4. El desayuno, el ex y el multimillonario.

845 Words
A la mañana siguiente, apenas puedo abrir los ojos cuando los gritos de mis hijos ya están invadiendo el departamento. El pequeño está convencido de que hay un monstruo en su armario, y mi hija mayor sigue obsesionada con encontrar un unicornio en el patio trasero. Son las 6:30 a.m., y ya me siento como si hubiera corrido un maratón. —¡Mamáááá! ¡Se acabó la leche!— La voz de mi hija me saca de mi estupor. Ah, claro, porque ayer me olvidé de pasar por el súper después de mi —cena glamorosa— con Gabriel. Mientras intento resolver el caos matutino, mi mente sigue regresando a la noche anterior. ¿Qué fue todo eso? ¿Gabriel me coqueteó o solo estaba siendo amable? Y, lo más importante, ¿por qué me importa tanto? Me río para mis adentros mientras sirvo el último chorrito de jugo a los niños. Esto es ridículo. Gabriel Santoro es un multimillonario acostumbrado a la vida lujosa, mientras yo tengo un departamento donde las luces parpadean porque no puedo permitirme llamar a un electricista. Además, apenas tengo tiempo para mí, mucho menos para complicarme con un hombre que seguramente tiene más problemas emocionales que saldo en su cuenta bancaria (y eso es decir mucho). —Ok, chicos, ¿están listos para la escuela?— Los niños me miran como si acabara de proponerles una tortura medieval. —¿Otra vez? ¡Pero si ya fuimos ayer!— Mi hija, con su lógica de seis años, parece convencida de que la escuela debería ser opcional. —No discutamos. Si yo puedo sobrevivir trabajando ocho horas con mi jefe gritándome al oído, ustedes pueden sobrevivir al jardín de infantes. Mientras los subo al auto (que apenas arranca), mi celular empieza a sonar. Miro la pantalla y, para mi sorpresa, es un mensaje de Gabriel. Gabriel: —¿Qué tal están tus zapatos hoy? 😏 Me río, aunque mi torpeza quedó registrada anoche para la posteridad. Decido responder con algo casual. Yo: —Sobrevivieron... aunque no puedo decir lo mismo de mi dignidad. No pasan ni dos minutos cuando suena de nuevo. Gabriel: —La dignidad está sobrevalorada. ¿Qué tal un desayuno mañana? Algo más sencillo esta vez. Café y croissants, sin zapatos rotos. Ok, definitivamente está coqueteando. Pero antes de que pueda procesar la invitación, escucho un golpe en la puerta de mi auto. Genial, es Lucas, mi exmarido. Como si mi vida no fuera lo suficientemente caótica, él decide aparecer cuando menos lo necesito. —¿Lucas? ¿Qué haces aquí?— Le digo mientras bajo la ventanilla. —Tengo que hablar contigo—, dice con esa cara de siempre, como si fuera a soltar alguna bomba que no quiero escuchar. —Si es sobre la manutención, ya sé que estás atrasado, Lucas. Estoy bastante ocupada ahora mismo... —No es eso, Laura. Es... complicado. Ah, claro. Lo último que necesito es que mi ex venga con más problemas mientras trato de entender qué demonios pasa con Gabriel. Pero antes de que pueda decirle que hoy no es el día para más dramas, mi celular vibra otra vez. Gabriel. Gabriel: —¿Entonces? ¿Te veo mañana? Entre Lucas, los niños y Gabriel, mi cerebro empieza a sobrecalentarse. —Laura, ¿puedes concentrarte un segundo?— La voz de Lucas interrumpe mi confusión. Lo miro, irritada. —No sé si te diste cuenta, pero tengo dos hijos, dos trabajos y cero tiempo para nada. Si tienes algo que decir, dilo rápido. —Quiero volver contigo. Casi me ahogo con mi propia saliva. ¿Qué? Lucas y yo no funcionamos ni como compañeros de pictionary, y ahora me suelta esta bomba justo cuando Gabriel Santoro, el hombre más inesperado que ha entrado en mi vida, me está invitando a desayunar. Esto no puede ser real. Lo miro como si me estuviera tomando el pelo. —¿De qué hablas, Lucas? Hace dos años que firmamos el divorcio. Tú no querías esto, ¿recuerdas? Dijiste que necesitabas "'espacio para crecer". —Lo sé, pero he estado pensando... Tal vez cometí un error. En serio, esto no puede estar pasando. Intento procesar lo que Lucas acaba de decir, pero en lugar de sentirme halagada o confundida, lo único que siento es cansancio. Porque no tengo tiempo para esto. Ni para sus dramas. Ni para las montañas rusas emocionales. Le respondo lo más calmada posible. —Lucas, estamos en puntos diferentes. No puedo volver a algo que no funcionó. Y justo cuando termino de hablar, siento el vibrar del celular otra vez. Es Gabriel, claro. Gabriel: —Te veo a las 9 a.m. No acepto un no por respuesta. 😉 Me río para mis adentros. Esto está oficialmente fuera de control. Tengo a mi ex pidiendo segundas oportunidades mientras el hombre más atractivo y desconcertante de la ciudad me manda emojis de guiño para invitarme a desayunar. Mi vida es oficialmente un episodio raro de una comedia romántica. Y lo peor de todo es que, contra todo pronóstico, me gusta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD