi hijo." Pregonó, su esposa entró alcanzando a ver la discusión mantenida entre padre e hijo.
Rashid salió de su habitación seguida por su primera esposa, éste no tenía el valor de decirle lo que había descubierto.
En la mañana siguiente, las cosas cambiarían, Assim, el bandido Assim, no era cualquier pendejo, él se había ido a su Clan por que tenia en mente volver y presentarse para pedir la mano de Samira, sin duda un duro golpe para Melec Amir si lograba que su Padre entregara a su hermana como esposa de Assim.