Hayley
Hoy es lunes, día de madrugar. Mi primera clase es a las siete de la mañana y tengo que levantarme una hora antes.
Odio los lunes, tengo que caminar sola porque Axxel y Maison entran más tarde y ellos no duermen, caen en coma.
Quisiera tener mi propio auto, pero me perdería las caminatas con Maison y creo que papá tampoco lo consentiría, es muy quisquilloso con la seguridad.
Me doy una ducha rápida para despertarme del todo, descuelgo mi vestido favorito y me lo pongo. Mi tono de piel pálido combina con todos los colores y este vestido amarillo me queda fabuloso.
Me despido de mamá y comienzo a caminar, es tan aburrido andar sola. Es cierto lo que dice Maison «amo sus bromas», no todas, algunas son realmente asquerosas.
Sigo andando distraída con la música que reproduce mi iPod, Someone like you. Me encanta esta canción de Adele, vaya ironía.
Cuando la canción termina, escucho el claxon de un auto, miro hacia atrás y reconozco a Evan, un compañero de clases; es un chico bastante atractivo, no lo puedo negar, sus ojos marrones y su cabello oscuro me recuerdan a Taylor Lautner.
—Te puedo llevar si quieres. —ofrece con amabilidad.
—Sí, gracias. —respondo y me subo a su lindo auto deportivo.
—Hola, ¿cómo estás? —Evan se nota algo nervioso, no entiendo porqué ha de estarlo.
Lo he visto muchas veces, pero nunca hemos tenido una conversación completa, solo hemos coincidimos en dos clases este semestre. Es extraño venir con él, pero no me pone nerviosa.
—Muy bien, Evan, gracias por llevarme.
—Es un placer hacerlo —Parece feliz cuando lo dice—. Entonces, ¿acostumbras a caminar a diario?
—Sí, los lunes lo hago sola, los demás días vengo con Maison y Axxel. Ellos son…
—Sí, los conozco —Este chico sabe más de mí de lo que pensaba, creo que le gusto—. ¿Tienes planes para el próximo sábado?
¿Me está invitando a salir? ¿A mí?
Juego con la pulsera que me dio mi padre en navidad, como señal de nerviosismo. ¿Qué digo? Dile la verdad, tonta.
—N–nunca tengo un plan para los sábados. —balbuceo. ¡Soy tan aburrida!
—¿Así qué estás disponible? —me sonrojo un poco, es la primera vez que alguien me invita a salir.
—Sí.
—Paso por ti el sábado a las seis treinta. ¿Estás de acuerdo? —asiento como respuesta, él sonríe.
Es oficial, tendré mi primera cita el próximo sábado y, si tengo suerte, quizás mi primer beso. Para ser honesta, los únicos labios que quiero probar son los de Maison, pero como eso no pasará nunca… tengo que dejar de pensar en él o me volveré loca.
«---»
Mi primera clase es una agonía, nunca me ha gustado la historia y, que sea temprano en la mañana, es una pesadilla.
Cinco bostezos más tarde, la tortura termina.
Entro al cafetín como todos los días y me encuentro a Maison con los brazos apoyados en la mesa y la cabeza sobre ellos, está dormido. Debería ser un delito ser tan bello, si lo fuera, él obtendría cadena perpetua.
Me quedo mirándolo unos minutos antes de despertarlo, quiero besarlo, lo deseo como un niño a una golosina, como un pez requiere del agua para vivir… como el mismo oxígeno que necesito para respirar.
En lugar de eso, levanto el cuaderno y le golpeo la cabeza. Yo y mis estupideces de niña tonta.
Axx llega justo después, interrumpiendo nuestro pequeño momento a solas.
La sensación de un fuerte aleteo en mi estómago no ha cesado desde que lo vi. Por cosas como estas, estoy más segura de que aceptar salir con Evan fue una buena elección y creo que este el momento justo para soltar la bomba ante mis custodios.
—Hoy me invitó a salir Evan. —suelto la bomba con una sonrisa tonta, la idea de tener una cita me emociona más de lo que pensaba.
—¡Ni de broma! —responden los dos, elevando la voz. Me enoja mucho su actitud. ¿Quiénes se creen ellos? ¿Mis dueños?
«---»
Mi segunda clase fue menos aburrida que la primera, pero sigo con sueño, no soy buena en aritmética, ni historia, ni artes…
El estómago siente de nuevo una punzada de emoción cuando veo a Maison en el pasillo, creo que lo de las mariposas revoloteando dentro es cierto.
¡Ouch!
Maison tropieza con una chica, la observa, conversan, él parece nervioso –Maison nunca se pone nervioso–, no deja de mirarla como si frente a él estuviera un ángel.
¡Oh no, Maison! No te enamores de ella, por favor.
Los dos caminan juntos y se aproximan hacia mí, me los quedo mirando como tonta y pasan por mi lado sin notarme. Bueno, él no me notó, la chica no me conoce.
Mi corazón duele y se parte en dos porque Maison nunca me había ignorado, nunca hasta ahora. Las mariposas se convierten en abejas africanas que me pican todas a la vez, duele a morir.
Corro, alejándome lo más posible de aquel lugar, lo hago de tal forma que cualquiera pensaría que me está siguiendo.
Me detengo unas cuadras más adelante, no conté cuántas; el dolor físico está tan mezclado con el de mi corazón que no logro diferenciar cuál es más fuerte.
Mi corazón pende de un hilo, es un delicado cristal a punto de caer al vacío y romperse en mil pedazos… nunca me había sentido así.
Logro drenar un poco de dolor con el llanto, un llanto que sigue dentro de mí, aunque las lágrimas ya no sean visibles.
Me levanto de la acera, donde me dejé caer vencida por el cansancio, y regreso a la escuela para tomar mi última clase.
«---»
—¡Hayley! —Me llama Evan cuando salgo del aula—. ¿Te puedo llevar a tu casa, si quieres?
Acepto sin dudar, no tengo ánimo para caminar con Maison y escuchar todos los detalles de aquella hermosa rubia que conoció esta mañana, mi nivel de masoquismo no es tan grande.
De camino a casa, Evan habla de sus metas, que quiere ser abogado como su padre y de no sé qué más porque lo dejé de escuchar hace mucho tiempo.
—Sabes, no me molestaría traerte todos los días. —ofrece con amabilidad, gesto que agradezco, pero que no debo aceptar.
—No quiero abusar de ti y que tengas una idea equivocada en cuanto a ello.
—No es molestia, Hayley, esta es mi ruta. —responde con tanta seguridad que no puedo negarme.
—Si es así, acepto. —digo sin ánimo.
Me despido de Evan y entro a mi casa.
Nunca había deseado tanto llegar, entrar aquí es acogedor. Mi familia no es adinerada, pero vivimos bien, cada uno tiene su habitación con baño privado y una pequeña piscina en el patio.
—¡Preciosa! —grita mi papá cuando me ve, su nombre es Harry y es el padre más cariñoso del mundo.
—¡Papá! ¿Cuándo llegaste? Te he extrañado mucho. —lo abrazo como si fuera la primera vez en años.
—Yo también, preciosa. —me eleva del suelo y llena de besos mis mejillas. Papá es bastante fuerte y alto, su cabello es n***o como la noche y sus ojos son color miel como los de Axx. Es guapo sin duda, pero lo más bello es su enorme corazón… lo amo con el alma.
—¿Dónde está Axxel? ¿Por qué llegas sola? —inquiere, alzando la voz.
—¡Rayos! —Me llevo ambas manos a la cabeza—. Olvidé avisarle que me venía con Evan.
—Hayley Alexandra Wilson. ¿Quién es Evan? —gruñe.
¡Oh, mi Dios! Dijo mi nombre completo, estoy en problemas.
—Es un compañero de clases papi, no te enojes. —bato las pestañas y hago una mueca.
—Sabes que eres mi princesa, no quiero que nada malo te pase —explica en tono suave.
—Lo sé, papi. —lo vuelvo a abrazar y logro calmar a la fiera, creo que más tarde le diré lo de la cita.
«---»
Me quedé dormida anoche sin cenar, lloré tantas horas que terminé agotada. Espero que nadie lo notara, hice mi mayor esfuerzo en evitarlo al contener los sollozos con la almohada; no quiero que me pregunten y tener que mentir o admitir la razón: Maison.
—Al fin bajaste, bella durmiente.
—Muy gracioso, Axx. —ironizo.
—¿Nos vamos? —me pregunta desde el umbral de la puerta.
—No, Evan viene por mí —Reclamo en tres, dos, uno…
—¿Qué significa eso, Hayley?
—No significa nada, Axxel. Solo eso: «Evan viene por mí».
—Mucho cuidado, te tengo vigilada. —Pone dos dedos en sus ojos y me señala después.
—Sí, lo que digas. —elevo los hombros como si me valiera mientras él azota la puerta al salir.
Desde el viernes pasado, no camino a la escuela con Maison; extraño tanto estar a su lado, andar todos los días era lo más cercano que había entre los dos últimamente.
Estoy sentada en el cafetín esperando por él, es habitual estar por aquí juntos a esta hora. Una mano se posa en mi hombro y mi piel se eriza al tiempo que mi corazón late desbocado contra mi pecho, cortándome la respiración.
Tranquila, Hayley.
Miro atrás y no es Maison. Tengo que dejar de pensar que vendrá por mí, esta vez es distinto, él se enamoró de esa chica.
