Débora Pov Estoy asustada. Dios mío guíame por el buen camino, cada vez tengo pensamientos pecaminosos con Regina, es solo verla y me comienzo a humedecer. No puedo evitarlo, sus caricias me derrumban, cierro mis ojos para orar, pero me inunda su recuerdo; su cuerpo, sus gemidos se mezclan con mis oraciones. He pecado de la peor manera, la lujuria ha quemado mi cuerpo y ha sido con mi hermanastra, tengo ganado el infierno y por más que quiera arrepentirme, la veo y me dan ganas de pecar nuevamente. —¿En que tanto piensas, hermanita?— no me había percatado de la presencia de mi tormento. —Nada importante —Oh. Bueno yo voy a salir, nos vemos más tarde. —¿Adónde vas? recuerda que no estas completamente bien— me preocupa que salga sola. —Voy a dar un paseo— no sé por qué no termino de cr

