13

1203 Words
Luc —Ten. — atrapé la cerveza que Yael había lanzado hacia mí, sin embargo, esto no iba a saciar mi sed. Desde el día en que probé su sangre, solo quería volver a saborearla, pero no podía, ya que Brisa no había regresado. Había pasado un mes y ella no había vuelto a dar señales de vida. No respondía los mensajes que le envié, no contestó las llamadas que le hice y aunque en ciertas oportunidades me escabullí hasta su casa, no me atreví a golpear la puerta. Me sentía un vampiro novato, un recién convertido, cuyos impulsos estaban picando, con fuerza, en su piel. —Gracias. —la bebí, pero como supuse, no me sabía a nada. Dejando la lata contra la barra, apoyé mis codos en contra de esta y bufé. Era patético sentirme así, lo peor es que sentía que estaba pagando por los errores de alguien más. Porque no fui yo quien la lastimó, no fui quien la abandonó, pero ella no dudo en enfrentarme. Si tan solo conociera a su ex… —¿En qué estás pensando? —En nada que te interese. —me enderece y giré mi cuello, haciéndolo sonar un par de veces. —Anda, has estado con este humor por días. ¿Qué te puso así? —¿Cómo conseguiste el número de Brisa? —Ya te lo dije, tengo mis contactos. —Podía ser, pero aún seguía sin creerle una palabra. —¿ Cómo? —Solo hice saber que lo necesitaba y alguien lo consiguió por mí. Vamos Luc, sabes que no me cuesta conseguir las cosas. —Es la última oportunidad que te doy, a la próxima no lo preguntaré tan tranquilo. —Puedes preguntarlo mil veces, la respuesta será la misma, no puedo cambiar los hechos. Giré la lata de cerveza con mi mano, antes de señalarlo. —¿Revisaste mi teléfono? —No. No me tomaría esa molestia por ninguna chica. No cuando ya te dije, alguien puede hacerlo por mí. Él estaba mintiendo. Lo había conocido por años y sabía los gestos que hacía al mentir. Él sinvergüenza había descubierto la contraseña. —Hoy tengo algo que hacer, quedas a cargo. Tenía pensado buscar a Brisa y esperaba que esta vez no estuviera a la defensiva, culpándome solo por ser hombre. —¿Y si viene Mimí? — sonreí de lado, consciente de que era posible que se apareciera. —Si viene, te haces cargo. —Mierda Luc, tengo las manos llenas con el trabajo, estás dejándome solo en la barra y encima quieres que te cubra con ella. ¿No crees que me pides demasiado? Era demasiado y odiaría estar en su pellejo si ella aparecía, pero me lo debía. —Considéralo una compensación por revisar mi teléfono. —Que no lo hice. —Te encargas. —¡Es tu madre, no la mía! Además , ¿Adónde mierda tienes que ir? —A cazar. —a cierta chica que quería a mi lado. —¿Qué? —Adiós. Caminé apresuradamente hacia la salida, ignorando sus quejas y preguntas. Esto le vendría bien para dejar de meterse en asuntos ajenos. Además, debía dar marcha atrás, ya que ni el mismo demonio me podría alejar de Brisa. Al menos hasta que dejara de sentir la terrible necesidad de buscarla, de olerla, de morderla y de beber hasta la última gota de sangre en ella. Lamentablemente creía que eso no sería tan sencillo, no por la manera en la que me sentía con solo pensarla. Solo diez minutos tarde en llegar, pisando el acelerador, con una intención clara, aclararlo todo. Mientras avanzaba por la acera, dudando si entrar al edificio o no, no dejaba de pensar en las palabras a utilizar. Lo primero que debería hacer sería disculparme, no porque haya hecho algo mal, sino porque ella lo había malentendido. Pero no pude pensarlo demasiado, ya que luego de dar dos vueltas, la vi acercarse, discutiendo con un hombre. —¿Por qué no te cansas? Ya te dije que no. ¿Quieres que te lo repita? No, no, ¡NO! — exclamó alzando ambas manos al aire. —El tiempo está pasando muy rápido y la fecha se nos viene encima. —Se te viene a ti, no a mí. —Entonces me vio y aunque al principio frunció el ceño, asombrada de encontrarme allí, no tardó en sonreír y venir hacia mí. — ¡Luc! ¿No te dije que me esperaras adentro? Así que estaba necesitando ayuda. Muy bien, le tendería la mano, sin embargo, luego debería escucharme. Al parecer está noche no estaba del todo pérdida. —Olvidé mi llave. —La atraje hacia mí, aprovechándome de la situación. —De cualquier manera no es un problema esperarte. A pesar de que estaba sonriendo, dolían los pellizcos que me daba en la espalda. ¿De esta manera me agradecía? —¿Qué significa esto? —ambos volteamos hacía el hombre que nos observaba. —¿Quién es él Brisa? — pregunté, dándole una mirada de superioridad, después de todo, la chica estaba en mis brazos. —Un moscardón, solo ignóralo. —Brisa… —Basta Jerry, ríndete, no volveré contigo. —entonces tomó mi mano y la apretó con fuerza. —Vamos, no quiero estar aquí parada toda la noche. La dejé guiarme hacia dentro, dejando atrás al imbécil de su ex, quien no apartaba la mirada de nosotros. Solo estaba esperando a que dijera algo ofensivo, que me diera un pretexto para desquitarme el enojo que me provocaba verlo seguir persiguiendo a Brisa. Pero el muy cobarde no lo hizo, no dijo una palabra, solo se quedó ahí  observandonos, luciendo como alguien que acababa de ser abandonado. Cuando estuvimos bastante alejados, no pude evitar volver atraerla hacia mí. —¿ Entonces tenía que haber esperado dentro? —¿Por qué viniste Luc? —Aunque te resulte extraño, esperaba a unos amigos afuera, sin embargo el plan cambio. — una parte de mí agradecía que el idiota no se rindiera, ya que eso me daba una oportunidad para acercarme a ella. —No creo que Jerry tarde mucho en irse, por lo que no voy a retenerte mucho. — soltó mi mano y suspiró. —Gracias, aunque no quería, eres la única razón por la que me dejó tranquila. Al menos por ahora, porque lo conozco y sé que no se va a rendir tan fácilmente. —No te preocupes, estoy para servirte. —sonreí al verla rodar sus ojos. —Los hombres nunca hacen nada gratis. —Y tienes razón, mis servicios tienen un precio. —¿Pasaste de mafioso a prostituto? —No digas tonterías. —¿Entonces qué es lo que quieres? ¿Querer? Quería tantas cosas con ella, pero por ahora me conformaría con un poco de su tiempo. —Quiero que hablemos y quiero que lo hagamos sin peleas, la última vez tuvimos un malentendido y quiero resolverlo. —Pero dijiste que tenías amigos esperándote. —seguro Yael, apoyaría eso. —Ya los veré luego, ahora dime, ¿aceptas? —¿Puedo negarme? Claro que podía hacerlo, pero no sé lo diría. —No. —Entonces sígueme. Y eso hice, seguirla…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD