CAPÍTULO 11.

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El sol quemaba aquel día, parecía que los cristales se derretirán encima de ellos, o por lo menos eso pensaba la rubia al ver el intenso rayo de sol atravesar los cristales del lado este del aeropuerto donde ahora estaban trabajando, resultó ser que hace un mes cuando los contrataron para esa constructora nunca imaginaron que el ambicioso proyecto sería la renovación de una parte del aeropuerto internacional, era emocionante trabajar en ello, pero al ser todavía estudiantes, bueno, no todo era color de rosa. — Oye novata, te tocan las bebidas. Natalie frunció el ceño, el ingeniero sonreía mientras le tendía varios billetes. — Llévate a Ronny. La rubia tomó el dinero girándose hacia Ronny que parecía lidiar en cómo colocarse el casco de protección, aun desconocia como ese hombre con un cacahuate de cerebro podría estar en medio de una construcción. — Puedo ir sola. — Llévese a Ronny y no discuta señorita de León. Natalie se acercó hasta su compañero que inmediatamente tiró el casco a un lado para sonreírle de manera que él creía que era coqueta, la rubia solo hizo una mueca. — Vamos Ronny, el ingeniero ha pedido que vayamos por las bebidas. — ¿El ingeniero lo ha dicho o quieres que te acompañe?. — Solo camina Ronny — dijo la rubia avanzando hacia la zona de comida del aeropuerto. — ¿Cuándo aceptarás una salida conmigo?. — Probablemente nunca. — ¿Por qué?. — Por qué no tienes lo que me gusta. — Pero soy guapo, además mi tío es el dueño de la constructora, si te portas bien, te puedo recomendar. La rubia se detuvo un segundo para mirarlo, antes de volver a caminar. — Eso explica todo — dijo en voz baja, llegando a donde las bebidas. — ¿Qué has dicho?. — He dicho que no Ronny, no insistas más, mejor ve y busca la bebida del ingeniero que aquí no tienen. Natalie vio cómo el hombre hacía una mueca antes de irse, se quitó el casco cerrando los ojos un segundo, Ronny era de esos hombres que solían atosigarla todo el tiempo pero eran como niños, les das una orden y de cierta forma la cumplen, además era agotador lidiar con un empleo donde la mayoría eran hombres, pero ella se había empeñado en esa carrera, además cada día había más mujeres en la rama. — ¿Natalie?. La rubia abrió los ojos con terror, reconoció aquella voz, nunca esperó que en ese lugar precisamente se encontraría con ella. — Señora Grace, señor Lauro — dijo sonriendo forzadamente — ¿Qué hacen aquí?. — Venimos llegando de nuestro pequeño viaje — dijo Lauro sonriendo, todo este tiempo que había estado en comunicación con su hijo nunca había mencionado a su prometida, imagino que los dos debían tener bastante trabajo y no se equivocaba al parecer la rubia había encontrado trabajo de su carrera — Pero mírate, has cambiado bastante. — Solo es ropa del trabajo, he empezado mis prácticas hace un mes — dijo nerviosa, tenía que ser cautelosa con lo que decía, debía mantenerse al margen — Creí que tardarían más tiempo en volver. — Oh cielo — dijo Grace palmeando su brazo — ¿No recuerdas que será el cumpleaños de Oswald? Creí que lo habían mencionado en la comida aquel día. Natalie vagamente recordaba todo lo que había hablado la familia de Rodrigo ese día, desde entonces tampoco es que hubiera pensado en ello, se había enfrascado en sus estudios y las prácticas que básicamente la consumían todo el tiempo. — Lo siento señora Grace, con tanto trabajo se me ha olvidado por completo. — Pues qué coincidencia encontrarte ¿si irás no? Rodrigo sabe que a los compromisos familiares no se puede faltar. Natalie apretó los labios. — Haré lo posible para asistir, pero tengo este fin de semana básicamente lleno con tanto trabajo. — Oh por favor