Capítulo 6

1451 Words
—Hola Addy. —¿Qué carajos hablaste con el señor Donovan? —preguntó Addison apenas escuchó la voz de Aidan al responder la llamada. —¿Qué? ¿Ya llegó? —Sí, está justo aquí y se quiere quedar en la granja, dice que tú le dijiste que se podía quedar —lo dijo furiosa y entredientes. —Sí, yo le dije eso. —¡¿Qué?! —Es que supone que se la ibamos a vender y él estaba interesado, el trato no se había hecho aún, me dijo que quería conocer el lugar, así que le dije que había una casa donde podía quedarse. Lo dijo con tanta tranquilidad que a Addison le hervía la sangre. Aún así intentó no gritarle. —No tenías derecho, Aidan —lo regañó —. Es mi granja. —Es que fue una sorpresa que tía Mary te dejará la granja y sobre todo que quisieras quedarte. Addison vio alrededor, se encontraba en la cocina, justo ahí donde tía Mary le había hecho un pay de fresa el día que en la escuela la habían molestado, una de sus compañeras le dijo que sus padres no la querían y seguramente la habían abandonado. Nadie iba a la reunión de padres, su padre realmente la abandonó y su madre estaba muerta, su tío Mark no podía ir porque estaba trabajando, así que siempre estaba sola en las actividades de la escuela. Esa tarde tía Mary le hizo un pastel y le prometió que ella asistiría a la siguiente actividad, que todos en la granja eran su familia, no necesitaba más. —Sabes lo cruel que es de tu parte haber hecho un negocio con la granja cuando la tía Mary no llevaba un día de fallecida. Hubo un pequeño silencio del otro lado. —Addy, es que no podíamos esperar más y podíamos perder el negocio. —Solo en eso piensas, en el dinero. Creí que mamá te había criado mejor, pero veo que se equivocó. No esperó la respuesta y cortó la llamada. Ella cerró los ojos e intentó hacer que el aire llegará a sus pulmones, empezaba a sentir una presión en el pecho que le impedía respirar. —¿Y dónde está el personal de servicio? La voz de Chris la hizo abrir los ojos de nuevo. —Señor Donovan, ya le dije que la granja NO está a la venta, así que no pierda su valioso tiempo y regrese a la ciudad, aquí no hay nada para usted. Chris apoyó una mano sobre el respaldo de una de las sillas y la observó con una tranquilidad que comenzaba a desesperarla. —En realidad, sí hay algo para mí. —¿Qué? —Unos días de descanso. —¿Perdón? —Me gusta el lugar —respondió como si aquello explicara absolutamente todo—. Es tranquilo, tiene buenos paisajes y, para ser sincero, hacía mucho tiempo que no estaba en un sitio donde no tuviera que escuchar un teléfono sonar cada treinta segundos. Addison no podía creer lo que estaba escuchando, él era un hombre de negocios, creyó que no tener negocio lo espantaría, pero era obvio que quería la granja. —Hay hoteles en la ciudad, le podría recomendar uno que sea acorde a su estilo. —Quiero quedarme aquí —sonrió Chris viendo alrededor —. Es acogedor. —Usted tiene algún problema —Addison soltó una risa incrédula. —Eso me han dicho. —No estaba bromeando. —Yo tampoco. Addison lo miró de arriba a abajo intentando saber algo sobre él, analizarlo y tal vez jugar el mismo juego que él estaba jugando. Era como esos hombres de traje que había conocido en la ciudad, pero no tan… viejo y descuidado. Entonces su mirada se detuvo más de lo necesario en su camisa. La tela se ajustaba perfectamente a su pecho y tenía las mangas arremangadas, dejando a la vista unos antebrazos fuertes que no parecían pertenecer a alguien que pasaba la mayor parte del tiempo sentado detrás de un escritorio. Qué mala idea verlo, apartó la mirada. Joder, ¿por qué no podía ser calvo? O, tener una barriga enorme o quizá arrugas en todo el rostro como los otros millonarios que dedicaban su tiempo más a ganar dinero que a su apariencia física. Era evidente que estaba cerca de los cuarenta y, a esa edad, debería tener alguna imperfección que la ayudara