Los suaves toques a la puerta interrumpen la apreciación de mi obra. Miro una vez más hacia la ventana y me doy cuenta de que el día ha llegado a su fin.
Ya han pasado dos días y lo más probable es que en el despacho, Nino se esté reuniendo con los abogados. Respiro profundo, era tanta la necesidad de poder expresar mi sentir que no me había dado cuenta.
—Señorita Basile —la voz de Carlo atraviesa la madera. Quise resistirme a responder, pero en este momento de nada sirve negarme a lo inevitable. Si no acudo por mi cuenta, Nino vendrá por mí.
Camino con pasos lentos, abro una sola ala de la puerta y miro al hombre con una ceja elevada que me espera. Él contiene la respiración y sé que se debe al semblante de mi rostro. Debo ser un asco, no me he maquillado y tampoco he dormido lo suficiente, qué decir pasar por una ducha, pero mi aspecto es lo menos que a Carlo debe importarle, no tiene derecho a decirme nada.
—El señor Basile la espera en la sala, por favor, venga conmigo.
No respondo y paso de él, lo siento apresurar el paso detrás de mí. Me dirijo a mi habitación, con la mayor calma del mundo me doy un baño y me tomo el tiempo para maquillarme y disimular un poco mi aspecto. Tampoco quiero asustar a los abogados de mi padre, ni darle pena a nadie. Cuando estoy lista, pero no preparada, bajo con paso lento por las escaleras. Mientras bajo, puedo ver a varios hombres reunidos en la sala.
Reconozco de inmediato a los abogados y amigos de mi padre. Tomasso Piras y Amadeo Simone. El primero se acerca a saludar tan pronto bajo el último escalón.
—Bienvenida a casa, Cara —dice con una voz cálida—. No tuve oportunidad de verte en el funeral de tu padre.
No respondo, pero tampoco aparto la mano cuando él deja un corto beso en el dorso, como todo un caballero.
Amadeo es el siguiente en saludar, su tono es mucho más formal y distante. Realmente, el trato del abogado no me preocupa, por lo que no le presto demasiada atención.
—Llegas tarde, Cara —murmura Nino con el ceño fruncido. Su semblante no es serio, más bien se nota enojado, como si algo le molestara.
—¿Cara?
La voz viene de espaldas a Nino, levanto la mirada para encontrarme con una mirada profunda y oscura que me provoca un escalofrío instantáneo. Mi garganta se seca mientras me pregunto si nos conocemos y de ser así, ¿de dónde?.
—Cara —repite, ya no es una pregunta, más bien es una afirmación.
—Sí-sí —tartamudeo con dificultad. El hombre me parece conocido, solo no logro recordar donde lo he visto antes.
—Encantado de volver a verte —pronuncia. El tono de su voz me hace temblar y el nudo en mi garganta se hace más grande, volviendo difícil el poder respirar.
—¿Nos conocemos? —pregunto al mismo tiempo que toma mi mano y deja un beso sobre el dorso. El efecto es muy distinto a lo que sentí con el saludo de Tomasso. Sufro una ola de temblores y un cosquilleo recorre mi mano. Todo en él grita peligro.
—Ten cuidado con lo que haces, Sorrentino.
La voz fría de Nino me trae de vuelta a la realidad, me aparto de aquel hombre de inmediato mientras esboza una pequeña y cruel sonrisa.
—Soy Salvatore —pronuncia sin borrar la estúpida sonrisa de sus labios y yo sigo preguntándome de dónde lo conozco y por qué me trata con tanta familiaridad.
—Ha llegado el momento, no perdamos más el tiempo —pronuncia Nino molesto y creo notar que es por la presencia del tal Salvatore…
Todos caminamos al despacho para la lectura del testamento de mi padre. Para ser honesta, no termino de comprender la presencia del tal Salvatore, él no es parte de la familia, ni siquiera logro recordar si nos conocemos o si existe algún tipo de relación sanguínea con él.
