Un momento de relajación

1806 Words
Hilal salía del aula de cómputo molesto consigo mismo por haber tenido que hacer trabajo extra debido a su bajo rendimiento en tres materias; ahora, necesitaba ayuda académica para poder salvarlas. Lo peor era que había sido regañado por su madre al haberse enterado de sus notas bajas. Era la primera vez que estaba en una situación similar; pero él se lo había buscado, ya que últimamente solo había tenido como prioridad la música y su mente solo la ocupaba el señor Priego. Ya era muy tarde, al punto de casi anochecer cuando salió del colegio y subió al transporte público que lo dejaría cerca de su casa. El atardecer era hermoso, lo que le produjo nostalgia y un deseo casi asfixiante de que el señor Priego tuviera tiempo libre para estar juntos. Después de que terminó la suspensión que el instituto de música le había impuesto al profesor, regresó bajo una condición: tener que formar nuevos grupos de principiantes. Así que ahora tenía que dedicar varios días de la semana a estos grupos, lo que significaba dejar de lado los ensayos con la banda ya que se cruzaban los horarios. Ese día, el profesor tenía clases, así es que por eso lo vería recién al día siguiente. Hilal suspiró contra el vidrio empañándolo un poco. Un movimiento algo brusco del bus hizo que prestara atención a la ruta, lo que le hizo comprender que la verdadera razón de su estado de ánimo era que no quería regresar a casa, necesitaba distraerse antes de encerrarse entre cuatro paredes y tener que lidiar con los reproches de su madre. Torció la boca al recordar lo fastidiosa que se había vuelto la convivencia con su madre por su situación escolar. Habían tenido varias discusiones por sus calificaciones y el ambiente en la casa se sentía tan pesado que prefería no pasar mucho tiempo en ese lugar. Además, las circunstancias con el señor Priego tampoco le ayudaban a mantenerse tranquilo. Pegó su mejilla a la ventana sintiéndose muy estresado. Analizó con tranquilidad durante unos minutos el lugar al que podría acudir para pasar un rato lejos de los problemas. Una vez tomada la decisión se levantó pidiendo la parada al chofer. Se bajó a toda prisa del transporte y se echó a correr en dirección al instituto de música que no quedaba muy lejos de allí. A pesar de que el profesor también era parte de esos problemas que le causaban estrés, definitivamente era la persona con la quería estar, su deseo iba más allá de algo carnal, en realidad disfrutaba mucho pasar el tiempo con él, así se mantuvieran en silencio por un largo rato. Después de unos minutos de correr a toda velocidad llegó al instituto sin aliento. Las farolas ya iluminaban las oscuras calles cuando cruzó las enormes puertas y se dirigió al salón de guitarra. Se apoyó en el marco de la puerta cruzando sus brazos y observó muy atento la clase del señor Priego. Aproximadamente veinte alumnos se encontraban amontonados con las guitarras en su regazo intentando formar acordes frente al profesor quien hablaba señalando la pizarra. Estaba enseñándoles el círculo de sol con los elegantes hexagramas que había dibujado. Hilal suspiró atontado debido a que era increíble que fuera bueno hasta para dibujar. El señor Priego hizo una breve pausa para mirar en su dirección dedicándole una hermosa y amplia sonrisa. Después lo vio señalar un asiento que se situaba en la esquina contraria a la clase. Asintió y se escurrió dentro del salón sin hacer ruido para sentarse en la banca señalada. Se dejó caer en el asiento y cerró los ojos dejando que sus demás sentidos se hicieran cargo. Al escuchar los sonidos inexpertos de las guitarras que le consiguieron un poco de paz, se dio cuenta de que había tomado la decisión correcta al acudir a ese lugar. Ahora sin la presión de los deberes, se sentía más relajado, sacando de su mente y sistema la incómoda y delicada situación que le esperaba en casa. Un aroma invadió sus sentidos mareándolo en una forma embriagadora y al abrir los ojos se encontró con el profesor parado a su lado. De inmediato el mayor se agachó hasta que sus caras quedaron a la misma altura. — ¿Qué haces aquí, cachorrito? —Habló el señor Priego en un susurró. Su aliento de nuevo era una mezcla entre cigarro y menta. La mezcla de aromas y ese apodo lo hacía desear besarlo y saborear esa deliciosa boca. —Estoy estresado —confesó en un intento de reprimir su deseo. Debía mantenerse bajo control para no saltarle encima y besarlo, finalmente ese lugar no era el correcto para dejarse llevar, sobre todo tomando en cuenta lo que el profesor le había dicho acerca de que necesitaba tiempo para aclarar su mente. — ¿Qué sucede? —Insistió el maestro acariciando su mejilla con suavidad. Hilal se apoyó en su toque suspirando. —Tengo problemas en casa con mi mamá porque se enteró de que estoy a punto de reprobar algunas materias. En la escuela me dejaron mucha tarea que no entiendo y solo quiero un lugar sin discusiones ni problemas —comentó en voz baja frotando su mejilla contra la firme mano. El profesor llevó la otra mano al bolsillo de sus pantalones para sacar un diminuto reproductor de música y unos audífonos enredados. —Toma —el profesor le extendió