Algo debe estar mal contigo

2092 คำ
La tarde de un caluroso día de verano transparenta su belleza tras el cristal del ventanal de Delicius smooke, una cafetería rústica ubicada en el centro de Mount Lake donde las personas, por lo general, solo necesitan una ojeada a nuestro limitado menú grabado con tiza en una pizarra seguido de un vistazo a Trina, la de los ojos aburridos y rostro amargo, para alejarse rápidamente. Sabía que funcionaba así, yo veía con resignación a diario estas escenas mientras limpiaba con diligencia las mesas que no se había usado y que no se iba a usar jamás si la encargada de llamar clientes, cuyo único trabajo es ser amable y a quien se le asigna un salario superior a las demás al ser, curiosamente, la sobrina del jefe, seguía ladrándole con la mirada a todo lo que se moviera. — Carrie, no te pago para soñar despierta. El llamado de atención me tomó por sorpresa, ignoraba desde hace cuánto mi jefe me miraba con sus ojos enmarcados en arrugas y sus cortos brazos cruzados sobre su abultado abdomen. Suelto un suspiro y guardo la toalla en la bolsa de mi delantal mientras me incorporo. — He limpiado estas mesas tantas veces que creo que puedo reflejarme en ellas, Paul —me quejo—. Nadie nos visita. Lleva sus rellenos dedos a rascar su mentón dividido y me observa con una expresión desinteresada. — No es tu asunto. Si nadie nos visita, que no vengan. — Yo vivo a base de las propinas —recuerdo, caminando tras de él cuando da media vuelta—, el salario básico que me das apenas cubre mi comida del día. — Entonces trabaja toda la semana —responde con obviedad. Le señala a Sandy, la dependienta del mostrador de postres, una dona en particular para que se la tienda sin molestarse en mirarme. — No puedo trabajar todo el día, soy estudiante —recalco, subiendo mi tono como si estuviese tratando con un tronco. Le da una mordida a su dona de chispitas y me mira finalmente, mostrándome una sonrisa que me hizo sentir un tanto incómoda. Ya no quería su atención, ahora deseaba volver a pulir cada una de las mesas. — Oh, Carrie —pronuncia, dibujando cada letra en sus labios embadurnados en glaseado—. Ya te lo dije, puedes trabajar en el horario nocturno; la paga es mejor y sin retrasos. Dejé de lado la manera vomitiva en que pronunció mi nombre, me concentré más en la parte del retraso. Una de mis cejas se alzó al extremo de mi ceño fruncido. — ¿Cómo que "sin retrasos"? Sus comisuras se encajaron en sus mejillas redondas al sonreír. — Retraso como el de hoy —pronuncia—, solo podré pagarle a mi Trina y a Sandy. La chica tras el mostrador me lanzó una mirada complicada pero aceptó su pago cuando Paul dejó su dona para sacarlo de su bolsillo; no la culpaba, pero tampoco pude culparme por ver esto con una horrorosa expresión de indignación. ¡Tengo un gato que alimentar y una cuota que pagar! — No me veas así —pide con una exagerada actitud melosa al notar mi desagrado—, ellas trabajan más, tú solo limpias mesas. Tuve que hacer mi mejor trabajo para que lo que ahora era un temblor en la mejilla no acabara siendo un asesinato a mi jefe. Estrujé la toalla en mi mano y me giré molesta. — Serviría las mesas si tuviéramos clientes —espeté entre dientes. — Si quieres servir a clientes ven al horario nocturno, puede que aún tenga un cupo —responde, volviendo a su misión de comer, esta vez entrando nuevamente a su despacho. Le miré desaparecer y hasta entonces tiré mi toalla sobre la mesa y me senté en una de las sillas con la mandíbula apoyada en la mano. Tenía deudas, deudas que la escasa e irregular mesada que me asignaba mi tutor legal no alcanzaba a cubrir. Intenté trabajar en varias cosas pero fui despedida en cada ocasión, nadie quiere a una persona que solo tiene disponibilidad medio tiempo; ahora es peor, con los horarios de Green Woods solo puedo trabajar los fines de