Regresé a la habitación de mi hermano, pero esta vez sin tocar la puerta, “¿Qué pasa?” preguntó asustado al ver mi cara pálida. - Diego viene para la casa - exclamé exaltada. - ¿Qué? - dijo mi hermano incrédulo ante lo que estaba diciendo. - Diego viene para acá, me lo acaba de decir... - dije con voz temblorosa – Ciro, Diego y Ernesto no se pueden ver, no quiero una pelea, ayúdame por favor. - ¡Tranquila! - me sujeto de los hombros – te ayudaré, tu distráelos y cuando Diego llegué yo lo interceptaré. Asentí. Bajé rápidamente por las escaleras, vi como papá salía de la casa cerrando la puerta a su espalda. Ernesto y Erik estaban en el recibidor fuera del despacho, cuando se percataron que iba bajando a toda velocidad las escaleras. Ernesto se acercó a mí. - ¿Qué pasa?,