Natalie, hace un mes que no estamos en familia, además a mi Rodrigo le hará bien salir seguramente los dos este mes han estado tan metidos en sus nuevos trabajos que no han tenido tiempo para los dos. La rubia sonrió nerviosa. — Hable con su hijo, yo tengo que volver al trabajo. Grace Janner no era tonta había notado el nerviosismo y la tensión de su nuera, también sabía que este tiempo no habían sabido nada de su hijo y su prometida, pero ella esperaba que todo estuviera bien, solo que ahora que la veía su instinto de madre le decía todo lo contrario. — Oye preciosa solo encontre estos ¿crees que le guste?. Natalie rodó los ojos antes de mirar con fastidio a Ronny que miraba distraído hacia los Montalbán que parecían sorprendidos. — Ronny, está bien y no me vuelvas a llamar así, te lo he pedido muchas veces. — ¿El muchacho te molesta Natalie? — dijo Lauro acercándose hacia el joven que lo miraba confundido. — No señor Lauro, solo es un compañero de trabajo, nos tenemos que ir. Lauro Montalbán era un hombre que ante todo tenía educación, es por es que cuando noto aquel joven supo que no se quedaría de brazos cruzados y menos cuando su nuera era la que estaba en medio de la situación. — Joven — dijo llamando la atención de Ronny — Que sea la última vez que te diriges a Natalie de esa manera y menos sin su consentimiento. — ¿Y quién es usted? — soltó ofuscado Ronny. — Soy Lauro Montalbán y ella es mi nuera. Natalie lo miró con terror, Ronny abría los ojos comprendiendo lo que aquel hombre decía. — Nos tenemos que ir — dijo la rubia tomando del brazo a su compañero — Fue un gusto verlos de nuevo. Apresuro el paso de nuevo hacía la obra, sabía que había hecho mal en salir corriendo de ahi, pero que podía hacer si el idiota de Rodrigo no había hablado con sus padres. — Por favor Ronny, no digas nada — dijo parándose frente a él. — ¿Sales con un Montalbán? Ahora se porque no me aceptabas la salida, oye no diré nada tranquila. — Gracias — dijo suspirando la rubia, ahora solo esperaba que el problema de sus padres el castaño lo resolviera solo. Rodrigo Montalbán revisaba el proyecto de la expansión del hotel, la idea de hacer un apartado menos familiar había surgido hace un mes, aun faltaba mucho para hacer realidad esa parte pero estaba seguro que podría lograrlo. — Joven Rodrigo — dijo Jonas entrando después de dos toques en la puerta — Han llegado sus padres. El castaño lo miró confundido. — Ellos volverían hasta dentro de tres meses ¿de que hablas Jonas?. — Rodrigo, te aseguro que eran ellos los que venían llegando al hotel. Jonas vio como el castaño se levantó apresuradamente, saliendo hacia el lobby. Rodrigo aún no había planeado como decirles a sus padres lo de la rubia, era demasiado pronto para decirles que habían roto el compromiso de un día para otro. — Jonas, que Simone no se acerque al lobby, mantenla lejos de mi. — Como ordenes. El castaño se apresuró a llegar al lobby para efectivamente comprobar que sus padres se encontraban saludando a varios trabajadores. — Madre — dijo el castaño acercándose a la mujer que lo miraba seria — ¿Porque no han avisado que vendrían?. — La última vez no es que hayas bajado a recibirme apropiadamente. — Madre, eso es algo que no volverá a ocurrir. — Tranquilo cielo — dijo dándole indicaciones al botones para que se llevaran sus maletas a la habitación — Por cierto cariño, nos hemos encontrado con Natalie, nos alegra ver que la has apoyado en sus estudios. Rodrigo abrió los ojos con sorpresa ¿sus padres habían visto a Natalie? ¿En donde? Ni siquiera él en todo ese tiempo se había topado con ella, esperaba que viniera a recoger a su padre de vez en cuando pero parecía que a ella se la había tragado la tierra. — ¿Ocurre