El presidente del consejo de estudiantes

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Cuando él tomó asiento no volteé a verle directamente, solo lo hice por el rabillo de mi ojo con la suficiente claridad como para darme cuenta de que era un chico. Un millón de probabilidades vinieron a mi mente y ninguna de ellas me gustó. No era buena tratando con hombres, las experiencias de la vida me habían hecho alzar una barrera hacia el sexo opuesto que no podía ignorar tan fácilmente. «Este es un lugar nuevo, Carrie, esto no es Saint Claire.» sonó una voz en mi cabeza. No, es Green Woods, me respondí, sabiendo que no era mucho mejor. En medio de mis propios prejuicios, noté que tras haberse instalado sus ojos me dieron un vistazo que duró un poco más de lo usual, aún así, aparenté no haberlo notado hasta que él volteó de nuevo a la pizarra. «Eres nueva, Carrie Castellan, las miradas es de lo que menos te debes preocupar.» El nuevo profesor se ajusta lleno de ilusión la bata y nos encara. — ¡Bienvenidos nuevamente a la clase de biología! Hoy es un día muy especial para todos, lo veo en sus caras —hice un breve repaso al área y nadie parecía emocionado, más bien se veían asustados—. Como ya sabrán, mi clase se caracteriza por ser un tanto...—duda— fuera de lo común. Destapa las jaulas que había traído consigo y, si bien fuera por fastidio o emoción, los gritos no se hicieron esperar. Eran animales, animales de todo tipo y tamaño en esas jaulas. — Voy a llamar a PETA —soltó una chica con el móvil en la mano. — ¡No, no, no! —se apresura a detener entre la conmoción— Estos son animales rescatados, todos han sido rescatados por mí y están en perfectas condiciones, he cuidado bien de ellos. — ¡Ese pato está amarillo! —exclamó Alex— ¡Tiene hepatitos! — Titis —corrigió alguien a su lado. — ¡Hepatitis! El maestro le miró con cansancio, como si estas situaciones hubiesen sido su pan de cada día en el pasado y ahora se reanudaran. — Los patos son amarillos, Alexander. El rubio alzó su dedo índice con una sonrisa satisfactoria. — Lo acabo de googlear y son blancos. El maestro estrujó un poco su bata mientras fingía tranquilidad. — Los patos bebés son amarillos, joven O'donnell. — No, no, no —niega el rubio—, ese pato es un tono de amarillo diferente, amarillo yema de huevo tres cuartos; en cambio, los de la foto... — ¡Ya está! —interrumpe el maestro— Tú y yo jugaremos a que te quedas callado durante mi clase y te regalo un punto en la siguiente prueba, ¿de acuerdo? Cállate. Habiendo dicho esto, aquel chico cerró la boca lleno de emoción por su nuevo juego. Era curioso, su aspecto resultaba tan llamativo y delicado que jamás hubiera acertado al imaginar que ocultaba una personalidad tan extrovertida y activa. «Lana tiene competencia.» El maestro tomó en sus manos la lista con cada uno de nuestros nombres y mejoró su postura mientras nos señalaba a las jaulas. — Muy bien, la clase de hoy será muy breve debido a que han solicitado su presencia para el discurso de apertura en el auditorio general, solamente quiero que cada pareja de banca se acerque y elija a una de estas pequeñas mascotas con el fin de darle un hogar —indica—, yo estaré chequeando su desempeño cada semana así que necesito que sean responsables por esta vez. ¡El m*****o de la pareja que no participe en el cuidado pierde la calificación! — ¡Nosotros somos un trío! —exclama Alex con su mano alzada. El maestro le señala. — Acabas de perder —el rubio se entristece—. Pueden pasar a traer su nueva mascota. Todos empezaron a ponerse de pie luego de eso, justo cuando mi pareja soltaba un suspiro por lo bajo y sacaba su móvil para empezar a revisar algo en él. — Debemos ir por nuestra mascota, vi un bonito roedor comiendo plátano en la última jaula —propongo. No le estaba viendo precisamente a él, mi atención estaba en el hámster que pretendía adoptar pero aún así noté como sus dedos se detuvieron durante un momento sobre la pantalla antes de poner su mirada nuevamente en mí. — Está bien si no quieres un hámster, podemos elegir un ave, también hay muchas. Sus ojos esta vez no desistieron tan rápido de permanecer pegados a mi rostro, los sentía tan clavados en mi sien que el nerviosismo me obligó a relamer mis labios. «¿Qué le pasa?» Para mi suerte alguien más rompió la tensión — Kai, debes ir por tu pato —indicó un animado rubio girándose en su banca—, el maestro nos está regalando la cena de navidad. — ¡El grupo de Alexander tiene prohibido adoptar cualquier ave! —advirtió contundente el mencionado, provocando nuevamente la tristeza del chico— Apresúrense a pasar las demás parejas, los animales se agotan. Mi compañero de banca por fin apaga su móvil y se pone en pie. De mala gana sigo su alta figura bajo la mirada del maestro, quien había enfatizado que debíamos trabajar juntos o no tendría calificación. Mis ojos miraron su espalda. Desde atrás no podía ver mucho pero por su atuendo y su estoico andar podía intuir que no era alguien ordinario. «Eso explicaría el porqué de su mirada tan indiscreta para con las personas.» — Podría ser un lagarto —propongo, al llegar ante las jaulas—, aunque tengo un gato y le gusta comerlos. No me respondió. — Kai, ¿tendremos lecciones este año también? —la presencia y pregunta de aquella chica que acababa de llegar al lado de mi pareja interrumpe nuestra selección— El año pasado fueron muy satisfactorias, nuestras notas subieron notablemente —enlaza suavemente su brazo con el suyo y le mira—. Por cierto, ¿vas a aceptar mi follow en i********:? «Oh, por favor, no te hagas esto frente a tanta gente.» Por primera vez volteé hacia la persona a mi lado movida por la curiosidad de ver al causante de tan desesperada petición. Desde mi posición tenía solamente la vista de su perfil pero fue lo único que necesité para darme cuenta de que no era alguien de apariencia ordinaria, ni siquiera su cabello n***o ligeramente desordenado lograba restarle méritos a la tan proporcionada y acertada estructura de su rostro. Volví a centrarme en los animales. «Mis felicitaciones a sus padres.» — Claro. Será un placer. Mis cejas se alzaron de forma involuntaria. No sabía si había sido mi pésima audición o mi desagrado hacia la mayoría de las personas lo que me hizo captar el tedio en una respuesta tan simple, sobre todo porque nadie más parecía haberlo notado, incluso algunas otras personas se acercaron para consultar sobre el mismo tema. «No es de tu incumbencia, Carrie.» Había tratado con este tipo de chicos en el pasado y no eran para nada de mis favoritos; no soportaba a quienes se sentían con el poder de minimizar a los demás, no los toleraba. Sin embargo, movida por mi gusto por conocer cada detalle, dirigí mi vista sutilmente hacia su cara, llevándome la sorpresa de que parecía, en realidad, muy amable y sonriente con ellos mientras acordaban fechas y lugares para estudiar. «¿Le habré juzgado mal?» Agudicé mi oído. — ¿No tienes problemas si las realizamos una vez al mes? —preguntó alguien. — Siempre y cuando no interfieran con mis exámenes, no tendré problema —le escuché contestar con ligereza. «Al parecer es solo un nerd.» concluí. Luego de eso, volví a repetirme que no era mi asunto, después de todo, ¿qué de mal hay en ser compañera de banca del tipo listo del aula? te ven despectivamente como todos pero al menos a ellos no les importa lo que haces con tu vida. Decidiendo desconectarme de la conversación a mi lado, tomé en mi mano una pequeña rata blanca con sus ojos como el fuego y consideré elegirla como candidata hasta que aquella chica volvió a hablar, pero esta vez fue dirigida a mí. — No tomes decisiones por ti misma —dice, viéndome con el ceño fruncido—. Es un trabajo en equipo, ¿no piensas consultarlo primero con él? La miré incrédula pero de inmediato volteó su rostro al único dueño de su atención. «¿Y yo qué le hice? ¡Estaba a su favor hace un rato!» — ¿Por qué no te mueves conmigo? Podemos elegir nuestra mascota ahora mismo —suelta emocionada—. Tiene que ser una pequeña y no un ave, soy alérgica a las- No pudo ni terminar para cuando la mano de aquel tipo se había disparado ya como una flecha hacia la única ave que quedaba, un gordo y gris pichón que todos habían pasado de largo. De inmediato las manos de su amiga lo soltaron. — Perdona, no sabía sobre tu alergia —se disculpó como si realmente no lo hubiese hecho a propósito, pero no soltó al ave. La chica mostró una sonrisa complicada mas no pareció sentirse herida por la acción, aún quiso sostener una plática con ese ser humano que, tras excusarse educadamente, se abrió camino de regreso con su feo pichón, ese que tomó sin considerar ni por un momento mi opinión. ¿Y la desconsiderada era yo? Vaya chiste. Le seguí con el ceño fruncido. No podía creer que hubiese actuado por su cuenta sin siquiera consultarme. ¡Mi gato ama los pichones! ¡Cena pichón cuando sale de caza! Caminé hacia él con un poco de molestia, dispuesta a hacerle saber que no era conveniente criar a un ave de ese tamaño ya que debíamos turnarnos para dedicarnos a ella y el traslado de casa a casa podía ponerle un pie en la tumba; o una pata. — Oye —empiezo, con un poco de vacilación—, creo que deberíamos reconsiderar el criar al ave, es muy pequeña, podría morir o ser comida —señalo, tomando asiento a su lado—. ¿Por qué mejor no llevamos alguna lagartija? Me aseguraré de que mi gato no se la coma. Nuestros ojos se miraron por primera vez desde que ocupé el espacio a su lado. Sus párpados se veían cansados pero su mirada eclipsaba cualquier rastro de somnolencia; era fría, calculadora, de un azul tormentoso portador de un sentimiento que provocaba incomodidad y alarma a grandes niveles. Le miré solo por un par de segundos, luego volteé hacia otro lado lidiando con el nerviosismo y planteándome el regresar por donde había venido. — Yo cuidare de él —pronuncia, poniendo en evidencia un leve acento en su voz, casi imperceptible. — Cuidaremos —corrijo suavemente, ordenando por pura distracción mis lápices. — Cuidaré —reafirma. La seguridad en su afirmación sí que me dió el valor para voltear de nuevo. — ¿Disculpa? — Si ya tienen sus mascotas, pueden empezar a marchar hacia el auditorio. Andando, andando todos. La voz del maestro me llegó pero yo seguía esperando a que las palabras que había escuchado hubiesen sido malinterpretadas. ¿Cómo que "Yo cuidare de él"? Es nuestro, NUESTRO. — Debemos trabajar juntos, yo también debo cuidar de él o no tendré calificación —explico, deseando que esto fuera solo un malentendido. Me miró fijamente desde una altura superior a la mía ante la que me obligué a no ceder. «Si no muestro firmeza hoy, esto no será diferente a mi antiguo instituto.» En ese momento, sus comisuras se alzaron levemente con una amabilidad y cortesía que creí por un segundo; pero no, había algo mal, algo que me hizo poner en duda ese gesto. — Perdona, al parecer aún tengo problemas con tu idioma y creo que no expresé bien que trabajaré por mi cuenta. Solo. Ante el sentimiento de que me estaba tomando el pelo mis dedos se ciñeron a uno de mis lápices. — Lo entendí, pero tú no pareces entender que es un trabajo en equipo —pronuncio, empleando junto a mucha paciencia el último cartucho de gentileza que me quedaba—. El ave es de ambos. Ambos —enfaticé. Durante todo mi discurso ví por su pálido rostro cruzar ciento un matices de fastidio que volvieron su sonrisa amable una mueca difícil de ver sin crear en ti instintos asesinos. Pero fue listo, como si no tuviera nada más que agregar empezó a ordenar sus cosas para marcharse del aula casi vacía, ignorando que a su lado yo aún esperaba que estuviera de broma. «¡¿Qué diablos le hice?! ¡Juro que es la primera vez que le veo!» Me levanté de inmediato, metiendo con barrido todas las cosas que tenía sobre el escritorio y me eché la mochila a la espalda mientras iba tras él. — ¡Oye! —llamo confundida, saliendo con cautela para no alertar al maestro de nuestra discusión—, no estás hablando en serio, ¿verdad? Solo me lanzó una fugaz mirada, como si mi sola e insignificante presencia no ameritara el inmutarse. En mi anterior instituto puede que hubiese dejado pasar una situación similar, es más, me habría privado de hacer la actividad por voluntad propia, pero no me podía permitir el ser excluida en un lugar por el cual, al igual que la mayoría, debía pagar una muy alta cuota, ¡muy alta! — Creo que me confundí —soltó, sin dejar de avanzar—, quien no entiende su propio idioma eres tú. «De acuerdo, adiós paciencia.» — ¿Lo desconsiderado también viene de tu país natal? —pregunto, endureciendo el tono de mi voz de tal forma que le hice detenerse a unos pasos de donde me había quedado— No solo tienes problemas con el idioma sino también culturales. ¿Debo definir para ti lo que trabajo en equipo significa, maleducado extranjero? Para mi desgracia, en el momento en que su rostro se giró para dar con el mío, en el pasillo frente a la salida no hubo nadie que diera fe de lo que ví, porque de haberlo habido habría jurado a mi lado que la expresión sombría que obtuve de ese chico fue tan alarmante que te haría disculparte por cosas que nunca hiciste. La diferencia era que yo sí había hecho algo y por eso no había duda de que el veneno que destilaron sus pupilas era en mi honor. Di un paso hacia atrás, alisando las inexistentes arrugas de mi blazer y pasé saliva casi de forma inconsciente, pero nunca aparté la mirada. Un tintineo seguido de una maldición me hizo descuidar la escena que presenciaba para voltear hacia el maestro, quien salía cargando con algunas jaulas vacías. — Kaidan —soltó con la voz agitada y una sonrisa—, ¿podrías ayudarme un poco? Mi vista regresó al punto que antes tenía mi atención y no pude reaccionar ante la sorpresa de ver ahí a un sonriente estudiante que cordialmente acudió a la ayuda del maestro de biología, quien no paraba de agradecer al sentir la disminución de carga. Era el mismo que había hablado con sus compañeros sobre clases de refuerzo, pero era totalmente opuesto a quién me había mirado hace unos segundos. — Descuide, ¿va a la planta de maestros? —inquiere mientras recoge las jaulas con un tono de voz que definitivamente no había usado conmigo. De repente subió la mirada— Nos vemos, Lana. La pelirroja que salía ataviada del salón le dedicó una radiante sonrisa y batió su mano. — ¡Nos vemos, Kai! Y así, con mis ojos oscilando entre Lana y la pareja de maestro y alumno que se retiraban en medio de una plática, no pude evitar preguntarme si había visto bien. «¿Mi locura está empeorando?, ¿tengo delirios?» — Carrie, debemos irnos. Déjame acompañarte para que no te extravíes —ofrece, tomando mi mano—. ¿Qué animal escogieron ustedes? Parpadeé desconcertada, a punto de dejarme arrastrar por ella hasta que un pensamiento cayó sobre mí cual rayo. Me llevé la mano con fuerza a la frente y solté un gruñido de rabia. — ¡Se llevó al pichón! *** — ¿Quién se cree que es? —me quejo nuevamente cuando ya hemos abandonado el aula— No podré trabajar con una persona así, definitivamente no podré trabajar a su lado todo un año. Estaba muy molesta. ¡¿Qué le sucede?! Ni siquiera cruzamos palabras y ya me había echado de lado como a un perro, ¡¿Acaso insulté a sus antepasados?! Bicho raro. Lana me mira divertida y yo dolida. — ¿No me crees? — Sí, te creo —consuela, tirando suavemente de mi brazo—, es solo que siento que pudo haber sido un malentendido, él se mudó desde Rusia hace un año. — Eso no lo exime de ser un egoísta, solo lo vuelve un egoísta ruso —repongo. La escucho reír. — ¿De qué te ríes? —exijo, viéndome contagiada de su diversión. — Es solo que es la primera vez que oigo a alguien quejarse de Kaidan. Me encojo de hombros. — Si tengo que seguir compartiendo mesa con él creo que lo escucharás más seguido. — Es que no lo entiendo; si en verdad existe un chico perfecto, ese debe ser Kaidan Collins —expresa con cierta incredulidad y estremeciéndose ligeramente al hacer contacto con el frío viento del campus a esta hora—. Es guapo como el demonio, sus notas son sobresalientes, es muy bueno en los deportes, su familia se compone de empresarios acaudalados que hacen proyectos de caridad como nadie más. ¡El director incluso lo invitó a cenar en su casa para navidad! —sus labios hacen un puchero— Me urge un esposo así de rico, los lentes de mi cámara no se pagan solos. Suelto una risa, decidida a hacer oídos sordos a sus seguramente exagerados puntos buenos; no me extrañaría, no tenía mucho tiempo de conocer a Lana pero ya sabía sobre su amor por hacer enormes las cosas pequeñas y mostrarse débil ante la belleza masculina. Aún