SALEM
—Bueno, por fin—, dijo Magdalena entrando en mi habitación y levantando los brazos al aire de forma dramática, como si me hubiera ido para siempre.
—Oh, cállate, solo he estado fuera dos horas—, le dije poniendo los ojos en blanco. Ella resopló y se tiró sobre mi cama.
—¡Dos horas sin mi mejor amiga, no puedo soportarlo! Me estaba muriendo de aburrimiento aquí—, dijo, haciéndome suspirar y sacudir la cabeza. Me senté junto a ella, que estaba tumbada, antes de encender la tele de mi habitación.
—Mañana solo tengo dos clases, así que Patrick me va a llevar a dar una vuelta después—, dijo hablando de su novio, que también es mi hermano. Mi molesto hermano, debo añadir. Patrick ya ha terminado la universidad y trabaja, además de ser dueño, de un taller de reparación de coches. Magdalena y él llevan juntos desde el penúltimo año de instituto, así que ya hace unos tres años.
—Bueno, dile a mi hermano idiota que todavía me debe 20 dólares—, le dije mirándola antes de volver a fijarme en la tele.
¿Qué debería ver? Netflix no tiene nada bueno ahora mismo.
—Nunca te va a devolver el dinero, más vale que lo superes, ya han pasado como tres meses—, respondió ella, sacudiendo la cabeza.
¿Y qué? Yo sigo queriéndolos...
—Oye, deberíamos ir a la discoteca esta noche—, dijo Magdalena incorporándose con entusiasmo. Gruñí y hundí la cara en la almohada.
—Acabamos de ir hace como dos semanas—, me quejé mirándola mientras rebuscaba en mi armario algo que ponerse.
—¿Y qué? Eso fue hace dos semanas—, dijo simplemente antes de buscarme un conjunto para que me pusiera. Suspiré y me levanté mientras me metía un conjunto en las manos antes de empujarme al baño.
Qué grosera.
—¡Date prisa!—, gritó antes de que oyera sus pasos alejándose apresuradamente de la habitación, probablemente hacia su habitación para vestirse. Es tan mandona cuando quiere. Me di un baño rápido, cogí el conjunto que había elegido y me lo puse.
—Magda, no sé qué pensar de este conjunto—, dije al salir del baño justo cuando ella entraba en mi habitación. Me miró y sonrió antes de hacerme señas para que diera una vuelta. Lo hice y ella aplaudió como una loca.
—Estás genial, cariño, no te preocupes—, dijo antes de sonreírme. Me sentó y se puso a peinarme. Sus productos para el pelo me dan ganas de vomitar porque echa muchísimo spray.
—Entonces, en lugar de ir a nuestro sitio de siempre, ¿quieres ir a esa discoteca de la que oímos hablar hace unos días? Se supone que tienen un gran evento o algo así, pero Fernando está haciendo de portero, así que no tendremos que pagar—, dijo mientras se sentaba en mi cama unos minutos más tarde.
—Magda, no sé por qué me lo preguntas si de todas formas vas a arrastrarme hasta allí aunque diga que no—. Puse los ojos en blanco, me puse mis pendientes de aro y me maquillé lo justo para estar guapa, pero sin que pareciera que tenía una montaña de maquillaje en la cara. Me gusta mucho ir al natural, pero como se trata de un gran evento o lo que sea, no lo haré.
—¿Estás lista?—, dijo después de que guardara el maquillaje. Asentí y caminé hacia la puerta detrás de ella.
*
—J0der, qué lleno está esto—, murmuré mientras conducía lentamente por la calle tratando de encontrar una plaza de aparcamiento o al menos un hueco donde poder aparcar. Magdalena rebuscó en su bolso su pintalabios. Sé que hoy definitivamente voy a ser la conductora toda la noche porque sé que ella se va a emborrachar a lo extremo.
Como siempre
—Oye, mira ahí—, dijo Magdalena señalando un sitio. Le di las gracias y me metí rápidamente antes de que alguien me lo quitara.
—¿Crees que vamos a ver a alguien famoso?—, dijo emocionada mientras nos acercábamos a la puerta. Había una cola tan larga que nadie se atrevía siquiera a intentar esperar en ella.
—Bueno, viendo cómo están las cosas ahora mismo, diría que vamos a conocer a unas cuantas personas famosas—, dije mientras Fernando nos dejaba entrar.
—J0der, tienen toda una zona VIP, j0der—, gritó Magdalena por encima de la música que retumbaba en mis oídos. Asentí y me dirigí directamente a la barra, mientras Magdalena se iba directamente a la pista de baile. La razón por la que dije que Magdalena se iba a emborrachar esta noche era porque aguanta poco el alcohol, pero aun así bebe todo lo que puede. Pedimos nuestras bebidas habituales y eché un vistazo al amplio local.
Magdalena estaba bailando con una chica que parecía que iba a vomitar en cualquier momento. Estúpidas personas con poco aguante. Sinceramente, no tengo ningún problema con la gente con poco aguante. Simplemente no soporto a la gente que dice “Oh, puedo con ello, puedo con ello”, pero en realidad no puede.