semana. O en el horario nocturno... Miré de soslayo hacia la puerta tras la que desapareció Paul. ¿Valía la pena el riesgo? Me encontré a mí misma pensando en esa pregunta. Mi jefe no estaba exento de rumores, sobre todo los que involucran acoso laboral, y eso me tenía muy alerta. Hasta el día de hoy había logrado dibujar una línea entre ambos buscando cada exclusa para evitar entrar a su despacho y negando cada oportunidad para favorecerme que me ha dado. Mi actitud de salvaje le espanta, es como un súper poder, pero no estaba segura de si sería suficiente. Ajeno a mi debate mental, el reloj marcó mi hora de salida así que me apresuré a ir por mis cosas y utilizar los vestidores antes de que las chicas de la siguiente jornada entraran. Tomé el móvil de mi mochila mientras empezaba a desabotonar mi vestido y entonces me paralice. Secretaria General de Green Woods. Asunto: Recordatorio para la clase HL123. Por este medio se recuerda a los estudiantes de la clase HL123 que mañana es la fecha acordada para la presentación de la propuesta de recaudación de fondos con motivo del festival de caridad próximo a celebrarse. No hay posibilidad de prórroga. Por mi mente hecha un caos se empezaron a reproducir todos los días que había dejado pasar sin tratar este asunto con Kyle, ¡Él ni siquiera se había aparecido los últimos dos días de clase en esta semana! Estaba frita, ¡frita! Me olvidé por completo de cambiarme de ropa, cerré el casillero y empecé a caminar de un lado a otro con desesperación. No tenía ni idea de dónde vivía mi extraño compañero de proyecto, tampoco tenía su número y ya eran las tres de la tarde. — Piensa, Carrie, piensa —me exigí, tirando de mi cabello con frustración. Mi móvil empezó a vibrar y en la pantalla empecé a ver los interminables mensajes de Lana lamentándose por el mismo anuncio que acaba de recibir. Lana: ¡Por qué demonios no avisan los sábados! Lana: ¡Es domingo, me acaban de arruinar mi domingo! Lana: ¡Voy a quemar ese maldito instituto! ¡LO QUEMARÉ! Lana: ¿Crees que me veré zorra si vendo bragas como proyecto? Me compré unas muy lindas ayer, ¿quieres verlas? ojos cristalinos Solté una risa por no llorar al leer sus mensajes. Al menos ella tenía bragas hasta para vender, yo tenía exactamente la cantidad necesaria para usar una semana y no quería pensar en lo que viví cuando perdí una. Tú: Lana, no tengo proyecto alguno, ¿sabes dónde vive Kyle? Aguardo con ansiedad la respuesta, estaba a punto de comerme la siguiente uña hasta que contestó. Lana: No :( Volví a llevarme la uña a la boca hasta que me cayó otro mensaje. Lana: Pero tengo su número gracias a las tutorías ;D Al recibir dicho número solo me tomé el tiempo necesario para agradecer a la pelirroja antes de marcarlo, suplicando en mis adentros que el poco crédito que tenía en el movil no fuera a expirar. Los timbridos aceleraban mis nervios pero todo esto empeoró cuando alguien contestó. — что? —gruñó una voz malhumorada del otro lado, poniéndome los pelos de punta a pesar de no saber qué había dicho. — Móvil equivocado —advierte una voz de fondo a través de un susurro. Un silencio se escuchó en la línea ante el que ni siquiera me atreví a respirar demasiado fuerte. — Buen día, ¿en qué puedo ayudarte? —rectifica la voz del principio, pero esta vez con la amabilidad y tolerancia digna de servicio al cliente. Recordé entonces los extraños cambios de humor de la persona con quién hablaba y decidí dejarlo pasar antes de que mi crédito caducara. — Kyle, el proyecto es para mañana —me apresuro a decir. Como si hubiese reconocido mi voz en esas pocas palabras pronto escuché un suspiro de cansancio. — Dos cosas: primero, no me llamo Kyle; segundo, trabajaré solo. — ¡Oye! —detuve, sabiendo por dónde iba la cosa— Primero el ave y ahora el proyecto, ¿crees que soy una incompetente? — Tú lo has dicho. En ese momento escuché cristal romperse en mi cerebro. Me invadió una intención asesina que solo se vio contenida por lo imposible que era estrangular a alguien por teléfono. Algunas chicas del siguiente turno empezaron a entrar al vestidor y me apresuré a salir sin siquiera cambiar mi uniforme, hirviendo de la ira. — Escúchame —mascullo, saliendo—, no me importa si media planta docente de Green Woods desea adoptarte, señor perfecto, debiste pensarlo mejor antes de aceptar que nos emparejaran. Estaba a punto de salir del café cuando Paul empezó a hacerme señas desde la entrada de su oficina. Con mi actual mal humor solo hice un ademán pidiendo explicaciones. — Tengo una vacante para el turno nocturno —avisó, con un folio en la mano—, la propuesta se acaba en un minuto. — No tengo tiempo, estoy ocupado —soltó la voz a través de mi móvil, ignorando que actualmente estaba lidiando con otro idiota. — ¡Ya te dije que no! —exclamé, haciendo que Paul alcé ambas cejas— ¡No, tú no! —le digo a mi jefe antes de volver a mi teléfono— No sé cómo, pero vamos a trabajar juntos si no quieres que te haga pasar la peor vergüenza de tu vida en la exposición del proyecto, ¡no te atrevas a ponerme en duda! Soltó algo en otro idioma que no entendí pero presentí que no se trataba de nada bueno por el tono en su voz. Se oyó una risa de fondo, delatando por segunda vez a alguien junto a él. — Carrie... —Insistió Paul, amenazándome con tachar mi nombre de la lista. Me sentía a punto de explotar del estrés entre ambos, esta era una decisión importante, ¡Necesito tiempo! — Carrie... — ¡Sí, trabajaré en el horario nocturno! —exploté, haciendo regresar sonriente a Paul a su oficina. Respiré con agitación, tratando de enfriar mi cabeza para saber si lo que acaba de hacer era una buena decisión. No me sentía segura, pero pronto fui interrumpida. — Tercera Avenida, calle Blackwood, edificio número veinticinco —suelta—. No te voy a esperar más de quince minutos. Mis ojos se abren con exageración e intento protestar hasta que un timbrido me avisa que ha cortado la llamada. Miro la pantalla con incredulidad y de repente mi vista se fija en la hora, recordándome que solo tengo quince minutos. — Horario nocturno será —me resigné, decidiendo irme. Sorpresivamente, lo que antes era un día soleado se había convertido en un cielo repleto de nubarrones oscuros que se exprimían en tupidas gotas, un cambio singular que ya era común en esta ciudad húmeda. Aún así, salí disparada de la cafetería sin siquiera detenerme a preguntarle los detalles de mi nuevo puesto a Paul. Si ese bicho había dicho quince minutos, era más probable que los disminuyera a diez antes de que los extienda a veinte. — Debo estar pagando algo terrible de mis vidas pasadas —mascullo. Realmente no conocía mucho las calles así que el ahorrarme los seis dólares del taxi no fue una opción, aunque al menos me libré de la tormenta en ese tiempo que al final acabó por consumir exactamente once minutos de incómodo viaje. El coche se detuvo frente a un edificio en particular y desde el asiento trasero miré dudosa. — ¿Está seguro que este es el lugar? — Sí, justo ahí —sus ojos me miraron por el espejo retrovisor y me lanzó un guiño—. Que lo disfrutes. Le miré molesta y bajé rápidamente sin intención de darle una sola ojeada más, la tormenta aún no había parado pero yo sí que me detuve en seco ante lo que estaba presenciando. «...imposible.» Las personas que pasaban a mi lado me miraron de una forma extraña y no los culpé, yo también miraría de la misma manera a la chica vestida con un uniforme de mesera bajo la torrencial lluvia viendo hacia el rótulo de un motel. Un motel. ¡¿Por qué diablos me citó en un jodido motel?!
อ่านฟรีสำหรับผู้ใช้งานใหม่
สแกนเพื่อดาวน์โหลดแอป
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    ผู้เขียน
  • chap_listสารบัญ
  • likeเพิ่ม