
Izan Drakovir aprendió desde niño que existen dos cosas que jamás debe perdonar: la debilidad y el nombre Frostbourne.
Durante años, su manada fue esclavizada por el padre de Althea Frostbourne. Izan sobrevivió a la tortura, al hambre y a la humillación que convirtieron al antiguo joven en un Alfa despiadado. Ahora tiene un solo propósito: recuperar lo que le pertenece y hacer pagar a quienes destruyeron a su pueblo.
Entonces aparece ella.
Althea es la hija de su enemigo.
Una muchacha aparentemente humana, sin espíritu de lobo, que debería ser insignificante en un mundo gobernado por Alfas, sangre y jerarquía. Pero desde el primer momento en que sus caminos se cruzan, algo cambia.
Un aroma.
Una atracción que ninguno comprende.
Un vínculo que se niega a desaparecer.
Porque la Luna ha elegido.
Althea es su destinada.
La mujer que debería odiar.
La mujer que debería matar.
La mujer que, contra toda lógica, podría convertirse en su mayor debilidad.
Izan hará todo lo posible por resistirse. Se negará a tocarla, a protegerla y, sobre todo, a aceptar que la hija del hombre que torturó a su manada pueda ser la única capaz de sanar las heridas que lleva ocultando durante años.
Pero el destino no pide permiso.
Mientras las manadas se preparan para una guerra que enfrentará a Alfa contra Alfa y obligará a cada uno a luchar por su Luna, un enemigo mucho más poderoso mueve sus piezas desde las sombras.
Y Althea comienza a descubrir que la ausencia de un espíritu de lobo no significa que esté indefensa.
Hay algo dentro de ella.
Algo antiguo.
Algo que nadie esperaba.
Algo que podría cambiar el destino de todos los reinos.
Izan tendrá que elegir entre la venganza que juró cumplir y la mujer que la Luna puso en su camino.
Porque si rompe el vínculo, Althea morirá.
Y si lo acepta...
tendrá que amar a la hija de su peor enemigo.

