Enzo
Luego de la deliciosa cena, me despedí de Kamali y Fadil. Esta noche ambos se negaron rotundamente ante mi insistencia por ayudar a limpiar la mesa, alegando que había hecho suficiente con arreglar la puerta de su casa y algunos otros desperfectos en su cocina. El par de ancianos prácticamente me arrastró hasta la habitación.
─Guido tienes unos padres asombrosos─digo para mí, mientras me seco el cabello. Me duelen un poco los músculos, hoy fue día bastante productivo y ciertamente; terminé algo cansado.
Una vez que mi cabeza toca la almohada, mis ojos se cierran instintivamente y me dejo llevar por el sueño.
Año 2012 Roma, Italia.
─¡Enzo! ¡Enzo!─los molestos gritos de mi padre quien seguramente llegó borracho, me despiertan─¡Enzo ven aquí, no me hagas subir por ti!─con hastío ruedo los ojos mientras abandono con cierta pereza mi cama, miro la hora en el reloj que tengo sobre una mesita de noche y me doy cuenta que pasan de las dos de la madrugada.
Apresurado, me acerco a la puerta de mi habitación al escuchar de nueva cuenta los ensordecedores gritos de Lorenzo. Al ir bajando las escaleras, me parece escuchar también voces femeninas y uno que otro comentario subido de tono salir de la boca de mi padre.
Es desagradable...
─Estoy aquí pa...dre─me quedo sin palabras al ver a dos mujeres hermosas. Una de ellas tiene un abundante cabello rubio, ojos azules como el cielo y labios rojos pintados de un rojo vibrante. La otra, es castaña con ojos que no podría describir su color creo que son grises o tal vez lleve puestos lentes de contacto, pero no hay duda de que es hermosa.
─No te quedes ahí como estúpido, Enzo─el poco delicado llamado de Lorenzo, rompe el hechizo en el que me sumergí al ver a las dos mujeres─.Saluda a las damas, ellas te convertirán en un hombre esta noche...
Lo miro confundido, ¿convertirme en hombre? No entiendo a que se refiere. Lo escucho murmurar algo a las mujeres quienes asienten con un movimiento de cabeza, antes de acercarse a mí.
─Hola, guapo─la rubia susurra en mi oído mientras la castaña pasea sus manos por todo mi pecho. No sé como reaccionar, le dirijo una mirada asustada a mi padre cuando siento una mano tocando mi m*****o. El pánico se apodera de mi, al verlo sonreír con malicia para después imponer su autoridad al ordenar que me lleven al despacho.
─Tranquilo nene, te aseguro que la vas a pasar muy bien─esta vez habla la castaña y con eso, ambas me toman de la mano arrastrándome al despacho, cumpliendo así con las órdenes del hombre al que debo llamar padre.
Una vez en el despacho, me arrojan sobre el sofá. La mujer castaña, se coloca a horcajadas sobre mí, comenzando a mover sus caderas de una forma que provoca que mi sangre se caliente.
Todo esto es extraño, es algo que nunca había experimentado y ciertamente me incómoda un poco.
─Para tener catorce años, eres muy apuesto, ¿lo sabías?─no logro distinguir cual de la dos mujeres me habla, pues cuando menos lo pensé ya se estaban desnudando, por lo que decidí cerrar los ojos─Eres muy apuesto, pero demasiado inocente todavía.
─Vamos a hacerlo entrar en calor...
Lo siguiente que siento son los labios de la mujer sentada en mi regazo, recorrer mi cuello con suaves besos. Mis manos por instinto viajan a su cintura y por primera vez, siento la suavidad de su piel contra mis palmas. Abro los ojos cuando la otra mujer amolda mi m*****o entre su mano, a través del pantalón de mi pijama.
─¿Qué haces? No...─mis palabras quedan cortas cuando la castaña de ojos grises posa sus labios en los míos, extrañamente la calidez de sus labios... me gusta. No soy bueno besando y creo que ella se da cuenta cuando murmura:
─Solo déjate llevar, nosotras haremos el resto.
Acto seguido, vuelve a besarme, esta vez logro seguir sus movimientos y aferro mis manos a su cintura, sintiendo cada vez como el deseo se apodera de cada centímetro de mi cuerpo.
De un momento a otro, la mujer que tenía encima, se baja ubicándose entre mis piernas. Le dirige una mirada a la otra y sin verlo venir, comienzan a bajar mi pantalón, llevándose en el trayecto mi ropa interior.
─¡Oh Dio!─exclaman al ver mi virilidad completamente erecta. Que la miren fijamente me apena, por lo que llevo mis manos para tratar de cubrirla. Sin embargo, una de ellas en más rápida y logra detenerme.
