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Secretos de una Pasión Prohibida

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Demetrio Balcázar y su esposa Graciela regresan a México tras el fallecimiento de Ignacio, su abuelo; seguros de que serán los herederos universales de su fortuna y se llevan una desagradable sorpresa al darse cuenta de que la heredera principal es María, una campesina ahijada de su abuelo que inexplicablemente también lleva el apellido Balcázar.

María siempre estuvo enamorada de Demetrio y él, desde su juventud sentía por ella una lujuria inexplicable, un deseo que nunca había sentido por ninguna mujer, ni siquiera por su esposa y al volver a verla ese deseo era mucho más grande que en su juventud.

Después de cinco años ella ya no era la misma, se había convertido en una mujer espectacular, era nada más y nada menos que la Directora Administrativa de la empacadora, su vida era todo un misterio. Ella nunca imaginó que ese amor que sentía por Demetrio aún quedaba vivo en lo más profundo de su corazón.

Él, un hombre casado y ella una mujer con una vida misteriosa ¿se dejarán llevar por la pasión prohibida que los envuelve? O lograrán controlar sus sentimientos para guardar las apariencias que exige la sociedad y la familia.

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Capítulo 1
Apenas se abrió la puerta del ascensor la secretaria corrió a recibir a la directora —Buenos días señora Balcázar ¿Cómo está don Ignacio? — Preguntó con verdadera preocupación, nadie sabía que pasaría con la empresa si don Ignacio dejaba de existir en este mundo. —Ya no está entre nosotros — dijo con voz firme, desviando la mirada y caminando hacia el despacho, no esperó la respuesta de la secretaria, su mente no dejaba de dar vueltas en el pasado y en lo que estaba por llegar. ¿Puede una campesina soñar con ser la esposa del amo? Eso se preguntaba María cada vez que veía a Demetrio Balcázar pasear a caballo por el campo cuando estaba de vacaciones en la hacienda propiedad de Don Ignacio, el abuelo de Demetrio y quien era padrino de bautizo de María. —¡Ni lo sueñes campesina! Un muchacho como Demetrio nunca se va a fijar en una mugrosa campesina como tú — Se burlaba Graciela Alfaro la hija del médico del pueblo quien también soñaba con conquistar a Demetrio. María Respiró tres veces para intentar borrar los recuerdos antes de dar la orden que iba a cambiar su vida para siempre, habían pasado ya cinco años que no sabía nada de Demetrio, desde su boda con Graciela se fue a vivir a Europa y lo único que sabía de él era su número de cuenta bancaria ya que era ella quien autorizaba las transferencias que la empacadora hacía cada mes a la cuenta del heredero de la familia Balcázar. —Su llamada está lista Directora— dijo la voz del otro lado del interfono y su mano tembló al descolgar el auricular. —¿Demetrio? Habla María. Tienen que regresar a México, mi padrino, tu abuelo acaba de fallecer — Dijo sin pausa apenas escuchó la voz masculina detrás de la línea. —Tomamos el primer vuelo disponible — dijo la fría voz que ella recordaba perfectamente y colgó sin decir nada más. ═══════ ≫ ♥ ≪ ════════ Todos los días María iba a bañarse en el río llamaba la atención con su cuerpo voluptuoso las caderas anchas y el busto prominente, su tez morena y su larga cabellera negra la hacían sobresalir por encima de todas sus compañeras de clase, sobre todo porque tenía los ojos del color de la miel que resaltaban en contraste con la suave tez de su bello rostro. Fue en el último día de sus vacaciones que Demetrio cabalgaba como todas las mañanas cuando llegó al río justo cuando María nadaba solo con su fondo puesto. La tela transparente y empapada se pegaba a su cuerpo como una segunda piel resaltando sus curvas y remarcando sus oscuros pezones detrás de la tela. Demetrio se quedó mirándola por un momento y se escondió detrás de los arbustos para que no pudiera verlo, bajó la cremallera de su pantalón y comenzó a darse placer viendo a María quitándose el fondo para ponerse su ropa limpia y seca. Apenas tuvo oportunidad de subirse la cremallera cuando escuchó la voz de Graciela que lo llamaba desde el camino, también montada en su caballo. —¡Demetrio! Mi padre me dijo que te vas mañana a la capital para entrar a la universidad ¿Por qué no vienes a mi casa esta tarde? Invitaré a mis amigos y haremos una fiesta de despedida. Para Demetrio, que desde niño su madre le llenó la cabeza con prejuicios sociales y elitistas, Graciela era la