Addison no pudo dormir esa noche, la imagen de Marcus y sus palabras seguían dando vueltas en su mente.
A las cuatro de la mañana escuchó una puerta y vio una sombra pasando debajo de su puerta, ella sabía muy bien que se trataba de su tío Mark y se levantó enseguida, se colocó los jeans con la blusa manga larga, las botas y se hizo las trenzas, pensó que no había tardado nada, pero cuando salió Mark ya se encontraba bajando del caballo.
—Las ovejas tienen que comer —le señaló.
Ella aceptó y fue por el forraje, les cambió el agua y las acomodó, Mark ya tenía los costales de comida y fueron con las gallinas, mientras ella les daba de comer, él sacaba los huevos de los nidos, luego pasaron con las vacas, a las siete de la mañana habían terminado el recorrido, los trabajadores habían comenzado a llegar y empezaron a hacer sus tareas.
Mark y Addison terminaron sentados en las pequeñas gradas de madera frente a la casa.
Addison estaba cansada, pero de pronto tuvo nueve años otra vez y hacía todo lo que su tío le decía.
—Tienes que verificar ese granero —le señaló Mark —. Arreglen el techo antes de que caigan las lluvias y hay que reforzar la puerta.
—Sí.
—Y busca cómo reparar la parte superior del establo, aunque las vacas son importantes.
—Sí, lo haré.
Mark suspiró.
—Hay mucho trabajo aquí. ¿Estás segura que quieres esto?
—Era el hogar de tía Mary —Addison miró alrededor —. Y el nuestro, mamá y tú se conocieron aquí, es lindo tener un hogar a donde volver.
—Sarah es mi hogar —respondió Mark, se detuvo y la vio —. Tú y Aidan también lo son.
—Lo sé —sonrió Addison.
—Si necesitas ayuda…
—No te voy a pedir que te quedes —lo interrumpió —. Sé que tienen que volver, no te preocupes, yo estaré bien.
—¿Segura?
—Pinky Promess —levantó la mano estirando el dedo meñique. Mark lo vio, tardó un segundo, pero al final se rindió y también enlazó su dedo mequiñe con el de ella.
Sarah y Aidan tardaron bastante en levantarse, fueron a dar un paseo y luego fueron al pueblo, tenían tantas cosas que hacer y tan poco tiempo, al atardecer tuvieron que despedirse y Sarah abrazó a Addison solo para advertirle que debía llamarla todos los días. Aidan le pidió mantenerlo informado sobre Chris Donovan y que por favor lo tratara bien, le dio tantas indicaciones que Sarah ya lo detestaba tan solo escuchar su nombre.
—Debe ser un anciano muy fastidio —reprochó cuando ellos ya se habían ido —. No importa, no le daré oportunidad de nada.
Se sacudió las manos y regresó con el capataz, tenía que empezar a organizarse. En los últimos años la granja se había deteriorado mucho, se notaba que tía Mary la descuido en varios aspectos, y ella no la culpaba, después de todo ya estaba muy grande y enferma. Pero al menos esto la tendría ocupada.