Un sábado por la mañana, Gabriel me sorprende con una escapada improvisada. Después de una semana llena de trabajo y tensiones, me dice que tiene algo especial planeado. —¿Qué es esto?— le pregunto, mirando el pequeño paquete envuelto en papel brillante que me ha entregado. Gabriel sonríe con complicidad. —Es una sorpresa. Solo confía en mí. Desenvuelvo el paquete y encuentro un par de boletos para un concierto de música clásica en un teatro local. Mi sorpresa es evidente y mi corazón se llena de emoción. —¡Esto es increíble!— le digo, abrazándolo. —No puedo creer que hayas planeado esto. —Quería hacer algo especial para nosotros,— dice Gabriel, acariciando mi espalda. —Sabemos que hemos estado pasando por mucho, y pensé que un poco de belleza y música podría ayudarnos a relajarnos.