el aparato— escucha las canciones con atención y relájate. Cuando acabe la clase hablamos. Hilal tomó el reproductor desenredando los audífonos mientras el profesor regresaba al frente para continuar con su clase. Encendió el aparato escuchando la primera canción y se recargó de nuevo en su asiento cruzando los brazos sin dejar de observar a su maestro. Lo vio quitarse el saco con movimientos lentos y aventarlo sobre una de las sillas desocupadas dejando a la vista sus esculturales brazos. Hilal suspiró sin poder evitarlo cuando esa piel blanca se contrajo al tomar una guitarra entre sus brazos, se moldeaba de forma perfecta alrededor del instrumento. Esperó que el deseo le recorriera el cuerpo con fuerza abrasadora. Sin embargo, el calor que nació en su pecho se quedó ahí creando sentimientos cálidos y aplastantes que lo obligaban a suspirar para disolver un poco la presión. Solo en ese momento comprendió que el deseo se había convertido en algo más. «¡Amor!» Gritó la voz histérica de su mente brincando y chocando por todos lados. El grito que sonó en su cabeza fue tan fuerte que fijó su vista en la clase para asegurarse de que nadie más lo había escuchado. Al ver que todos seguían en su propio mundo volvió a relajarse e intentó ignorar la risa excitada que sonaba en su cabeza. Se concentró en la música que sonaba en sus oídos para calmar su ruidosa mente y se dio cuenta de que la canción hablaba de un ser que brillaba al lado de su amada. También mencionaba una sonrisa y un abrazo de luna llena. Suspiró al recordar ese primer beso bajo la luna llena. La siguiente canción hablaba de alguien que quería ver la sonrisa de su persona amada, escuchar su melódica voz, ser el brillo de sus ojos. Además, prometía no hacerle daño y regalarle su corazón. Hilal llevó una mano a su boca para callar la risa que brotó en su pecho puesto que era una canción demasiado sentimental que lo hacía sentir incómodo. La siguiente melodía le movió el piso. Hablaba de una guerra de corazones donde había una petición para que la persona amada se acercara y una confesión de que no podría dejar de amarlo y se moriría sin él. Hilal llevó sus manos a la cara al recordar su ridículo comportamiento la semana que el profesor estuvo ausente. Había deambulado por la casa del señor Priego esperando con ansias que volviera. Siendo realistas esa canción no estaba tan lejos de la realidad y al final reconoció que la voz en su mente tenía razón, estaba completa y perdidamente enamorado de ese hombre. Apagó el reproductor de música cuando empezó a sentirse abrumado y fijó su vista en el profesor, cada movimiento que ese hombre hacía con la guitarra estaba lleno de seguridad. Las grandes manos se movían sobre el instrumento como si estuviera acariciando un cuerpo con delicadeza. Esos largos dedos se deslizaban sobre las cuerdas creando una secuencia de sonidos hermosos, la guitarra parecía emitir armonías de felicidad ante el sensual toque del profesor. De hecho, era una forma muy parecida en cómo lo acariciaba a él. La mirada del profesor se cruzó con la suya y el mayor le regaló una sonrisa torcida. Lo vio tomar el celular en sus manos, moviendo muy rápido sus dedos sobre la pantalla. Era increíble que esas acciones tan cotidianas, lo hicieran ver tan apuesto. La vibración de su celular lo sacó de sus ensoñaciones y al desbloquear la pantalla se encontró con un mensaje del señor Priego.   “Deja de verme de esa forma o te comeré, caperucita roja”    Hilal sonrió y con rapidez contestó.   “Si usted es el lobo feroz tendrá que aprovechar la oportunidad o su presa podría escaparse”   Unos latidos pasaron sintiendo su ropa incómodamente caliente, se encendió un poco más cuando el profesor levantó la vista después de haber leído el mensaje. Esos atractivos ojos lucían oscuros y vidriosos, esa mirada intensa lo hizo estremecerse. Lo deseaba, lo deseaba más que nunca y sabía que tenía que resistirse puesto que el profesor todavía se encontraba aclarando su mente. El señor Priego le dio un vistazo al reloj de la pared, por lo que él hizo lo mismo fijándose que faltaban cinco minutos para que la clase terminara. El maestro de música se levantó indicando a sus alumnos que ya se podían retirar a sus casas y de esa forma los estudiantes también se pusieron de pie mientras platicaban entre ellos y salían del salón con calma. El maestro cruzó la estancia con unas llaves en mano y abrió la puerta del almacén de instrumentos. —Hilal, ¿me ayudas a guardar las guitarras? —Pidió el profesor desde la otra esquina del salón. Guardó el reproductor de música y se acercó a las sillas donde los alumnos habían dejado las guitarras para tomar dos de ellas y llevarlas al almacén. El profesor y él dieron unas cuantas vueltas guardando los instrumentos dentro del pequeño cuarto oscuro. Hubo un momento donde Hilal se encontraba agachado dejando las últimas dos guitarras en el piso y al enderezarse unas manos fuertes lo rodearon por la cintura a la vez que un cuerpo caliente se pegó contra su espalda. —Al parecer caperucita roja cayó en la trampa del lobo feroz —susurró una voz grave sobre su oído.
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