capitulo 10

3535 Words
  10 Han pasado tres días desde que Melanie hablo con Felipe por teléfono tres días en lo que no ha hecho más que pensar en la conversación que tuvieron por teléfono. La verdad estaba confundida. Felipe la confundía. Primero la hace creer que la desea. Y después lo ve besándose con otra. Duerme con ella y luego hace como si nada. Melanie se tapa la cara con ambas manos y se tira a la cama – que se supone que harás Melanie Scott. Te volverás loca. Él te volverá loca – el toque de la puerta saca a Mel de sus tormentosos pensamientos – Hola Mel – dice una pequeña y muy tímida vocecita – ¡lucí hola! – dice invitando a la pequeña niña a que pasé – Lo siento Mel, pero insistió en venir – dijo la hermana de la pequeña – no. está bien, sabes lucí ya extrañaba a alguien parecido a mí– la niña se le abrieron los ojos y estos brillaban de la emoción – ¿¡enserio!? – pregunto entusiasmada – claro que sí. Y te cuento un secreto – la niña asintió con emoción. Mel se acercó a su oído y dijo – Tu hermana me hace comer cosas que no me gustan – la pequeña volteo en dirección a su hermana. Y la miro con los ojos entrecerrados – Creo que las dejare solas – ambas asienten. Y Beth sale del cuarto – Mel… ¿Qué te sucedió en el pie? ¿Por qué esta vendado? – dice la niña mirando el pie de Melanie como extrema rareza – tuve un pequeño accidente lucí. Pero ya estoy bien – ¿segura? Porque mama me compro un botiquín color rosa. Si quieres puedo pedir a Noah que me lleve a casa a buscarlo. Para curarte y cuidar de ti – dijo la niña emocionada. La pequeña lucí tiene cinco años. Una hermosa niña de rizos dorados y ojos como el mar. Labios rosados al igual que sus mejillas. Ama a su familia y a su hermana en especial. Aunque esta algunas veces la trate un poco mal. Los amigos de su hermana son sus personas favoritas en el mundo. Pero su favorita de todos ellos es Mel – lucí eso es muy amable de tu parte. Pero ya me curaron y los chicos están cuidando de mí – la pequeña niña bajo la mirada. Ella quiere cuidar de Mel. Y Mel nota que lucí se ha puesto triste – pero sabes que puedes hacer por mi lucí – la niña levanta la vista. Con los ojos brillantes y a la expectativa de saber que puede hacer por Mel – hacerme reír. Me gusta mucho cuando me haces reír con tus juegos – Entonces quieres que juguemos – pregunta lucí con una gran sonrisa – sí. Eso quiero – traje pinturas y mi nuevo juego de té. Pero no puedo bajar la escalera. Yo sola – Tengo la solución para ese problema – Mel toma su teléfono de la mesita de noche. Y marca el número de Noah. Que al segundo timbre contesta. Que sucede. Mel está todo bien Eh… si Noah está todo bien. Dime entonces a que debo el honor de tu llamada Hay dos princesas aquí arriba que ameritan ser rescatadas. Por un hermoso príncipe. Que traiga las pinturas y el nuevo juego de té. De la princesa lucí – lucí mira a Mel hablar por teléfono. Llena de emoción. Un príncipe traerá sus pinturas. Ella ama a los príncipes y Mel conoce a uno. Claro. Mi leydi. Mel deja su celular en donde estaba. Y mira a lucí con una gran sonrisa – bien lucí. El príncipe Noah vendrá con nuestras pinturas y el juego de té. Qué te parece si lo esperas aquí a mi lado – la niña corre al lado de Mel. Se queda de pie al lado de la cama a la espera del príncipe. A los pocos segundos la puerta del cuarto se abre. Revelando al encantador príncipe Noah. Que lleva colgando de su espalda un bolso color rosa con la imagen de bella durmiente. En donde vienen las pinturas y el juego de té. Y en su mano dos rosas – Mis leydis – dice haciendo una reverencia. Lucí mira a Mel con los ojos brillantes y llenos de alegría. Mel le regala una sonrisa y la invita a que siga mirando al príncipe – se me fue encomendada la misión. De traer las pinturas y el juego de té. De la princesa lucí – Noah se quita el bolso de la espalda. Y se lo entrega a lucí – muchas gracias. Señor príncipe – dice a pequeña. Con las mejillas muy sonrojadas – oh… espere. Mi hermosa princesa. Tengo algo más para ustedes – le entrega una rosa a cada una – muchas gracias. Dulce príncipe – dice Mel sonriendo y guiñándole un ojo – tan bien se me ha dado la tarea de hacer volar a la princesa lucí – La niña abre los ojos como platos. Y voltea a mirar a Mel que con una sonrisa y un movimiento de cabeza le dice que se acerque a Noah. La niña camina muy despacio y se detiene en frente de Noah abre