—Hola, Evan. —lo saludo desanimada.
—¿Te puedo acompañar?
—Sí, por supuesto —Se ubica delante de mí y sonríe. Tiene una linda sonrisa, dos hoyuelos se forman en sus mejillas cuando lo hace.
«---»
Escucho su risa desde la habitación y mi corazón casi se detiene. Camino lentamente a la ventana y lo veo, está jugando con Axx como todos los sábados.
Quiero bajar corriendo y abrazarlo, decirle que lo extraño y que no vuelva alejarse de mí, pero no le diré eso.
Hago mi camino hasta donde se encuentran y me limo las uñas para cubrir el estallido de emociones que reverbera en todo mi cuerpo al verlo. Disimulo, cuando lo único que quiero es lanzarme en sus brazos.
—¡Pequeña! —grita Maison mientras me levanta del suelo, haciéndome girar. — Te he extrañado mucho. Has crecido un poco desde la última vez que te vi.
—No seas exagerado, Maison, no han pasado tantos días. —Pongo los ojos en blanco y me sigo limando las uñas, actuando para él.
—Esa enana no crece más. —se burla Axx mientras pasa por mi lado rumbo a la casa.
—Tengo que hablar contigo de algo importante. —me dice con esa sonrisa que derretiría el Ártico entero—. Me enamoré, Hayley, me enamoré de una hermosa rubia de ojos grises llamada Rebeca. Tienes que verme cuando estoy con ella, me vuelvo estúpido y tú sabes que no soy estúpido. —Habla realmente emocionado, sin saber que cada palabra que dice es como una espada que atraviesa mi pecho.
» Quería contarte desde el principio, pero he estado tan ocupado pensando en cómo llegar a Rebeca que perdí la noción del tiempo. Hayley, ¿me estás escuchando?
—Sí, lo siento. Yo… me alegro por ti, Maison. Tengo que irme a… tengo una cita así que… —balbuceo, conteniendo el llanto que aprieta mi pecho.
—¿Cita? ¿Con quién? —pregunta con el ceño fruncido.
—Con Evan, saldré con él esta noche. —De alguna forma, verlo molesto por mi cita, me alivia un poco.
—No me gusta ese tipo, Hayley. Si te hace sufrir, se las verá conmigo. Mataría a cualquiera que te hiciera daño. ¿Lo sabes? —me pregunta, apoyando su mano en mi hombro.
¡Oh, Dios! Me está tocando y matando, todo a la vez.
Si supieras que el único que me hace sufrir eres tú, que estoy tomando todas mis fuerzas –que no son muchas– para no correr a la habitación y encerrarme ahí para siempre… que mi mundo se cae a pedazos por no tener tu amor.
—Lo sé, Maison. Lo siento, tengo que irme… —me alejo de él casi corriendo; es muy difícil tenerlo cerca y saber que lo perdí para siempre.
Cierro la puerta de mi habitación y me deslizo al suelo, logrando al fin llorar como quería desde que él dijo: «me enamoré de una hermosa rubia…». Puedo naufragar en un mar con las lágrimas que he derramado por su causa.
Quisiera poder volar y huir de la crueldad del amor, del inmenso desasosiego que se sembró en mi pecho; quemarme y renacer como el Fénix para así arrancar el amor que siento por él.
—Hayley, deja de sufrir, deja de pensar en Maison y sigue adelante. Eres fuerte, valiente y lo vas a superar. —lo digo, enfrentado mi reflejo en el espejo.
Después de una ducha restauradora, me seco el cabello y me coloco un maquillaje sencillo, me decido por un vestido floreado y unas zapatillas. No sé a dónde me llevará Evan, pero espero que lo que escogí sirva para ese lugar.
A la hora puntual, suena el timbre.
Bajo las escaleras y me despido de mis padres –quienes, como un milagro, no se opusieron a la cita–. Abro la puerta y ahí está él, con unos vaqueros desgastados y una camiseta negra que marca sus músculos, no están tan definidos como los de Maison, pero cualquier chica estaría feliz de salir con él.
—Luces hermosa, Hayley. —me ruborizo enseguida, nunca ningún chico me había dicho hermosa.
—Gracias, Evan, tú también luces muy bien. —respondo sin ser muy convincente—. ¿A dónde vamos? —le pregunto una vez en el auto.
—Es una sorpresa. —responde con esa sonrisa habitual.
—No me gustan las sorpresas. —Cuando tenía trece años, mi abuela organizó una fiesta sorpresa y me asusté tanto que corrí fuera de la casa y me caí por las escaleras, ganándome un buen moretón en la frente. Desde ese día, odio las sorpresas.
—Esta te gustará, lo prometo. —El chico tiene una seguridad en sí mismo colosal, de eso no hay duda.