a odiarlo con facilidad, pero no, el hombre parecía diseñado específicamente para irritarla. —¿Terminó? —preguntó. —¿Qué? —De mirarme. —Yo no lo estaba mirando —negó Addison sintiendo las mejillas calientes —. No se crea tan importante. —No hace falta que me crea importante. Ya lo soy —respondió —. Aunque si quieres una fotografía, puedo ayudarte. Dicen que las fotografías duran más. Eso enfureció aún más a Addison, estaba a punto de responderle, pero una voz los interrumpió. —¡Addison! —Pol se detuvo en la puerta y la vio —. La vaca. —¿Qué pasó? —Está teniendo problemas. Lleva un buen rato inquieta y no logra parir. Intentamos llamar al veterinario, pero no responde. Addison no lo pensó y solo tomó la bolsa sobre la mesa y salió de la cocina corriendo, ni siquiera se dio cuenta que Chris iba detrás de ellos por pura curiosidad de lo que estaba pasando. La vaca estaba inquieta, golpeando el suelo con una de sus patas mientras soltaba sonidos que hicieron que Addison se preocupará. —Maldita sea —entró dejando la bolsa en el suelo —. ¿Desde cuándo está así? —Casi una hora. —Hay que revisarla. Buscó los guantes largos que había traído y sin pensarlo se arrodilló y metió las manos dentro de la vaca para corroborar la posición del ternero. Recordaba que su tío le había enseñado a hacer esto hace unos años, son cosas que nunca olvidas. —Está mal colocado. —¿Qué hacemos? —preguntó Pol —. Puedo traer la camioneta y la llevamos al pueblo. —Morirá antes de cruzar el puente, lo voy a mover —lo miró decidida —. ¡Sujétenla! Los otros dos trabajadores se colocaron junto a la vaca para sujetarla mientras ella intentaba acomodar al ternero. La vaca se movió con fuerza y ella utilizó la fuerza de sus pies para plantarse mejor. —¡La tengo! Addison logró tomar dos patas y colocarlas al frente intentando que el animalito tomará la posición correcta para salir. No era sencillo y durante unos segundos dudó que pudiera hacerlo, pero se negó, dos vidas dependían de ella ahora, tenía que hacerlo. —Ahora. Consiguió acomodarlo. Pol y los otros hombres sujetaron a la vaca mientras Addison la ayudaba a pujar. Todo sucedió muy rápido después de eso. Hubo un sonido fuerte de la vaca y el pequeño ternero salió del cuerpo. El liquido se derramó en todo el suelo dejando a Addison empapada, el pequeño animal quedó sobre las piernas de Addison. Ella lo revisó que respirar bien antes de dejarlo junto a su madre que ya se encontraba más tranquila. —Está bien, cariño. Aquí está tu madre. Addison estaba despeinada, roja y mojada del líquido que había expulsado al ternero, pero con una sonrisa en el rostro. Por un instante sintió que era capaz de volar, que podía hacer todo lo que se propusiera, había salvado a esa vaca y a su ternero. Pero entonces se dio cuenta que Chris se encontraba a un par de metros observando todo. Aunque, por primera vez no tenía esa expresión arrogante, todo lo contrario, estaba viendo todo con una mezcla de sorpresa y desconcierto. —¿Qué pasó, señor Donovan? —preguntó con una sonrisa en su rostro —. Parece sorprendido. —No esperaba… —miró a la vaca, al pequeño ternero y después a mí. —¿Qué? ¿El parto? —dudó Addison —. Esto es algo de todos los días. Es la parte bonita de la vida en el campo —se acercó porque ella sabía que olía mal —. Espero que la granja siga pareciéndole tan agradable después de esto. Chris bajó la mirada, intentó dar un paso atrás cuando sintió aquel aroma repugnante, pero su orgullo hizo que volviera a mirar a Addison. Entonces realmente la miró. Ella estaba despeinada, sudorosa, sucia y mojada, en definitiva apestaba, pero esa preciosa sonrisa, sus mejillas rojas y el brillo hermoso ojos hicieron que sintiera un escalofrío en su espalda. —Es un lugar precioso. —¿Qué? —la sonrisa de Addison desapareció. —Que voy a quedarme.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD