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Atrapada por el MAGNATE

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¿Puede un contrato salvarte de la muerte o es solo otra forma de morir? Laura lo perdió todo en un alud, pero el verdadero peligro la esperaba en una suite de hotel. Nicolás Danger le ofreció un apellido y protección, pero el precio es su libertad... y su cama. Entre asesinos que la buscan y una rival que quiere verla destruida, Laura deberá decidir si el hombre que la compró es su salvador o su mayor enemigo.

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Un accidente...
Capítulo 1. Un accidente excitante. El silencio después de la muerte no era como yo esperaba. No podía sentir paz, lo único que escuchaba en mi mente y en mi corazón era un pitillo constante resonando en mis oídos, imaginando los gritos de mi familia, de mi madre, mis abuelos, mi hermana mayor... los gritos de todos antes de que todo ese lodo ingrese en nuestra propiedad. Antes de que esa tierra, llena de escombros y árboles caídos se tragara nuestra casa en el valle, como si fuese una lombriz tragada por un ave, sino hubiese sido un desastre natural podría pensar que alguien nos quiso hacer daño. Mi nombre es Laura Camburi, soy la única sobreviviente de mi familia. Y pensar que sobreviví solo porque salí de casa para ir al establo a mirar mi yegua favorita que había parido a su hijo dos días atrás, mientras el resto de mi familia desaparecía bajo una avalancha de tierra, lodo y rocas. - Firma de una vez Laura. Entiende que es por tu bien. Solo quiero proteger lo que tu padre te dejó – la voz de Miguel, el abogado de la familia sonaba áspera, pastosa, como si estuviera cubierta de esa misma tierra que me lo había quitado todo. Ha pasado un mes desde que la tragedia ocurrió, ahora estamos en una suite privada de un hotel de lujo, lejos del desastre, pero yo me siento más en peligro aquí que afuera en medio de la lluvia. Me duele la cabeza, un dolor punzante que ha empezado justo después de beber el té que Miguel me ofreció, según él para... aligerar los nervios. - No voy a firmar... – le dije en un susurro, intentando enfocar la vista en los papeles que había dejado sobre la mesa frente a mí. Necesitaba leer lo que en ellos estaba escrito, pero las letras comenzaron a bailar en frente de mis ojos. - Esto no está bien – pensé parpadeando un par de veces. Estoy segura de que no hay nada escrito sobre proteger los bienes de papá. Él falleció solo medio mes antes de que ocurriera la tragedia y todos estábamos en el Valle cumpliendo su último deseo. Echar sus cenizas en él. - Vamos, querida, no lo pienses más. Ahora estás sola, ya no tienes a nadie. Si no firmas, en la situación de vulnerabilidad que estas, el estado se quedará con las tierras de tu padre. Y si sigues así, perderás también la empresa... solo yo puedo ayudarte, al menos hasta que te recuperes del trauma – Me puse de pie como pude, pero sentí que el suelo se inclinó hacia mí. No estaba ebria, pero parecía que sí. Sentí como un calor antinatural empezaba a trepar por mis venas. Mi corazón latía contra mis costillas como un animal enjaulado. Miguel se levantó y su sonrisa se ensanchó, revelando sus dientes amarillentos que me provocaron náuseas. No era preocupación lo que veía en sus ojos... era hambre por el poder. - ¿Qué... qué cosa me has puesto en el té? – le preguntó, y pude escuchar mi voz saliendo como un hilo roto. - Solo algo para que dejes de pelear Laurita, eres demasiado terca, igual a tu padre. Pero él ya no está aquí para ayudarte – De pronto estiró su mano y me dio un empujón hacia la silla, pero la adrenalina que sentí producto del miedo me dio un segundo de claridad. Solo uno, pero fue suficiente para empujar la mesa con todas mis fuerzas y salir de allí. - ¡Pequeña estúpida! – logré escuchar el rugido de Miguel. - ¡Vuelve aquí! – pero eso era lo último que yo haría. Salí al pasillo del hotel, mis piernas temblaban como si fueran de gelatina y el pasillo parecía una cueva infinita de alfombras oscuras. Podía escuchar sus pasos detrás de mí, pero solo pensaba en huir, correr hasta llegar al ascensor y pedir ayuda. Tenía que alejarme de él, sin darme cuenta llegue a las escaleras. Ni siquiera sabía que había esa especie de escaleras allí, comencé a bajar y tropecé sin querer, no pude sostenerme y caí. Rode por ellas hasta llegar al piso de abajo. Escuché las palabras de Miguel, - Maldición estúpida mocosa – vi que alguien se acercaba a él y cuando volteo para explicar lo que pasaba me levanté como pude, caminé con dificultad hasta el pasillo de la derecha y mientras repetía en mi mente que debía esconderme de él, vi una puerta que parecía estar entreabierta. Con la vista borrosa y sintiendo el efecto de la droga que estaba alcanzando su punto máximo, entre en esa habitación. Cerré la puerta sin hacer ruido, no sabía quién podría estar allí, solo necesitaba un minuto, o quizás un poco más. Me coloque detrás de la puerta, sentía mi piel arder, un deseo irracional de arrancarme la ropa, de liberarme de ella, mi garganta estaba seca, tenía sed, pero una sed que no era de agua. Cerré los ojos y logré escuchar los gritos de Miguel cuando pasaba de largo por el pasillo. - Te voy a encontrar jovencita – y pensé, ¡no! No podrás encontrarme. La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por las luces de la ciudad que se filtraban por una de las ventanas descubiertas. Avancé un paso y logré sentir el olor, era whisky caro, el olor a madera de cedro llegó a mí, pero también pude sentir algo más, algo metálico, masculino, peligroso. Me desplomé contra la puerta, respirando con dificultad. El calor en mi vientre era insoportable. Necesitaba frío. Necesitaba tocar algo que no fuera mi propia piel ardiendo de deseo, me levanté la falda ya no la aguantaba más, quería romperla, hacerla harapos esperando que algo de frio ingrese por sus agujeros. - Vaya... – de pronto una voz desconocida, profunda, con un acento extranjero rompió el silencio. - Los socios de este país sí que saben cómo dar la bienvenida – - ¿Los socios?... bienvenida – me pregunté en silencio. Cuando supe lo que ese hombre estaba pensando me sobresalté, pero no pude moverme. De pronto un hombre emergió de las sombras. Era alto, demasiado alto. Llevaba la camisa desabrochada mostrando los músculos de su cuerpo y su cabello estaba completamente desordenado. No podía ver el color, pero parecía ser claro. Definitivamente no era de acá. Él se acercó a mí, caminaba con la elegancia de un depredador que ha bebido demasiado, pero que sigue siendo el dueño de su mundo. Se puso de cuclillas frente a mí y me tomó la barbilla con unos dedos largos y fuertes. Su tacto estaba frío, y gemí ante la sensación de placer. Noté que sus ojos parecían nublados por el alcohol, pero cargados de una intensidad eléctrica, que me recorrieron de arriba abajo. - Eres hermosa. Demasiado hermosa para ser un "detalle" de cortesía enviado por mis socios – me dijo en un murmullo. Su aliento definitivamente olía a alcohol, pero en lugar de desagradarme me hizo estremecer. - No... yo... – intenté explicar, pero mi cuerpo me traicionó, retrocedí un paso hasta tocar la puerta y me resbalé por ella hasta quedar sentada en el suelo, jadeando. - Supongo que por eso cobras tanto – - ¿Cobrar? – le dije intentando sonar razonable. Pero ya había pasado ese límite. - Ayúdame... – le rogué, aunque mis manos, actuaban por cuenta propia, me aferré a sus muñecas fuertes, buscando ese frío que me aliviaba. - Eso es