Me llevó a un parque de diversiones, me encantan las montañas rusas, punto para Evan. Aunque creo que tuvo ayuda de alguien porque nunca se lo he mencionado.
Todo había salido perfecto hasta ahora, pero en la vida nada es tan perfecto y soy consciente de ello cuando veo, no muy lejos de nosotros, a Maison junto a Rebeca. Están tomados de la mano, sonriendo, felices…
Quiero desaparecer o volar lejos de aquí, lo que sea más rápido.
Maison y Rebeca caminan hacia nosotros tomados de la mano, se ven tan ¿enamorados? Todo da vueltas a mi alrededor, al tiempo que un dolor agudo brama en mi pecho, en mi piel… en todo mi ser.
¡Maison quiere a Rebeca!
¡Maison no me quiere a mí!
—Hayley, ella es Rebeca, mi novia. —Anuncia emocionado cuando llega a mi encuentro.
¡Novia!
¡Tu novia!
¿Cuándo sucedió eso?
¿Por qué la elijes a ella y no a mí?
¡Yo te amo de verdad, Maison, siempre te he amado!
—¡Oh! mucho gusto, soy Hayley —El chico a mi lado se aclara la garganta y por eso recuerdo que está ahí—. Él es Evan, un amigo.
Rebeca es realmente hermosa, ahora entiendo porqué está loco por ella.
La rubia me saluda amablemente y descubro lo dulce que es su voz.
¿Por qué tiene que ser tan perfecta? ¿Cómo podré odiarla ahora?
—Chicos, ¿qué planes tienen para más tarde? —pregunta Maison sin borrar esa estúpida sonrisa de la cara.
—Vamos por algo de comer. —responde Evan.
—Genial, nosotros también; podemos ir juntos por una pizza.
Mis labios se separan para decir “no gracias, iremos por hamburguesas” pero Evan es más rápido que yo y acepta.
Si alguien me pregunta cuál es el peor día de mi vida, sin duda gritaría ¡Hoy! porque no puede existir un día más horrible que este, cuando tu mejor amigo –y el amor de tu vida– te presenta a su hermosa y fantástica novia.
Rebeca y Maison caminan tomados de la mano, dándose besos mientras salen del parque. Mi estómago duele, mi corazón duele… respirar duele.
Hago un esfuerzo sobrehumano para no llorar, olvidándome por completo de Evan; debo ser la peor cita que ha tenido en toda su vida.
Maison eligió ir a la Pizzería Bowling Joe´s, la más popular de la ciudad y nuestro lugar especial. Lo era, hasta hoy.
Estar delante de dos enamorados comiéndose a besos, caricias y mimos, es incómodo. ¿Imagina que el chico es a quién amas?
Muero lentamente al verlos, quiero que el suelo se sacuda y me engulla entera.
Rebeca trata de entablar una conversación mientras los chicos van por la pizza, pero no puedo corresponderle, toda mi energía está concentrada en no llorar. Respondo con monosílabos o asentamientos; ni siquiera hago el intento de hacerle alguna pregunta, pensará que soy una odiosa.
Finalmente, ellos llegan con la comida. Evan se desliza en la cabina junto a mí, sentándose tan acerca que invade mi espacio personal, cosa que me perturba más.
Esta fue una terrible idea, nunca debí aceptar salir con él, es injusto.
Estar tan cerca de Maison y su novia es devastador, quisiera con todas mis fuerzas arrancar el amor que tengo por él y depositarlo en Evan, pero así no funcionan los sentimientos.
—Evan, ¿me puedes llevar a casa? Me siento un poco mal. —le pido, rogándole a Dios que diga que sí.
—¿Qué tienes, pequeña? —pregunta Maison preocupado.
A su novia no le hace gracia que él vele por mí, lo noto por su ceño fruncido. A decir verdad, me alegra saber que le importo.
Si tan solo supieras, Maison.
—Creo que me voy a resfriar. —miento sin inmutarme.
—No hay problema, Hayley, te llevaré a casa. —contesta mi cita, sonriendo; a veces me molesta que sonría tanto, es un poco terrorífico.
«---»
—Lo siento, Evan, creo que he sido la peor cita de tu vida —me disculpo una vez que llegamos al pórtico de mi casa.
—No digas eso, Hayley, estar a tu lado fue suficiente recompensa; disfruté cada instante de esta noche.
Me paro de puntitas para besar su mejilla porque él es bastante alto –o yo soy muy pequeña–, pero él tiene una mejor idea y gira su rostro haciendo que nuestros labios se toquen. Cuando intenta profundizar el beso, me aparto.
—Lo siento, no puedo. —su rostro se torna rígido de inmediato.
¡Perfecto! hice miserable a un chico en mi primera cita.
4. Parezco tarado.