Maison
Desde que conocí a Rebeca, no he dejado de pensar en ella ni un solo día. Está tan dentro de mí que duele, no un dolor malo, diría que es jodidamente bueno.
Llevo siete días tratando de invitarla a salir, pero me he vuelto un cobarde. Hay algo en ella que me hace débil, nunca había sentido miedo de que una chica me dijera que no.
Cosas que sé de Rebeca hasta ahora: odia las bebidas de dieta, el pescado y el helado de fresa; se mudó desde Cincinnati con su madre –quien es vendedora de bienes raíces y la mayoría de sus clientes son de aquí Miami, así que era lógico cambiarse–, y es callada, muy callada. La mayoría de las veces, soy solo yo hablando sin parar.
Tocan la puerta y bajo corriendo las escaleras, deben ser Hayley y Axxel, siempre pasan por mí para ir al instituto.
Hayley tiene días sin venir con nosotros, espero que hoy lo haga, la he extrañado mucho.
—¿Estás listo, Don Juan? —bromea el idiota de Axxel. No le respondo, él sabe que sí.
—¿Dónde está Hayley? —le pregunto, hablando lo más natural que puedo aparentar.
—Evan va por ella a casa. —responde despreocupado.
—¿Ese imbécil? Sabes que es…
—Lo sé, Maison. Pero no hará ninguna estupidez, no se atrevería.
—Bien. —farfullo como si no me importara. Pero me importa y me cabrea mucho.
¡Joder! Estoy tan enojado.
«---»
Camino por los pasillos, decidido a enfrentar a Hayley, pero me encuentro con Rebeca; hoy luce más sexy que nunca, tiene el cabello suelto, una blusa con escote y una falda negra lo suficientemente corta para destacar sus hermosas piernas y del largo adecuado para evitar ver más allá de sus muslos.
¡Bendito Dios!
—Hola, Rebeca —la saludo con voz temblorosa. Ella sonríe y solo con ello mi corazón bombea con mucha fuerza.
—Hola, Maison. —sus labios se curvan hacia arriba, dibujando una sonrisa hermosa.
—Quería preguntarte. Eh… tú… yo… ¿Tienes planes para hoy? —Es la peor forma de invitar a una chica, parezco tarado.
—Sí, tengo planes —Mi alma se cae al suelo, me ha rechazado. No sé para dónde fijar la mirada, mi garganta pica y la aclaro tratando de eliminar la molestia—, pero mañana estoy libre.
Esas cuatro palabras son las que necesitaba escuchar, no soportaría un rechazo, no de ella.
—Tenemos una cita entonces.
No puedo dejar de sonreír y ella tampoco hace ningún esfuerzo por ocultar la suya. Mientras intercambiamos números, hago una fanfarria en mi interior. Le gusto, realmente le gusto.
Cuando caminamos por el pasillo, veo a Hayley frente a su casillero sacando unos libros. Estoy tentado a detenerme, pero solo la saludo con la mano, ella responde con el mismo gesto.
«---»
Hoy es sábado, mi tan anhelado sábado; el día de mi primera cita con Rebeca, mi dulce y hermosa Rebeca. Sueno posesivo, pero estoy seguro de que será mi chica hasta el final de los días.
Me levanto de la cama de un salto cuando escucho la voz de mi padre gritando desde la cocina.
Hoy me toca hacer algunos deberes, es tan difícil ser el único en la casa; antes, no tenía que preocuparme por nada y, desde que mi madre murió, tengo muchas responsabilidades.
—¿Se te pegaron las sábanas, grandulón? —pregunta Mike, en tono burlón. Ruedo los ojos y lo ignoro—. Necesitamos hablar, hijo —Arrastra una silla de madera y la ubica frente a mí en la mesa.
—¡No tenemos nada de qué hablar! —gruño altanero.
—Si tenemos, Maison, necesito que entiendas que amé mucho a tu madre, que me duele tanto como a ti su partida. —comienza a decir mientras acerca sus manos a las mías. Las aparto.
—¡No, Mike! A ti no te duele, tú te sientes libre. Ella era una carga para ti y no te atrevas a mentirme.
Me levanto de un salto y golpeo la silla contra el suelo; soy como un león enjaulado que necesita escapar.
—Maison, no es así. Hijo, tienes que escucharme. —ruega.
Me duele tratarlo de esta manera, pero no puedo entender sus razones.
—No quiero, Mike. ¡Me largo de aquí! —Salgo de la casa después de haber desatado el infierno. Mike no me va a engañar y prefiero irme antes de decir algo que le cause más daño.
Salgo de ahí rumbo a mi refugio, la casa de Hayley; ella siempre ha logrado calmar las tormentas que se forman dentro de mí.
Axx me recibe en lugar de ella y me invita al patio; puede que encestar un rato en la canasta funcione esta vez.
Luego de un rato, aparece ella, la pequeña que echaba tanto de menos. Mi corazón da un vuelco inusual, que le atribuyo al tiempo que tenía sin verla.
Admitir mis sentimientos por Rebeca fue como quitarme un enorme bloque de hormigón de la espalda. Hayley es mi mejor amiga y sabe todo de mí, no sé porqué tenía tanto miedo de contarle, siempre me ha apoyado.
Una terrible angustia me invade cuando anuncia su cita con Evan, la sola idea me enferma y no entiendo la razón.
¿Esto no era lo que querías, Maison?, me cuestiona una voz interna.
Sí, quería alejar los pensamientos que me empujaban hacia ella, pero no pensé que me dolería saber que siguió adelante, aunque sea lo justo.
Tú lo hiciste primero, me reprocha de nuevo esa voz.
Lo sé, maldición que lo sé, pero no puedo explicar lo que siento.
Llego a casa y agradezco que Mike no esté allí, no quiero seguir la conversación que dejé hace unas horas; él puede decir lo que quiera, pero no hay una excusa que me haga entender cómo superó tan rápido a mi madre.
Me lleva más de una hora estar listo para la cita, parezco una chica cambiándome de atuendo varias veces hasta que decido por dejarme lo que había escogido al principio: jeans, camiseta blanco y Converse.
A las seis en punto, estoy llamando a la puerta de Rebeca; le compré un ramo de rosas rojas, espero le gusten. Mis músculos están entumecidos y mis manos sudorosas.
Contrólate, Maison.
Rebeca luce increíblemente hermosa con unos jeans ajustados y una blusa violeta, con escote profundo, que me deja literalmente boca abierto.
—¡Wow! ¡Qué hermosa estás!
—Gracias, Maison —sonríe con un poco de rubor en sus mejillas. Cada segundo me enamoro más de ella, este es oficialmente el mejor día de mi vida.
—¿Nos vamos? —le pregunto nervioso.
—¿Piensas entregarme las rosas o están adheridas a ti?
—Por supuesto, toma, son para ti. —¡Estúpido!
Llegamos al parque de diversiones más rápido de lo que quisiera. Antes de bajarme del viejo Jeep de Mike, me acerco a ella y acaricio su mejilla con el pulgar; Rebeca cierra los ojos y asiente en forma de aprobación, me está dando permiso para besarla. No pierdo un segundo y lo hago, sus labios son maravillosamente suaves. Ella pasa sus dedos por mi cabello y se pega a mí; sus labios se separan dándole acceso a mi lengua, desatando así un beso apasionado y ardiente.
Rebeca se levanta del asiento y se sube en mi regazo, presionando su pelvis contra mi dura excitación, estoy a punto de perder el control.
—¿Sientes lo mismo que yo, Maison? —susurra mientras mordisquea el lóbulo de mi oreja. Creo que morí y estoy en el cielo.
—¿Qué sientes? —murmuro al tiempo que inhalo el aroma a vainilla de su piel.
—Que somos el uno para el otro. —musita.
Estoy atónito, sin palabras… pasmado ante su confesión.
Rebeca toma mi reacción de forma incorrecta e intenta alejarse, no la dejo.
—No solo pienso que somos el uno para el otro, creo que te quiero —En cuanto pronuncio esas palabras, deposita un beso en mis labios y me abraza.
—Fuera de toda razón y lógica, tengo que decir que yo también «creo que te quiero» Maison Hudson.
Tenía razón, este es el mejor día de toda mi vida.
Después de un rato de besos y caricias, bajamos del Jeep; no resisto un segundo más tenerla tan cerca sin hacerla mía. Si se tratase de otra chica, no dudaría en follarla aquí mismo.
Subimos a varias atracciones, compartimos un helado y nos besamos en algunos rincones apartados del parque. Me siento el hombre más afortunado del mundo por saber que ella me quiere.
¡Mierda! ¿Qué hace Hayley aquí con ese idiota?