CANTO XXIX

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CANTO XXIX Ella con voz de amor de un alma grata, cantando continuó muy dulcemente: Beati quorum tecta sunt peccata. Como ninfas que van ligeramente por selvático sitio, y deseando unas la sombra y otras sol luciente, remontó la corriente, caminando por la ribera, mientras yo seguía por la opuesta su paso acompañando. Unos cien pasos recorrido había, cuando el río noté que, ya desviado, al levante mi marcha dirigía. Luego que hubimos corto trecho andado, volvió a mí y cariñosa comenzaba: «Hermano, ve y escucha con cuidado.» Yo percibí una luz que se espaciaba esplendorosa por la gran floresta, y un relámpago ser me imaginaba; pero la luz fulgúrea pasó presta, y como la otra más resplandecía, me dije para mí: ¿Qué cosa es ésta? Circulaba una dulce melodía en ondas lum

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