única muchacha del pueblo que valía la pena como para ser su amiga, él estaba acostumbrado a salir solo con las chicas de ciudad y cuando visitaba a su abuelo en la hacienda, solo convivía con Graciela y sus amigas. —Me agrada la idea, tal vez pasen cuatro o cinco años antes de que regrese al pueblo otra vez y qué mejor que llevarme un buen recuerdo — dijo tomando a la chica de la cintura y recargándola contra el tronco de un árbol para besarla. No era la primera vez que le robaba un beso y Graciela se dejaba besar con la esperanza de que un día le pidiera ser su novia, pero él pronto ingresaría a una universidad en el extranjero y si cometía un error con una muchacha del pueblo podía arruinar su futuro, así que se limitaba solo a besarla, aunque estaba seguro de que ella hubiera sido capaz de ir más allá. ¡Te veo en la tarde en tu casa! — gritó montando su caballo y alejándose a todo galope antes de que las ganas que la desnudez de María había provocado en él, le hicieran cometer una estupidez. Graciela sintió curiosidad de ver qué era lo que veía Demetrio con tanto interés detrás de los arbustos y se le retorció el estómago al ver el espectáculo que estaba disfrutando. María había terminado de vestirse y cortaba ciruelas para cocinar la salsa que tanto le gustaba a su padrino, dejó sus sandalias sobre una piedra y subió al árbol con los pies descalzos. En el fondo Graciela le tenía una profunda envidia a María, en más de una ocasión escuchó a su padre decir que le gustaría que su hija fuera más como ella, trabajadora, estudiosa y sobre todo hacendosa en las labores de la casa. Como en todo pueblo, el que una mujer se dedicara a las labores del hogar era muy bien visto todo lo contrario a lo que deseaba Graciela que daría lo que fuera por salir de ese pueblucho, casarse con un millonario que le pusiera un ejército de servidumbre a su disposición, para dedicarse a vagar, ir de compras, al salón de belleza y tomar el sol viendo revistas de chismes de la farándula. Graciela llegó a su casa entusiasmada con la idea de la fiesta, ya tenía todo planeado desde que supo que Demetrio se iba y le pidió permiso a su madre quién estuvo de acuerdo ya que aprobaba gustosa la idea emparentar con la familia más rica del pueblo. Don Ignacio Balcázar el rico hacendado poseía una fortuna en tierras y ganado, además era el socio principal de la empacadora de carnes más grande del país, sin embargo, él prefería la sencillez de vivir en el campo y siempre quiso que su nieto compartiera su pasión y en el futuro se hiciera cargo de la hacienda, pero no sabía que el plan de Demetrio era quedarse en Europa para siempre y no volver jamás. —Ve a divertirte muchacho — le dijo a su nieto también con la esperanza de que alguna muchacha del pueblo le despertara el interés de regresar, algún día cuando terminara sus estudios. No era el tipo de fiesta al que Demetrio estaba acostumbrado, sólo estaban presentes las dos amigas inseparables de Graciela junto con su hermano Pablo que era un año más joven que Demetrio, Gladys la hija del presidente municipal y Brenda la hija del dueño del único almacén del pueblo. Las tres chicas estaban embelesadas con Demetrio, pero a él le parecían muy tontas y aburridas, Graciela era la más agraciada físicamente, pero no lo suficiente para encender su hombría, tal como lo hacía María, La campesina ahijada de su abuelo. —¿Otra agüita de horchata? — Le preguntó Pablo en tono de burla, a lo cual Demetrio rodó los ojos en señal de fastidio —Vamos al jardín un momento le dijo mostrándole un ánfora con licor que llevaba escondida en la chaqueta. Demetrio salió detrás de él aprovechando que las señoritas estaban distraídas hablando sobre los chismes de un artista de moda. —Quién como tú que ya te vas mañana de este pueblo — dijo Pablo dándole un primer trago al tequila — A mí aún me falta un año para salir de éste lugar, en Europa vas a conocer mujeres de verdad, mi padre quiere que me case, pero mis únicas opciones son Gladys y Brenda y las dos babean por ti — dijo sin disimular la envidia que sentía. —Por mí puedes quedarte con las dos, a mí ninguna de las dos me interesa— contestó dando un sorbo al tequila. En la mente de Demetrio seguía la imagen desnuda de María, no dejaba de pensar en sus pechos y sus caderas, pero no, él no pensaba en casarse con ella sólo la deseaba y después de varios tragos de Tequila pensó que quizá, podría quitarse las ganas antes de irse para no volver.

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