Con la decisión tomando cada vez más fuerza, voy hacia al closet. Si Pietro o Salvatore piensan que voy a seguir esperando a que la espada de Damocles caiga sobre mi sin defenderme, se equivocan y, definitivamente, no han llegado a conocerme. Sí, se me puede acusar de callar las intenciones de Nino, lo acepto. Pero explicaciones, ¿para qué? ¿Qué sentido tiene tratar de convencer a Salvatore de mi inocencia? Él ya decidió. Como juez y verdugo me ha condenado y sentenciado. Olvidando mi juramento. Con rabia tomo lo primero que encuentro en el armario. Un pantalón n***o de elástico que se adhiere a mi cuerpo como una segunda piel. Un crop top con los colores del yin y el yang. Una gabardina que me cubre hasta los tobillos y las armas que fueron un regalo de Salvatore van directo a la parte