así, aunque su personalidad fuera totalmente diferente a la mía, podía asegurar que su compañía me era agradable. — Si te vuelves rica por tu cuenta puedes prescindir del esposo, ¿no es eso mejor? —devuelvo. Me empuja en son de broma y empieza a darme un rápido recorrido por las áreas más importantes del gigantesco Green Woods, tales como: la cafetería, compuesta por una construcción de forma octagonal con una terraza y paredes de cristal; la biblioteca, un edificio con techo abovedado y ventanas con arcos ovales; y luego los establos, mi lugar menos favorito gracias al olor que provenía de ahí. Nuestro último lugar de destino fue el campo de fútbol, un amplio rectángulo alfombrado con verde césped natural rodeado por graderías y altos reflectores. — El deporte más popular en Green Woods es el futbol americano —señala Lana—, aunque también se practica baloncesto, equitación, natación, béisbol y tenis —voltea a verme—. ¿Practicas alguno? Veo hacia el campo con mi mano cubriendo el sol de mis ojos y hago una mueca. — Sobrevivir con el mínimo de dinero ya es un deporte, uno extremo. Lana suelta una risa y enlaza nuestros brazos para llevarme a otro lado. — Yo tampoco soy buena en los deportes, por eso el club de fotografía es el mejor. La pelirroja comprueba la hora en su reloj y me comunica que debemos asistir a la reunión antes de que pudiera agregar algo más. Bajamos unas escaleras de metal que dan hacia el auditorio y por fin entramos a éste. El lugar ya se encontraba lleno a pesar de su amplio tamaño y el director, con una escolta de bien vestidos maestros parados tras de él con la espalda recta, estaba al frente dando la bienvenida a todos con una enorme sonrisa. «No es para menos, seguro debe estar calculando lo que se llevará al bolsillo por cada una de las cabezas en este auditorio.» — Espero que este año tengamos un viaje —susurra Lana, interrumpiendo mis pensamientos. — Yo solo deseo que mi ingreso sea aprobado pronto —respondo con tristeza. — Habla con el consejo de estudiantes, en una semana estará listo. Mis ojos le miraron con esperanza. — ¿Eso es posible? Me dijeron que debía esperar cerca de dos meses. Una voz a través de altavoces se sobre puso a la mía. — Para conocer sobre las actividades curriculares y extracurriculares de este año, por favor, den la bienvenida al presidente del consejo de estudiantes —pronuncia el director, dejando el micrófono libre. Los aplausos llenaron la sala en el momento en que sus pasos se dejaron oír sobre el escenario y para cuando volteé con interés a conocer al futuro salvador de mi billetera, no me tomó ni dos segundos sentir la cara en el suelo. — ¡Ah!, ¡olvidé decir que Kaidan también es el presidente del consejo!—añade la pelirroja mientras aplaude— ¡Tienes mucha suerte! Él es el encargado de dar asesoramiento para los papeleos del traslado; cáele bien, lo tendrás en tres días. — Esto tiene que ser una broma —murmuré. Él se paró ante todos lleno de confianza y disciplina; era alto, por lo que el pulcro uniforme de Green Woods le quedó a la medida y ahora se acomodaba un blazer oscuro en cuya solapa brillaba un broche dorado con la insignia del instituto. Entre los murmullos emocionados de las chicas nuevas y aquellos aplausos que aún no cesaban, incluidos los de la planta docente y el propio director, sus ojos azules dieron conmigo a pesar la distancia, clavándose con una emoción indescifrable. — Es todo un honor que nos encontremos nuevamente en nuestra casa de estudios. Mi nombre es Kaidan Collins y sus intereses también son los míos, estaré a su servicio —su mirada no se apartó ni por un segundo, destilando una superioridad inigualable—, aunque admito que he recibido quejas sobre mi compresión del idioma. Y entonces, entre las risas provocadas por su último comentario, me giré hacia la puerta. «¿Que mi trámite durará tres días? Já. Durará todo el año» — ¿A dónde vas, Carrie? Aún no termina. — A sobornar al maestro para que me cambie de grupo —me lo pensé mejor—, o de vida. ~•~•~•~•~ ¡Hola! Espero que les haya gustado el inicio de esta historia. ¡Saludos!
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