exactamente lo que voy a hacer, cariño – me dijo él, con una sonrisa oscura. - Si es pasión lo que tus jefes compraron para mí, no pienso decepcionarlos, no voy a desperdiciar este regalo tan... – no lo deje terminar porque estaba como hipnotizada, solo quería beber un poco de él, así que me lance sobre él y lo bese. Él me levantó en vilo como si no pesara nada. Mi mente gritaba que huyera, que él era un desconocido y que podría estar en peligro, pero la droga había convertido mi voluntad en humo. Cuando me dejó sobre las sábanas de seda fría, el mundo desapareció para mí. Solo existía el contraste de su piel helada contra la mía, el hambre en sus ojos y el olvido que tanto necesitaba después de haberlo perdido todo. - ¿Te gusta? – me preguntó cuando levanté mi falda para sentir ese frescor. Estoy segura de que asentí, no podría confirmarlo, pero estoy segura de que lo hice. Porque claro que me gustaba, y demasiado. El placer que me brindaba cada milímetro de esa cama debía ser mío. Asi que me despoje de toda mi ropa. - Eres encantadoramente profesional – lo escuché decir, pero a mi él lo que ese hombre dijera ya no me importaba, solo quería satisfacer ese placer que me estaba comenzando a enloquecer. Lo vi quitarse la camisa y lanzarse sobre mí. Se sentía tan bien tener su cuerpo frio sobre el mío. Lo abrace para atraerlo más a mí, mis labios se apoderaron de los suyos, quería beberlos por completo, su lengua ingresó en mi boca y cuando tocó la mia un estremecimiento me hizo gritar de placer. Sentí sus manos recorrer mi cuerpo, me aferré más a él, quería mucho más que ese contacto, lo quería a él. Baje mis manos y me encontré con su pantalón, busque desesperada el botón para abrirlo, no lo encontré, no tenía, así que metí mi mano dentro de él. Lo escuche gemir de placer cuando alcense a tocar su hombría. También yo sentí placer al hacerlo, era gruesa, enorme... ahora quería probar un poco de ella, pasé mi lengua por mis labios y giré mi cuerpo hasta quedar sobre él. No podía ver su rostro, pero estaba segura de que era hermoso, como el mío. - Vas rápido cariño – lo escuche y sé que sonreí. Estoy segura de que lo hice. Baje la mirada hasta encontrar ese bulto que había tocado antes, sin esperar nada le baje el pantalón hasta encontrarme con él, erguido, de pie como todo un soldado dispuesto para la batalla. En que momento mi cabeza bajo hacia él, no lo sé. Si fui yo quien lo hizo o fue él quien me ayudo, tampoco. Solo se que unos segundos después me estaba devorando su hombría como si se tratara de una paleta de helado, refrescante y deliciosa. - No pares – lo escuche susurrar entre gemidos. Y no lo iba a hacer, disfrutaba lo que hacía. Luego sentí un tirón, él me subió de repente. - No tan rápido mujer – me dijo, su voz estaba ronca. - Ahora me toca a mi – me dijo y cambiamos de posición. De pronto era él quien lamia mi feminidad, y yo la que gritaba de placer. - ¿Te gusta? – me preguntó y mi respuesta fue jalar su cabello hasta presionar mis partes intimas con su rostro. ¿Me gustaba? Claro que sí, más que eso. Me encantaba. Sentir su lengua lamiendo, ingresando, saliendo y recorriendo mi parte intima me estaba volviendo loca, su dedo ingresando junto con ella, moverse de esa forma tan, tan... simplemente me hizo sentir en la gloria. - No pares – roge ahora yo. Y no lo hizo. Cuando estaba a punto de explotar se alejó, una queja salió de mis labios, quería más de lo que me estaba dando, pero en el mismo momento que solté un gruñido su m*****o me abordo. Lento, poderoso, sensual. Sus movimientos eran rítmicos, arriba y abajo, entrando y saliendo de mí. Nunca sentí aquel dolor del que hablaban mis amigas, solo sentía placer, solo quería un poco más, y más.

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