las manos. Y Noah la toma en brazos y comienza a darle vueltas. Lucí suelta carcajadas que contagian a Noah y a Mel. Noah se detiene y los pequeños brazos de lucí cubren el cuello de Noah en un abrazo – Te quiero mucho Noah – Noah la abraza muy fuerte. A Mel se le han cristalizado los ojos. Dentro de muy poco. Ya no abra más príncipe Noah. Su amigo se ira y esta vez para siempre. Noah traga grueso para contener las lágrimas. Y acaricia el cabello de la pequeña lucí – yo también te quiero mucho. Mi linda lucí – la baja con mucho cuidado. Y lucí corre hasta Mel para empezar a jugar – muchas gracias. Príncipe Noah –siempre a sus órdenes mis hermosas princesas – dice Noah antes de salir – me gusta Noah. Me casare con el cuándo sea grande. Así como mama se casó con papa cuando creció – Mel miro a la pequeña con los ojos muy abiertos. Como una pequeña de cinco años pensaba en casarse – ¡oye! Pensé que era el príncipe de ambas – Puedo compartirlo contigo – dijo la pequeña encogiéndose de hombros. Felipe había tenido los tres días más largos de su vida. La inauguración de la editorial fue todo un éxito. Y la conferencia en la universidad fue mucho mejor. Cambio el tema de la conferencia. Por el amor y el alma: la belleza interior, la unión perfecta entre un alma enamorada y un cuerpo lleno de deseo. Basándose en algunas teorías de platón y la conversación de había tenido con Mel por teléfono. Luego de la conferencia fue invitado por el cuerpo directivo de la universidad a una cena. En donde asistieron alumnos destacados de la universidad. Algunos profesores reconocidos. Y la prensa. Hubieron muchas mujeres hermosas esa noche. Una más que otra se le insinuó. Y otras simplemente mantenían su comportamiento académico. Pero Felipe solo pensaba en una. Su mente no dejaba de pensar el Mel. En su voz tan suave. Cálida. Y tímida a través del teléfono. Que no dejaba de retumbar en su cabeza. En sus pequeños y achinados ojos cuando lo miraron. Las pocas veces que ella se atrevió a mirarlo. > Se hacia esa pregunta una y otra vez. Pero no obtenía la respuesta. Esa noche salió de la cena. Se disculpó por tener que marcharse. Pero algo en él no le permitía estar lejos de Mel. Llamo a su secretaria y le pidió que por favor comprara el primer boleto de avión que saliera a primera hora de mañana hacia New York. Al llegar al hotel deseo. Llamar a Mel. Su voz se había vuelto la medicina perfecta para su ansiedad. Pero eso lo producía aun mucha más ansiedad > > Y haciéndose esas interrogantes. Cayo en un profundo sueño. Soñó esa noche. Con pequeños ojos color café oscuro mirándolo. Sentado en el mismo lago donde había empezado su desgracia hacía ya cinco años. Y La voz de ella diciendo su nombre. La mañana siguiente salió a toda prisa del hotel. Condujo hasta el aeropuerto de san francisco. Y abordo el primer avión a New York. El vuelo fue más que pésimo. No había dormido bien la noche anterior. Y cada vez que cerraba los ojos. Otros ojos achinados color café le aparecían > pensó mientras se frotaba la cara. Miro a la azafata pasar a su lado – señorita – si dígame – por favor quiero un café n***o muy cargado por favor – claro señor enseguida – gracias – Miro por la ventana del avión. Quería pedir un whisky doble. Algo fuerte que le hiciera volver en sí. Pero se limitó. No quería tomar alcohol tan temprano. El café. Sería más que suficiente.  Mientras que esa misma mañana. Mel y Lucí están totalmente entretenidas con las pinturas de lucí – asustemos a Beth – dijo la pequeña – no creo que sea buena idea. La verdad me da algo de miedo cuando se molesta – dijo Mel mientras le daba los últimos toques a su pintura – llámala. Le machare la cara de pintura – Lucí – dijo con tono de advertencia – anda será divertido. Solo esta vez y ya. Lo prometo – La verdad es que a Mel le gustaba un poco la idea. Ver a Beth molesta por alguna cosa. Que le hubieran hecho su hermanita. Era todo un espectáculo de risa – bien. Pero solo esta vez. La llamare y le diré que suba. Tú la esperaras al lado de la puerta y cuando abra la puerta harás lo que dijiste – la niña asintió y Mel tomo el teléfono Beth hola Dime Mel que sucede Crees que podrías subir un momento por favor Sucedió algo No es solo que necesito ayuda con una cosa Claro – bien ahora párate junto a la puerta y espera – Lucí corrió hasta la puerta y se quedó ahí. Con las manos llenas de pintura para niños. Color