El juego del lobo feroz

1948 Words
Las gruesas manos se colaron por debajo de su camisa acariciando con fuerza su delgado torso. —Sus alumnos —Hilal alcanzó a jadear antes de que su mente se viera envuelta en una cortina de deseo. —Ya todos se fueron —murmuró el profesor apartándose de él. Hilal se dio media vuelta un poco encorvado por el doloroso apetito que había despertado el profesor con tan solo unos toques. Tuvo el tiempo suficiente para verlo cerrar la puerta del almacén con llave antes de quedarse casi en completa oscuridad. Al fondo del cuarto había una ventana muy pequeña por donde se colaba una suave luz de las farolas del patio. El profesor se giró frente a él y solo pudo distinguir su gran silueta por la ausencia de luz, aun así, estaba seguro de que su mirada lo recorría con hambre. El señor Priego dio unos pasos para acercase a él, los mismos que dio en retroceso. No quería huir, al contrario, deseaba abalanzarse sobre ese gran cuerpo; sin embargo, le excitaba mucho el juego que el profesor había iniciado donde él era la presa que debía huir del lobo feroz. Más pronto de lo que deseó, su espalda chocó contra la fría pared y el profesor acortó la distancia restregando sus cuerpos juntos. Las pesadas manos se deslizaron hacia su trasero para apretarlo con fuerza haciendo que sus erecciones se frotaran juntas por encima de la tela. —Te deseo —gruñó el profesor sobre su oído—, te deseo tanto —susurró mordiendo su lóbulo y moliendo sus cuerpos juntos una y otra vez. Hilal, que estaba casi colgado del cuello del profesor jadeó en voz baja. En su mente nublada por el deseo surgió un recuerdo fugaz de algo que quería intentar hacer con el señor Priego desde hace tiempo. Un recuerdo que le hizo agua la boca. Aspiró profundamente para relajar su cuerpo y se dio valor para soltarlo. Colocó sus manos sobre el firme pecho y comenzó a empujarlo porque necesitaba estar fuera de sus manos para hacer lo que tenía planeado.     ***** El deseo de Renato lo había cegado por completo al recibir ese mensaje de Hilal donde lo retaba a aprovechar antes de que la presa se le escapara. El hecho de que él mismo se considerara presa y que aceptara su debilidad lo había puesto muy caliente. Ansioso por tocarlo, había usado la excusa de la ayuda para hacer tiempo a que todos los alumnos se fueran. En el momento en que el último salió, cerró la puerta del salón con seguro y con suavidad para que Hilal no escuchara. Para su fortuna el muchacho estaba entrando al almacén con dos guitarras en las manos. Fue vergonzosa la forma tan rápida en la que se movió para agarrarlo por atrás y poder tocarlo libremente. Esa reacción lo hacía sentirse un adolescente lujurioso. Ahora que se encontraba casi sobre él acariciando esa suave piel, ya no podía detenerse. Necesitaba esto, lo necesitaba debajo de él estremeciéndose de placer. Unos suaves empujes sobre su pecho lo hicieron volver un poco a la realidad preguntándose si Hilal estaba intentando detenerlo. Dejó de acariciarlo aflojando su fuerza para dejarlo que lo empujara y averiguar qué estaba pasando. Para su sorpresa lo hizo girar, quedando con la espalda recargada en la pared. Hilal levantó el rostro y con la poca luz que entraba por la ventana observó unos enormes ojos lascivos, su carita sonrojada y su respiración acelerada mostraba que estaba ansioso por alguna razón. El muchacho llevó las manos sobre su pantalón sin despegar la tímida mirada de su rostro. Con movimientos torpes logró desabrochar el cinturón y bajarle la bragueta. Renato se sentía muy interesado en esa nueva faceta de Hilal porque dentro de su timidez, se veía muy decidido. Algo que apreció cuando sintió sus propios pantalones y la ropa interior a la altura de sus rodillas. El muchacho se dejó caer sobre sus rodillas mientras su dura erección se estremecía frente al nervioso rostro de Hilal. No estaba muy seguro de lo que pretendía, tomando en cuenta de que su expresión mostraba que se debatía entre hacer o no hacer algo. Hilal volvió a levantar la vista con sus párpados pesados entrecerrados, ahora se veía más excitado que antes. Las suaves manos se apoyaron en sus muslos y no pudo evitar el estremecimiento al sentir el frío contacto. El muchacho separó los labios e introdujo el glande de su m*****o en la boca. Lo chupaba de manera inocente enrollando esa tierna lengua alrededor de la punta de su erección. Suspiró observándolo con una mezcla de cariño y excitación debido a que se notaba que Hilal no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, aun así, se veía concentrado y muy decidido a complacerlo. Le tomó todas sus fuerzas no embestir, sabía que el muchacho no tenía experiencia y se podría asustar si hacía todo lo que estaba pasando en su mente. Deseaba tomar esa cabeza y follarla a fondo hasta ahogarlo con su palpitante m*****o. Sus pensamientos sucios hicieron más eco cuando Hilal emitió un gemido complacido intentando engullir un poco más de su pesado m*****o. Renato cerró los ojos recargando su cabeza en la pared para concentrarse en reprimir sus deseos de mover las caderas. Cerró los puños y tensó su cuerpo puesto que la húmeda cavidad de Hilal lo estaba volviendo loco a pesar de que apenas la mitad de su erección cabía en la boca del muchacho. Las sensaciones eran muy intensas aunado a los gemidos ahogados que emitía el muchacho lo excitaba más. No podía creer que esos sonidos de succión lo estuvieran haciendo perder la razón y empujarlo al límite del placer.     ***** Al principio, Hilal, había dudado en hacerlo puesto que sabía lo que se tenía que hacer en el sexo oral, pero nunca lo había practicado. Cuando empezó se sintió perdido y creyó que en cualquier momento el profesor se enfriaría. Sin embargo, cuando sintió ese gran cuerpo tensarse bajo sus manos se animó a continuar abriendo más la boca para dar paso libre al m*****o del profesor. Se desesperó un poco al percatarse de que no cabía en su boca, así que aumentó la velocidad esperando que eso ayudara a complacerlo. Levantó la mirada sin dejar de mover su cabeza de atrás hacia adelante, y sintió que sus mejillas se encendían sintiéndose perverso con sus movimientos descarados. Se excitó más al ver a su profesor con la cabeza recargada sobre la pared jadeando entrecortadamente y tensando más su cuerpo. Después de unos cuantos minutos sintió que el m*****o en su boca palpitaba un poco, de inmediato el profesor abrió los ojos bajando la mirada y tomó con suavidad su cara. —Detente, cachorrito —pidió el profesor con un gemido—, voy a correrme pronto. Hilal tomó con la mano la base del m*****o que no cabía en su boca y comenzó a masajearlo con fuerza decidido a no detenerse. Quería hacerlo estallar y deseaba más que nada probar su esencia. La mano en su cabeza se aferró a su cabello, sentía que el profesor lo retiraba con un poco de fuerza, aunque no era la suficiente como para obligarlo a retroceder. En su boca la erección se sentía firme como el hierro y muy temblorosa. Con un gemido de angustia el maestro lo empujó más fuerte haciendo que el endurecido m*****o saliera de su boca y en ese mismo instante el profesor se corrió en su cara. Hilal hizo un pequeño ruido de sorpresa al sentir chorros abundantes del líquido caliente en su cara. Se quedó congelado sin saber qué hacer, solo atinó a palmearse el pecho y sintió un poco de alivio al cerciorarse de que no se había manchado la ropa, todo había caído sobre su cara. Ahora el problema radicaba en cómo iba a limpiarse. Vio al profesor deslizarse por la pared hasta sentarse en el piso con sus piernas abiertas quedando a los costados de su cuerpo. El maestro se quedó quieto durante un breve instante que pareció una eternidad al ser observado con cuidado. El semblante de ese hombre era una mezcla de preocupación y fascinación, se dejó arrastrar al regazo del profesor a la vez que lo vio sacar unas servilletas del bolsillo del pantalón y comenzó a limpiar su rostro con suavidad sin quitarle los ojos de encima. —Te dije que te detuvieras —sentenció el hombre con dureza limpiando su rostro. Un sentimiento de travesura cosquilleó en su cuerpo todavía dolorosamente excitado y una risita juguetona se escapó de su boca.     ****** Renato detuvo sus movimientos al escuchar esa hermosa y dulce risa, pues era un sonido que nunca había escuchado venir de él. Sí que lo había escuchado reír, aunque nunca de una forma tan inocente y sincera. Lo observó durante un corto rato sintiendo que su estómago se removía con felicidad y nerviosismo. «¿Serán estas las famosas mariposas en el estómago?» Se preguntó encantado con la sensación. Terminó de limpiar la suave cara para darse cuenta de que los ojos de Hilal estaban todavía oscuros y anhelantes. Así que dirigió su mano hacía la entrepierna del muchacho quien gimió ocultando la cara sobre su cuello. No pudo evitar un suspiro enternecido debido a que ahí estaba su Hilal; tímido y excitado. Le asustó un poco la idea posesiva de pensar en él como “suyo” porque todavía no se sentía listo como para ofrecerle una relación. Aun así, ese pensamiento desapareció cuando tuvo la erección del muchacho en sus manos. Con un agarre firme y seguro la masajeó a toda velocidad mientras con la otra mano lo sostenía por la espalda. El muchacho se estremecía y gemía aferrándose a su cuerpo. —Mírame —pidió con voz ronca, quería ver a su muchacho deshacerse en sus manos. Hilal tardó un poco para hacerlo. El tembloroso chico lo veía con sus ojos oscurecidos por el placer a la vez que sus labios entreabiertos temblaban y emitían suaves gemidos. Mordió ese hermoso labio y lo chupó con fuerza sintiendo que se excitaba de nuevo. Gruñó con un poco de frustración porque era un hombre adulto y no tendría por qué sentirse como un adolescente insaciable. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Hilal se vino con un grito ahogado por el profundo beso. Dejó de besarlo para observarlo con atención mientras seguía masajeando un poco más su casi ablandado m*****o y acariciando su espalda baja con suavidad para extender su placer. Hilal tenía los ojos muy abiertos, lucía sorprendido. Finalmente, el chico suspiró y se acurrucó sobre su pecho. Lo apretó entre sus brazos sintiendo que su mundo tomaba forma con ese niño lindo encima de él. —Me gusta esta forma de sacar el estrés —murmuró Hilal contra su pecho emitiendo esa risa traviesa de nuevo. Renato no pudo evitar un profundo suspiro por ese muchacho que se estaba convirtiendo en su perdición. —Entonces ya sabes a quien acudir cuando estés estresado —respondió besando ese suave cabello desordenado. Hilal se enderezó todavía con su carita sonrojada, una hermosa y tierna sonrisa se reflejaba en su rostro. —Espero estar estresado más seguido —comentó él con un suspiro. Renato tenía la intención de responder, aunque unos acolchados labios lo interrumpieron y se olvidó de todo al besarlo con suavidad. Se olvidó de que pronto tenían que salir del instituto si no querían quedarse encerrados. También de que debía tomarse el tiempo necesario para pensar las cosas. Su mente se vació en ese momento donde solo se dedicó a saborear esos dulces labios.
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