─Es muy bonito para que lo ocultes─la rubia pasa sus dedos por lo largo, haciéndome estremecer por ese mínimo toque. Estoy asustado, pero también ansío descubrir lo que quieren hacer conmigo─. Relájate cariño, tu padre nos ha pagado para convertirte en un hombre y es justamente lo que vamos a hacer...
Sin haberlo planeado, me sumergí en un mundo de perversiones que más adelante, me pasaría factura.
...
Despierto aturdido, bañado en sudor y con la respiración agitada.
No entiendo por qué cuando creo que estoy mejorando, regresan a mi mente este tipo de recuerdos.
—¡Mierda!—me quejo por lo bajo al darme cuenta que tengo una dolorosa erección bajo las sábanas. Soy un hombre y sé que es imposible no tener una. Sin embargo, me siento sucio al no poder impedirle a mi cuerpo tener está reacción.
En el pasado, me sentí importante al perder la virginidad con esas dos bellas mujeres. Era estúpido e ingenuo y me avergüenzo de todo lo que pasó después.
Seguí contratando los servicios no solo de ellas, sino de otras más. Pensaba que de esa manera mi padre se daría cuenta de lo hombre que era.
Me equivoqué, pues él nunca cambió su actitud hacia mí. Si bien ya no recibía golpes constantes, sus palabras hirientes sí continuaron, incluso dolían mucho más.
Llegué a pensar que le agradaría ver qué poco a poco me convertía en un ser despreciable tal y como lo era él.
Pero no, para Lorenzo nada ni nadie es suficiente.
...
A la mañana siguiente, como siempre, despierto primero que Fadil y Kamali.
Esta vez, decido salir al supermercado pues ayer me percate de que la comida está comenzando a escasear. Yo todavía tengo algo de dinero guardado y pienso usarlo para llenar su despensa.
—¿Te vas?—La voz de Fadil, me sobresalta cuando estoy por salir de su casa.
Me giro mirándolo genuinamente sorprendido, pues él no acostumbra a despertar a estas horas.
—Fadil, iré al supermercado. ¿Quieres venir?—ya que despertó, creo que no es mala idea invitarlo.
—No veo por qué no—responde con su voz ronca al tiempo que toma su abrigo—.Vamos, no me gustaría estar fuera cuando mi mujer despierte.
Sin más, salimos de su casa. En el camino hablamos de temas triviales, tales como; su deporte favorito o el mío. Me contó algunas de las travesuras que solía protagonizar Guido, mientras yo no podía pasar de reír.
Con Lorenzo nunca tuve una conversación de este tipo, nunca le interesó saber que mi color favorito es el azul, que era fanático del baloncesto entre otros datos que todos los padres deberían saber.
Dedicó su vida a hacerme pedazos y yo dediqué la mía a odiarlo.
...
—¿Encontró lo que buscaba, señor?—pregunta la cajera, mientras uno a uno, pasa los productos por el escáner.
—Sí—. Respondo seco, me parece increíble cuanto se ha deteriorado mi habilidad para entablar un tipo de conversación con personas desconocidas. La chica sonríe amable y continúa haciendo su trabajo.
Después de pasar todos los productos, me dice el monto a pagar y agradece por mi compra.
Tomo el canasto y me dispongo a caminar hacia una banca para esperar a Fadil, pues tuvo que ir de emergencia al baño.
De pronto, las pantallas frente a mí, comienzan a transmitir el noticiero. La sangre abandona mi cuerpo al ver a Lorenzo en primera plana, tratando de huir de los reporteros, sin lograrlo. Son tantos que pronto se ve rodeado de todos ellos. ¿De qué le sirve tener tantos escoltas?
Estoy por girarme y caminar a la salida. sin embargo, entre el bombardeo de preguntas hacia él, una en especial llamó mi atención.
—Senador Lombardi, ¿qué piensa de la reciente liberación de su hijo, Enzo Lombardi después de doce años tras las rejas?—Lorenzo hace un gesto de desagrado al escucharla.
—Ese criminal no es mi hijo. Si en mis manos estuviera el poder, volvería a encerrarlo. Un criminal de su categoría es peligroso para nuestra sociedad. ¿No lo cree?—No me sorprende su nivel de hipocresía, si tan solo el mundo supiera la clase de monstruo que es él, hace años estuviera pagando una condena.
—Sin duda, una última pregunta señor. Enzo posiblemente llegue a ver esto, ¿quiere dedicarle unas palabras?
—No es necesario, él sabe que siempre fue una decepción para todos a su alrededor. Especialmente para la mujer que lo abandonó.
Y eso fue todo, esas palabras cargadas de veneno y resentimiento, hacen que la ira me consuma. Siento un nudo en la garganta que duele, quema y desgarra en su intento por deshacerse.
—¡Ah! ¡Ah! ¡Hijo de puta!—No soy consciente de estar a las afueras del supermercado, hasta que me descubro pateando un contenedor de basura.
Sin importarme quién me esté viendo, sigo pateando el contenedor mientras una serie de improperios abandonan mi garganta, solo quiero descargar estos sentimientos que me abruman.
Juro por Dios que estaba dispuesto a dejar el odio que le tengo atrás, en verdad quería hacerlo, pero ahora sé que es imposible.
—¡Oh Dio, muchacho! ¿Qué te sucede?—Fadil se acerca posando su mano en mi hombro, no quiero lastimarlo, de verdad no quiero hacerlo.
—¡Fadil, aléjate! Estoy realmente furioso en este momento y no deseo hacerte daño—le digo apartando su mano con brusquedad.
—Enzo...
—¡Por favor, Fadil! Solo dame un minuto—el hombre asiente apenado y lo veo alejarse unos cuantos metros.
Utilizo este instante en soledad para reflexionar sobre mi comportamiento, no puedo darle el gusto a ese desgraciado. No puedo perder lo poco que llevo avanzado solo por sus palabras. Siendo sincero, me importa una mierda lo que él piense de mí, lo que me da rabia es qué siga diciendo que mi madre me abandonó por mi culpa, sé perfectamente que no fue así.
—¿Te sientes mejor?—Fadil llega nuevamente a mi lado, esta vez no se atreve a tocarme, simplemente se limita a observarme.
—Eso creo. Fadil yo...Lo siento—ahora soy yo quien posa una mano sobre su hombro—No era mi intención hablarte de esa forma, ni reaccionar de la manera en que lo hice.
—¿Quieres decirme qué te hizo reaccionar así?
—Mi...Mi padre—balbuceo—. Lo vi hace unos minutos en la televisión, comportándose como la gran mierda que siempre ha sido, mencionó a mi madre y esa fue la gota que derramó el vaso. No soporto que hable de ella—Fadil asiente comprensivo y sin esperarlo, me brinda un reconfortante abrazo.
—Veo en tus ojos que estás tratando de librar una batalla contra tu tormentoso pasado, Enzo. No tienes que disculparte muchacho ni avergonzarte de reaccionar como lo hiciste, te duele, lo sé y no conoces otra forma de descargar tu ira, pero con el tiempo verás que existen muchas otras. Estoy seguro que el destino te tiene preparado algo especial, pero no aquí.
—¿A qué te refieres?—Pregunto confundido.
—Para sanar, a veces es necesario alejarse, un mes, un año o tal vez una vida. Solo sabrás que lo has logrado cuando regreses y te des cuenta que ya no duele. Sé que es difícil olvidar a alguien que te dio tantas cosas para recordar, pero créeme cuando te digo que es lo mejor—posa la palma de su mano en mi lado izquierdo—. Necesitas irte de aquí, busca tu destino y cuando lo encuentres, aférrate a él con ambas manos.
Tiene razón, no puedo seguir aquí. Este lugar me enferma y estoy seguro que si me quedo, solo me haré daño a mi mismo. Ya tengo muy claro que a él no le importa, esa basura no tiene sentimientos y ya no estoy dispuesto a hacer a un lado los míos.
...
Al regresar a casa, Kamali ya estaba despierta y nos recibió con el desayuno ya en la mesa. Agradeció que haya llenado su despensa con uno de sus abrazos que indudablemente extrañaré.
Sí, decidí marcharme ese mismo día. No quiero permanecer un segundo más en este lugar, en donde me han lastimado tanto y donde yo mismo he infringido daño.
—Cuídate, Enzo. Recuerda que todos merecemos una segunda oportunidad—Kamali me da un último abrazo, cuando se retira veo que sus ojos están empañados y joder...los míos igual.
—Si algún día logro conocer el significado de la felicidad, ten por seguro que serás la primera en enterarte. Gracias Kamali, estas semanas que compartí contigo siempre las llevaré en el corazón. ¿Sabes? Me recordaste algo que había olvidado—le digo arqueando una ceja.
—¿Ah sí? ¿Qué?
—Lo que se siente el amor de una madre, Guido es muy afortunado por tenerte—dicho esto, Kamali pierde la batalla contra las lágrimas, provocando en el proceso las mías—¡Basta ya! No me gusta ver tu hermoso rostro mojado.
—¡Tú tienes la culpa al decir esas cosas!—exclama al tiempo que golpea mi pecho con suavidad, tomo esa misma mano y dejo un tierno beso en ella, despidiéndome así, de una vez por todas.
—Vamos muchacho, o perderás el autobús—Fadil nos interrumpe llegando a mi lado. Tomo mi pequeño equipaje y salgo de su casa.
—Los echaré de menos.