El tiempo pasó mientras Gabriel estaba en el extranjero, y aunque la distancia era un desafío, descubrimos formas creativas de mantener nuestra conexión. Las llamadas diarias, los mensajes de buenos días y las visitas sorpresa se convirtieron en una parte fundamental de nuestra rutina. Sin embargo, la emoción de los reencuentros y las sorpresas seguía siendo el aspecto más esperado. Durante uno de nuestros intercambios de mensajes, Gabriel me envió una foto de un mercado local en la ciudad en la que estaba trabajando. Había una sección llena de frutas exóticas y curiosidades. —¿Qué es eso?— pregunté, observando la imagen en mi celular. —¿Es un tipo de fruta alienígena? —Solo explorando un poco,— respondió Gabriel. —Me encontré con estas 'frutas alienígenas' y pensé en ti. ¿Qué te parece