Nos sentamos, mientras Amadeo Simone abre el sobre que tiene en las manos y un nudo se instala en la boca de mi estómago. No tengo ni puta idea de las razones, pero algo me dice que todo está a punto de cambiar y sobre todo para mí.
—¡¿Qué estupidez estás diciendo?!
Mi cuerpo está presente en este lugar, más mi alma divaga en todo lo que ha sucedido en todos estos días dentro de mi encierro voluntario cuando el grito de Nino me arranca de mis pensamientos, obligándome a volver a la realidad.
Nino acerca su mano al costado de su chaqueta, buscando su Beretta. Me tenso como la cuerda de un violín al imaginar que todo puede terminar en tragedia.
—Es la voluntad de Dante y un pacto que se ha hecho con sangre no puede romperse. Lo sabes, Nino—pronuncia solemnemente, Amadeo Simone mientras trato de hacer memoria y recordar que fue lo que dijo para alterar a Nino de tal manera, pero mi cabeza está vacía incapaz de procesar nada.
—Es una locura, yo soy su hijo, el siguiente en la línea —rebate Nino con furia contenida.
—Aún no termino de leer la voluntad de tu padre, Nino, guarda silencio y termina de escuchar —avisa y pide el abogado—. A partir de ahora, Salvatore Sorrentino es la nueva cabeza de esta familia y no solo eso —pronuncia, mirándome con seriedad.
En sus ojos hay un atisbo de algo que no logro identificar, ¿tristeza? Quizá, ¿pena? ¿Lastima? No lo sé, pero tengo la impresión de que lo que está a punto de revelar, no va a gustarme.
—¿Hay algo más? —pregunta Nino y por primera vez, espero ansiosa la respuesta de Amadeo. Mi corazón se estremece cuando la mirada fría de Salvatore se encuentra con la mía.
—Sí. Salvatore y Cara, deben casarse a la brevedad.
Un silencio sepulcral le sigue a las palabras de Amadeo que es roto por el gemido que sale desde lo más profundo de mi ser.
—¿Estás bromeando? —pronuncio, mi voz sale ronca por el nudo que me cierra la garganta y juro que se me está yendo la vida.
—No, no es ninguna broma, Cara. Es decisión de tu padre, no mía— expresa Amadeo sin un ápice de remordimiento.
—¡Me niego a aceptarlo! —Me levanto de la silla con intención de salir, pero la mano de Nino se cierra sobre mi brazo y me detiene.
—Guarda la calma, Cara —pronuncia. Su voz es fría y dura.
¿Cómo me pide eso? ¿Se volvió loco?
—¿No has escuchado lo que Amadeo ha dicho? —le pregunto, la cabeza empieza a dolerme, no sé si es el desvelo o la impresionante revelación del abogado.
—No estoy sordo, todos lo hemos escuchado —responde, tratando de controlar su enojo o eso creo.
—Es la voluntad de Dante, no es algo que me he inventado yo, Cara —la incomodidad en el rostro de Amadeo me dice que no miente, sin embargo, eso no me ayuda en lo absoluto. ¿Casarme? Claro que ha sido mi sueño dorado, pero jamás con un desconocido. Mi corazón le pertenece a Franco.
—¿Hay alguna otra sorpresa más que debamos saber? ¿Algún conejo en el sombrero?—pregunta Nino en tono burlón, sin liberar mi mano de su agarre, obligándome a volver y tomar asiento.
No me atrevo siquiera a mirar al tal Salvatore, hasta ahora no ha dicho ni media palabra, ¿está de acuerdo con todo esto? ¿En qué estaba pensando mi padre cuando decidió quitar a Nino de la línea de sucesión? Y lo más importante, ¿qué fue lo que le hizo cambiar abruptamente su decisión? Si la memoria no me fallaba, había preparado a Nino desde muy joven para este momento.
«¿Qué fue lo que ocurrió padre?»
—Toda la fortuna de la familia Basile, así como los negocios y la organización, estará en manos de Salvatore Sorrentino a partir de este momento.