algo hijo o porque esa cara? — dijo Lauro — ¿Todo bien con Natalie?. — Ella… — Por cierto hijo — siguió hablando Lauro — Es tu prometida y deberías saber con quien trabaja, después de todo es nuestro deber cuidar a las mujeres. — ¿De qué hablas padre? — dijo el castaño confundido. — Que hoy tuve que defender a tu prometida de su compañero de trabajo que la acosaba, eso debería ser tu labor. El castaño asintió frunciendo el ceño. — ¿Los esperamos para la cena? — dijo Grace analizando el rostro de su hijo, había visto la sorpresa cuando le dijo que habían visto a la rubia y no entendía el porque no le contaba la verdad. — No creo posible madre, el padre de Natalie ha estado enfermo y ella está con él estos días. — Haz lo posible cielo, ocho en punto. Rodrigo se quedó parado en medio del lobby asimilando lo que acababa de pasar, después de un instante una sonrisa se formó en su rostro, había tomado una decisión. La rubia llegó a su casa justo pasadas las cinco de la tarde, venía muerta de hambre, después de las prácticas en el aeropuerto habían tenido que volver a la universidad para la última clase. — ¡Papá ya llegué! — dijo dejando su mochila en el sofá. — ¡En el jardín cielo!. Natalie tomó la jarra de agua antes de caminar hacia el pequeño jardín en el que su padre había puesto empeño el último mes. — ¿Qué hay de comer?. — Eh…bueno…— Marco de León le hizo señas a su hija indicando que no estaban solos. La sonrisa de la rubia se esfumó al ver al castaño sentado frente a ella, no puede ser este hombre está loco, pensó. — ¿Qué haces aquí?. Rodrigo miraba a la rubia de arriba a abajo, lucía igual que la última vez que la había visto, sintió su cuerpo estremecerse, se había aferrado a los sueños que de vez en cuando tenía, se había tratado de imponer a que no la vería más y de pronto la oportunidad había vuelto a él. — Necesitamos hablar. — No, no, eso…no, ya no iba a suceder algo así. — Natalie… — Rodrigo he dicho que no — soltó la rubia en un tono más agresivo de lo que hubiera querido. — Hija — dijo Marco frunciendo el ceño y hablando en forma de regaño — Te recuerdo que el joven Montalbán sigue siendo mi jefe. — Lo siento papá, por favor danos un minuto. Marco suspiró caminando hacia la pequeña cocina. — Vete Rodrigo — dijo la rubia una vez que su padre estuvo lejos. — Mi madre me ha dicho que te ha visto en tu nuevo empleo, que te ha saludado y espera que vayamos a cenar con ella esta noche. — ¿No me escuchaste? Vete. El castaño se levantó acercándose a la rubia que lo miraba molesta. — Mi padre también ha dicho que hay alguien en tu trabajo qué te ha estado acosando. — Dios mío — dijo la rubia tocándose la sien al ver que era completamente ignorada por el castaño. — ¿Cual es su nombre? — siguió hablando Rodrigo con las manos en su bolsillo. — No te importa. — Lo averiguaré. — ¡No! Dios no quiero que te metas en mi vida, Rodrigo prometimos no volver a vernos. — No esperaba que mis padres llegarán tan pronto. — Ese no es mi problema, cena con ellos y diles que lo nuestro acabo. — Tienes que ir. Natalie lo miró irritada, el castaño no parecía importarle lo que ella opinará. — Rodrigo, no iré y si voy, les diré la verdad. — Te pagaré y con ese dinero liquidarás todo lo de tus estudios. La joven se quedó con la boca abierta, ¿le estaba de verdad ofreciendo dinero?. — ¿Qué? — dijo confundida. — Te pagaré medio millón de dólares Natalie, si aceptas seguir fingiendo ser mi prometida hasta que mis padres se vuelvan a ir. La rubia lo miraba con sorpresa, ¿de verdad estaba dispuesto a pagar tal cantidad con tal de fingir una que otra cena con sus padres?. — Que dices Natalie de León, ¿aceptas el trato?.
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