En cuanto nuestras miradas se cruzaron, en ese mismo momento en el que él recorrió mi cuerpo con sus hermosos ojos, sentí una incomodidad que jamás había experimentado y que resulta que al estar frente a mí, solo quería ser, como las demás, una mujer sin las marcar por los prejuicios por que sí, ante los ojos del hombre que quiero resulta que sí pesa lo que dicen a mis espaldas porque es lo que a Gabriel, le influye al momento de llamarme mujer, o directamente tratarme como una prostituta, como sé que me tratan aquí. - ¿no quieres casarte? – intente hacer de cuentas que no me incomodaba estar frente a él. - ¿la verdad? – me pregunta mientras se pone de pie y se dirige hacia la barra y nos prepara un trago. - Si quieres. – lo cierto es que deseaba como nad

