El nuevo yo
05 Enero 2018
- Ya me cansé de ser sólo yo el que mire por los demás, el que ame sin recibir nada a cambio, ahora voy a vivir sin importarme nada.
- Pero Iñaki ¿Por qué hablas así?
- Porque estoy cansado de todo, se acabó el Iñaki imbécil de siempre.
- Pero hijo...
- Lo siento mamá, esté soy yo ahora y hace un año ya tuvimos esta charla ¿La recuerdas? Porque yo si.
- Tú no eres así Iñaki, yo no crié a este ser en el que te has convertido.
- Mamá, ahora estoy bien, estoy disfrutando al máximo con todo lo que me va pasando en la agencia.
- Por el trabajo puede que estés feliz, pero tu manera de actuar no te hace feliz.
- Claro que sí mamá, soy libre y puedo hacer lo que me dé la gana con mi vida y no le tengo que dar explicaciones a nadie.
- Iñaki, este nuevo proyecto no te representa, no te estás concentrando en buscar las modelos como siempre lo has hecho.
- ¿Sabes por qué al final sigo con todo? - Niega con la cabeza. - Porque ya tenía los modelos, porque no pude simplemente despedirles cuando tenía firmado y una cláusula con cada uno.
- Iñaki. - Dice mi madre con pesar.
- Mamá ya, me estoy cansando del mismo tema - Digo ya frustrado y pasándome las manos por el rostro. - Estoy bien así y siempre voy a ser tú hijo aunque fuera de esta casa me comporte como otra persona. - Le digo.
Ya estoy cansado de todo, cansado de ser el que piensa en los demás y que nadie piense en él, cansado de enamorarme como un imbécil y siempre salir perdiendo. Ya se que mi madre no tiene la culpa de nada pero si soy débil con alguien seguiré igual que antes y es lo que no voy a permitir.
- Hola, ¿podemos quedar? - Le digo a Marta cuando contesta mi llamada.
- Hola cariño, claro que sí.
- ¿Cuándo? - Preguntó de manera borde.
- Cuando quieras.
- ¿Dónde estás ahora? - Sigo preguntando de manera borde y la verdad es que muchas veces ni yo me soporto cuando estoy así.
- En mi casa y estoy sola, así que te espero.
- Nos vemos en un momento. - Y así sigue mi nueva vida, busco un taxi porque no me apetece conducir y además así podré tomar todo el alcohol que quiera.
- Hola Iñaki. - Saluda Marta al abrirme la puerta.
- Hola. - Le contestó sin más.
- Pasa. - Dice dando espacio para que entre a su piso. - ¿Puedo saber que te pasa? - Pregunta caminando detrás de mí.
- No me pasa nada, solo que quiero estar un rato contigo y aquí estoy.
- No me refiero a eso Iñaki, estas... - Hace una pausa antes de seguir. - Diferente, no se, raro.
- No vine aquí para que me des la charla. - Le digo sin más.
- Vale, ¿Quieres algo de tomar?
- Si, por favor. - Digo sentándome en el sillón que hay en el salón a esperar que regrese.
- Toma. - Me extiende la copa con una sonrisa y tomando asiento a mi lado.
- Gracias. - Tomó un sorbo del vino tinto que me trajo. - Estás muy guapa hoy.
- Gracias, tú también estás muy guapo. Pero lastima que no me quieras aceptar en la agencia.
- Ya hemos hablado de eso muchas veces, hasta te conseguí una entrevista en otra, tu problema no aceptarla.
- Que borde estás hoy.
Nos quedamos en silencio y aprovecho que ella toma otro sorbo de vino para yo también tomar uno y quitarle la copa para dejarlas en la mesita que hay en el centro.
Me acerco y empiezo a besarla, y ella corresponde sin más, sin autorización alguna llevo mis manos por debajo de su vestido para ir subiendolo mientras nuestras lenguas juegan entre sí.
Nos deshacemos de nuestra ropa.
- Iñaki yo... - No la dejó hablar.
- No digas nada. - Digo y vuelvo a besarla, nos dejamos llevar por el éxtasis que vamos sintiendo por el momento, y aquí en el sofá tenemos sexo, un sexo que nos hace delirar, y dejamos que nuestros cuerpos lleguen al máximo para después dejarnos caer uno al lado del otro con las repiraciones entrecortadas.
- Iñaki... - Nos acomodamos como podemos en el sofá y la miro sin decir nada esperando a que termine de hablar. - Te quiero, de verdad que te quiero.
Me quedo mirándola y me levanto sin más. - Marta, te dije que no te enamoraras, que no te puedo corresponder. - Le digo mientras me pongo la ropa que estaba tirada por el suelo.
