Maddison P.o.V Cierro la puerta de mi habitación con fuerza y le pongo seguro para que nadie venga a molestarme. Bufo con rabia y llevo una mano a mi mejilla, la cual mi madre golpeó. Aún no lo puedo creer. ¿Cómo pudo preferir creerle a Camelia, cuando no la conocer lo suficiente? Me dejó como una mentirosa. ¡Y todavía quiere que me disculpe con ella! Mí mejilla duele. Mí pierna duele. Pero duele más la desconfianza de su parte. Observo la herida de mi pierna y, aunque no es la gran cosa, arde mucho. Me dirijo al baño y me deshago de toda mi ropa. Tomo el pequeño botiquín de primeros auxilios y lo abro. Tomo algodón y agua oxigenada para limpiar y desinfectar la herida. —Santa mierda..—gruño al hacer presión sobre la pierna—arde..—inquiero en voz baja. Tomo asiento en el borde de

