Esto debía ser una locura, ¿no?
Mi cabeza gira entre Amadeo y Nino, buscando el error en alguna parte, pero nada. No hay ni un ápice de fallo en sus palabras.
—Dante espera que tú. —Amadeo se dirige a Nino—, cumplas con sus deseos.
Puedo sentir la tensión emanar del cuerpo de Nino, no sé cómo está consiguiendo mantener la calma. Estoy sorprendida…
—Si ha sido el último deseo de mi padre, no puedo oponerme.
Mis últimas esperanzas desaparecen en el momento que Nino abre la boca, ¿cómo es posible que lo acepte así, sin más? ¿Qué está pasando por su cabeza?
—¡¿Estás loco?! —grito, poniéndome de pie de nuevo, me niego a aceptar la voluntad de mi padre. Por primera vez siento la necesidad de revelarme en contra de sus deseos. Mi vida no es una mercancía sobre la que pueden decidir sin que yo tenga algo que decir al respecto. ¡No puedo aceptarlo!
—¡Basta, Cara! —la presión sobre mi brazo se hace más intensa, miro a Nino con intención de refutar, pero antes de que pueda pronunciar palabra, Salvatore habla por primera vez desde que empezó la lectura del testamento.
—Casarme contigo, tampoco estaba en mis planes, Cara, pero tu padre y yo hicimos un pacto de sangre, no puedo negarme a sus deseos —pronuncia sin inmutarse, como si estuviese hablando del clima y no de un maldito matrimonio entre los dos.
—¿Aceptarlo?
—Eres la hija de Dante, se supone que esto no te debe de sorprender, Cara —su rostro sigue sin mostrar ninguna emoción mientras me habla.
—Danos un minuto, Salvatore, necesito hablar con mi hermana a solas.
No tengo tiempo de negarme, los dedos de Nino presionan sobre mi carne y me arrastra fuera del despacho, pasando a un salón privado.
—¿Qué es lo que haces? —pregunto liberándome de su agarre.
—Eso mismo es lo que quiero saber yo, Cara, ¿qué es lo que pretendes?
—Escuchaste al abogado, mi padre me ha entregado como si fuese ganado.
—Quizá no eras muy importante para nuestro padre después de todo. Tal vez ninguno lo fue realmente.
Mi cuerpo se tensa al escucharlo. Ambos estamos siendo manejados por los deseos de nuestro padre como si fuéramos moneda de cambio.
—Nino…
—Escúchame bien, Cara, no sé si esto sea realmente la voluntad de nuestro padre—dice y no estoy entendiendo nada.
—¿Qué quieres decir? —preguntó con cierto temor. A estas alturas, es muy difícil pensar con claridad. Mi cabeza es un caos total.
—¿No te parece sospechoso que haya muerto y Sorrentino aparezca luego de su muerte? Ni siquiera se presentó al velorio a presentar sus respetos, pero está listo y dispuesto a tomar el liderato de la organización sin ningún maldito problema.
Un nudo crece en mi estómago y sube con rapidez a mi garganta. Desde el asesinato de mi padre hasta esto, todo parece una locura, una pesadilla de la que necesito despertar.
—Dudo que Amadeo o Tommaso traicionen la confianza que mi padre depositó en ellos, Nino —susurro, pero sin la seguridad de antes.
—Nuestro padre ya no está, Cara. No sabemos en quién debemos confiar, solo nos tenemos a nosotros y si no trabajamos juntos, vamos a perderlo todo.
Un escalofrío me recorre la columna vertebral.
—¿Qué quieres decir? ¿Pretendes que acepte a Salvatore?
—No tenemos muchas opciones, Cara, nuestro padre nos dejó muy mal parados con su decisión. A ojos de la organización, ya no somos nada, estaremos desprotegidos, así que, veamos el lado bueno.
—¿Lado bueno? —le pregunto con los ojos abiertos de par en par—. ¿Qué lado bueno puede tener esta locura?