- Lo siento pero tenía que decírtelo. - Se queda mirándome. - ¿No te vas a quedar a dormir?
- ¿Qué crees? - Digo terminando de ponerme la ropa, me doy el último trago que queda en mi copa. - Te dije que no te enamores, no quiero hacerte sufrir. - Le dije acercándome para darle un beso en la frente y luego irme sin decir nada más.
Si, había venido con la intención de quedarme a dormir como otras veces lo he hecho, pero eso sería alimentar más sus ilusiones y es lo que no voy hacer, a pesar de todo y como me he convertido no quiero que ella sufra, es la persona que más me ha ayudado y eso siempre se lo agradecer pero no le puedo corresponder como ella quiere.
Llamo a unos amigos para ver donde están ya que apenas son las 23hs y no quiero regresar a casa tan temprano.
- Hey Iñaki, aquí. - Me grita Mauro levantando la mano para que le vea.
- ¿Qué tal tío? - Le saludó al llegar donde está y después a los demás.
- Aquí pasando el rato, ¿De dónde vienes? - Me pregunta con curiosidad.
- A ti que te importa. - Le digo entre risas y él sólo ríe.
- Tío te vas pasando. - Me dice de la nada.
- Si vas a empezar como mi madre ya me vas diciendo y me voy de aquí, ya estoy cansado de estar aguantando siempre los mismos reclamos. - Le digo en queja.
- Tranquilo que no te digo nada más, ya eres grande y sabes lo que haces. - Me dice levantando las manos y dándose por vencido.
Se reúne con los demás y yo me voy a buscar un trago haciéndole saber que regreso luego, pero alguien me agarra del brazo.
- Hola Iñaki. - Me dice una niña hermosa de cabello largo y con ondas y en un momento que le dio una de las luces pude ver sus ojos azules y sus labios color rojo carmín, “como un labial que tiene Michi en su estuche”, regresó a la realidad y aquí sigue parada delante de mi con una hermosa sonrisa y un cuerpo de modelo de pasarela “tiene que trabajar en la agencia” pienso para mi.
- Perdona. - Digo mirándola de arriba abajo - ¿Nos conocemos? A ver, creo que no, porque no te habría olvidado nunca. - Le digo sin poder apartar mis ojos de los suyos.
- Soy prima de Mauro. - Me dice con esa sonrisa.
- ¿En serio? ¿Pero no vives aquí, verdad? - Le pregunto.
- No, vivo en Italia. Mis padres se fueron a vivir allí por trabajo e hice mi vida allá.
- ¿Y vienes muy poco por aquí? - Le pregunto para buscar conversación, aunque se que a Mauro no le gustará que me acerque a ella.
- No te creas, es sólo que no coincidimos, las veces que he venido tú estás en busca de nuevas modelos.
- También le doy contratos a chicos. - Le digo para que no crea que solo busco chicas por la vida. - Iba por algo de tomar ¿Quieres algo? - Le digo.
- Te acompaño, yo también iba a por algo. - Me dice y la dejó pasar delante como el caballero que no he dejado de ser.
- ¿Entonces eres prima de Mauro? Bua, ¿Por qué no te había visto antes?
- Ya te dije nunca coincidimos, de hecho hoy le dije que te llamara y me dijo que estabas ocupado. - Me quedo mirándola y el bartender nos interrumpió.
- ¿Desean pedir algo? - Nos dice.
- Claro. - Le digo mirándole para luego mirarla a ella. - ¿Qué deseas tomar?
- Un Gin-Tonic por favor. - Me dice.
- Dos Gin-Tonic por favor. - Le pido al bartender.
- ¿Desde cuándo estás en Valencia? - Le pregunto.
- Tengo tres días, pero ya me voy.
- ¿Por qué te vas tan rápido? - Le pregunto un poco indignado por no haberla visto antes.
- El deber me llama. - Me dice sin dejar de sonreír.
- Aquí tienen. - Dice el bartender.
- Gracias. - Digo acercando las copas a nosotros y pasándole un billete para que se cobre las bebidas.
- Iñaki, me dices cuanto es la bebida y te lo devuelvo.
- Para nada, yo te invito. - Le digo y no le queda de otra que aceptar.
Pasamos toda la noche hablando, riendo y bailando, en un momento me olvidé de todo el mundo hasta que llegó Marta.
- Perdonen ¿Iñaki, puedo hablar contigo? - Dice al llegar donde estamos.
Me quedo mirándola y no me queda de otra que aceptar. - ¿Me permites un momento? - Ella asiente. - Ahora vuelvo. - Le digo y me alejo para hablar con Marta.