13
Mel no quiere rechazarlo. Es solo que el simple toque del hacia ella, Hace de su cuerpo una revolución. Pero de su boca no salió un rechazo o al menos eso lo que le pareció a ella. Pero no entiende a los hombres. Tiene que acaso llevar un vestido muy atrevido y los labios de rojo para que entiendan que les gustan. O para ellos un rechazo era lo que ella acababa de hacerle a Felipe.
Se levantó para lavar sus dientes y cambiarse de ropa para dormir. Se miró en el espejo y deseo tener algo más sexy que ponerse. No una simple camiseta azul de algodón y unos pantalones del equipo de futbol de la universidad que le había prestado Michael en una ocasión. Se peinó y se miró al espejo, Que podría ver de especial Felipe en ella. Recuerda muy bien la rubia del otro día. Alta con una figura de diosa del Olimpo. Y sus amigas no tenían nada que envidiar a aquella rubia. Pero ella era todo lo contrario a eso. No era alta ni de una figura esbelta. De hecho, estaba algo pasadita de peso. Eso fue lo que le dijo Beth. Se levantó la camisa frente al espejo. Se paró derecha y lo que veía era todo menos un abdomen plano.
Quiso dejar de torturarse. Con su cuerpo. He hizo uso de la muy poca autoestima que le quedaba diciéndose a sí misma – las feas también tenemos derecho – y saliendo del baño se tiro en la cama. Abrazo una almohada. Miro su celular. Son las diez de la noche. Habían durado mucho tiempo fuera. Después del parque y los helados. Fueron a cenar. Y luego a casa. Se fijó también que no había respuesta de Theo por el mensaje que le envió. Así que dejo el celular donde estaba. Apago la luz de la lámpara de la mesa de noche. Y cerrando los ojos le ordeno a su cerebro que por favor le permitiera dormir.
Felipe le molestaba que Melanie fuera tan evasiva. Entendía que estaba confundida. De hecho, él le había dicho que tenía todo el derecho a estarlo. Pero si no quería que él estuviera cerca. Solo tenía que decirlo. No rechazarlo. Nunca ninguna mujer lo había hecho. Y no se había molestado porque lo hicieran. Siempre conseguía una mejor que la que lo había rechazado. Pero le molesta en gran manera que Mel lo rechace. Sin siquiera darle la oportunidad de demostrarle que es verdad lo que le dijo. Ella solo lo hecho fuera sin más.
Se quita la camisa y la tira al suelo. También los zapatos. Los calcetines. Y se queda con el pantalón puesto. Se sienta en la cama. Con los brazos apoyados en sus rodillas. Y las manos en su cabeza. Pensando en su miserable vida e inevitable derrota.
Melanie no deja de dar vueltas en la cama. Siente como si está acostada en un lugar que de ser de algodón. Fueran cuchillos afilados debajo de ella que no la dejan descansar. Así que se levanta. Mira la hora. Son las dos de la mañana. Y no logrado dormir nada desde que se acostó. Camina hacia la puerta la abre con cuidado. El pasillo está a oscuras. Algo entro de ella le grita que valla donde Felipe. Pero no sabe en qué habitación esta. Hay una puerta a su lado y dos al frente.
En la de al lado sabe que no es. Ha escuchado gemidos casi toda la noche y sabe que es Mely. Tiene un vibrador al que llama Tomy. Y se imaginó que es ella quien ha estado jugando con esa cosa. A Mel le estremece un poco saber esas cosas de sus amigas. Pero ellas son muy abiertas con Mel. Y le han explicado una y otra vez que es bueno explorar su cuerpo y darse placer por su propio medio. Pero Mel ha rechazado por completo las ideas de sus amigas.
Así que descartando la puerta de al lado. Solo le quedan las dos de enfrente. Camina hacia a ella con mucho cuidado. Pidiendo ayuda e iluminación celestial. Y la puerta de atrás de abre. Mel se sobresalta. Y voltea
– Mel está todo bien
– sí. Es solo que no podía dormir. Y quería preguntarle algo a Beth
– está durmiendo en la puerta de la derecha
– gracias
– Mel segura que está todo bien
– si, es solo que sabes que no me hace mucha gracia dormir sola. Pero creo que no molestare a Beth de seguro está muy cansada con lo de hoy
– te invitaría a que vinieras conmigo. Pero Tomy está aquí. Al menos que no te moleste probarlo conmigo. Apenas estoy empezando – >
– no. Está bien. Creo que iré por un vaso de agua y eso me ayudara
– bueno. Buenas noches descansa –dice Mely cerrando la puerta.
Mel vuelve a mirar hacia las puertas. Sabe que Beth está en la de la derecha. Así que camina a la de la izquierda. Levanta la mano para tocarla. Pero se detiene si Mely escucha saldrá. Así que toma el pomo de la puerta lo gira con delicadeza y entra. Cierra la puerta con la misma delicadeza y se queda de pie mirando a todas partes. Habitación está en oscuridad total. No se ve nada. >pero cuando se decide a dar vuelta para irse. Una mano tapa su boca y con fuerza la pegan a la puerta. El miedo se apodera de ella. Puede que sea el otra vez, pero como la encontró. Como supo que ella estaba ahí. El pánico de apodera de ella. Y su pecho sube y baja con rapidez. Siente como el cuerpo que aquel sujeto se pega al de ella. Aplastándola contra la puerta. Quita la mano de su boca con cuidado. Y Melanie toma aire con fuerza
– que haces aquí Melanie – al escuchar que la voz era de Felipe. Su cuerpo se relaja
– Yo… yo no podía dormir – dice aun con la voz un poco alterada
– yo no soy cura para el sueño – le dice con sequedad. >
– bien entonces creo que me iré – dice con la voz cargada de desanimo
– ¿quieres irte? – dice mientras acerca su boca a su oído. Dejando un beso ahí. Mel se sobresalta. Y Felipe se pega más a ella. Con su nariz recorre. Todo su cuello hasta llegar a sus mejillas. Las que rosa con sus labios. Mel vuelve a respirar ahora más deprisa
– ¿quieres que me valla? – dice con la voz ronca por el deseo. Felipe no contesta. Sigue su recorrido por su rostro. Con sus suaves y carnosos labios. Hasta que llego a sus labios. Mel espera por tercera vez ser besada. Pero Felipe se detiene. Muy cerca de sus labios
– sí. Quiero que te vayas – Mel lo mira con las cejas encarnadas. Las cuales no pueden notarse en la oscuridad. Felipe separa su cuerpo del de ella. Y Mel está realmente molesta. Abre la puerta y sale sin decir nada.