Tres toques a la puerta hacen que me sobresalte, pero no me muevo de mi lugar, no quiero ver a nadie y espero que mi silencio aleje a quien sea que está detrás de la puerta; sin embargo, vuelven a tocar con más insistencia. —¡No quiero hablar con nadie! —grito desde mi posición. —Yo no soy nadie, Cara. Me levanto como un rayo cuando veo a Salvatore entrar a la habitación, sus dedos juegan con la llave y siento que mi corazón va a detenerse. —No voy a casarme contigo —le digo de inmediato, como si decirlo fuera un escudo que va a protegerme de él. —Entiendo tu negativa, Cara, pero debes de entender que esto va más allá de nuestras voluntades y deseos —dice con fría calma. Me pregunto, ¿cómo logra mantenerse tan sereno? —¿Qué pasa si me niego? —pregunto y odio lo esperanzada que sale

