De repente escucho un ruido, leve, pero estaba allí. «sí» —se dijo, algo se aproximaba por el canal, era como un continuo chapoteo, se iba acercando, de eso lo había duda.
Evelyn estaba tensa, ¿Y si eran los individuos que los seguían? ¿Y si por alguna razón habían descubierto que ella estaba escondida allí?
La angustia le había empezado a ganar terreno a su firmeza, estaba tan tensa como una cuerda de violín, «¿Y si habían alcanzado a Marcus?» —pensó— «¿Y si lo habían matado!?»
La angustia alcanzó varios niveles hacia arriba, un sudor frío recorría su hermosa espalda, ¡y una mano fría e invisible le apretaba la garganta! Evelyn nunca había sido una mujer histérica ni que se dejara llevar por el pánico, pero esto era terriblemente extremo.
Comenzó a repetir el nombre de su salvador en la mente: «Marcus, Marcus, Marcus…» como si fuera una letanía, el ruido se hacía más fuerte, se estaba acercando, «¡Marcus!»
¿Habrían matado a Marcus? El corazón parecía querer salirse por su boca… sonó un ruido claro de cuando algo choca contra una pared, definitivamente un bote o algo parecido se había arrimado a la pared del canal…
«¿Serían esos hombres?» —se repitió con algo de temor— «¡Que angustia Dios mío!»
De repente unas manos fuertes se sujetaron al borde, y apareció una cabeza de cabellos negros y crespos, unas gruesas pero delineadas cejas y unos ojos oscuros, profundos como una noche sin luna.
¡Casi pegó un alarido de alegría! Se levantó de donde estaba y corrió hasta donde estaba Marcus acabando de subir al callejón ¡y sin pensarlo se refugió entre sus fuertes brazos!
Marcus estaba sorprendido de esa reacción. ¿Evelyn Sinclair actuando como una niña despavorida y corriendo a sus brazos? ¿Y encima apretándolo con una enorme fuerza y repitiendo su nombre quedamente contra su pecho?
Esta vez fue el turno de Marcus de decirse: «¿¡Qué demonios está pasando!?»
Recuperándose de la sorpresa inicial, una enorme sorpresa por cierto, ajustó sus brazos también al cuerpo de Evelyn, allí pudo sentir su corazón revoloteando como un pajarillo en su pecho y un leve temblor, casi imperceptible, que recorría su grácil cuerpo.
También pudo sentir su suave perfume que aún permanecía en su piel, acarició su cabeza mesando suavemente sus cabellos mientras su otra mano acariciaba suavemente su espalda como para darle consuelo, pero éstas acciones inocentes estaban provocando unas fuertes reacciones en todo el ser de Marcus.
«no puedo permitirme que esto me afecte» —pensó con un poco de tensión— «tengo que tener la cabeza fría y la mente despierta para no cometer ningún error» Marcus sabía que cualquier error podría ser fatal. Tenía una misión que cumplir y no podía darse el lujo de fallar.
Haciendo acopio de toda su voluntad pudo deshacer el abrazo y tomándola por los hombros la obligó a mirarlo a los ojos.
—¿Estás bien? —Evelyn apenas pudo articular un extraño —sí. —y levantó la cabeza para mirar a su rescatador a los ojos…
—Estoy bien, solo estaba un poco preocupada porque tardaste mucho tiempo ¡y no sabía si te había pasado algo!
Esta última parte de la oración la dijo en un tono más urgente y agudo, indicando que le había inquietado mucho.
—Bien, —dijo Marcus— es hora de irnos, aún no estamos seguros, ya está a punto de amanecer y necesitamos descansar un poco, ha sidol una noche un poco movida, no?
Una hermosa y viril sonrisa se extendió por su rostro al decir ésto contagiando un poco el ánimo de Evelyn haciéndola sonreír un poco.
—Si a esto llamas un poco movidita, ¡entonces no me quiero imaginar cómo sería para ti una noche terrible!
Sin darse cuenta lo había tuteado también, era claro que sus vidas y su relación ya no serían las mismas a partir de este día, Evelyn lo notó y su rubor subió de tono. «Mejor tendrías que comportarte un poco más sensatamente y no como una chiquilla asustada» —se dijo Evelyn en su mente, pero la verdad es que los últimos acontecimientos era fuera de serie.
Marcus la ayudó a descender al bote de nuevo y luego bajó él, sin encender el motor se dispuso a remar de nuevo, ya la claridad del cielo auguraba un pronto amanecer, era mejor que se movieran rápidamente…
Luego de un buen rato llegaron a un canal mayor, había varios trasnochadores alegres paseando en lanchas y algunas parejas regresaban de un paseo romántico en góndola, nadie se fijó mucho en ellos.
Marcus encendió el motor y se alejaron velozmente siguiendo ese canal hasta llegar al canal mayor de Venecia conocido como el Gran Canal, ya la luz del sol empezaba a iluminar los palacios que bordeaban el canal y los vaporettos comenzaban su rutina diaria cargando pasajeros en un sentido y el otro del Gran Canal… ¡La ciudad se estaba despertando!
Una inquietud iluminó de golpe la ágil mente de Evelyn a pesar del cansancio que sentía, «¿Podrían regresar al hotel? Era seguro?» Se acercó un poco más a Marcus.
—¿No podemos regresar a mi hotel, verdad?
—No.—replicó Marcus— Debe haber alguien vigilando y no sabemos qué tanta influencia pueden tener en la policía local.
Los carabinieri tenían fama de severos y eficientes en Venecia, no era cuestión de arriesgarse.
—Ya encontraremos la forma de sacar algunas cosas del hotel. —continuó Marcus— Por lo pronto vamos a ocuparnos de lo principal: descansar y comer algo.
Llegaron a un muelle donde dejaron amarrado el bote y siguieron por una calle que empezaba a llenarse de personas, doblaron por otra callejuela y caminaron unos minutos hasta que llegaron a un pequeño hotelito, más bien una posada de las que abundan en Italia.
Marcus habló en un fluido italiano con el dueño, generalmente estos pequeños hoteles eran atendidos por sus dueños, luego de una breve conversación Marcus le dio dinero al hombre que ya frisaba los sesenta por lo menos y éste se desgranaba en atenciones, no hizo preguntas, no pareció extrañado de la ropa que llevaban ni de qué no llevaran ningún equipaje…
Señalando una escalera dijo solo dos palabras: —Signor, signora. —«¿¿Señora?? ¿de Milliani?» Ese vago desasosiego volvió a apoderarse de su estómago una vez más…
¿A dónde iría a para todo ésto? Evelyn no sabía qué pensar, no estaba segura de lo que estaba sintiendo en ese momento, el cansancio empezaba a hacer estragos en su cuerpo y en su mente, se tambaleó un poco.
Marcus que estaba atento a ella se apresuró a tomarla por la cintura para ayudarla, pero tuvo un raro efecto en el cuerpo de Evelyn, «ojalá el cuarto tenga dos camas» fue lo último que pensó al llegar al piso donde se encontraba la habitación.