―Será mejor que me vaya ―dije cuando logré reaccionar y salir del embrujo de sus ojos. ―Te voy a dejar a tu casa. Acepté, todavía me daba vueltas la cabeza por todo lo que no me había dicho ni Benjamín ni él. Tomó una pequeña caja de metal y me la dio. ―Es un regalo para ti ―explicó. ―Gracias ―contesté aturdida. Había un aire tenso en el ambiente, no entre nosotros, él seguía igual de delicado y preocupado, pero parecía que las palabras le salían como dagas que herían. No contestó mi pregunta, lo que me hacía pensar en que Benjamín me había dicho la verdad y siempre fue Jorge quien acabó conmigo por celos, pero ¿por qué no me mataba de una vez? Llegamos en silencio a mi departamento, él no entró. ―¿Buscarás a Benjamín? ―No lo sé, estoy muy confundida. ―Tu subconsciente te es