verde y amarilla. Se escucharon unos pasos. Y la pequeña se puso su dedo en la boca para indicar a Mel que hiciera silencio. El pomo de la puerta giro. Y la puerta se abrió. Lucí sale a toda prisa y pega sus manos a una camisa de vestir blanca – Mierda – gruñe la voz gruesa. Lucí retrocede. Levanta la vista y mira que no es su hermana. Mel tapa su boca con ambas manos. Quiere reírse. Pero también está asustada. Es Felipe. El que abrió la puerta es Felipe. Y por su cara no le ha gustado mucho la travesura – Pero que carajos – dice mirando su camisa. Lucí voltea y mira a Mel. La pequeña está asustada – lucí ven aquí – le dice Mel. Que tiene los labios apretados para contener la risa. La niña corre hasta ella y se sube a la cama. Manchando las sábanas blancas de pintura y la cara y brazos de Mel – Lo siento mucho señor – susurra la pequeña jugando con sus dedos. Felipe por su parte esta que aniquila al pequeño monstruo que daño su camisa. Al llegar a la casa. Se encontró con Beth que iba subiendo a ver a Melanie porque necesitaba ayuda. Él se ofreció a ir a ver qué sucedía. Y se encuentra aún pequeño monstruo de ojos azules. Dañando su camisa. Y pidiendo disculpas con una vocecita tiernamente irritable – no. Pasa nada está bien – apesto con dureza – ¿Dónde está Beth? – me dijo que necesitabas ayuda y aquí estoy –bueno creo que ahora. De verdad si necesito ayuda – Mel se levantó con cuidado de la cama. Piso con el pie herido primero y vio que podía caminar – Mel espera… no deberías – estoy bien Felipe… yo puedo sola – Se acomodó muy bien. Y mira a lucí frotarse los ojos con sus pequeñas manitas llenas de pintura – vamos lucí. Hay que darte una ducha y tienes que dormir – la pequeña asiente bostezando. Extiende sus brazos para que Mel la cargue. Mel la toma en brazos y camina hasta Felipe – crees… que podrías por favor ayudarme con ella – Claro – Felipe toma a la niña en brazos. Y sigue a Mel hasta el baño. La mira y se mira cargando a la pequeña > le dicen sus pensamientos > Le contesta. Pero muy adentro de él. Le gusta cómo se siente. Aunque ese pequeño monstruo haya dañado su camisa. Le gusta eso. Le gusta la idea de una familia. > > Melanie abre la llave de la bañera y coloca el agua a una temperatura cómoda. Camina hasta Felipe y comienza desvestir a la pequeña en sus brazos – Que tal tu viaje – pregunta mientras saca la camisa de lucí – bien – y la conferencia – también estuvo bien – eso… eso de da gusto – dice terminando de desvestir a la pequeña – Métela en la bañera por favor – Felipe camina hasta la bañera. Y deja a la niña sentada. Lucí al sentir el agua reacciona y abre los ojos – Mel tengo sueño – lo sé, pero primero hay que quitarte toda esa pintura de la cara y las manos – ¿me lavaras el cabello? – sí. Lavare tu cabello – la niña asiente emocionada – Felipe. Crees que podrías cambiar las sabanas de la cama. Para que pueda acostarla – claro – Felipe se va y Mel se levanta para buscar su shampoo. Echa un chorrito en su mano y comienza a estregar el cabello de lucí. Felipe abre el closet y saca sabanas nuevas y limpias. Quita las manchadas y las deja en el mueble. Y coloca las nuevas. Mira su camisa y maldice. Al terminar de cambiar las sabanas. Ve el bolso del pequeño monstruo lo toma por si necesitan algo de ahí. Al regresar al baño se pierde en el aroma que ha llenado el ambiente. > mira a Mel arrodillada en el suelo para quedar a la altura de la bañera. Masajeando el cabello de la niña y tarareando una canción. Por un momento deseo ser él a quien los dedos de Melanie masajearan. Que fuera el que estuviera en la bañera. Mientras ella lo acariciaba. Pero él no quería que ella tarareara canciones para niños. Él quería que ella gimiera de placer. Placer que produciría él. Y que gritara su nombre. Mel termina de bañar a lucí. Y se levanta para buscar una toalla. Mira a Felipe mirarla en forma velante y seguir cada uno de sus movimientos. Toma la toalla saca a lucí de la bañera y la seca – Podrías por favor pasarme su ropa – Felipe le pasa el bolso. Y se voltea para no mirar mientras viste a la niña – bien lucí ya estas lista. Ahora a dormir – Felipe vuelve a tomarla en sus brazos y la lleva hasta la cama y la deja ahí. Mel se acerca la arropa y se asegura de que esta cómoda. Voltea mira la camisa de Felipe y está hecho un asco – Ahora te toca a ti – Felipe la mira confundido – espérame en el baño. Buscare algo para