Es la primera vez que siento que por lo menos algo tenemos en común y es que los dos estamos condicionados a lo que nuestros padres decidan qué es lo mejor para ellos y su maldita reputación ¿y nuestra felicidad? Mi padre como juez y mi madre como catesista siempre fijaron para mí un futuro donde pudiera trabajar en las leyes, siguiendo el legado de la familia y lo cierto es que no me gusta, en lo absoluto la abogacía, porque como cualquier otro ser humano en el mundo, tengo sueños y son opuestos a lo que ellos esperan de mí. - Te comprendo. – fue como si esas palabras salieran de mis labios sin siquiera poder ser consciente de ello. - ¿te gusta estar aquí? – rompe el incómodo silencio y en verdad me toma por sorpresa. - ¿qué? – quizás se había equivocado,

