Capítulo 5

977 Words
Addison pasó un día ocupado, regresó del pueblo después del mediodía. Fue una suerte que el vendedor de la farmacia fuera un adolescente que apenas la vio y no la reconoció, si hubiera sido alguien más, ya todo el pueblo estuviera enterado y ella fuera la noticia del momento, algo para lo que no estaba preparada. Bajó de la camioneta con la bolsa de medicamentos en una mano y la otra llena de suministros para la granja. Una de las vacas estaba a punto de dar a luz y, según el capataz Pol, el veterinario había asegurado que todo parecía estar bien, pero Addison prefería tener a mano cualquier cosa que pudiera necesitar. Tina una de las muchachas que trabajaban en la granja salió a su encuentro. —Addison. —Hola Tina —se dio cuenta de su gesto de preocupación —. ¿Qué sucede? —Mientras te fuiste… ha venido alguien. —¿Quién? —frunció el ceño. Addison había olvidado por completo al comprador de la granja. —No sé. Un hombre. No lo había visto antes. Fue hasta ese momento cuando lo recordó. —¿Cómo era? —Mmmm…Alto, muy bien vestido. —La muchacha hizo una pequeña mueca—. Definitivamente no parece ser alguien de por aquí. Addison cerró los ojos durante un segundo. Fue ese momento donde le quedó claro, intentó recordar el nombre que su hermano le había dicho, con todo lo que tenía que hacer en la granja, había olvidado buscarlo en el télefono o alguna referencia, tal vez hasta un escándalo. Los adultos mayores millonarios siempre tienen algún escándalo, así que sería fácil de localizar, si tuviera tiempo de ver su teléfono. —¿Dónde está? —le preguntó. —Dentro de la casa —señaló. Addison soltó un suspiro. —Por supuesto que está dentro de la casa. Caminó hacia la entrada. No sabía exactamente qué esperaba encontrar. Quizá a un hombre con traje, rodeado de abogados y planos, dispuesto a explicarle por qué aquella tierra valía más convertida en un centro comercial que como una granja. Ella estaba lista para sacarlo de inmediato con todo y su séquito de abogaduchos. Entró en la casa y miró alrededor… no había nada. Frunció las cejas, caminó a la sala y no había nadie, luego al comedor y tampoco. Empeza a pensar que Tina tenía algún tipo de alucinación. Incluso fue a la cocina y miró en los baños, pero no encontró a nadie. —¿Señor Donovan? Se sintió ridícula pero tenía que probar llamarlo, nadie contestó, al final decidió dejar las bolsas en el comedor y subir las escaleras, necesitan cambiarse. Había pasado todo el día fuera y necesitaba cambiarse de camisa. La que llevaba estaba cubierta de polvo y tenía una pequeña mancha de leche que ni siquiera recordaba cuándo había hecho. Al llegar al arriba fue directo a su habitación, pero se detuvo cuando escuchó un ruido en la habitación continúa. Fue entonces cuando un hombre salió frente a ella. Addison se quedó completamente quieta. Lo primero que notó fue su altura, luego su ropa, llevaba un pantalón oscuro y una camisa blanca arremangada hasta los antebrazos. El cabello castaño claro estaba un poco despeinado, como si acabara de pasar los dedos por él, y esa mirada afilada y astuta, era la de un hombre que había conseguido todo lo que quería en la vida. Siempre se sale con la suya. Durante un instante, Addison olvidó por completo lo que iba a decir. Sus ojos recorrieron aquel rostro demasiado perfecto y después bajaron, casi contra su voluntad, hasta los hombros anchos y el cuerpo espectacular. La ropa le quedaba bien y sus brazos, tragó saliva y fue cuando reaccionó. Apartó la mirada de inmediato. No. No iba a permitir que un hombre guapísimo la distrajera de algo tan importante como impedir que destruyera la granja. —¿Chris Donovan? —se cruzó de brazos —. Supongo. Una sonrisa lenta apareció en los labios de él. —Supongo que ya sabes quién soy. —Es difícil no saberlo cuando el hombre que pretende comprar mi granja decide entrar en mi casa sin permiso. —No entré sin permiso —su voz era profunda y suave. Aunque tal vez tenía un tono para cada persona. Addison miró hacia la habitación de la que acababa de salir y volvió a mirarlo. —Si lo hizo —lo señaló. —No. Aidan Matthews me dio permiso, ¿y tú eres? —Mi hermano no es el dueño de esta casa —soltó una risa incrédula. —¿Hermano? —cuestionó Chris viendo a la chica con más detalle. —Soy Addison Matthews y la granja es mía, así que no puedes estar aquí. —Creo que tenemos un mal entendido —comentó Chris —. Hablé con Aidan Matthews. Dijo que la propiedad estaba disponible. Me quedaré aquí mientras terminamos el proceso. Addison sintió que la sangre le hervía cuando lo escuchó decir propiedad. No era una propiedad, era una granja. Su granja. —¿Te instalaste en mi casa? —miró a la habitación que ya se veían algunas cosas dentro. —Sí. —¿En serio? —Sí. —Eres un atrevido. —He recibido calificativos peores —respondió él. —Estoy segura —Addison dio un paso hacia él —. Escúchame bien, Chris Donovan. Puedes tener todo el dinero del mundo, pero esta sigue siendo mi casa. No puedes aparecer aquí, entrar como si fueras el dueño y decidir que vas a vivir bajo mi mismo techo. Él sostuvo su mirada sin retroceder. —Entonces supongo que tendremos que aprender a convivir. —No pienso convivir contigo —negó ella. Chris sonrió otra vez y por alguna razón, esa sonrisa le molestó todavía más. —Eso será difícil, considerando que acabo de instalarme.
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