SALEM
Mientras limpiaba la última mesa, suspiré profundamente. Eran las nueve, pero también la hora de irme. La cafetería cierra a las once, pero yo solo trabajo de 11:00 a 10:00. Ceshia se había ido hacía una hora, a las ocho, porque empezaba a trabajar a las diez. Seguro que estaba tan cansada como yo. Tengo un dolor de cabeza que no desaparece y ya ha pasado una hora.
Después de que el tipo encapuchado se llevara a Ricardo fuera, todo se calmó bastante. Ricardo no volvió, ni tampoco ese hombre. Ceshia y yo no hablamos de ello, solo de que nos alegraba que Ricardo se hubiera ido.
Cogí mi bolso y el móvil antes de fichar la salida. Suspiré mientras salía a la calle. Aire fresco, te necesitaba. No me traje el coche, lo cual fue una tontería por mi parte al decidir ir andando, pero bueno. Supongo que iré andando a casa, lo que solo me llevará unos 15 o 20 minutos.
Miré al cielo oscuro y sonreí al ver una estrella. No sé por qué, pero siempre me ha encantado el cielo de medianoche. Cuando veo la luna por la noche, a veces me quedo mirándola maravillada. Hoy la luna estaba detrás de las nubes, así que no podía verla.
—Oye, tú—, oí a mi lado, lo que me hizo girar la cabeza hacia la voz. Era el chico de la capucha en su coche, que se acercaba a mi lado. Fruncí los labios y dejé de caminar para mirarlo.
—¿Qué?
—Sube—, dijo mientras me miraba, pero no pude verle los ojos por las gafas de sol que llevaba.
Si crees que voy a subirme a un coche con un tipo al que ni siquiera conozco ni puedo verle la cara, entonces eres estúpido...
No le dije nada y simplemente seguí caminando, ignorándolo. Suspiré cuando empezó a seguirme con su coche.
—Venga, esta noche va a haber tormenta y solo intento llevarte a casa—, dijo mientras miraba hacia la carretera, a los coches.
—¿Por qué iba a irme con alguien a quien no conozco?—, le espeté, poniendo los ojos en blanco. Él se rió entre dientes mientras aparcaba el coche, lo que me hizo detenerme y mirarlo. Salió del coche y se acercó a mí, lo que me hizo retroceder.
—¿Quieres ver mi cara?—, dijo antes de quitarse la capucha y las gafas. Me quedé sin aliento al verlo. No es que fuera feo, sino que era el chico del club que me había salvado de aquel tipo. Retrocedí y me abracé a mí misma.
—Vaya, ahora sí que tienes miedo—, se rió antes de acercarse a mí.
—Eres el chico del club—, dije en voz baja, y él asintió antes de mirar hacia el final de la calle.
—Sí, lo soy, pero cuando te fuiste a toda prisa te olvidaste el carné de conducir—, dijo mientras me lo entregaba. Me quedé muy sorprendida al oír eso, porque ni siquiera me había dado cuenta de que me lo había dejado.
—Oh, vaya, gracias—, dije en voz baja y él asintió antes de acercarse a mí.
—Pareces necesitar mucha atención... Me hiciste pelear con el chico del club y luego me metiste en otra pelea con ese otro de antes. Parece que ahora no paro de salvarte el pellejo—, dijo mirándome con sus ojos verde oscuro. Tragué saliva y bajé la vista, abrazándome el pecho con los brazos.
—No fue culpa mía, ellos vinieron a buscarme para armar pleito—, dije en voz baja mientras jugaba con el pelo. Él se rió entre dientes y tuve que apretar las piernas al oírlo.
—Me parece que ahora me debes dos—, dijo el desconocido levantándome la barbilla hasta que lo miré directamente a los ojos. Sonrió con aire burlón y sus dientes blancos brillaron intensamente en la oscuridad.
—¿Qué quieres?
—Pronto lo descubrirás—, me susurró, haciéndome jadear y retroceder para alejarme de él.
¿Quién coñ0 se cree que es?
—Vaya, Louis está hablando con alguien—, dijo alguien antes de que esa persona empezara a aplaudir. Giré la cabeza y vi a un hombre caminando hacia nosotros, pero retrocedí un poco y, al hacerlo, choqué contra la pared.
Genial, más gente.
—Leandro, lárgate de aquí—, le dijo Louis al hombre. Leandro se rió entre dientes y se acercó a nosotros. Sonrió a Louis antes de darle un abrazo de amigos.
Sinceramente, no le veo el sentido al abrazo de amigos... como si no fuera un abrazo, es solo una palmada en la espalda.
Puse los ojos en blanco y volví a ponerme en marcha hacia casa, ya que ellos estaban teniendo una charla privada entre ellos. Agarrándome a mi bolso, doblé la esquina que me llevaba a mi calle.
—¡Eh, espera!—. Miré atrás y vi a Louis corriendo detrás de mí, pero me di la vuelta y empecé a correr hacia mi edificio de apartamentos. Estos cabr0nes me persiguen en la oscuridad de verdad.
Ojalá la gente me dejara en paz...
*
Anoche me pasó lo más raro que me ha pasado nunca. Me alejé de esos dos y me fui directamente a dormir en cuanto llegué al piso. Magdalena ya estaba durmiendo, así que yo también me acosté.
—Oye, ¿dónde estuviste anoche?—, me preguntó Magdalena cuando entré en la cocina.
—Tuve que quedarme hasta tarde para limpiar—, le dije, mintiéndole a medias. Ella asintió y me dio un plato de comida. Le di las gracias y empecé a comer.
—Hoy solo tengo una clase, así que estaba pensando que podríamos hacer algo—, le dije mientras la miraba. Levantó la vista de su teléfono y se encogió de hombros.
—Sabes, Patrick y yo rompimos anoche—, dijo sin volver a mirarme. No me sorprendió; siempre estaban juntos y separados.
—Esta vez es de verdad. Le pillé enviando mensajes a otra z0rra diciendo que iría a su casa cuando me durmiera y que estaba deseando meterse en ese c0ño—, dijo con una mirada de disgusto. Fruncí el ceño, enfadada porque mi hermano le hiciera eso. Ella suspiró y siguió comiendo sin decir nada más al respecto.
—No te merece, Magda—, le susurré en voz baja mientras me dirigía al fregadero para lavar mi plato, ahora vacío. Ella asintió y negó con la cabeza, probablemente pensando en ello de nuevo.
—Esta noche deberíamos volver al club—, sugirió mientras me miraba. Me ponía nerviosa volver a ese club por lo que pasó la última vez. Me encogí de hombros, pero me apetecía.
—Magda, si vamos, me voy a quedar en la barra, esta noche no me apetece mucho—, le dije con sinceridad.
—No pasa nada, solo quiero salir—, dijo encogiéndose de hombros. Asentí con comprensión antes de prepararme una taza de café.
—¿Qué tal si vamos de compras antes de ir al club?—, dije, haciendo todo lo posible por animarla. Ella sonrió y asintió antes de dirigirse a su habitación. Limpié la cocina antes de irme también a mi habitación.
¿Qué me pongo...?
Fui al baño, me lavé la cara y suspiré. Mirándome al espejo, pensé en la noche anterior.
—Venga, esta noche va a haber tormenta y solo intento llevarte a casa—, dijo mientras miraba los coches en la carretera.
Me metí en la ducha y sonreí mientras el agua corría por mi cuerpo. Cerré los ojos y me pasé la mano por el pelo mientras el agua lo empapaba.
—Me miro en el espejo disgustada conmigo misma—, canté mientras me lavaba el cuerpo con mi jabón.
—¿Quieres ver mi cara?
—Oye, Salem, vamos—, gritó Magdalena a través de la puerta del baño, haciéndome suspirar mientras terminaba de enjuagarme. Salí y me fui a mi habitación envuelta en una toalla.
*
—Oye, estás guapa—, dijo Magdalena mientras entrábamos en el centro comercial. Sonreí y posé para ella.
—Supongo que está bien—, dije, aunque sigue sin gustarme que la gente comente lo que llevo puesto. Magdalena conoce mis inseguridades, pero siempre intenta sacarme de mi caparazón de timidez.
—Déjalo ya, Salem, eres preciosa, deja de pensar que no lo eres—, dijo Magdalena repitiendo el mismo discurso de siempre.
—Nadie es fea, ni siquiera tú.
—Bueno, eso no es cierto, porque tú puedes ser fea por tu actitud—, le respondí antes de entrar en una tienda con ella detrás de mí. Ella gruñó, pero se dirigió directamente a la ropa, probablemente rindiéndose.
Sinceramente, no sé qué quiere que haga.
—Hola, ¿necesitan ayuda para buscar algo?—, dijo una señora acercándose a nosotras. Negué con la cabeza y le sonreí educadamente.
—No, señora, gracias—, dijo Magdalena, devolviéndole la sonrisa. Ella asintió antes de marcharse y dirigirse hacia otro grupo de chicas que acababan de entrar. Suspiré y me dirigí a la sección de tallas grandes para echar un vistazo a la ropa.
Al menos en esta sección también tienen ropa bonita, supongo... A ver si encuentro algo bonito en mi talla.