La reacción de Marcus fué inmediata. ¡Y a qué velocidad! Sin dudar un instante empujó a Evelyn para que cayera al piso para que estuviera resguardada de las balas.
Y de inmediato encendió el motor de la lancha, e hizo que ésta arrancara velozmente, como un corcel sin riendas, levantando grandes surcos en el agua.
La otra lancha no dejaba de seguirlos, pero no se acercaba, al parecer está lancha estaba equipada con un buen motor, Evelyn no sabía mucho del tema pero era obvio que ésta lancha era superior a la que los seguía, poco a poco iban dejándola atrás…
Esto despertó una alerta en el cerebro de Evelyn, era demasiada casualidad que hubieran "encontrado" una lancha, con las llaves de encendido, con combustible, con remos y encima con un potente motor que estaba haciendo que se alejaran velozmente del peligro.
Estaba todavía en el piso de la embarcación mientras Marcus conducía ésta con firmeza y habilidad, ahora estaba haciendo una serie de maniobras cruzando hacia otros canales una y otra vez, "claro, para despistar a sus seguidores" pensó Evelyn…
¿Y cómo es que Marcus parece conocer los canales al dedillo, de manera que no titubeaba ni un sólo segundo en cada maniobra que hacía?
¡Eran demasiadas preguntas sin respuesta!
Y para Evelyn Sinclair, que no estaba acostumbrada a que la hicieran esperar, esto era intolerable, pero al mismo tiempo se veía a sí misma, la situación y lo fuera de lugar de ésta y entonces se encontraba dudosa sobre lo que debía hacer…
«Y Marcus.., ¡Marcus! ¿¡Quién diablos era realmente Marcus Milliani!?»
Este hombre, que hasta hace poco más de unas horas era un simple asistente, un aburrido, insignificante y poco notorio asistente de presidencia. Ahora era, nada más y nada menos que una especie de James Bond que se había convertido en su salvador y protector personal.
Evelyn no podía dejar de repetirse: «¿Qué demonios está pasando!"» —y lo hacía una y otra vez, como si fuera una especie de sortilegio druida.
En ese momento Marcus la llamó y le hizo cortar el hilo de sus pensamientos… ella se aproximó a él a la expectativa.
Marcus la tomó por el brazo con suavidad pero al mismo tiempo con firmeza y le susurró:
—¿Ves ese pequeño callejón de allí? —le dijo señalando un pequeño espacio entre dos casas, Evelyn asintió al mismo tiempo que decía:
—Lo veo —asintió.
—Bien, —contestó Marcus— ¿Voy a acercarme allí y te dejaré mientras termino de despistar a estos tipos, te ocultarás y esperarás a que yo venga por ti, de acuerdo?
Evelyn lo miró directamente a los ojos, y no pudo apartar la mirada de ellos, "que ojos tan magnéticos, son profundos, oscuros como un pozo sin fondo"
Evelyn estaba tan embelesada que Marcus tuvo que sacudirla brevemente para que reaccionara.
—Bi… bi… bien, de acuerdo. —apenas pudo contestar… ¿qué demonios…?
La misma pregunta pero por diferente razón… y es que parecía que su dura capa de dureza e indiferencia se estaba debilitando con cada segundo que pasaba al lado de este hombre, ja! Eso era algo que Evelyn jamás reconocería en voz alta ni en mil años!
«¿Qué le estaba pasando a ella?» —Esa era la pregunta que se negaba a hacerse a sí misma y que mucho menos estaba dispuesta a contestar…
Ya estaban en la pequeña callejuela y Evelyn se disponía a subir del bote cuando sintió que la mano de Marcus la tomaba por el brazo, se volteó de inmediato con una mirada interrogadora al mismo tiempo que decía:¿
—¿Qué pasa?
—Evelyn, —respondió Marcus, —por favor reprime tu curiosidad y no te dejes ver por ningún motivo, ¿de acuerdo?
—Vamos Marcus - respondió, pero el de inmediato ripostó:
—¡Haz exactamente lo que digo, Evelyn, por favor!
—Bien, de acuerdo —contestó poniendo los ojos en blanco. «¿Quién rayos se creía?» O más bien, «¿creía que era una niña?»
Se había enojado un poco, aunque siendo fiel a la verdad Evelyn tuvo que reconocer que su curiosidad era grande, y a veces, casi sin límite. Le gustaba saber, investigar, conocer… y esa curiosidad varias veces la había puesto en aprietos, incluso con su padre.
Recordó una ocasión en que estaba en el estudio de su padre, tenía como unos 10 años, había llegado buscando a su padre, pero éste no estaba allí, dió una vuelta por el amplio salón, se acercó al escritorio y comenzó a revisarlo, hurgó los papeles que estaban encima del escritorio sin que ninguno le llamase mucho la atención, revisó algunos cajones y estaba a punto de bajarse de la silla y salir a jugar con sus perros, cuando notó que había un cajón pequeño, casi inadvertido por el diseño del mueble y con una pequeña cerradura.
No pudo evitarlo, buscó en los bordes, jaló el cajón con todas sus fuerzas, pero éste apenas si movió un poco, comenzó a buscar la manera de abrirlo, utilizó varias cosas hasta que dió con un abrecartas en forma de puñal sarraceno, lo movió entre el borde de la gaveta y sobre la cerradura hasta que ésta parecía que ya se abría…
—¡Evelyn! —escuchó la voz de su padre justo detrás de ella. —¿Qué se supone que estás haciendo? —Sí, aún recordaba ese día, la reprimenda de su padre fue severa, tanto que aún lo recordaba…
Así que, ¿Por qué enojarse por la verdad? Marcus tenía razón, una vez más, no le estaba gustando como iban las cosas en ese aspecto, su indómito carácter se revelaba, pero había algo en Marcus, hasta ahora desconocido, que hacía que siguiera sus instrucciones casi sin rechistar. —¡Jum! —la expresión brotó espontánea de su boca…
Terminó de salir del bote y se acercó a una pared lateral, había una pila de cajas y trastos viejos, decidió ocultarse entre ellos.
Pudo escuchar cuando la lancha arrancó suavemente y se alejó, por un momento sintió algo parecido al miedo, «¡Qué tontería!» —Se reprendió a sí misma, Marcus hacía lo mejor en cada situación…
De nuevo Marcus, el que no se equivocaba. Tendría que trabajar en eso en las próximas horas, mientras tanto tenía que esperar, su vestido no era lo más adecuado para estar huyendo, y mucho menos para andar haciendo malabares como escapar, saltar y estar agachada detrás de un inmundo montón de trastes viejos…
La humedad la hacía transpirar, lo que era una molestia adicional, pero aguantó con calor el paso de los minutos, tenía unas ganas horribles de asomarse al canal, pero el duro tono de Marcus al decirle: no te dejes ver por ningún motivo, de acuerdo? le venía a la mente y le hacía reprimir su innata curiosidad…