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1092 Words
No sabía Melec Amir que su suegro podría llegar a ser un clavo, pero bien metido en la planta de sus pies. De inmediato vió llegar unos helicópteros de trasporte de tropas, la fuerza extrema del Jeque Omán se vería allí. La familia de Melec Amir fue reducido como a casi nada en solo unos minutos. Sus padres, una familia rica en extremo, estaban más que decepcionados por todo, miró a su hijo mayor y reprochó con saña su papá. —¡Melec, que significa esto! —Melec puso su cara de borrego desollado y dijo. —¡Papá, no me humilles así delante de todos, ella es una mujer, debía obedecerme. Escuchar hablar así, hizo hervir la sangre a la madre de Zahara, Abir se puso de piés y se acercó a Melec le cacheteó su cara de niño consentido y como este volviera a hablar, le dió una y otra vez hasta que sintió que sus manos se le entumían. Viendo esto, los padres de Melec se disgustaron mucho, aún así, a Abir le valió un zacatal de mierd'a lo que pensara los padres de Melec, ella solo se encaminó a estos y dijo en voz a cuello. —¿Cuál sería la gracia de una mujer casarse con un hombre, que no es hombre para nada, si no uno que tiene complejo de inferioridad y desea engullir su frustración en una jovencita, a la cual sus padres la han tratado con amor y respeto para que un pendejo la empiece a tratar mal y desde antes de casarse? —Desde mi punto de vista de novia, prefiero no hacerlo, desde mi punto de vista de Madre, mejor no entrego a mi hija en manos de un déspota cómo tú. Señaló a Melec, quien todavía no sentía su cara del entumecimiento por las bofetadas. Muy molestos dijeron los padres de Melec. —En mi vida, nunca nadie nos ha humillado como lo han hecho ustedes. —Prosiguió. —Nadie golpeó el rostro de nuestro hijo así, nadie. Abir se paseó delante del padre de Melec y respondió. —Siempre hay una primera vez. —dejó pasmado con sus palabras al padre de Melec. Rashid Amir miró con enojo a Abir, ella simplemente se desprendió de su hiyab y se limpió las lágrimas de su rostro, pudo apreciar la cara hermosa de Abir, sin duda una mujer con temple de acero. Omán se acercó, la familia Amir pensó que iba a regañar a su esposa por descubrir su rostro, pero el gran Jeque simplemente le acarició los labios y mejilla a su esposa para luego abrazarla con vehemencia, entonces hizo una promesa a su esposa. —¡Si quieres que haga arder al mundo, lo haré, incluso si es malo para todos! Sus palabras tenían tanto sentido, pues se rumoreaba que el Jefe mayor y Jeque de la región estaba hechizado por el amor de su esposa, su única esposa, ahora lo podían comprobar. Mientras tanto, Zahara, en aquel lugar seguía escondida. —¿Cual fue el último paradero que buscaste a la princesa? —Preguntó el jeque árabe a quien iba a ser su yerno. —Vi pisadas en la arena hasta el Oasis del faraón. —dijo limpiándose el sudor. —Cuando la encuentre, ella será mi esposa, ¿verdad? —preguntó Melec todavía, a lo que Omán volviera su mirada despiadada. —¿Crees que obligaré a mí hija a estar con alguien como tú? —¿Crees que le impuse casarse contigo? —Pues has estado en un error, nadie obligará a mi hija a estar con alguien a quien ella no quiere. —Pero, es la costumbre...me la dieron para esposa, debe cumplirse —dijo en tono molesto. —Si algo te servirá y en mucho, será lo que ella me diga para aplacar mi rabia y enojo hacia ti, pero si lo que ella me diga de ti no es tan grave, tan solo me iré llevándola conmigo, de lo contrario haré llover azufre sobre todos ustedes. —amenazó el padre de la novia a la familia completa del novio. Melec Amir miró a todas partes y preguntó a su padre en discreción. —¿Dónde está mi hermana Samira? —el Padre de éste último frunció el ceño y dijo: —Ha de estar con el resto de nuestras mujeres, ¿porque preguntas por ella? Melec movió la cabeza en señal de guardarse la molestia para él solo. Lo que nadie sabía aquí era que Melec era un hombre tan déspota que no respetaba incluso a su propia hermana, Samira era la quinta hija de Rashid Amir, pero con una de sus cuatro esposas, la madre de Samira había muerto poco después por lo que Rashid solo había vuelto a casarse con otro reemplazo. Nadie prestaba atención a la joven, sus intereses nadie las velaba, estaba sola a sus 18 años, Melec siempre ante los ojos de sus demás familiares cuidaba y protegía a su hermana Samira, no obstante, nadie sabía lo que Melec hacia a su media hermana. Abusaba de ella todas las noches. Fue así como un día de tantos, Samira huyó de casa, se había alejado lo suficiente de aquella fortaleza y se encontró con un grupo de bandidos, encontrándose así con el bandido más guapo ante sus ojos. Assim, que en el idioma árabe significa aquel que protege. Al ver a la joven Samira deshidratada la llevó al oasis, era su lugar de escondite favorito. Ahí la ayudó a recuperarse y la devolvió a su fortaleza, le dijo a la mujer que vivir en esta tierra era un privilegio, que mejor era enfrentar su vida y crear el ámbito a como ella deseaba. Poco a poco se fueron tratando, hasta que se empezaron a enamorar, de ahí pasara lo que pasó, ellos al fin tuvieron su acto concúbito y le llegaron a gustar, y para cada episodio y encuentro que se tenían, era una oportunidad de afianzar su amor, algo que no lo entendería un extremista como Melec. Melec era tan astuto zorro que violaba a su hermana Samira de forma anal dejando que ella siguiera virgen para cuando tuviera que casarla, el dizque honor de la familia siguiera intacta. Melec moría de celos por que creía que Samira estuvo en aquel ojo de agua, rápido viró sus ojos al resto de mujeres que estaban ahí, pues quería saber si su hermana estaba entre las demás, solo el hecho de pensar que no estaba en casa, le carcomía la mente.
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