[ADRIEN] No espero a que mi abuelo me llame. Voy yo. El despacho de Henri Laurent tiene la misma presencia que siempre ha tenido: madera oscura, líneas firmes, el silencio denso de un lugar donde se toman decisiones que afectan generaciones. Desde el ventanal, París parece inquebrantable. Desde aquí todo parece eterno. Cuando entro, él levanta la vista con una calma que nunca es casual. —No esperaba verte hasta el almuerzo. —Prefiero no posponer esto. Cierra el documento que está revisando y me observa con atención directa. —Habla. No rodeo el asunto. —Me caso. La palabra queda suspendida en el aire como una pieza recién colocada en el tablero. Mi abuelo no reacciona de inmediato. Se quita los lentes y los deja sobre el escritorio. —¿Con quién? —Claire Martin. Hay un leve mo