—Si te casas con Salvatore y te transformas en su amada y sumisa esposa, conseguiremos más de lo que puedes imaginar.
—¿Te has vuelto loco?
—No, Cara. Ahora mismo soy un hermano preocupado por tu futuro. Yo soy hombre y puedo sobrevivir en este mundo de armas y sangre, pero, ¿tú? ¿Qué futuro te espera sin la protección de nuestro padre? ¡Yo no puedo hacer nada por ti! —grita rompiéndose por primera vez desde que se presentó a mi apartamento en Roma.
—Nino… —No tengo palabras para consolarlo, me lleno de impotencia y rabia al ver lo mucho que la decisión de mi padre le ha dolido. Él levanta la mirada y sus ojos se llenan de lágrimas no derramadas.
—No debería pedirte esto, pero tienes que ser inteligente como hasta ahora lo has sido. Enamóralo, Cara, hasta que se vuelva loco por tí y que baje la guardía, solo así tendrás una oportunidad de sobrevivir y yo, de descubrir quién fue el culpable de la muerte de nuestro padre.
—De verdad te volviste loco —musito, no puedo creer que Nino hable en serio.
—Locura es dejar que Salvatore se salga con la suya, Cara. No sabemos, a lo mejor tuvo que ver con la muerte de nuestro padre. Con él a la cabeza, las investigaciones seguramente se detendrán, no tendremos manera de encontrar a los responsables.
—Dijiste que fue obra de la familia Di Mauro.
—Sé lo que dije, ahora mismo ya no estoy seguro de nada. No sé qué terrenos estamos pisando, Cara, por nuestro padre, acepta y descubramos quién es realmente su asesino.
La cabeza va a explotarme, tengo que organizar mis pensamientos, necesito canalizar mis emociones y pensar en todo lo que ha sucedido. La rapidez con la que todo ha pasado, es muy sospechosa, pero Nino tiene razón. Salvatore puede ser el verdadero responsable de la muerte de mi padre.
—Esto no es justo —murmuro. Hay una mezcla de indignación, confusión, miedo y traición en mi corazón.
No sé lo que debo hacer, no sé qué camino seguir.
«Franco»
—Nada de esto es justo, Cara. Ni para ti, ni para mí. Hemos sido despojados de nuestro derecho. Aunque Salvatore tome el puesto, no será más que un usurpador. Por el momento, eres la única que puede conseguir que la balanza vuelva a inclinarse a nuestro favor. Siendo la esposa de Salvatore.
No respondo, camino con pasos lentos y torpes a la puerta, ni siquiera me molesto en volver a la biblioteca. Subo lentamente las escaleras y me sostengo del barandal de madera para no caer, aunque si lo hiciera, terminaría con todo de una buena vez.
Llego al ala sur y ni siquiera soy consciente de cómo lo he hecho, cierro las puertas con llave para que nadie me moleste, me siento cerca del gran ventanal y observo la ciudad. No puedo permitir que suceda tal cosa, no puedo casarme con un hombre al que no amo, ¡al que ni siquiera conozco!
«Huye»
El pensamiento es muy tentador, pero, ¿cómo podría escapar de una fortaleza cómo está? Intentarlo no será más que un acto suicida, pero, ¿qué es mejor? ¿Aceptar mi destino sin luchar?
Me levanto y busco la tableta, le cambio de chip y envió un par de mensajes a Loretta, mi mejor y única amiga. Ella no demora en responder, sin embargo, no tiene ninguna noticia de Franco, no volvió a pasarse por el edificio.
No tener noticias de él, solo hace que mi angustia se dispare, ¿me habrán descubierto? Un escalofrío me recorre el cuerpo, lo último que deseo es arrastrarlo a mi mundo. Tal vez, sea mejor dejarlo ir.
Decirlo es mucho más fácil que hacerlo. Amo a Franco y renunciar a él, es renunciar a mí misma.