que te pongas – Felipe se va al baño. Y Mel camina hasta el closet lo abre y saca una camisa de Theo. Regresa al baño. Y encuentra a Felipe recostado del lavamanos de brazos cruzados – Encontré esto – dice mientras levanta la camisa – Creo que eso estará bien – se acomoda y comienza a desabrochar su camisa. A Mel le recorre unas fuertes ganas de ser ella quien quite su camisa. que sin más sus pensamientos son hablados en vos alta – Déjame hacerlo – Felipe voltea y la mira – déjame hacerlo a mi – quita sus manos y ella camina hacia él. Levanta sus manos con cuidado. Están un poco temblorosas. Y comienza a desabrochar botón por botón con cuidado y delicadeza. Su mirada esta fija en lo que hace. Y al terminar quita sus manos y levanta la vista. La mirada de Felipe es brillante y llena de deseo. Sus ojos de color café dorado. Se han vuelto oscuros por el deseo que Mel ha despertado en él. Jamás se había sentido así. Que era lo que le estaba haciendo esa mujer. Felipe tomo las manos de Mel y las llevo hasta su boca. Dejando un beso en cada mano. Mel cierra los ojos y por su cuerpo corre como una especie de corriente eléctrica. Eso le pasa cada vez que Felipe la toca. Su cuerpo se desespera y sus hormonas corren por toda ella como si fuera una adolescente. Felipe deja las manos de Mel en su boca. Y la mira ella tiene los ojos cerrados y su pecho sube y baja con rapidez. Pone su mano con delicadeza en mejilla. Mel se echa hacia un lado y frota su mejilla contra la mano de Felipe para sentir con más cercanía su tacto. Felipe suelta las manos de ella y quita la mano de su mejilla. Mel abre los ojos rápidamente al sentir que él ha dejado de tocarla. Baja la mirada porque una gran vergüenza se apodera de ella. Y mira la camisa de Felipe tirada en el piso. Se agacha para recogerla – no lo hagas – le dice el algo molesto. Pero ella no hace caso. Se agacha y toma la camisa. Felipe la toma por el brazo con fuerza y la levanta. Mel se asusta al ver como la cara de Felipe ha cambiado. Tiene la mandíbula apretada. Y sus ojos son como dos armas a punto de disparar. Su frente esta arrugada – no quiero verte nuevamente en el piso. Lo has entendido – Mel no entiende porque le disgusta tanto verla agacharse. Ella no ve ningún pecado u ofensa alguna en ese acto. Pero al parecer para Felipe hacer eso. Es como ser condenado a muerte – Melanie dime por favor. Que lo has entendido – pidió el pero ahora con los ojos cerrados – está bien Felipe. Lo he entendido – dice mientras masajea su mejilla para calmarlo. Para Mel. Felipe es como un tigre herido. Necesita de amor y cuidados. Para curar esas heridas. Que con el tiempo esas heridas no han hecho sino lastimarse aún más. Como un gladiador que sale a la batalla y es herido, pero no curado. Que pelea batalla tras batalla y cada herida es peor que la anterior. Y ella quiere ser su cura. Muy dentro de ella quiere decirle que se quede a su lado. Que ella hará de él otro hombre. Uno lleno de amor. Quiere hacer del nuevamente un guerrero invencible. Pero el miedo a que el no sintiera lo mismo que ella. La detiene a pedirle que se quede con ella. Conoce a Felipe. > > > esas y muchas preguntas más atormentan su mente. Haciéndola sentir aún más insegura – la… la lavare – dice rompiendo el silencio – no. Déjala así. La llevare a casa y Manuela la lavara – Está bien – Mel deja la camisa sobre el lavamanos y camina hacia la puerta. Hoy planea bajar a comer con los chicos. Se siente algo mal porque ellos han subido todos estos días a comer con ella. Y la han atendido. Ya camina mejor. Así que bajara hoy a pasar un rato con ellos. Se coloca un suéter. Porque ha sentido un poco de frio esa mañana. Mira a lucí que sigue completamente dormida. Y echa también una última mirada a la puerta del baño. Pero nada pasa Felipe no sale. Así que sale y decide olvidar todo mejor. Al llegar abajo se encuentra con los chicos sentados en la sala. Mirando los tres al computador portátil. Y al parecer es algo importante porque están muy concentrados – ¿Hola? – dice acercándose a ellos – Mel que haces aquí abajo – dijo Michael. Levantándose y caminado hacia ella – vine a comer con ustedes – Mel sabes que no puedes caminar – dice Theo cruzándose de brazos – claro que puedo. Así que mejor díganme que es lo que están mirando ahí tan concentrados – te lo diremos a la hora de la comida
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