—Hola, guapa—, oí a mi lado, lo que me hizo girar la cabeza hacia un tipo borracho perdido que, en serio, necesitaba una ducha. Desprendía una mezcla de s3xo, dr0gas y alcohol. Le dediqué una pequeña sonrisa de labios apretados antes de coger mi copa y dirigirme a la pista de baile. El DJ miró a algún lado antes de cambiar la canción por una que realmente me gustaba.
—¡Oye, esta es nuestra canción!—, gritó Magdalena acercándose a mí. Asentí y sonreí, apurando mi trago de un solo trago mientras Magdalena cogía el suyo de mi mano y hacía lo mismo.
Dejando que mi cuerpo sintiera la música, suspiré cerrando los ojos mientras sentía a Magdalena rozarse contra mí mientras bailaba. Moviendo las caderas al ritmo de la música, me dejé llevar.
Al abrir los ojos al sentir que alguien me miraba fijamente, alcé la vista hacia la zona VIP. Un hombre de pie junto a la barandilla me miraba con expresión impasible. Tragué saliva al recordar la letra de esta canción.
Solo quiero lamerte, saborearte. Hacer el amor contigo, nena. Besarte. F0llar contigo. Surfearte, cabalgar tus olas…
Los ojos del hombre no se apartaron de los míos ni un instante, haciendo que mi cuerpo se estremeciera ante su mirada. Magdalena me agarró las manos y empezó a restregarse contra mí. Estaba claramente borracha. El hombre no apartó la mirada de mí ni un solo instante.
Otro tipo se acercó al de la mirada inexpresiva, le dio un golpecito en el hombro y le susurró algo al oído. Solo entonces apartó la mirada de mí y miró al tipo que tenía al lado con una mirada furiosa. Se alejó rápidamente, desapareciendo de mi vista y dejándome casi con una sensación de vacío.
—Hola, cariño—, dijo alguien detrás de mí mientras me agarraba por las caderas y me atraía hacia su cuerpo. Qué asco. Se restregó contra mí mientras yo intentaba con todas mis fuerzas empujarlo.
J0der, este negr0 es fuerte.
—¡Oye, suéltala!—, gritó Magdalena mientras intentaba venir en mi ayuda, pero otro hombre la agarró y le hizo lo mismo. ¿Qué rayos pasa? El hombre deslizó sus repugnantes manos por mi cuerpo y me agarró el cul0 antes de darle una buena palmada.
—Suéltame—, grité, pero me ignoró. Suspiré profundamente mientras miraba a mi alrededor. Nadie podía oírme con la música y nadie prestaba atención ni siquiera para ver lo que estaba pasando. Aunque la gente mirara hacia aquí, realmente solo parecía que él se estaba restregando contra mí y yo le empujaba el pecho mientras me inclinaba. Parecería que estaba bailando twerking con él y disfrutando de ello, pero no era así.
—¿Por qué no nos vamos a mi casa y seguimos con esta diversión?—, me susurró al oído, haciéndome estremecer ante su sugerencia. Volví a empujarle el pecho e intenté quitarme sus manos de encima. Grité:
—¡Suéltame!— otra vez, pero fue en vano. Magdalena estaba defendiéndose del chico que se le había echado encima, así que no pude pedirle ayuda.
—Creo que ha dicho que la sueltes—, dijo una voz tan grave y a la vez tan sexy detrás de nosotras. La música bajó lentamente el volumen hasta el cero.
—No, creo que estaba diciendo: "Tómame, tómame"—, dijo el asqueroso hombre mientras miraba a quien había hablado por encima del hombro.
Eh, perdón, ¡ni de c0ña!
—Salem—, dijo Magdalena aliviada mientras por fin empujaba al hombre para apartarlo de ella antes de correr hacia mí. Me agarró de la mano y me atrajo hacia ella, lo que me hizo sentirle una gratitud inmensa en ese momento.
Miré a mi alrededor y vi al hombre de la barandilla a unos tres metros de mí. Estaba lanzando miradas fulminantes al hombre que me sujetaba. Me mordí el labio mientras él se acercaba al hombre, haciendo que este se estremeciera.
—Déjala en paz y no vuelvas a tocarla nunca más, ni a ninguna de las chicas de aquí, ¿me oyes?—, le dijo al hombre, que ahora temblaba. Incluso yo me sentía un poco asustada por él, y ni siquiera me estaba mirando con ira.
—¿Me he... hecho... entender?—, dijo el hombre lentamente, alzando la voz con cada palabra.
Sí, señor.
—S-sí, sí—, dijo el hombre tembloroso antes de apartarse rápidamente de su camino y mearse encima al hacerlo.
—J0der, eso sí que es un hombre—, dijo Magdalena a mi lado mientras ambas observábamos al hombre, que ahora asintió con la cabeza al DJ, quien le devolvió el gesto. El DJ volvió a poner música y todo el mundo empezó a olvidarse de lo que había pasado y a bailar de nuevo.